• El cantautor y compositor venezolano murió el 2 de mayo de 2019 a los 102 años de edad. Sin embargo, su legado quedó vivo en el folklore nacional

El arpa, cuatro y maraca son los acompañantes de una historia marcada por la cercanía con los destellos de la música popular venezolana. Juan Vicente Torrealba nació en Caracas el 20 de febrero de 1917 y fue el tercer hijo del matrimonio conformado por Santana Torrealba Silva y María Esperanza Pérez. La vida rural de la ciudad de los techos rojos y las visitas a la hacienda familiar en Camaguán, en el estado Guárico, fueron los referentes del joven Juan Vicente para adentrarse en las características del folklore

Los inicios musicales de Juan Torrealba

En la hacienda de Banco Largo, Juan Vicente Torrealba aprendió todos los oficios del llano. Por esta razón, su educación primaria fue trastabillada y tuvo la experiencia de entablar conversación en varias ocasiones con el dictador Juan Vicente Gómez. En el periodo de adolescencia la curiosidad por el tronar de los instrumentos musicales se avivó y aprendió a tocar la guitarra y el arpa. Luego, a los 18 años de edad, se presentó por primera vez ante el público en la ciudad de Barinas. 

Juan Vicente Torrealba era un joven que a duras penas sabía leer y escribir, pero el conocimiento musical, como un tintineo inherente a la vida humana, estaba en él cuando decidió irse nuevamente a Caracas. Era 1948 y la algarabía democrática marcaba los pasos de los capitalinos. El país parecía encaminarse en una senda de libertad y progreso.

José Vicente Torrealba

Torrealba comenzó a trabajar como fiscal en una empresa láctea y, además, tuvo algunas participaciones en la radio estatal Radio Nacional de Venezuela como guitarrista de música venezolana. En ese lugar conoció a la compositora y pianista María Luisa Escobar.

María Luisa Escobar le comentó a Juan Vicente Torrealba la necesidad de grabar sus composiciones para darlas a conocer al resto del mundo. Ella dio la orden de liberar el estudio de la radio en la noche para dejar grabar a Torrealba su primer disco. Para ello, el compositor de raíces guariqueñas llamó a su hijo de 7 años de edad y a su hermano Arturo Torrealba Pérez, siendo, a su vez, la primera vez que se reunían lo que después se llamó “los torrealberos”. 

En ese momento, Juan Vicente Torrealba compuso “Concierto en la llanura”, una de las canciones más icónicas de su trayectoria por la maestría necesaria para tocar el arpa. Su carrera se impulsó y el nombre de “Los Torrealberos” vistió las marquesinas de muchos teatros en el mundo. Entre la década de 1960 y 1970 sus composiciones eran parte de la programación habitual de las grandes emisoras nacionales. 

En 1971 grabó la rapsodia llanera con su grupo “Los Torrealberos”, en el cual Juan Vicente era el encargado del arpa. La experimentación en el instrumento que manejaba lo llevó a investigar las características de la música electrónica en Alemania. Luego, en 1973 regresó a Venezuela e incorporó sus enseñanzas al sonido tradicional del instrumento y, además, agregó la presencia del teclado en sus composiciones. Durante este periodo la carrera del compositor y arpista venezolano tuvo su mayor importancia a nivel nacional e internacional. De esta manera, el folklore nacional se engalanó tras las experimentaciones rítmicas de Torrealba. 

Carrera solista y legado

En 1978 Juan Vicente Torrealba inició su carrera como solista, luego de largas décadas acompañado de su hijo y hermano en el escenario. Luego, sus composiciones se compaginaron con las exigencias de la música clásica y acompañó a varias orquestas sinfónicas. En ese año creó un grupo llamado Ritmo Super 80 que mezclaba los ritmos de la salsa, el pasaje llanero y la samba brasileña. Sin embargo, la experimentación del conjunto no fue bien recibida por los puristas de la música y el único álbum Juan Vicente Torrealba y Ritmo Super 80 tuvo poca receptividad. El arpista y compositor llanero decidió regresar con su grupo de cabecera, “Los Torrealberos”.

En 1981 firmó su último contrato discográfico con la empresa Sonográfica. Durante ese periodo hizo pocas apariciones y, luego, en 1986 decidió retirarse de la vida musical para dedicarse por entero a la fotografía y la pintura. El joven de la crianza en Camaguán, con los arrieros del campo a sus alrededores y el horizonte llanero indivisible a la distancia, dejó un inmenso legado en la música venezolana. 

La presencia de Juan Vicente Torrealba quedó grabada en más de 130 discos y más de 300 composiciones, de las cuales 10 son a la par de orquestas de cuerda. Además, fue galardonado como 45 premios y formó parte de las personas más influyentes en el siglo XX latinoamericano. Su trabajo llevó la pulcritud del folklore venezolano a varios rincones del mundo.

En 2011 José Antonio Abreu realizó un concierto con la Orquesta Sinfónica Teresa Carreño para celebrar la carrera de Juan Vicente Torrealba. En ese momento, el director fue Gustavo Dudamel y en 2014 el consejo directivo de la organización de los Grammys le concedió un premio honorífico para celebrar los 15 años del Grammy Latino. La figura de Torrealba es importante para desentrañar la calidad musical del continente. 

Además, en 2012 publicó su primer libro titulado “El llano de Juan Vicente”. En esta obra narra sus experiencias y anécdotas en la inmensidad de la llanura venezolana. Su perspectiva de la vida llanera se estableció en sus años de algarabía como una visión puntual del llano, con los ritmos tenues del arpa y las composiciones del cuatro que acompañan el amanecer de las guacharacas. 

Juan Vicente Torrealba falleció el 2 de mayo de 2019 a los 102 años de edad. «En nombre de la familia Torrealba cumplimos con el penoso deber de informarles el fallecimiento del maestro don Juan Vicente Torrealba. Rodeado de sus hijos y nietos en la paz de su hermoso hogar», informaron sus familiares en ese momento.

El joven de poca educación proveniente de un pueblo escondido en la llanura, con algunas enseñanzas de la escritura y la lectura, creó un legado ineludible para reconocer la música venezolana. Por eso mismo, aunque pasen los años, el recuerdo de Juan Vicente Torrealba se mantiene vivo en el tintineo de cuerdas en un arpa. 

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