• En entrevista exclusiva con El Diario, el político español analiza el contexto político de España de cara a las elecciones en la Comunidad de Madrid del próximo 4 de mayo. “La libertad, en propuestas muy concretas, está siendo muy amenazada en España en estos momentos”, asegura. Lo acredita al peligro de Unidas Podemos, partido que define como el “chavismo español”

El liberalismo y el pragmatismo han llevado a Toni Cantó por un camino que, dice, es lo verdaderamente revolucionario en estos días ya no solo en su país, España, sino en todo el mundo: luchar contra la izquierda. Pero no contra cualquier izquierda. En suelo español, advierte, hoy gobierna un Partido Socialista Obrero Español (PSOE) que, lejos de la moderación, ha abierto las puertas al “chavismo español”, que es Podemos. Por ello se planta firme: en las elecciones autonómicas de Madrid del próximo 4 de mayo, se vota “socialismo o libertad”. Él, como siempre, elige la libertad. Él elige a Isabel Díaz Ayuso, candidata por el Partido Popular.

En esa lucha frontal y revolucionaria que ha emprendido, trincheras no le han faltado. Entre 2008 y 2015 lo hizo desde Unión Progreso y Democracia (UPyD); luego dio al salto al Ciudadanos de Albert Rivera, partido de ideología liberal al que perteneció hasta el pasado mes de marzo. El motivo de su salida de la formación naranja nunca lo disimuló. Dice que Inés Arrimadas, nueva líder del partido, está “completamente” desconectada de la realidad. Sin embargo, de sus palabras se deduce que el liberalismo como espacio político en España no ha muerto y que, por el contrario, ahora se ha permeado dentro de un PP de Pablo Casado que, asegura, hoy es la esperanza del centro y de la centroderecha. Es allí desde donde ahora, como independiente, sigue impulsando las ideas liberales.

Liberal en ámbitos globales, también evoca a la lucha venezolana constantemente. Obedece, quizás, a que ahora también es una lucha española. En entrevista exclusiva para El Diario, Cantó escudriña en el liberalismo, en el socialismo y en el comunismo español, que se juega sus cartas en Madrid. Aprovecha, también, para mandar un mensaje a los venezolanos que suena a consejo:

Espero que todos entiendan que la manera de sacar al socialismo cuando se ha enraizado tanto y cuando además cuenta con lo peorcito del mundo, es haciendo un esfuerzo, como se está haciendo aquí ahora, por unir fuerzas, por conseguir consensos”.

—El Partido Popular, al cual usted apoya ahora, va a las elecciones autonómicas de Madrid con el eslogan “socialismo o libertad” o, en algunos casos, “comunismo o libertad”. Más allá de la frase grandilocuente, ¿cuáles son, a su juicio, los nódulos de los modelos que se enfrentan en las próximas elecciones madrileñas?

—El modelo que ha destrozado vuestro país y el modelo que está empezando a destrozar el nuestro, por una parte. Nosotros tenemos a un Partido Socialista que desde luego no es Nicolás Maduro o que no es (Hugo) Chávez, pero sí que se está aliando para mantenerse en el poder junto con el chavismo español que, como vosotros bien sabéis, es Pablo Iglesias, es (Juan Carlos) Monedero, es (Íñigo) Errejón y toda esta banda. Y además de unirse a ellos sin ningún complejo, lo está haciendo también con partidos separatistas, como los golpistas catalanes, o incluso con partidos proterroristas como Bildu, del País Vasco.

Entonces, tenemos a un Partido Socialista que en el pasado tuvo un papel muy importante en lo que era la transición española y que era un partido centrado, socialdemócrata y europeo que, si bien con problemas, no era lo que tenemos ahora, que es un socialismo cada vez más extremado y cada vez más pegado al comunismo, al chavismo y al proterrorismo español.

—¿Y la libertad?

—Para que te hagas una idea de la libertad, en propuestas muy concretas, está siendo muy amenazada en España en estos momentos. Yo vengo de una comunidad valenciana en donde a mis sobrinos no se les permite elegir libremente la lengua en la que pueden educarse; en donde no se les permite, que eso sí es lo que ha hecho Ayuso en Madrid, elegir el hospital a dónde ir o el colegio al que llevar a tus hijos; en donde se están poniendo todos los problemas posibles a la colaboración público-privada; donde de repente se le empieza a poner cortapisas a la libertad de forma seria; donde también se le pone cortapisas, por ejemplo, a libre circulación de los trabajadores españoles, porque en algunas comunidades autónomas se ponen requisitos lingüísticos de las lenguas cooficiales: el valenciano, el catalán, el vasco, el gallego. Por lo tanto, un señor de Madrid no puede trabajar en la administración pública valenciana, por poner un ejemplo.

Yo conozco muy bien vuestra tierra, porque yo empecé a ir a Venezuela -un país al que habré ido unas siete u ocho veces-, hace muchos años, justo antes de que Chávez se hiciera con el poder. He visitado desde la Gran Sabana, Mochima, Caracas, Puerto La Cruz, Choroní, Margarita, Los Roques y a un montón de sitios. Hace mucho que no voy por allí y fui viendo con mis propios ojos y con mi propia experiencia cómo estos narcodictadores fueron acabando rápidamente con un país por completo. Siempre recuerdo algo que mis amigos me dicen: “dábamos por sentado a una democracia y a una economía desarrollada y en poquito tiempo nos hemos quedado sin las dos cosas”.

Aquí, afortunadamente, tenemos a Europa, que de alguna manera es un sostén, y a una monarquía y a un poder judicial. Pero la izquierda bolivariana de Podemos ya está intentando derrocar al monarca Felipe VI, y también está intentado acabar con la independencia judicial. Por suerte, con Europa lo van a tener muy complicado.

—Hablemos, en primer lugar, de la libertad. Como usted sabrá, apoyar ser libres de comunismo no necesariamente implica apoyar al liberalismo como ideología. Es decir, se puede apoyar la libertad económica y política sin ser un liberal. Este parece ser el caso del PP, un partido de centroderecha, conservador. En este contexto madrileño y español, ¿cuál es, entonces, el rol de un político de convicciones liberales como usted? ¿Va de asegurar la democracia, en primera instancia, para luego conseguir las otras libertades?

—Evidentemente, hay batallas más grandes que otras y prioridades. Yo sí creo que, en estos momentos, tanto en Madrid como en mi comunidad valenciana, o en España en general, sacar a Sánchez del poder, junto con los chavistas, es esencial. Absolutamente esencial. Está muy por encima de otras consideraciones.

El Partido Popular ya en el pasado ha tenido a algunos de sus dirigentes importantes, y alguno de ellos ha presidido la Comunidad de Madrid, con alma liberal. Entonces yo creo que, por un lado, sí que existe un espacio liberal en este partido, pero también es cierto que ahora mismo hay una prioridad por encima de todo que es sacar a un partido socialista socialcomunista que está destrozando la economía española, pero que lo peor es que está destrozando ahora la convivencia. Pedro Sánchez es una persona a la que no le ha importado separar a España y dividirla, de nuevo, en dos trincheras con tal de mantenerse en el poder, y que ha venido haciendo desde hace tiempo una política de confrontación. Y en un momento como este, además, en el que la crisis económica y sanitaria por la pandemia es dramática, es brutal. Tener o no un modelo económico más centrado, más cerca del liberalismo y, desde luego, no socialista, es fundamental para que nuestro país no se quede en el vagón de cola de Europa.

—¿Y por qué la defensa de la libertad, en su caso, no la hace desde un partido liberal? Allí está Ciudadanos, al cual usted perteneció hasta hace unas semanas atrás, cuya dirigencia insiste en que representa ese espacio. ¿Dónde ubica usted ideológicamente a la formación que hoy lidera Inés Arrimadas?

—El problema de Inés, y de la élite del partido que siguen dirigiéndolo, es que están completamente desconectados de la realidad y han destrozado el partido en apenas tres meses. Ellos obtuvieron un resultado muy malo en las elecciones catalanas después de hacer una campaña desastrosa y nadie dimitió. Es muy iliberal no asumir la responsabilidad. Pero es que después hicieron una moción de censura al gobierno regional de Murcia, que precipitó también las elecciones en la Comunidad de Madrid. Eso ha hecho que, por un lado, Ciudadanos ya no esté en el gobierno de Murcia, tampoco en el de Madrid y además puede que no vaya a entrar, según todas las encuestas, en la Asamblea de Madrid. Y que haya pactado con el socialismo y con el chavismo de Podemos un ayuntamiento importante como el de Murcia.

Entonces yo dije que no me sentía para nada identificado con un proyecto como ese que se ha alejado por completo de la esencia de lo que era y que desde luego nadie de la élite dimite. Yo francamente me sentí muy triste, pero creí que mi obligación era entregar mi acta de diputado. Lo que pasa es que poco después recibí una invitación de Isabel (Díaz Ayuso) para colaborar con ella, y la acepté encantado porque creo que la batalla de Madrid es importante para Madrid, pero es que yo creo que es el inicio de una reconquista en España de unos espacios públicos que han sido mal utilizados por el socialismo y que yo creo que deben volver a la centroderecha, que yo creo que es la fuerza que puede de nuevo conducir al país hacia un éxito económico que ahora necesitamos más que nunca.

Toni Cantó: “Ahora mismo lo revolucionario es no ser de izquierdas”
Isabel Díaz Ayuso, Pablo Casado y Toni Cantó. Foto: Jesús Hellín / Europa Press

—¿Se puede hablar, entonces, de la muerte del liberalismo como espacio político en España? En un contexto de extrema polarización, pareciera que siempre se sacrifica al centro.

—No. Yo creo que los movimientos políticos que ha habido en este país han hecho, también, que el Partido Popular tenga una generosidad y una visión que no ha sabido tener Arrimadas ni la élite del partido (Ciudadanos), y ellos sí que han sabido abrir un espacio, centrarse más como partido, y ocupar un espacio que hasta ahora ocupaba Ciudadanos. Hubo una oferta, que yo creo que fue muy generosa por parte de Pablo Casado a Inés, para refundar ambos partidos en uno. Yo creo que ha sido un error gigantesco por parte de Ciudadanos no aceptarla, porque yo sí creo que Pablo Casado está haciendo un gran esfuerzo para que el Partido Popular sea el partido del centro y de la centroderecha, y por abrir el espacio con generosidad.

Fíjese que yo he sido invitado a la campaña e incluso a estar en las listas (de candidato a diputado en la Asamblea de Madrid) aunque finalmente no estoy, siendo un independiente, ni siquiera formando parte del Partido Popular. Yo creo que esa es la generosidad que hace falta en este momento en nuestro país para sacar a Sánchez de La Moncloa, y para que el socialismo no se haga con la Comunidad de Madrid que es, digamos, la California de Estados Unidos aquí en España. Es la Comunidad Autónoma más potente, la que tira, la que además es más solidaria con el resto de comunidades autónomas y sería absolutamente dramático que cayera en manos del socialismo.

—Pasemos a lo que usted señala de comunismo. No solo advierten una amenaza comunista en Madrid, sino en España. Pareciera que existiese cierta normalización e incluso romantización del comunismo en su país por parte de algunos políticos de izquierda y, en consecuencia, eso se refleja en sectores de la sociedad. Esto no se ve en la misma magnitud en el resto de Europa, donde los partidos comunistas son casi residuales. ¿Cómo es que España llegó a esto? Viendo en retrospectiva, ¿tiene que ver, quizás, con esta idea de que algunos comunistas hicieron aportes ciertamente democráticos en la Transición española o confluyen otros aspectos?

—Bueno, eso puede ser un ejemplo. De hecho, yo creo que, a pesar de ser una figura controvertida, siempre se ha valorado mucho cómo (Santiago) Carrillo tuvo la generosidad y la visión de participar en una transición y de cerrar definitivamente heridas y ciertos debates. Fíjese que incluso aquí Podemos y el PSOE abren de nuevo heridas de la Transición y se ponen otra vez a hablar de todo aquello que, realmente, yo creo que en la Transición se cerró y que fue una forma modélica de avanzar hacia adelante, de no seguir dándonos golpetazos unos y otros.

Pero sí que es cierto que aquí hay una normalización del comunismo que a mí me parece absolutamente escandalosa. Aquí tienes a un Partido Socialista que nos llama “fascistas” a todos. Llaman “fascistas” o “fachas” a Ciudadanos, al Partido Popular y a Vox, y ve con absoluta normalidad pactar con los comunistas o con los proterroristas de Bildu. Y eso a mí me parece que es una absoluta rareza, pero no creo que sea una rareza únicamente en España. A mí me da la sensación de que la izquierda en general -no solo en España sino en el mundo, en Estados Unidos, por supuesto que en Reino Unido y en otros lugares-, se está comportando de forma insensata blanqueando al comunismo que, como dijo la Unión Europea, es otro régimen totalitario e igual de malo que el fascismo. E incluso cayendo de nuevo en comportamientos muy graves como el antisemitismo.

Es un fenómeno que yo, casi al contrario que usted, no veo que suceda solamente en España. La izquierda en todo el mundo no se fija tanto en el qué, sino en el quién. Y está llevando a cabo políticas identitarias, políticas también de neopuritanismo; está llevando a cabo una actuación que me parece absolutamente reprochable. A mí me parece que ahora mismo lo revolucionario es no ser de izquierdas.

—Y eso se combate, supongo, con lo que en España llaman la “batalla cultural”.

—Claro, pero yo creo que aquí está empezando a cambiar la dinámica. Podemos está en unas cifras ya, según todas las encuestas, que no tiene absolutamente nada que ver con hace dos años. Entre otras cosas, porque han demostrado no ser unos gestores sino ser solamente unos agitadores. Pablo Iglesias ha sido vicepresidente de este gobierno durante uno de las épocas más duras de nuestra vida en esta pandemia, y tuvo en sus manos, por ejemplo, la competencia de las residencias de ancianos que fueron uno de los colectivos que pasó peores momentos y con unas cifras de muertes escandalosas, y no visitó ni una sola residencia de ancianos. No hizo absolutamente nada. Dedicó más tiempo a ver series de Netflix y a tuitearlo.

Yo creo que son gente que no está interesada para nada en gestionar sino en agitar y hacerse con el poder a costa de lo que sea, les da absolutamente lo mismo. Pero aquí yo creo que se les ha ido desenmascarando.

Aquí, una parte importante es la guerra cultural que estamos dando algunos con discursos, con acción política o con denuncias, pero yo creo que hay otra parte importante que es que cuando ellos acceden a las instituciones, demuestran que por donde pisan hay ruina, hay destrucción de riquezas y de empleos, hay polarización, y son un auténtico revés para la sociedad. Son lo peor que le pueden suceder a la sociedad española ahora mismo.

Toni Cantó: “Ahora mismo lo revolucionario es no ser de izquierdas”

—Pero en esa batalla cultural, señor Cantó, entran muchas personas. En esa cruzada contra el comunismo o “socialcomunismo”, entra el otro extremo, en este caso de derecha. Por momentos, pareciera que en esto de “desnaturalizar” a la ultraizquierda se naturaliza a la ultraderecha. En España, no son pocos los que señalan que este último espacio lo representa Vox. Y se da por hecho que en Madrid el PP gobernará con el partido que lidera Santiago Abascal si se diera la oportunidad. ¿Qué opinión tiene sobre este planteamiento?

—Yo no diría que en España hay millones de personas que votan a la ultraderecha. Yo no diría que Vox es la ultraderecha. Sí que le diría que es la derecha, y sí que le diría que el Partido Popular de Pablo Casado es de centroderecha y de alguna manera ha habido una reubicación en los espacios. Pero el Partido Popular y Ciudadanos, que cogobiernan o que cogobernaban en muchas comunidades autónomas, están siendo apoyados por Vox. No hay una sola propuesta que hayan tenido que llevar a cabo que uno pueda decir que viene por parte de la ultraderecha. Es decir, para mí, en estos momentos Vox no es ningún problema en España. Es que no lo es. El problema en España es Podemos, es Bildu, son los golpistas catalanes. Esos sí que son un problema.

—Ciertamente, Pablo Iglesias ha defendido a los líderes del socialismo del siglo XXI. Como usted, son muchos quienes ven en él esa tendencia que tiene hacia al autoritarismo –algo que, por otra parte, alguien como Yanis Varoufakis ha reconocido que es una característica de la izquierda-. Entonces, ¿cómo caracteriza usted al candidato de Unidas Podemos?

—Le caracterizo como un agitador, como un comunista –no lo digo yo, lo ha dicho él en múltiples ocasiones- y como un gran hipócrita que, en cuanto ha tenido la oportunidad, ha salido de su barrio obrero y se ha comprado un chaletazo en una de las mejores zonas de Madrid y vive con escolta; que ha colocado a su mujer en el gobierno como ministra. Hay pocos ejemplos tan vergonzosos como este, y pocos ejemplos en los que se haya hecho un uso tan vergonzoso del dinero público, utilizando a una funcionaria como niñera en vez de pagárselo con su dinero, utilizando a una escolta para que le vaya a ser la compra. Han demostrado, una vez más, que el socialismo es una máquina de captar recursos para que una minoría viva de una forma privilegiada mientras que condena a la mayoría de la población a la pobreza.

—Volvieron a los lemas de campaña, hay algo que en Venezuela ya genera cierto desánimo incluso en los sectores democráticos de la sociedad, señor Cantó: la utilización de nuestro país como herramienta política, como le han llamado algunos. Frases como “Madrid no puede convertirse en Caracas” o “no seremos Venezuela”, más que hacer referencia al régimen de Nicolás Maduro, incluye a todos los venezolanos. ¿Ha pensado usted en ello?

—Yo no creo que nadie que diga eso se está refiriendo a los venezolanos y que todo el mundo en España cuando escucha eso, tiene muy claro de qué se está hablando. Se está hablando de Podemos; de dictaduras socialistas y dictaduras; se está hablando de narcodictadura; se está hablando de un régimen por donde pulula lo peor del mundo; donde pulula lo peor de Rusia, lo peor de Irán, lo peor del narcoterrorismo. Se está hablando de eso, de cómo se ha destrozado a un país que era el más rico de toda la zona en tan poquito tiempo.

Yo creo que todo el mundo, al revés, tiene mucho respeto por los venezolanos. En Madrid vas andando y cada cierto tiempo escuchas un acento venezolano, y yo creo que todo el mundo está encantado con ellos aquí, sabiendo y acompañándoles en la triste peripecia de que han visto cómo han destrozado su país. Pero todo el mundo entiende lo que se dice cuando se habla de Venezuela o de Caracas.

«El socialismo es una máquina de captar recursos para que una minoría viva de una forma privilegiada mientras que condena a la mayoría de la población a la pobreza». Toni Cantó

—Ya que hablamos de venezolanos, como usted bien dijo, hay muchos de ellos en Madrid. Buena parte de ellos tienen trabajos inestables, o son profesionales de calidad que no ejercen sus profesiones por falta de oportunidades, o habrá muchos que ni empleo tienen. ¿Qué les ofrece a ellos la candidatura del PP en Madrid?

—Yo creo que, ahora mismo, Madrid es la Comunidad Autónoma que está generando más riqueza y empleo, muy por encima del resto de comunidades autónomas. Tiene varios puntos por debajo del paro nacional, del paro femenino o del paro juvenil. Hay mucha gente joven aquí que está viniendo de Venezuela. Y, por lo tanto, le está ofreciendo un atisbo de lo que podría ser este país en manos de la centroderecha. Es complicado cambiar la situación económica simplemente desde una Comunidad Autónoma, pero yo creo que Ayuso lo ha demostrado.

Si además de tener un gobierno de centroderecha que pelea por la libertad y el éxito económico –porque el éxito económico es por la libertad, es una consecuencia de la libertad-, tuviéramos a Pablo Casado en Moncloa, yo creo que el éxito sería doble y se notaría mucho más. Pero yo creo que la Comunidad de Madrid lo que les está demostrando, frente a otras Comunidades que decrecen, es que una política que tiene que ver con la centroderecha y con políticas liberales, es mucho más efectiva que el socialismo y que les podrá garantizar un futuro más seguro.

—Para terminar, usted es uno de los políticos de España que más activamente denuncia lo que sucede en Venezuela, que hace referencia a nuestro país frecuentemente. Por lo tanto, le dejo este espacio para que le diga lo que usted considere a los venezolanos.

—Ya te he dicho que he ido mucho a Venezuela, y eso lo llevo en mi corazón. Es un país en el que he sido muy feliz y al que he visto deteriorarse tan rápido, que me entristece mucho cada vez que lo recuerdo y al que me encantaría volver pronto.

Yo lo que espero es que siga la lucha de todos los demócratas. Espero que todos entiendan que la manera de sacar al socialismo cuando se ha enraizado tanto y cuando además cuenta con lo peorcito del mundo –antes se me ha olvidado mencionar a la parte más mala de Cuba-, es haciendo un esfuerzo, como se está haciendo aquí ahora, por unir fuerzas, por conseguir consensos, y por ir todos juntos a por lo esencial, a por lo importante, que es reemplazar a la narcodictadura.

Yo mandaría mucho ánimo a todos los demócratas venezolanos, mucha fuerza y, sin dudas, que sepan que todo lo que podamos hacer desde España para ayudar, lo vamos a seguir haciendo. Y deciros que aquí también nos avergüenza mucho un tipo como (José Luis Rodríguez) Zapatero, blanqueando un régimen como el de Maduro. Me avergüenza, no sabéis hasta qué punto. Y ojalá tengáis claro que es una auténtica minoría un personaje como ese aquí en España. 

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