• Michel Matos, integrante del Movimiento San Isidro, y Boris González, escritor y periodista independiente que reside en la isla, explicaron en exclusiva para El Diario que las condiciones políticas y económicas que golpean a la población de ese país podrían conducir a un estallido social por primera vez en 60 años de dominio castrista

El rapero Maykel Castillo, conocido como Maykel Osorbo, camina con el torso desnudo por una calle del barrio San Isidro, en La Habana, Cuba. Ante la multitud de vecinos concentrados en la vía, canta a todo pulmón el tema “Patria y vida”, convertido en un himno de la oposición cubana. Alza el puño izquierdo y muestra las esposas que cuelgan de su muñeca. Minutos antes la policía intentó detenerlo durante una protesta, y fueron los propios vecinos quienes enfrentaron a los agentes para liberarlo. El ambiente ese domingo 4 de abril de 2021 más que de tensión, fue de insubordinación y burlas contra el régimen de Miguel Díaz-Canel.

“Díaz-Canel, singao”, era el coro del barrio. El insulto, autóctono de Cuba, se repetía varias veces contra el presidente y heredero de la dictadura instaurada hace más de 60 años por los hermanos Fidel y Raúl Castro. Detrás de ese coro y la protesta está el Movimiento San Isidro (MSI), un colectivo de artistas, periodistas e intelectuales que toma su nombre del sector donde se encuentra su sede, y que en los últimos meses ha encabezado múltiples manifestaciones creativas contra el régimen cubano, siendo una de las caras más visibles en la actualidad de la disidencia en la isla.

“Esto es inédito. En Cuba, el régimen es muy totalitario. Las protestas de este tipo no tienden a darse por el control social que hay”, comenta en exclusiva para El Diario el productor musical, activista y miembro del MSI, Michel Matos. En su opinión, son cada vez más sectores de la población cubana que están despertando del letargo y alzando su voz contra el sistema socialista.

La respuesta del régimen a este tipo de acciones, dice, ha sido un recrudecimiento de la represión. Mientras ocurría la manifestación del 4 de abril en San Isidro, agentes de la Seguridad del Estado arrestaron en otras zonas de La Habana a la poeta AfrikReina, la artista plástica Tania Bruguera y al bioquímico Oscar Casanella. Todos fueron liberados horas después. Al día siguiente, el lunes, fue detenido el coordinador nacional del MSI, Luis Manuel Otero Alcántara, por convocar a niños a su casa en San Isidro para repartir chocolates y otras chucherías. El régimen de Castro lo acusó de terrorismo y lo capturaron. Luego de tres días reportado como desaparecido, fue liberado por la policía en la tarde del martes 6 de abril.

Desde la llegada al poder de Díaz-Canel en 2018, la situación económica de Cuba se ha agravado. La escasez generalizada de alimentos y productos básicos, la devaluación del peso cubano y el control social implementado por el régimen han sido el caldo de cultivo de un malestar general en la población que ha venido en aumento y ha llevado a los cubanos a exhibir su descontento de maneras más visibles.

La protesta en el barrio San Isidro tenía un propósito: apoyar la huelga de hambre que 50 miembros de la Unión Patriótica Cubana (Unpacu) realizan en la sede de la organización en la ciudad de Santiago de Cuba, al suroeste de la isla.  Liderado por el activista José Daniel Ferrer, la Unpacu es actualmente la principal plataforma de disidentes y políticos opositores dentro de Cuba. 

Una semilla insurrecta

El Movimiento San Isidro surge en el año 2018 como una expresión del rechazo del sector cultural hacia el intento de reformar la ley 226 del año 1997, que regula la actividad cultural en la isla y la prestación de servicios artísticos.

La nueva ley, conocida como decreto 349, formó parte de las políticas del entonces recién instaurado gobierno de Díaz-Canel. Esto con el fin de regular las actividades artísticas en espacios que no están bajo control del Estado, como restaurantes, galerías instaladas en residencias. Aunque el decreto se centra en el tema de la contratación de los artistas y cómo pueden vender su obra, el escritor y periodista independiente Boris González señala que también contempla la figura de inspectores que deben juzgar y autorizar la realización de los eventos. “En realidad, no es un decreto que facilite la vida a los artistas, sino que le dice a los artistas toda la cantidad de gente e instituciones que lo pueden censurar”, afirma para El Diario.

Ese decreto 349, aporta Matos, le daba la potestad al régimen de vetar cualquier tipo de trabajo artístico que no se amoldara a sus políticas. “Intentaba definir quien era un artista y quien no. Si ellos juzgaban que tú no eras un artista y te proyectabas como tal, podían haber sanciones penales para ti, el decomiso de tus implementos, incluso de tu propia casa si, por ejemplo, la transformabas en una especie de galería de arte”, advierte.

Michel Matos.

En ese momento entró en escena Luis Manuel Otero Alcántara. González señala que fue el artista y activista quien tomó el liderazgo de la campaña para evitar la promulgación del decreto 349 y se encargó de reunir a artistas plásticos, dramaturgos, cineastas, escritores, músicos, académicos y representantes de todo el sector cultural de Cuba. 

Al tomar como base de operaciones la casa de Otero Alcántara en el barrio San Isidro, pronto fue ese el nombre con el que comenzó a ser conocido el grupo, y que cuenta con voces como: Yanelys Núñez, Amaury Pacheco, Iris Ruiz, Sándor Pérez, Adonis Milán, Javier Moreno, Verónica Vega y Yasser Castellanos.

Durante la campaña contra el decreto 349 detuvieron a sus activistas decenas de veces, pero poco a poco sumó no solo a intelectuales opositores, sino también a destacadas figuras más afines al régimen, como el cantautor Silvio Rodríguez o el artista plástico José Ángel Toirac. Al final, la polémica ley tuvo que ser aplazada por las autoridades, que de momento no han asomado nuevas intenciones de aplicarla.

El hostigamiento contra el MSI, que había ganado relevancia dentro y fuera de la isla por esa victoria, se hizo cada vez más intenso. En noviembre de 2020 uno de sus fundadores, el rapero Denis Solís, transmitió en vivo por Facebook Live el momento en que la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) lo detuvo mientras estaba en su casa. Días después, un tribunal lo acusó de desacato y condenó a ocho meses de prisión.

La detención de Solís volvió a poner en el foco al MSI, apunta González. El movimiento centró sus acciones en pedir la liberación del cantante. Organizaron protestas en las estaciones de policía (que acababan con el desalojo violento de los manifestantes), recitales de poesía y performances. La casa de de Otero Alcántara volvió a ser el centro de estas actividades, y sus ocupantes se ganaron el apodo de “los encuartelados de San Isidro”. Sus actividades fueron reiteradamente boicoteadas por seguidores del castrismo que los agredieron y les impidieron el acceso de alimentos, por lo que pronto su manifestación se convirtió en huelga de hambre.

Luego de llamar la atención de diferentes medios internacionales, el “encuartelamiento” de la casa de San Isidro terminó drásticamente el 26 de noviembre de 2020, cuando las autoridades alertaron sobre un presunto foco de covid-19 en el lugar y fue intervenido por sujetos vestidos con trajes de bioseguridad. Sin embargo, de acuerdo con lo denunciado por el MSI, los funcionarios no eran médicos, sino militares disfrazados que detuvieron a todos los presentes de manera violenta.

“Los arrestos fueron muy salvajes. Intervinieron y a las pocas horas soltaron a casi todos, que presuntamente estaban contagiados, con sus familias y comunidad”, indica Matos. El activista no participó en la huelga por cumplir en ese momento con una medida de casa por cárcel.

Matos y González concuerdan en que todas estas acciones del MSI marcaron un antes y después en la sociedad cubana. Un día después del allanamiento en San Isidro, el 27 de noviembre, se produjo una protesta multitudinaria frente a la sede del Ministerio de Cultura en la que no solo participaron artistas e intelectuales, sino también políticos, activistas y ciudadanos indignados. La situación marcó un hecho inédito tras años de desmovilización popular y obligó a las autoridades a desistir de la represión. En cambio, enviaron al viceministro Fernando Rojas para invitar a los líderes del acto a una reunión en los días siguientes y escuchar sus denuncias. El encuentro al final nunca se realizó. “Hubo unos idiotas que creyeron que los argumentos del comunismo eran buenos, pero los argumentos del comunismo siempre son mentiras”, comenta González al respecto.

De ese plantón de 12 horas frente al ministerio surgió un nuevo grupo. Lo bautizaron como el Movimiento 27N, que ha dirigido en los últimos meses nuevas manifestaciones pacíficas en La Habana. Desde esa fecha cada vez más personalidades cubanas publican abiertamente en redes sociales mensajes contra el régimen castrista. La semilla de la insurrección civil ya había sido plantada en el seno de la ciudadanía.

Monopolizar la cultura

Las expresiones artísticas contestatarias del Movimiento San Isidro no son, sin embargo, un hecho novedoso en la historia cubana. Con mayor o menor éxito, diversos artistas e intelectuales han desafiado las pretensiones del gobierno de Castro -acaso el propósito de cualquier régimen de características autoritarias, dice González- de controlar las corrientes artísticas e intelectuales en Cuba. “La cultura es un arma de la revolución”, asegura un viejo eslogan repetido por los órganos propagandísticos del régimen.

De acuerdo con el periodista, esa monopolización de la práctica artística cubana surge a partir del mismo año en el que Fidel Castro asume la presidencia, en 1959, y se acentuó en la década de 1960. Todavía en medio de una fachada de apertura cultural posdictadura, el gobierno crea el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (Icaic), que reúne a distintos escritores e intelectuales, e impulsa organizaciones de escultores y de pintores, además de crear  el Ministerio de Cultura. Paulatinamente, eliminó organizaciones y asociaciones independientes al poder. Esto empieza a cambiar al tiempo que la crisis económica se acentúa.

Con el deterioro de la institucionalidad, con el fin del comunismo en Europa del este, todas esas organizaciones del régimen dejaron de tener los fondos con los cuales sostenían a un cierto colectivo de artistas que aceptaban someterse a las disposiciones del comunismo y del poder político. Con lo cual, hoy en 2021, y desde hace muchos años ya, son sencillamente como estructuras vacías de contenido y de significado que, sin embargo, siguen al poder para obstaculizar la libre expresión artística”, comenta el también graduado en Historia y Literatura en la Universidad de La Habana.

Los beneficios de los artistas afines al régimen, aunque ínfimos, evidencian la clasificación de la sociedad cubana. “Si usted es un pintor que le cae bien al gobierno, usted es un pintor que puede tramitar un pasaporte, por ejemplo. Pagarlo en pesos cubanos y no en dólares. Además, usted puede exponer en galerías, por más mediocre que sea”, explica González.

A pesar de esto, desde hace algunas décadas surgió un movimiento vigoroso de expresión artística contestataria. Una de las más representativas, en el año 1990, fue la performance del artista Ángel Delgado, titulada La esperanza es lo último que se está perdiendo. Con un enfoque en la libertad del individuo, la obra de Delgado consistió en defecar en un periódico Granma (el órgano oficial del Partido Comunista Cubano), rodeado de símbolos de verde olivo. Como consecuencia, el régimen lo encarceló durante seis meses.

“Artivismo” contra el régimen

El Movimiento San Isidro se nutre de otras expresiones de años anteriores. Algunos de sus representantes, comenta González, formaron parte en la década de 1990 del Movimiento Omni Zona Franca, un grupo de personas de Alamar, ciudad periférica de La Habana, que organizaban performances, festivales de poesía, obras artísticas, entre otros.

Asimismo, antes de militar en el MSI, Matos fue el fundador en 1997 del Festival Rotilla, uno de los eventos de música electrónica y urbana más importantes de Cuba, realizado en Jibacoa, al este de La Habana. En 2011, el festival fue intervenido por las autoridades culturales del régimen. Lo sustituyó por otro evento llamado “Verano de Jibacoa”, con música más apegada a los criterios estatales. Matos señala que la razón de la usurpación de su festival se debió a la invitación de artistas con posturas críticas a la realidad política y social del país, como el dúo de rap Los Aldeanos. “Ellos veían en la movilización juvenil que ahí se daba un peligro para su discurso totalitario desde el área cultural”, asevera.

En años más recientes, esas expresiones se canalizaron a través de la rebeldía de artistas independientes. Es el caso de Danilo Maldonado, alias El Sexto, quien ha sido encarcelado en más de una oportunidad debido a sus grafitis contestatarios. El 25 de noviembre de 2016, minutos después de anunciarse la muerte de Fidel Castro, pintó la frase “Se fue” en una de las paredes del hotel Habana Libre, donde el líder comunista tuvo su primera oficina tras conquistar la capital cubana. Horas después lo llevaron a prisión, donde estuvo dos meses. Antes ya había pasado por la cárcel por planear una performance pública con dos cerdos pintados con los nombres de Fidel y Raúl.

El inicio de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos en el año 2014 representó también un estímulo para nuevas manifestaciones artísticas. Tania Bruguera, reconocida artista plástica, organizó la performance El susurro de Tatlin. “Consiste en que cualquier persona llega a un lugar, hay un micrófono, y por un minuto hablas lo que tú tienes ganas de decir públicamente. Fue la Plaza de la Revolución, donde siempre estuvo la población, dirigiéndose hacia la tribuna en la que siempre estuvo Fidel Castro”, explica González.

Horas antes del evento, el régimen de Castro detuvo a la artista. González, quien había acudido a la plaza, también fue detenido. Luego de salir de prisión tres días después, sus compañeros de la Escuela Internacional del Cine de San Antonio de los Baños, donde daba clases, “obligados por la seguridad del Estado”, lo expulsaron de la institución.

Por esto mismo, en el año 2015 Bruguera funda el Instituto Internacional de Artivismo “Hannah Arendt”. La palabra “artivismo” proviene de la fusión de las palabras “arte” y “activismo”.

Incluso la utilización de vulgaridades de forma creativa, como el cántico de “Díaz-Canel, singao” entonado por los manifestantes en el barrio San Isidro, tiene antecedentes en la música cubana. En el año 2007, Gorki Aguila, cantante punk de la banda Porno para Ricardo, sacó un tema en alusión a Fidel Castro titulado El Comandante. La letra dice: “No coma tanta pinga, comandante”. En Cuba, “pinga” es una forma de llamar al pene. “Eso también es un hito para el movimiento artístico liberador en Cuba”, recuerda el periodista González. 

La identidad de Cuba

La recuperación de los símbolos que representan a Cuba como pueblo es una de las tareas a las que se han dedicado los artistas e intelectuales, incluido el MSI. Parte de ello ha sido la deconstrucción de las clásicas consignas revolucionarias que durante décadas se han inculcado en la sociedad como cánticos de guerra. Uno de los más famosos es “Patria o muerte”, dicho por primera vez en 1960 por Fidel Castro y reproducido en un sinnúmero de formatos. Incluso fue adoptado por otros discursos como el del fallecido Hugo Chávez en Venezuela.

Precisamente de una reinterpretación de esta frase viene el himno de “Patria y vida”, tema cantado por el dúo Gente de Zona, junto a Yotuel Romero, Descemer Bueno, El Funky y Maykel Osorbo. Una de sus estrofas reza: “No más mentiras/ Mi pueblo pide libertad, no más doctrinas/ Ya no gritemos patria o muerte sino patria y vida/ Y empezar a construir lo que soñamos/ Lo que destruyeron con sus manos”.

“La revolución ha creado todo un imaginario, una narrativa que tiene palabras precisas, puntuales, eslóganes con significados antiquísimos de los comienzos de la revolución hace 60 años. Entonces sí, parte del asunto es el rescate del lenguaje. ¿Por qué tenemos que seguir anclados a una idea de que la patria está irremediablemente unida a la muerte y no a la vida? Uno también vive para la patria, no estamos necesariamente en un estado de guerra y queremos vivir con todas las implicaciones que tiene vivir, que es tener un mínimo de prosperidad, de decencia, de dignidad para enfrentar la vida, y no el terrible estado de carencia que los cubanos están sufriendo desde hace tanto tiempo”, argumenta al respecto Matos.

Pero más allá de una frase, este movimiento cultural busca rescatar también figuras como la de José Martí (padre de la independencia cubana), o aspectos tan identitarios en común como la bandera o la noción misma de la patria, de acuerdo con González. El periodista explica que, en las juventudes, en cambio, este proceso de hartazgo no se transmite a través del arte sino a través del Internet. Como ejemplo de ello, apunta que una frase popular que suelen compartir dice “Sáquenme de Latinoamérica”. Se trata, en opinión de Matos, de un sentimiento “antinacionalista” en la población producto del adoctrinamiento desde las figuras patrias.   

Una de las cosas que nosotros entendemos como una crisis muy fuerte es que las personas en Cuba se han distanciado de su propia historia y del sentimiento patriótico porque lo han identificado con el comunismo vigente. Ha habido un rechazo total no solo a la ideología, sino a la patria misma, a la identidad cultural cubana, y parte de lo que nosotros hacemos es una ruptura con toda esta construcción falsa de la realidad”, dice Matos.

La respuesta del régimen, coinciden Matos y González, ha sido emprender una campaña mediática contra la canción con el fin de contrarrestar su impacto en la población. El gobierno lo llama “combate ideas”, frase también acuñada por Fidel Castro. Así, desde que “Patria y Vida se estrenó a comienzos de 2021, los órganos culturales oficialistas promovieron varios temas a tono de respuesta, con letras que van desde la exaltación del ideal comunista hasta la defensa de la policía. “Es realmente patético tanto a nivel creativo como a nivel discursivo, porque la gente está cansada de que le digan la misma cosa”, agrega Matos. 

Acota que desde el área cultural, el MSI y otros movimientos han asumido ese combate de ideas. La separación de los símbolos patrios de cualquier connotación oficialista representa una dura batalla en un país donde por décadas se empleó la historia, personajes ilustres y el folklore para construir la imagen de la revolución cubana. 

Tratamos de darle la legitimidad histórica y patriótica que tiene, no necesariamente vinculado al comunismo, pues esto es un constructo artificial que hicieron las autoridades cubanas tiempo después para hacer una especie de lavado de cerebro a la ciudadanía”, apunta el promotor cultural.

Todo confluye contra el régimen

A pesar de este historial de expresiones artísticas contestatarias hacia el régimen cubano, hasta ahora ninguna había tenido el éxito y visibilidad internacional del MSI. El apoyo de la población, aunque reconocen ambos que no se manifiesta de igual manera que en las esferas intelectuales y artísticas, es cada vez más evidente. Esto radica, según explican González y Matos, en varios aspectos que incluso trascienden al MSI.

En primer lugar, en las últimas décadas sectores de la sociedad civil se han organizado en la defensa de sus propias causas particulares. Aunque no los une explícitamente la lucha política por la restitución de la democracia, levantan banderas que paulatinamente crean un descontento contra el régimen. Matos señala que colectivos como el movimiento feminista, la comunidad LGBTI (lesbianas, gays, bisexuales, transexuales e intersexuales), defensores de los animales, activistas por la igualdad racial, periodistas independientes, entre otros grupos, han aumentado cada vez más sus actividades.

Otro elemento que añade González es la ausencia de liderazgos políticos fuertes. “No hay liderazgo potente en la sociedad cubana, ni siquiera para los comunistas. Fidel Castro no era un líder para los anticomunistas, pero los comunistas tenían a Fidel Castro. Raúl Castro no era un líder para los anticomunistas, pero los comunistas tenían una figura gris, tenían algo. Díaz-Canel no es líder para nadie”, explica el periodista. 

Boris González Arenas. Foto: AFP

En un país con un control social férreo como Cuba, Internet se convirtió en un aliado de los artistas para transmitir sus críticas sociales. A través de las redes sociales comparten sus mensajes y logran exposición internacional, algo que no ocurría en años anteriores. No obstante, Matos reconoce que las limitaciones en la conexión o la falta de acceso a Internet en zonas pobres evita que puedan masificarse. En otras ocasiones, al régimen solo le basta restringir los datos móviles o cortarles el servicio para dejarlos incomunicados.

Por último, debido al covid-19, Matos y González refieren una agudización de la crisis económica. Esto, con los antecedentes mismos de las políticas nocivas del régimen totalitario y por la intensificación de las sanciones económicas de la Administración de Donald Trump en Estados Unidos. “La gente está pasando hambre, pero de una manera atroz”, comenta el periodista. En medio de esta situación, el gobierno de Díaz-Canel decidió aumentar el precio de los alimentos subvencionados hasta 10 veces su valor (de 20 pesos pasó a 200 pesos), por lo que muchos sectores de la población no pueden costearlos. 

“Todos estos elementos, hambre, miseria, represión y el ejemplo del activismo activo, está mostrando a la ciudadanía que es momento de perder el miedo, y ciertamente lo están haciendo. Notamos estos síntomas en la sociedad. La gente está perdiendo el temor de enfrentarse a la policía. Una de las cosas, insisto, que lleva a esto, es la tremenda crisis que se está viviendo. Cuba siempre ha sido un país en crisis, el socialismo genera esto, pero el momento actual es verdaderamente dramático. Podría representar un antes y un después”, afirma Matos.

Represión activa

Un factor clave para el control absoluto del Partido Comunista de Cuba sobre el país y su población ha sido la represión. Detenciones, torturas y ejecuciones de opositores acusados de cometer “actos contrarrevolucionarios” fueron durante décadas prácticas por las que el régimen cubano estuvo bajo la lupa de diferentes organismos internacionales de derechos humanos. La situación no era escondida por el Estado. El propio Ernesto “Ché” Guevara lo reconoció abiertamente frente a las Naciones Unidas en 1964: “Hemos fusilado, fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario”.

Aunque desde hace décadas ya no se ejecuta públicamente a personas, ese aparato de vigilancia y represión orientado a desmovilizar y disuadir cualquier intento de disidencia política continúa. Matos explica que mientras estuvo vivo el exlíder de la revolución cubana, Fidel Castro, cualquier tipo de actividad de protesta podía significar hasta 30 años cárcel, por lo que buena parte de los cubanos evitó por años manifestarse por el miedo a las consecuencias que acarrearía para ellos y sus familias. “Aquello era aterrorizante y bestial”, recuerda.

Todo ese andamiaje represivo, comenta Boris González, dificulta la relación de los movimientos culturales con la población en general. “La población cubana está sometida. Sometida a sangre y fuego. Esa población no acaba de dar el paso hacia la insubordinación. El problema es que esta fue sometida en los años bárbaros, en los que el comunismo te daba armas suficientes, y los soviéticos pagaban las dictaduras a niveles tremendos”, dice.

Foto: Cortesía Anamely Ramos/Facebook

Con la sucesión en la presidencia de Raúl Castro en 2008, y luego de Miguel Díaz-Canel en 2018, las penas por causas políticas mermaron un poco, con detenciones que pueden durar desde unos cuantos días hasta meses. Sin embargo, lejos de disminuir la represión, Matos asegura que son cada vez más frecuentes las arremetidas contra activistas y dirigentes políticos opositores. 

“Me ha pasado que he salido a comprar pan, me han esperado en la esquina, me han capturado y he estado preso hasta el otro día. Más de 24 horas detenido en una jaula, en una mazmorra, porque a eso no se le puede llamar centro de detención. Algunas celdas son horribles, tienen ratas y el baño es un hueco en el piso”, indica.

En los últimos meses no solo han aumentado los arrestos, sino también los ataques físicos y la violencia contra los manifestantes. Matos cuenta desde su propia experiencia cómo estando esposado por funcionarios de la policía, fue golpeado en sus manos, provocando lesiones en los dedos. “Supongo que simplemente por el placer de hacerlo porque yo estaba completamente tranquilo, al estar maniatado y bajo control policial”, comenta. También señala que otros miembros del MSI como Otero Alcántara y Osorbo recibieron fuertes golpizas mientras estaban detenidos.

Otra práctica que expone es el uso de civiles afines al régimen (o funcionarios vestidos de civil en algunos casos). Estos son enviados por la Seguridad del Estado a las protestas pacíficas, en una modalidad a que le llaman “actos de repudio”. Allí, estos grupos golpean, escupen y gritan a los opositores. “Son gente orquestada por la seguridad del Estado y le llaman a esto que es el pueblo defendiendo la revolución. Como para dar la imagen de pueblo contra pueblo”, explica Matos.

Escenarios futuros

Matos y González son cautelosos, pero positivos, con respecto al futuro de Cuba. El periodista plantea cuatro escenarios a corto y largo plazo. El primero es un cambio hacia la democracia sin violencia que permita rearmar la institucionalidad. Esto, dice, será difícil debido a que son 60 años de un régimen que destruyó las instituciones. El segundo, un intento del régimen de Díaz-Canel de abrir la economía, que hasta ahora no se produce, para mermar el descontento social. El tercer escenario, y el menos deseado por el periodista, es un estallido social violento. Por último, menos probable, el reemplazo de Díaz-Canel por otro liderazgo que recupere la popularidad de Fidel Castro y venda la ilusión de una reforma.

“En estos momentos hay una situación muy grave para el régimen comunista. Está viendo cómo está aumentando la manifestación, el descontento social. En todo el país la gente está saliendo a la calle, está diciendo cosas, se están peleando en lugares públicos. Ya no le están dando importancia a que los golpeen, a que se los lleven presos”, asegura el periodista. 

Por otro lado, Matos reconoce que es una apuesta arriesgada predecir qué rumbo tomarán las protestas en Cuba, especialmente debido a la escasa conexión a Internet y el control absoluto que el Estado ejerce sobre los medios de comunicación, y que dificulta a un gran porcentaje de la población enterarse de manifestaciones populares que ocurren en otras partes del país. Comenta que incluso dentro de La Habana no siempre llega información de lo que ocurre en el barrio San Isidro.

No obstante, coincide en que “todas las posibilidades están dadas” para una escalada de las protestas. A su juicio, las acciones del régimen de Díaz-Canel, en lugar de aliviar la situación económica de los cubanos y abrir vías de diálogo con todos los sectores, solo agrega más leña al fuego con la represión.

“Crean un tipo de escenario muy proclive a un estallido social. Si siguen aumentando la represión y la gente se sigue viendo vulnerada, las posibilidades aumentarán. No podría decir que este es el momento definitivo, pero si la situación sigue deteriorándose puede desencadenar un escenario muy peligroso. Cuba es como una especie de olla de presión que no tiene válvula de escape ahora mismo”, concluye. 

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