• Antes de la pandemia, Casuarito era una población colombiana a la que los amazonenses acudían por alimentos y medicinas, a tan solo unos minutos en bongo por el río Orinoco desde Puerto Ayacucho. Pero debido al cierre de la frontera, perdió mucho de ese atractivo y las personas que trabajaban en el traslado tuvieron importantes pérdidas económicas, lo que los obligó hace unos meses a retomar la ruta de manera secreta, pese a los riesgos a los que se exponen. Foto cortesía

Eran pasadas las 6:00 pm y un grupo de al menos cinco niños, entre 10 y 14 años de edad, se apresuraban a bajar hasta la orilla del río Orinoco por la caminería del barrio Bagre. Lo hacían para ayudar con las cajas de alimentos y golosinas que desembarcan quienes venían del otro lado del afluente: el territorio colombiano de Casuarito. 

Algunos iban descalzos, otros con unas chanclas remendadas, y comentaban entre ellos lo que esperaban pudieran cargar. Bultos de “arroz, azúcar, café, cajas de brinki (galletas) o big bom (chupetas)”. Al continuar por el camino que llevaban estos muchachos, la imagen que siguió fue la de un par de bongos anclados, de los cuales rápidamente habían desembarcado la mercancía; entre dos se ayudaban para cargar el saco entre sus hombros y apresurar el paso para desaparecer de la orilla del río. La mayoría de las personas que habían llegado en ese bongo comercializan sus productos en Puerto Ayacucho, la capital del estado Amazonas. 

La luz del día se iba apagando y aún los motoristas (conductores) de los bongos se quedaban allí, en lo que llaman la “playa del Orinoco”; como a la espera de otros pasajeros que necesitaran su servicio para poder trasladarlos de Colombia a suelo venezolano.

A uno de ellos se le escuchó decir que, usualmente, “esta es la hora que regresan las personas luego de hacer las compras” y de realizar la travesía para llegar al punto donde pueden volver al lado venezolano.

Desde que comenzó la pandemia en marzo de 2020, se decretó el cierre fronterizo entre Colombia y Venezuela; lo que trajo consigo la disminución de un intercambio comercial en diversas zonas del país, entre ellas la del sur en el estado Amazonas.

En los primeros meses, cuando se mantuvo la cuarentena radical entre ambas naciones, el cierre ocasionó que las personas que habían encontrado en dicho intercambio comercial una forma de subsistencia, se vieran fuertemente perjudicadas. De allí que, desde el último trimestre del pasado año, se vienen realizando viajes de manera clandestina hacia la Inspección de Casuarito, del departamento de Vichada en Colombia. 

Las casas a medio construir del barrio Luisa Cáceres, desde donde se puede salir a Casuarito | Foto: Madelen Simó. 

Más cerca de Venezuela

Casuarito es una especie de “caserío” con cerca de seis calles, donde están ubicados negocios de víveres, medicinas y otros insumos. Pese a pertenecer a Colombia, es una zona que queda a unos 40 minutos en carro de Puerto Carreño, la capital del departamento de Vichada, pero a solo unos 10 minutos en bongo de Puerto Ayacucho; es decir, más cerca de la zona comercial del Amazonas venezolano que de la propia Colombia.

Por esta razón, es mucho más probable ver en los anaqueles de Puerto Ayacucho un café Sello Rojo, el papel higiénico Elite. O incluso la Harina P.A.N producida en Colombia, que productos venezolanos. 

A este pequeño pueblo, muchos años atrás, los turistas venezolanos iban a realizar compras de cuero, ropa, comida, golosinas y otros productos a bajo costo. Luego la situación económica de Venezuela dejó las vitrinas solo para ser admiradas; hasta que volvió a tener un intercambio comercial con los productos alimenticios que compran los pobladores de Amazonas. 

Casuarito años atrás fue un destino de los turistas venezolanos | Foto: Referencial. 

Con un listado definido 

De un momento a otro los muchachos ya no estaban por esa “playa del Orinoco”; pero el equipo de El Diario logró conversar con uno de los motoristas, a quien se le llamará Bejarano para proteger su identidad.

El sujeto afirmó que, en estos tiempos de pandemia, donde la frontera entre Venezuela y Colombia sigue cerrada, hay dos formas de ir a Casuarito: una es totalmente clandestina y la otra es rígida. 

La forma rígida de ir a Casuarito es algo que surgió en los últimos meses como una especie de flexibilización, sobre todo para los venezolanos que van a surtirse de alimentos o medicamentos; pero eso sí: “debe haber una lista previa”, la cual se muestra a los guardias en Casuarito y se debe cumplir fielmente, pues si por casualidad se lleva algún producto que no figura en la lista inicial, “te quitan toda la mercancía”.

De acuerdo a lo narrado por Bejarano, las personas que van de esta manera las llevan hasta el propio Casuarito, sin tener que transitar por ninguna trocha. Solo deben acudir con su tapaboca puesto y con la lista bien específica de lo que van a comprar. Agregó que la cantidad de productos no puede ser mucha, sino que realmente sea para el consumo propio y no para comercializar. 

Bejarano también reveló que el costo del traslado hasta Casuarito es de 20.000 pesos (unos 6 dólares) para la ida y el retorno. Añadió que él espera hasta que las personas terminen de hacer sus compras para la vuelta a Puerto Ayacucho.

Anteriormente, cuando la frontera no estaba cerrada, la salida hasta Casuarito se hacía desde el muelle de Puerto Ayacucho; pasando por el control de las autoridades venezolanas, por un valor de 6.000 pesos para la ida y el regreso (unos 2 dólares). 

Por la montaña

Para quienes van hasta el territorio colombiano a buscar los productos que luego van a comercializar, el trayecto es más complicado. Primero no pueden entrar a Casuarito por la ruta directa, sino que deben tomar trochas para hacerlo; hacia los barrios de las laderas por el lado del Amazonas venezolano, y hacia la parte de la montaña del lado colombiano.

El riesgo es mayor, pues en esa zona se presume que existen grupos guerrilleros. Y las personas deben caminar un buen trayecto por la montaña para poder llegar hasta la parte comercial de Casuarito. De regreso con la mercancía, según algunos lugareños, llegan en motocicletas hasta puntos más cercanos a la orilla y desde donde regresan a Puerto Ayacucho, bordeando un poco el río para evadir a la famosa “piraña”. La embarcación de la Armada Colombiana que hace el control de la zona fluvial en su territorio. 

Ya habían pasado casi dos horas desde que el grupo de niños bajó para servir de caleteros de mercancías, con la espera de un pago por ese trabajo. No logramos conocer si eso ocurrió, pero sí logramos visualizar cómo al menos seis embarcaciones llegaron, mientras otras salían en busca de más pasajeros. Bejarano no supo decir si todos los que llegaban con mercancía eran amazonenses, o si alguno era de origen colombiano.  

Desde el Cerro Perico 

Una vista directa desde donde se pueden observar las embarcaciones que van hasta Casuarito es el Cerro Perico. El asfalto de las calles estaba hirviendo por el fuerte sol que se negaba a ocultarse. Los curiosos de los barrios Luisa Cáceres y 5 de Julio miraban sin preguntar. Y las casas del camino estaban a medio construir, con los techos o paredes de latas de zinc y sobre las inmensas piedras de la geografía amazonense. 

Desde el Cerro Perico se visualiza el trayecto fluvial a Casuarito | Foto: Madelen Simó.  

Al iniciar las escaleras que conducen al Cerro Perico, una construcción en abandono es la huella de un centro turístico que hace más de 20 años dejó de funcionar. Así como las antenas parabólicas desde donde (se supone) replican la señal de telefonía en Amazonas. Ya en la cima del cerro se pueden visualizar las casas de Casuarito a la orilla; así como también los puntos de los barrios por donde están saliendo los bongos para este pueblo colombiano. 

Para el gran comercio, esos barrios a la orilla del Orinoco son los puntos clandestinos para las compras pequeñas de los lugareños es un lugar desde donde pueden salir a abastecerse; siguiendo las normas e incluso más cerca que ir a zonas más pobladas de Venezuela.

De acuerdo con Bejarano, por ahora y mientras continúa el cierre formal de la frontera, es otra forma de subsistencia que han encontrado los motoristas y quienes trabajan con ellos. Habrá que esperar qué sucede cuando el paso fronterizo sea habilitado, y los amazonenses se las sigan ingeniando para vivir en un territorio “olivado”.

Noticias relacionadas