• La ingeniera en sonido venezolana participó en el equipo de la película Sound of Metal (2019), ganadora del Oscar y el BAFTA (British Academy Film Awards) en la categoría a Mejor Sonido. Ella conversó con el equipo de El Diario sobre su trabajo como editora de sonido en la película y su trayectoria en el área

Ruben Stone (Riz Ahmed), personaje principal de Sound of Metal (2019), golpea con fuerza, sin detenimiento, los platillos de la batería, mientras que las inmensas bocinas a su alrededor expanden las ondas del Heavy Metal. Sin embargo, su oído ha fallado y no es capaz de reconocer ninguna particularidad en la música ni en las voces de los demás. En ese momento nace la pregunta principal de la película, la cual fue parte del proceso creativo de María Carolina Santana Caraballo-Gramcko, editora de sonido: ¿Quién soy cuando lo que me identifica ya no está? ¿Qué puede ser un músico al perder la audición? ¿Podría continuar un baterista de Heavy Metal con una sordera perpetua?

La identidad en la película está, de una u otra manera, engrapada al oficio de la música y al entendimiento del sonido como arista de lo humano. María Carolina Santana, ingenieria de sonido venezolana, comenta que la perspectiva de vida a través de las vibraciones musicales fue un lugar de reconocimiento para todo el equipo encargado de la producción de sonido. Nunca antes, en la amplia experiencia que posee en el área, había logrado una concreción esencial con una obra. 

Era muy personal porque trataba sobre cuestionarse lo que a nosotros nos identifica: el sonido y la música es nuestra forma de mostrarnos al mundo. La película era imaginar perder eso que nos involucra con el mundo. Eso nos permitió hacer un trabajo mucho más artístico naturalmente porque la parte de creación sonora lleva una parte de narración, muy importante, pero pocas veces tenemos la libertad de plasmar nuestras experiencias a esa situación.”, comenta Santana en exclusiva para El Diario.

María Carolina llegó al proyecto después de una larga experiencia en el cine francés, en el cual ha trabajado en cada una de las áreas del sonido, razón que le ha dado la posibilidad de reconocer la complejidad de todas. Ella es parte de un colectivo de ingenieros de sonido en Francia. En ese momento, luego de ser ingeniera de masterización, un compañero la impulsó a trabajar con Nicolas Becker, supervisor del equipo. Ese día todo encajó en su lugar: ella hablaba inglés y español y, además, tenía el bagaje necesario para tomar este proyecto como editora de sonido. 

María Carolina Santana en Sound of Metal, una historia escrita con sonidos
Foto: David Londoño

Sound of Metal fue galardonada con distintos premios cinematográficos en el mundo, entre los que relucen el premio Critic Choice Awards a Mejor Edición, el BAFTA (British Academy Film Awards) y el Oscar a Mejor Montaje y Mejor Sonido. María Carolina no pudo recibir la estatuilla del Oscar por una cuestión burocrática relacionada con la cantidad de personas que recibe el premio. Sin embargo, Nicolas Becker y el equipo que recibió la estatuilla (Jaime Baksht, Phillip Bladh, Michelle Couttolenc y Carlos Cortés), quienes habían intentado de muchas maneras su inclusión en el galardón, dijeron en el discurso: “Gracias, Carolina, por tu brillantez”. 

El trabajo de María Carolina Santana es primordial en una obra de este estilo, en la cual el sonido es la historia, no, simplemente, un utensilio para las finalidades externas del director. No existe película posible sin la relación identitaria en el sonido y su quiebre en el silencio. 

María Carolina Santana en Sound of Metal, una historia escrita con sonidos
Foto: David Londoño

Ruben en el transcurso de la película pierde el sentido de su existencia y la pregunta del principio se alarga a través de la historia. Luego, el silencio, primer quiebre identitario en la vida de un baterista de Heavy Metal, comienza a representar los lugares de apaciguamiento en una fundación para personas sordas y el encuentro de este personaje con la esencialidad de la vida escondida en las brumas del ruido es, por lo menos, conflictivo. Por esto, más allá de cualquier otra obra, la presencia de la conjunción creativa del equipo de sonido, del cual María Carolina es pieza fundamental, refleja las inquietudes individuales de cada uno. 

El silencio le da dinámica y profundidad a la historia. No era una película llena de tecnicismos o artificialidades, sino que debía seguir el camino del personaje. Los momentos de tranquilidad y paz, con sonidos de naturaleza o cuadros sonoros y de imagen que te obligan a tomar el tiempo”, agrega.

La vitalidad del silencio en Sound of Metal es uno de sus mayores logros. Carolina en este caso comenta que, en comparación con el cine inmediato abarrotado de cortes rápidos, escenas fugaces, diálogos banalizados y sonidos de gran estruendo, la película es un edén de la quietud. Esto, según ella, viene desde la propia escritura del guion por Darius Marder y Abraham Marder y la complicidad con el equipo de sonido dirigido por Nicolas Becker. 

María Carolina Santana en Sound of Metal, una historia escrita con sonidos
Foto: David Londoño

Ambos departamentos lograron establecer un camino de reconocimiento identitario desde la algarabía del ruido, detrás de los gritos guturales de una cantante, el choque de los pogos metaleros y la explosión de los platillos y bombos de una batería, hasta la escritura silenciosa de la mañana en un cuarto vacío. La historia de Ruben era la historia de todos los integrantes de la película. 

Una historia de sonidos: desde Venezuela hasta Francia

María Carolina Santana Caraballo-Gramcko nació en Venezuela y su niñez estuvo marcada por el oficio de su abuelo: ingeniería de sonido. La música era un elemento constante en su hogar y el piano ubicado en la casa de los abuelos le llamaba la atención, como un objeto precioso que se ve a la distancia y que, luego, da vestigios de sonido en cada toque.  Por esta razón estudió guitarra con Bartolomé Díaz y percusión. 

Ella reconoce la música como un espacio de Guataca, en el cual cada instrumentista se comunica a través de las vibraciones musicales y, al final, se establece una comunidad dispar unida con un solo lenguaje. “Tocar con gente, hasta hoy en día, es lo más bonito que tiene la música”, agrega. 

En los instantes que recuerda su vida en Venezuela el lenguaje francés hace pequeños avistamientos en el relato de María Carolina. El tiempo vivido en Francia representa la segunda mitad de su vida y la lengua española, arraigada en sus referentes familiares como la poeta Ida Gramcko, se esconde. De igual manera, entre risas recuerda las jocosidades familiares en cada conversación sobre este tema. 

A los 17 años de edad, después de terminar sus estudios de bachillerato en el Colegio Integral el Ávila, recibió una oportunidad para trabajar como niñera en París. Al principio, era algo momentáneo, pero después decidió quedarse para estudiar Percusión Orquestal en el Conservatorio Nacional Superior de Música y Danza e Ingeniería de Sonido en la Middlesex University London.

Foto: Nicolas Becker, Michelle Couttolenc, Jaime Baksht, Carlos Cortés y Carolina Santana (En Tepoztlán México)

En este momento tiene 31 años de edad, pero, comenta, que el inicio de su carrera es gracias a su abuelo, Manuel Henrique Caballero-Gramcko. Él fue su primer referente en la música y, sobre todo, en la escogencia de la ingeniería en sonido como una profesión. Al verse lejos, en las tierras francesas e ilusionada con la caída de la luz entre las afluentes del río Sena, sintió una fuerza nostálgica ante el recuerdo de su terruño.

Venezuela, su abuelo, su familia, sus sonidos y las reuniones de Guataca eran recuerdos fecundos en su memoria y el oficio de la música los mantenía vivos, como libélulas entre las ramas de un árbol. Al mismo tiempo, las distintas aficiones de su abuelo se traspasaron a María Carolina: la fotografía, la literatura, el arte, entre otros. Encontró en el cine la confluencia de todas estas expresiones y llegó, como ella misma dice, sin quererlo a trabajar en un estudio de música cinematográfica. “Siento que tuve mucha suerte porque no fue algo planificado. No decía: ‘me iré a estudiar cine en Francia’. Fue un conjunto de circunstancias que me dieron un buen resultado”, comenta.

“Yo, honestamente, no veía irme de Venezuela y me traje al país conmigo”

Las creaciones culturales de su infancia, enmarcadas en la vida venezolana, son partículas presentes en cada sonido creado por María Carolina. Es la esencia de su experiencia y su trabajo y, como dijo en un verso su familiar Ida Gramcko, “la esencia es la presencia/ de lo intemporal,/ de lo divino y sobrehumano”. Lo impalpable de su memoria, como un diminuto sonido escapado entre las fauces del ruido, siguen presentes en ella y, por eso, al recordar Venezuela las lágrimas se enmascaran entre risas nerviosas y un pequeño momento de quietud. 

Lo he conversado con muchos venezolanos en el exterior: intentamos que en todo lo que hacemos valga la pena estar tan lejos y hacer sonar lo que pasa en Venezuela y lo que es Venezuela. Hablar de todo eso que vemos como una ilusión de haber nacido allá, que se oiga y no se pierda. Que la distancia nos una mucho más y seguir dando esperanza”, puntualiza.

María Carolina ha participado en más de 130 producciones entre álbumes de música, películas, cortometrajes, series de televisión, entre otras. Una de ellas, quizás de las más reconocidas después de Sound of Metal, es At Eternity’s Gate (2018), dirigida por Julian Schnabel. La película narra las peripecias del artista holandés Vincent Van Gogh a través de una excelsa presentación fotográfica, en la que cada escena lleva consigo la pesadez de la tristeza y el deslumbramiento de la imagen. Sin embargo, el uso del sonido y la música son particulares en la obra y producen una emoción genuina. 

Foto: David Londoño

Este elemento nace de la referencia del editor cinematográfico y diseñador de sonido Walter Murch. El cine es, para ella, un lugar de encuentro entre las distintas expresiones artísticas y, por ende, más allá de emular la perfección de una secuencia o, quizás, encontrar la mímesis de un sonido referencial, María Carolina busca absorber la emoción pura y recrearla. En este caso, trabajar en todas las áreas, reconocer el oficio de los demás y sus implicaciones, produce en ella una empatía en la creación cinematográfica.

Dentro de este trabajo trato de redescubrir mi oficio con cada proyecto. En vez de tratar de copiar o rehacer estilos que se hicieron, aunque hayan muchas películas que me marquen, trato de conectarme más con la emoción para verla de una manera diferente y no sentirme encerrada en un cuadro”, dice.

Así mismo, la presencia de otras mujeres en el oficio son parte de un avance reconocible. María Carolina explica que, en realidad, siempre existió una presencia femenina en el sonido cinematográfico, pero pocas veces era visible y, en cambio, la importancia en estos días recae en la visibilidad.

“De hecho, cada vez hay más mujeres en estas áreas. He tenido la suerte de encontrarme en el camino excelente mentores que me han abierto el camino. Las partes de rodaje y concierto son más físicas y es más difícil encontrar mujeres, pero cada vez hay más en todas las partes del trabajo: desde rodaje hasta mezcla”, agrega.

La sonidista Carolina Anton es uno de sus referentes inmediatos porque, además de representar una figura importante en la ingeniería de sonido, ha realizado en los últimos años un proyecto de visibilización llamado “SoundGirls”. Esto permite reconocer el trabajo conjunto de hombres y mujeres, quienes, desde sus espacios, crean perspectivas artísticas diferentes. 

María Carolina Santana en Sound of Metal, una historia escrita con sonidos
Foto: Grabación del nuevo álbum de Miguel Siso : en Abbey Road Institute en Paris (Con Manuel Alejandro Sánchez, Jhonny Kotock, Adolfo Herrera y Alexis Cardenas)

Ahora, la búsqueda de María Carolina está enfocada en su nuevo trabajo con Nicolas Becker y el artista francés Phillipe Parreno. Ellos están encargados de la edición de sonido en pequeños fragmentos de película que funcionan como obra de arte. “Son proyectos fuera de lo común y lo tradicional: este artista plástico hace pequeños fragmentos de película y el trabajo es una recopilación de todas las películas.Eso ha sido super motivante y creativo”.  

El reconocimiento del silencio como parte de la vida ha sido, después del inmenso proyecto de Sound of Metal, una revelación para María Carolina. El camino del protagonista ella lo ha seguido y, por ahora, lo seguirá hasta encontrar en los sonidos del terruño su momento de quietud. Además, la palabra escrita es parte de su herencia familiar y espera alguna vez trascender detrás las escaramuzas de un verso poético, en el cual música, silencio y palabra son uno hasta la eternidad. 

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