• La isla fluvial a la que se asemeja el estado Amazonas tiene su particularidad, no solo en los modos de subsistencia sino también en su economía, y las posibilidades que tienen sus habitantes de salir del sur de Venezuela. Conozca cómo se puede viajar en autobús hasta el centro del país, el requisito de la prueba covid-19, las filas para conseguir pasaje, el valor del boleto y los productos que se vuelven más caros en el recorrido

Una madre y su hijo fueron los últimos de la fila en recibir un cupo para poder viajar desde Puerto Ayacucho (Amazonas) hasta Maracay (Aragua) en el transporte terrestre Inscata, mejor conocido como Expresos Amazonas. Era jueves y debían estar de madrugada en el terminal para poder conseguir un boleto para salir del sur de Venezuela, pero lo más temprano que lograron llegar fue a las 6:00 am. 

Para salir de esta zona del país existen dos líneas de autobuses: Inscata, que es del Estado, y Expresos Guayana, que es la privada. En febrero, en la primera el valor del pasaje era de 8 dólares o 40.000 pesos en efectivo, y ocho millones de bolívares por transferencia electrónica al Banco de Venezuela o al Banco del Tesoro; en la línea privada el valor del boleto era de 10 dólares y solo en efectivo. Anteriormente, también existía la ruta aérea de Conviasa Caracas-Puerto Ayacucho, pero antes de la pandemia este destino había dejado de operar. 

En el caso de la transferencia, los encargados de Inscata daban dos horas para hacer la operación y llevar el soporte impreso. Para esto había que tener suerte porque con los problemas de conexión que hay en la zona, podía ser que el Internet estuviera caído o la línea bancaria no conectara.

Algunos viajeros también comentaron que los cálculos de los cambios no daban con los precios que planteaban en la línea de autobuses. Por ejemplo, en el caso del dólar, lo cambiaron a un valor de 1.000.000 de bolívares, cuando el dólar para ese momento estaba en 1.768.146, según la tasa del Banco Central de Venezuela (BCV). Se suponía que si el costo legal era de 8 millones de bolívares, el valor en dólares del boleto en esta línea de transporte estatal debía ser de $ 4,52. Sin embargo, los pasajeros guardaron silencio y no reclamaron.

Pero esta madre fue precavida y como ya conocía la modalidad de la transferencia, la realizó el día anterior de la compra del boleto. En su opinión, para El Diario, pagar por transferencia era más económico.

Embalado desde Amazonas 

Una de las ventajas de viajar en Inscata es que, previo al viaje, un oficial de la Guardia Nacional revisa el equipaje de los pasajeros para verificar el contenido y las facturas, en el caso de llevar alguna mercancía. Luego de la revisión, embalaron las maletas y pasaron al área de equipaje, desde donde las llevaron al autobús y entregaron un tiquete de identidad al pasajero. Todo pasajero tenía derecho a llevar una maleta en el maletero y un bolso de mano en la parte de arriba de la unidad. El equipaje adicional tenía un costo de dos millones de bolívares.

Puerto Ayacucho, Chalana embalaje de maletas
Fila de las personas para el embalaje de las maletas | Foto: Madelen Simó.

Para realizar esta tarea, pidieron a los pasajeros estar una hora antes de la salida; es decir, a la 1:00 pm. Más adelante, esta solicitud sería agradecida con el tiempo que se ahorran en las alcabalas que se deben pasar en el recorrido hasta el centro del país, pues en las mismas solo requirieron revisión del reporte del Guardia Nacional del terminal, sin tener que proceder a revisar maleta por maleta a los pasajeros. Igual las paradas en las alcabalas se hicieron, solo que los oficiales pidieron los documentos de los viajeros y revisaron el equipaje de mano. 

Para salir del estado Amazonas se pasan cuatro alcabalas: la Batajola, Provincial, Pozón de Babilla y Puerto Nuevo. Esta última es coloquialmente conocida como “El Burro”, que es desde donde se toma la chalana que cruza por el Orinoco y deja atrás esta especie de isla en el sur del país. En la primera, hasta un canino antidrogas se subió a la unidad para hacer una revisión; en la siguiente alcabala solo pidieron la documentación de quienes viajaban en el autobús. 

Sala de espera Puerto Ayacucho
Sala de espera del terminal de Puerto Ayacucho | Foto: Madelen Simó

¿La prueba? 

Esta madre viajaría con su hijo hasta el centro del país, después de varios meses de pandemia. Le habían comentado que requeriría la prueba del covid-19 para poder hacerlo, además de cumplir con otros protocolos de bioseguridad. 

Ella se levantó muy temprano dos días antes del viaje y se dirigió hasta el ambulatorio militar para hacerse su prueba y la de su hijo. Al llegar al lugar se integró a una fila de al menos 25 personas, quienes tenían la misma solicitud que ella. Cuando llegó su turno, ¿cuál fue la sorpresa? no había aguja o hisopo para practicarle la prueba, ni siquiera un cuestionario o la toma de temperatura.

Los enfermeros –supuso ella– solo tomaron sus datos y le entregaron una constancia firmada y sellada en la que se leía: “No presenta síntomas de covid-19”.

Esto hizo suponer que, en esa entidad de salud, como en otras del estado Amazonas, para ese entonces no contaban con las pruebas. Y es que en temas de pruebas y casos positivos del covid-19 en la Amazonía venezolana las estadísticas oficiales son difíciles de calcular. Así lo detalla el boletín 18 del Observatorio Wataniba-Orpia, publicado en febrero de 2021.

En el espacio destinado para la espera de los pasajeros en el terminal, mismo pasillo donde están las oficinas de ventas de pasajes, había una fiscal de la Alcaldía de Atures que insistía con el uso del tapabocas a todo viajero. Algunas personas lo llevaban llevaban colgando como un collar y en otras se notaba la ausencia del mismo. “Por favor, el uso del tapabocas”, decía la funcionaria, a cuya instrucción algunas personas respondían de manera irónica que “no pasaba nada”. Paradójicamente, los niños eran los que más obedecían a dicho requerimiento. 

La aplicación del gel antibacterial y el uso del tapabocas fueron los requerimientos obligatorios para abordar la unidad de transporte, pero la famosa prueba covid-19 nunca fue solicitada. 

Cruzando el Orinoco 

Para dejar atrás el estado Amazonas hay que cruzar en una chalana: embarcación de gran tamaño que traslada vehículos y personas. Era una sola y se debía esperar que hiciera el embarque, el recorrido por el río y el regreso. El tiempo de espera para el autobús fue de una hora y 30 minutos, el paso por el Orinoco fue de unos 15 minutos hasta Puerto Páez, en el estado Apure. Eran las 7:00 pm cuando eso ocurrió.

Ya en tierra firme la primera parada que se hizo fue en La Macanilla, un punto de alcabala y también donde existen negocios de alimentos y golosinas. Lo más buscado por los pasajeros en ese lugar fue el queso llanero. Los vendedores lo ofrecían a 7.000 pesos o a 2 dólares el kilo, ninguno daba cifra en bolívares y fue la primera vez que salió a relucir el dólar como moneda de transacción. En territorio amazonense el comercio se maneja más en pesos o en bolívares. El cambio que se utiliza en esta zona con respecto al dólar es en pesos, pues un dólar son 3.500 pesos. Solo si se preguntaba, los vendedores daban el monto en bolívares: “2 millones en soberanos”. Cualquiera de las tres monedas era en efectivo. 

Puerto Ayacucho
A la espera para cruzar el Orinoco | Foto: Madelen Simó.

A medida que se avanzaba, iba desapareciendo el uso del peso y hasta del bolívar, para solo hablar de dólares. Era como si atrás, en el sur de Venezuela, se había dejado a otro país. Arribando al destino: Maracay, los transportistas vociferaban las rutas en “los verdes”: “Caracas a 3 dólares”, “La Guaira a 3 dólares», «Puerto La Cruz, 20 dólares». 

Un poco más…

En suelo maracayero los productos se ofrecían solo en dólares “o al cambio”, como dicen. Además, en esta zona, la digitalización es mayor y hasta el vendedor ambulante de café tiene pago móvil. Pero eso sí, los productos eran un poco más caros que en Amazonas, tanto los no perecederos como las carnes y algunas verduras. En Maracay se notaba que el cambio era en relación al dólar, mientras que en Puerto Ayacucho era en relación al peso.  

Por otro lado, la mayoría de los productos que se comercializan en Amazonas provienen de Colombia. Harina de maíz, arroz, azúcar, café, pasta, leche, papel higiénico, crema dental, jabón, entre otros. El comercio está más cerca de Colombia que de la propia Venezuela, incluso son pocos los productos venezolanos que se ven en los anaqueles de los amazonenses, solo existen algunos productos de Empresas Polar, como la harina de maíz y el aceite.

En el caso de las verduras, la producción de yuca, plátano, ocumo, auyama y otros productos propios de la zona caliente tienen un valor mucho menor que en el centro del país. Por ejemplo, la yuca puede conseguirse en Bs. 200.000, mientras que en el centro del país y en un mercado popular puede costar Bs. 400.000.

Lo que si no encontró esta madre en Maracay fue que tuviera que pagar en efectivo para que el producto le saliera más barato. Eso no ocurre. Si se cancela por punto o efectivo el valor es el mismo, pues el papel físico de un soberano «brilla por su ausencia» en el centro del país. Otra de las particularidades del Amazonas: los billetes aún circulan en el comercio y si se cancela en efectivo es más barato.

Con otra suerte

Para el retorno desde Maracay, la línea de transporte Inscata no cuenta con la misma logística para el embalaje de las maletas. De allí que los viajeros no tuvieron la misma suerte en las alcabalas. En al menos unas ocho tuvieron que hacer las paradas y de esas en la mitad revisaron los equipajes y la mercancía de las personas que iban en la unidad. 

Embalaje de equipaje
 Zona de embalaje del equipaje en Puerto Ayacucho | Foto: Madelen Simó.

El boleto conservaba el mismo valor de 8 dólares, pero por transferencia bancaria era de 10 millones de bolívares. Lo que sí pensó esta madre, luego de pasar dos semanas en Maracay, fue en por qué razón no contaban con punto de venta, pues ya había sido testigo de que en esta parte del país el pago electrónico era más común. «¡Claro!» -se respondió ella misma- «Así es que pueden tener los verdes». 

Las 3:00 pm era la hora prevista para regresar a Puerto Ayacucho. Con la madre y su hijo viajaban varias personas que comercializaban productos. Uno traía zapatos; otro, una caja de huevos, una chica llevaba productos de maquillaje y hasta cajas de chocolates. Las personas se organizaban en fila para la revisión de su equipaje, debían bajar todo de la unidad y el oficial de la Guardia Nacional iba revisando; pero a medida que ya iban muchas maletas vistas y sin nada que reportar –o de lo que se pudieran beneficiar- el rostro de cansancio o fastidio se hacía evidente. 

En varias oportunidades, los últimos en subir al autobús luego de la revisión eran quienes traían algo para comercializar en Amazonas. Pese a que tenían sus facturas, más de un funcionario de la Guardia Nacional esperaba algo a cambio para continuar el camino: “Tuve que dejarles una caja de chocolates, preferí eso que dejarles un par de zapatos”, escuchó decir la madre a uno de los vendedores. 

Y así, entre alcabala y alcabala, y sueños interrumpidos, el amanecer recibió a los viajeros cuando cruzaron en la chalana de retorno. Dejaron atrás tantas revisiones y volvieron a la especie de “isla” del sur. 

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