• Los politólogos Enderson Sequera y Ana Milagros Parra comentaron para El Diario que, si bien es válida la exigencia de renovación de liderazgos, esta debe hacerse en un marco que no beneficie a los intereses del régimen de Nicolás Maduro. Foto: Efe

Hace algunas semanas atrás la estrategia del gobierno interino que lidera Juan Guaidó apenas se movía públicamente. Ahora, con un nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE) mediante, el interinato recobra protagonismo con la propuesta del Acuerdo de Salvación Nacional, cuyo objetivo es entrar en un proceso de negociación entre las autoridades legítimas de Venezuela, sectores de la oposición y el régimen de Nicolás Maduro para lograr, entre otras cosas, unas elecciones presidenciales libres. Si bien politólogos consultados por El Diario consideran que la medida llega tarde, la valoran positivamente por ser más “realista” y “sensata”.

“Ese cambio de narrativa es mucho más realista, es tocar pies en la tierra. Al mismo tiempo, viene con un diagnóstico acertado de la situación de Venezuela y, por consiguiente, la solución del problema que llevaría a una democratización del país. Hay una acertada identificación de los actores que deberían estar en ese proceso y también hay una identificación acertada de los procesos”, opinó la politóloga Ana Milagros Parra.

Parra resaltó que, a diferencia del discurso de 2020, esta vez el interinato no planteó un “pensamiento cortoplacista”, con salidas inmediatas, sino que comprendió que la democratización del país depende de unos procesos largos que debe construir. Sin embargo, cree que ahora debe dar una explicación con objetivos más específicos y la forma en la que espera conseguirlos.

¿Cambio o actualización?

El politólogo Enderson Sequera hizo el mismo diagnóstico positivo del Acuerdo de Salvación Nacional. Para él, la estrategia de Guaidó “es la más sensata y que aborda con mayor seriedad” la crisis venezolana. “En esencia, apunta a lograr dos cosas: presión nacional e internacional para seguir aumentando los costos de permanencia del chavismo en el poder y garantías a todos los actores para disminuir los costos de salida”.

No obstante, para Sequera no se trata de un cambio de narrativa del gobierno interino. Por el contrario, considera que se trata, más bien, de una “actualización” y “concreción” del mensaje de 2020. La única diferencia, señala, es una mayor claridad en cuanto a la estrategia.

“Un liderazgo que ya ha descartado la vía de la fuerza, ha comprendido la necesidad de la organización interna y que se enfoca en lo sustancial: cómo volvemos a generar un desafío de presión nacional e internacional al régimen chavista para volver a la mesa de negociación donde se concreten unas elecciones libres. A muchos ciudadanos esta propuesta les va a sonar repetitiva. Pero, a veces, esto es lo que se necesita del liderazgo: consistencia, claridad en el diagnóstico y persistencia en las acciones para lograr las metas más viables. Lo nuevo, si no va acorde al contexto y la dinámica política, no es necesariamente mejor.

Nuevos incentivos

Más allá de que se trate de un nuevo discurso o uno renovado, los politólogos consideran que el contexto político venezolano hace que las posibilidades de que tenga éxito aumente con relación a las negociaciones pasadas.

“Se ha visto un cambio de comportamiento en el gobierno en el sentido de que necesita cierto alivio de las sanciones, hay un interés de reflejar esa legitimidad y proyectar en la comunidad internacional para que haya alivio de las sanciones, así que eso puede ser algo positivo dentro de todo”, comentó Parra.

Por su parte, Sequera añadió que el avance de la investigación de la Corte Penal Internacional en materia de derechos humanos en Venezuela es otro factor que puede llevar a que actores del régimen quieran “salvar su pellejo”.

El rol de Capriles y de Stalin

Un hecho concreto es que el cambio o actualización de la narrativa del gobierno interino se produjo luego del nombramiento del nuevo CNE. A su vez, este se llevó a cabo gracias a las negociaciones entre el régimen de Maduro, organizaciones de la sociedad civil y un sector de la oposición liderado por el excandidato presidencial Henrique Capriles y por el exdiputado Stalin González.

A juicio de Sequera, si la opinión pública percibe que Guaidó cambió su discurso a raíz de esa negociación, esto será utilizado por esos opositores.

El problema es que esta propuesta llega, al menos, unos cinco meses tarde. Guaidó debió empezar el año con esta propuesta. Al hacerlo tarde, la opinión pública interpretará que acusó el golpe de la maniobra de Capriles y Stalin y por eso ha bajado el tono de la retórica. Pero quién haya seguido el mensaje de Guaidó en todo el año 2020, sabe que, salvo momentos puntuales como la Operación Antinarcóticos en marzo y la solicitud de aplicar la Responsabilidad de Proteger, su mensaje estaba orientado a lograr unas elecciones presidenciales libres”, opinó el politólogo.

Sin embargo, Sequera considera que “no es aceptable que el interinato haya mostrado tanta ingenuidad política”. Esto debido a que representantes “extremadamente impopulares” como Capriles o González le quiten la interlocución con el chavismo, hable en nombre de los venezolanos y nombre a un CNE que organizará elecciones hasta el año 2028.

“El chavismo mata, tortura, exilia y viola para mantenerse en el poder. Es normal que una coalición democrática pierda la partida ante ellos. Pero si el interinato no puede ganarle la partida a Capriles y Stalin, ¿cómo podemos creer que van a ganarle la partida al chavismo?”, cuestionó Sequera.

Stalin González y Henrique Capriles

En consecuencia, el politólogo señaló que una de las fallas del gobierno interino fue creer que el liderazgo se decreta; en asumir que el apoyo de los venezolanos era inagotable; y en subestimar la disposición de algunos actores en la oposición “de anteponer sus agendas y protagonismos personales”.

Empoderar a Capriles

Dar un rol más protagónico a Capriles, sin embargo, no es una coincidencia. Los politólogos consideran que se trata, pues, de la estrategia del régimen chavista. El mismo Nicolás Maduro restó peso a la propuesta de Guaidó y resaltó el papel que juegan otros actores opositores en las negociaciones.

 “Ahora sale (Guaidó) a decir que quiere diálogo porque se quedó aislado y fuera de todo, aislado y derrotado. El rumbo del país ya va fijado a unas megaelecciones. Si él quiere incorporarse a los diálogos que ya están en curso desarrollándose en todos los temas, bienvenido” afirmó Maduro el martes 11 de mayo. Y añadió: “Que se incorpore a los diálogos que ya existen, pero que no se crea el líder de un país que nadie lo reconoce”.

Este miércoles 12 de mayo Maduro matizó sus declaraciones y aseguró que está de acuerdo con la ayuda de la Unión Europea, de Noruega y del Grupo Internacional de Contacto para un proceso de negociación con la oposición.

De acuerdo con Ana Milagros Parra, el chavismo hasta ahora no negoció con Guaidó porque esto supone aceptar exigencias que podría poner en riesgo su control político. En su opinión, el nuevo CNE acordado entre el régimen y un sector de la oposición, no es un éxito parcial debido a que va en esa línea de aparentar legitimidad del oficialismo y no en una amenaza para su estabilidad en el poder.

Es mucho más barato negociar con una oposición controlada o que está de acuerdo de jugar dentro de su tablero, que en este caso son elecciones totalmente controladas, y no con el grupo de Juan Guaidó, que al mismo tiempo es el interlocutor principal en las potencias del mundo, principalmente Estados Unidos, que sí le va a pedir concesiones que signifiquen la democratización del país. En este momento no hay intereses ni incentivos para que el gobierno se siente a negociar de verdad y que genere una transición a la democracia”, consideró Parra.

Por ende, Enderson Sequera sostiene que, si el gobierno interino replantea su agenda saliéndose de las exigencias del Acuerdo de Salvación Nacional, cedería al “chantaje” de hacer creer que el nuevo CNE “es un buen paso”.

“Estaría firmando su sentencia de muerte como plataforma política”, añadió.

Coincide con Parra: “Para el chavismo es clave empoderar a este sector, al que yo llamo la oposición disidente. Ya lo hicieron con Falcón en 2018. Y con la Mesa de Diálogo Nacional. Es un patrón a seguir: empoderas y le das visibilidad a aquellos sectores que no te disputan el poder, y reprimes a aquellos que sí. En esta cuenta, empoderar a Capriles y reprimir a Guaidó es un gran negocio para el chavismo”.

Renovación del liderazgo

En el anuncio del Acuerdo de Salvación Nacional, Guaidó aseguró que está dispuesto a participar en cualquier mecanismo que permita construir una unidad opositora. “Conspirar con la dictadura, para legitimarse mutuamente como tiranía y oposición leal a esa tiranía, no conduce a la libertad, sí a la sumisión y a la normalización de la peor tragedia que ha habido en nuestro país”, condicionó.

El comentario del presidente interino se produjo luego de que Carlos Ocariz, exalcalde del municipio Sucre, estado Miranda, pidiera una renovación del liderazgo opositor. Parra comentó que si bien es legítimo que Ocariz y Capriles tengan aspiraciones en la política y pidan una relegitimación del liderazgo, debe revisarse de qué forma mueven la política nacional. “Ok, movieron la política, pero ¿en el tablero de quién y con la regla de quién?”, cuestionó.

En opinión de la politóloga, no debe “satanizarse” el llamado de estos grupos a renovar los liderazgos debido a que sería cometer el mismo error de años anteriores, incluso durante la existencia de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) de insistir en una narrativa “cortoplacista” que, ante el fracaso de expectativas irrealizables, conllevó a la desilusión de la población y a la pérdida de la confianza en los liderazgos políticos.

Para Sequera, esa regeneración de la cúpula opositora es necesaria, pero mediada por instituciones confiables que hasta el momento no existen. Y esa regeneración, apuntó, incluso debe llevar también al reemplazo de actores como Capriles o González. Por lo tanto, considera que la solicitud en esta coyuntura política obedece más bien a intereses personales.

Nueva estrategia
Carlos Ocariz. Foto: AFP

“Creo que el exalcalde de Sucre sobreestima su liderazgo. Al final, la última vez que se midió en elecciones perdió la gobernación de Miranda. No creo que sea el mejor vocero para aleccionar al país sobre la legitimidad. Ahora trata de aprovechar una coyuntura donde siente que su partido puede vencer en unas ‘primarias’ al resto del G4, y cree que realmente esto justificaría su participación en las regionales. Se equivoca”, dijo Sequera. Y agregó: “No le interesa la legitimidad, solo sus diminutas aspiraciones personales”.

Irrelevantes para el mundo

De momento, la comunidad internacional ha visto con buenos ojos la propuesta de Guaidó. Estados Unidos, que con los acuerdos del nuevo CNE fue más cauteloso al dejar en manos de los venezolanos si creen que era una contribución para lograr una salida “integral y negociada” de la crisis, ahora apoyó directamente el planteamiento del gobierno interino.

Apoyamos los esfuerzos de Juan Guaidó y la oposición venezolana para restaurar de forma pacífica la democracia en Venezuela, a través de elecciones presidenciales y parlamentarias libres. La solución a la crisis es un acuerdo comprensivo que lleve al resultado que los venezolanos merecen”, dijo James Story, embajador de EE UU para Venezuela.

España también dio el visto bueno. De acuerdo con la agencia Efe, una fuente del Ministerio de Exteriores español adelantó que la propuesta de Guaidó incorpora “todos esos elementos” por los que apuesta España. Esto es “una solución negociada con liderazgo venezolano y acompañamiento internacional que conduzca a la reinstitucionalización democrática mediante la celebración de elecciones presidenciales, legislativas y subestatales democráticas”. 

Parra y Sequera coincidieron en que la principal amenaza del gobierno interino es perder el apoyo de la comunidad internacional ni de EE UU, lo que consideran como poco probable, sino ser irrelevantes para la resolución del conflicto en Venezuela. Por ello, la politóloga opinó que para que eso no suceda, se debe mantener la propuesta de nuestras estrategias que sean factibles en largo plazo. 

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