• Los ecuatorianos decidirán quién será su próximo presidente por los próximos cuatro años. Sus propuestas son radicalmente opuestas. Mientras que uno apuesta al “socialismo del siglo XXI” y revisar las sentencias a Rafael Correa por corrupción, el otro lo hace por la apertura económica. Foto principal: EFE

Entre la derecha o el regreso del “socialismo del siglo XXI”, Ecuador elige este domingo 11 de abril a quien se convertirá en su presidente por los próximos cuatro años. Por un lado, el banquero y empresario Guillermo Lasso, del movimiento CREO. Por el otro, el economista y delfín del expresidente Rafael Correa, Andrés Arauz. Antes de la elección, la mayoría de las encuestas predicen un empate técnico más favorable con el correísta.

Arauz, de 35 años de edad, fue ministro de Economía en la última fase del gobierno de Correa. En la primera de las elecciones resultó el ganador con 32,22% de votos a su favor.

Lasso, de 65 años de edad, fue durante un mes “superministro de Economía” en uno de los períodos más turbulentos de la historia reciente ecuatoriana, el Feriado Bancario. También fue gobernador de la provincia de Guayas entre 1998 y 1999 y dos veces candidato presidencial (2013 y 2017). Su pase a segunda vuelta incluyó una polémica que puede costarle la popularidad. Yaku Pérez, quien quedó tercero en la primera vuelta a tan solo 40.000 votos de Lasso, no reconoció los resultados y acusó al líder de CREO de fraude electoral.

Ambos candidatos a la presidencia deberán cautivar a los votantes de Pérez. El medioambientalista decidió no apoyar abiertamente a ningún candidato, y emplazó a sus electores a sufragar por quienes ellos consideren. Si bien Pérez es izquierdista, es también un crítico férreo del correísmo. Por lo tanto, su base electoral se puede repartir de forma pareja entre Arauz y Lasso.

Guillermo Lasso. Foto: Kike Para

De quien sí tiene el apoyo Lasso es de Xavier Hervas, quien quedó en el cuarto puesto en la primera elección, con un importante 15.68%. Si bien su partido, Izquierda Democrática, anunció que dejaba en libertad a sus militantes para que decidan a quién apoyar en la segunda vuelta, Hervas ha manifestado públicamente su intención de llegar a acuerdos con Lasso en una agenda. No obstante, descarta formar parte de un eventual gobierno del derechista.

Polarización en Ecuador

La elección se produce en un contexto de polarización por lo que representan ambos candidatos.

El izquiedista ha dicho públicamente que uno de sus objetivos al llegar a la presidencia será lograr que Correa vuelva a Ecuador. Desde que terminó su mandato en 2017, el exmandatario se fue a Bélgica. Asimismo, tiene planeado realizar las gestiones pertinentes para que se revisen a profundidad los casos que han apuntado a Correa como corrupto y deshacer la sentencia que lo condenó a ocho años de prisión por cohecho (soborno a un juez o a un funcionario público) agravado.

En cambio, al banquero se le observa como el continuismo al impopular gobierno de Lenín Moreno. El actual presidente, aunque viene del correísmo, giró inesperadamente su mandato y se convirtió públicamente en crítico de Correa. Por su pasado en la banca, los detractores de Lasso consideran que seguirá la senda de Moreno, quien se acercó a organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI). Esta institución acordó prestarle al país 6.500 millones de dólares.

Andrés Arauz y Rafael Correa

Esa paridad se evidencia en las encuestas. De 10 sondeos, seis le dan la victoria a Arauz y cuatro a Lasso. La encuestadora Omar Maluk Salem apuesta por una victoria del izquierdista con más de siete puntos de diferencia sobre su rival. Por su parte, la reconocida Cedatos da una ventaja de alrededor de cuatro puntos para el derechista. Pero ambos tienen todavía un importante margen de mejora. En promedio, el porcentaje de votantes que se declaran indecisos, proclives al blanco o al nulo va del 10% al 20%.

Aliado de Maduro o de Guaidó

En política internacional, la decisión más opuesta de Ecuador gira en torno a la relación con Venezuela. Como delfín de Correa, quien es amigo de Nicolás Maduro, Arauz ha admitido que de llegar a la presidencia reconocerá al jerarca del chavismo como presidente legítimo de Venezuela.

“Vamos a reconocer el gobierno soberano de Venezuela, que fue elegido democráticamente. Aspiramos a que los conflictos se resuelvan de forma pacífica”, indicó Arauz en febrero de 2021. Asimismo, destacó que su país saldría del Grupo de Lima, ya que a su juicio es “un grupo que no está contribuyendo con la integración latinoamericana”.

Lasso, en cambio, seguiría la misma línea de Moreno. El mandatario reconoció a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela y cataloga a Maduro como un dictador.

Para el banquero, Ecuador debe seguir su camino de inserción en la Alianza del Pacífico y en la suscripción de tratados comerciales y de cooperación con Estados Unidos, China, Costa Rica, Corea del Sur, India y Turquía. Mientras que el correísta asegura que retomará la línea del multilateralismo y la integración regional como eje de su política exterior, particularmente con la recuperación de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y el fortalecimiento de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

Dos modelos económicos

Ecuador se juega su futuro económico en medio de dos crisis. La primera, ocasionada por la pandemia. El coronavirus hizo retroceder la economía alrededor del 7,8 % del PIB durante 2020, y se ve lastrada por una abultada deuda de más casi 70.000 millones de dólares (4/2021), gran parte heredada de gobiernos anteriores.

Y la segunda, por la deuda con el FMI. A nivel de inversiones, la imagen del país se vio fuertemente castigada en los mercados internacionales a principios de 2020, cuando la falta de liquidez condujo a un «cuasi default» en el pago de la deuda y el riesgo de país se disparó hasta los 6.063 puntos en marzo.

Si bien no hay cifras oficiales, el Fondo para la Infancia de las Naciones Unidas (Unicef) estimó que casi el 38% de los ecuatorianos hoy son pobres y uno de cada cinco vive en la pobreza extrema.

Bajo este panorama, los ecuatorianos deberán valorar de qué forma afrontan la crisis. Arauz, como representante del “socialismo del siglo XXI”, propone el estatismo y el populismo. Considera que el Estado debe ser fundamental en la reactivación económica y productiva del país, así como en la provisión de los servicios esenciales en las áreas de salud, educación, inclusión social, justicia y seguridad.

Propone: “Alcanzar el buen vivir: trabajo digno para todos; salud y educación gratuitas, universales y de calidad; ingreso básico y cobertura de seguro social para todos; vivienda funcional y en condiciones óptimas para todos”.

Lasso, en su programa, dice que promoverá una economía de libre mercado “y abierta al mundo, fiscalmente responsable para lograr un crecimiento sostenible y generar empleo”. Además de “ser una sociedad democrática y republicana, libre y abierta, próspera” y solidaria “con los más vulnerables a través de un Estado pequeño, pero robusto y eficiente”.

Este domingo 11 de abril se decidirá entre esos dos modelos radicalmente opuestos.

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