• La directora de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho no ha cesado en sus proyectos. Ha sabido adaptarse a los retos de la pandemia. Acaban de estrenar disco con Horacio Blanco y fue responsable del concepto musical de la beatificación de José Gregorio Hernández 

Desde casa ha sido la frase constante en el proceder de muchos desde marzo del año pasado. Un estado que ha sido adaptación en medio de la pandemia. Rutinas trastocadas en las que los sentimientos han variado, desde el desconcierto y la reflexión, hasta el ímpetu y la planificación. En medio de todo, Elisa Vegas no se ha amilanado, y ha mantenido la batuta en alto.

Los escenarios por ahora se han comprimido a la pantalla del celular o la computadora, aunque el fervor de la música, que no conoce de formatos, se mantiene en el espíritu de un grupo de músicos que hacen institución en la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho. 

Con la directora al frente, los proyectos no han cesado. Recientemente publicaron el disco Sinfonía desordenada (Desde casa), que consta de 7 canciones de Desorden Público adaptadas a orquesta. Horacio Blanco canta mientras los músicos, bajo la dirección de Elisa Vegas, dejan un registro del arte que entiende su contexto. Hasta hay video del pryecto, con los músicos que tocan en sus respectivos cuadros de Zoom, la cuadrícula de la temporada.  

Pero hay más. En 2017 la músico fue elegida como directora artística de la institución cultural. Desde ese momento, se propuso modernizar a la orquesta, sentar las bases para los desafíos de los nuevos tiempos

Curiosamente, los tiempos fueron aún más desafiantes. Y el confinamiento exigió mucho más para quienes hacen de toda expectativa una hoja de ruta. Y ella, se ha mantenido en convicciones y afanes. 

Entre esos procederes, están los conciertos virtuales y hasta un delivery. En febrero presentaron La Ayacucho To Go. Si no puedes ir a un concierto, el concierto va a ti. 

El 30 de abril la orquesta estuvo en la ceremonia de beatificación de José Gregorio Hernández, un esperado momento en el que se pudo ver por televisión a Elisa Vegas, notablemente emocionada que veía cómo se concretaba una invitación de la Conferencia Episcopal Venezolana, que también llegó a otras orquestas y coros.

En estos días de mayo, Elisa Vegas prepara la participación en ¿Dónde está Venezuela? Un viaje sinfónico, un espectáculo virtual y animado que recorre el país.

Planes, más planes, son los que hay en la agenda de la directora de orquesta, quien desde 2020 es parte de la comunidad Young Global Leaders del Foro Económico Mundial. 

Elisa Vegas
Foto: Samuel Hurtado

“Seguimos en la incertidumbre, pero de alguna manera preparados. El año pasado cerramos en diciembre con expectativas de ir retomando. Pero como sabemos, después de Carnaval, volvimos a encerrarnos. Afortunadamente, como en 2020 aprendimos a usar las nuevas plataformas digitales, decidimos seguir”, afirma Elisa Vegas para El Diario, quien adelanta que la orquesta prevé mudarse. 

La Alcaldía de Baruta concedió la planta baja del edificio que posee en Bello Monte para que la institución pueda operar. Un plan con intenciones de convertirse en centro cultural. 

—Hubo una rápida adaptación. En julio del año pasado, por ejemplo, organizaban el aniversario. Podría decirse que son una de las instituciones culturales que ha estado más cerca del público durante la pandemia

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—Gracias por decirlo. Eso tiene que ver con el propósito. Tenemos un perfil diferente a otras orquestas académicas. Es bastante arriesgada. Además, creo que el perfil del músico de la Ayacucho es un joven profesional que desea experimentar con la música y el arte en general, no solo quedarse en lo académico. Ese perfil hace que hoy estemos interpretando una sinfonía, y mañana toquemos con Horacio Blanco. Solo tuvimos que cambiar el canal de nuestras presentaciones. Ya no es un teatro, sino una pantalla. La misión debe continuar. No fue fácil. Al principio nos preguntamos si lo lograríamos, pero no hubo resistencia. Estaban las ganas de seguir. Y bueno, hasta un disco sacamos, además de los conciertos virtuales y presentaciones semipresenciales.

Presente y futuro

—La última presentación masiva fue la de Carmina Burana en la Concha Acústica de Bello Monte

—¡Exacto! Eso fue una gasolina importante. Ese día recargamos las energías. No solo fue un gran concierto, sino un gran momento para la cultura de Venezuela. A través de un hecho artístico, hubo ciudad, encuentro, civismo y futuro. Fue un momento que nos reafirmó que había un país que nos necesitaba, por lo que no podíamos parar. Cuando volvamos, debemos recordar que existe una Concha Acústica con un Carmina Burama, que son tanto el presente como el futuro. También hemos tenido la fortuna de tener dos encuentros más durante la pandemia. Uno fue en diciembre en la misa y concierto llamado Vida, que se transmitió por streaming, pero que hizo que la orquesta estuviera nuevamente junta. El segundo fue la beatificación de José Gregorio Hernández. 

—En esta pandemia, han sido varios los momentos de altibajos emocionales. Recuerdo que durante los primeros meses hubo gente que empezó a revisar fotos viejas. Otras personas se han refugiado en canciones. ¿Qué música le sirvió para sobrellevar estos momentos?

—Ha sido muy bonito que en la orquesta, que nos sentimos como familia, nos hayamos apoyado a través de nuestros grupos. Eso nos ha mantenido en épocas de incertidumbre. No hemos estado solos. Cuando alguien ha estado de capa caída, otro lo ha mantenido a flote. Con respecto a la música, para mí ha sido una bendición. A veces, cuando se está en una orquesta, cuando se escucha música, debe ser la que se trabajará en el momento.

Pero ahora, he trabajado con la Academia de la Orquesta de las Américas. Eso ha permitido que haya retomado repertorio musical que siempre he querido estudiar, pero para el que no he tenido tiempo. Es como reencontrarse con los grandes libros que quieres volver a leer. En mi caso, son las grandes partituras que quiero seguir estudiando como la Sinfonía n.º 9 de Beethoven o La consagración de la primavera. También he tenido la oportunidad de escuchar al nuevo talento venezolano. Ver qué está pasando con las bandas y los solistas, más allá de la parte académica.

—Creo que esa indagación se notó en la beatificación de José Gregorio Hernández. No solamente hubo a artistas de más trayectoria como Francisco Pacheco, Horacio Blanco o Annaé Torrealba, sino también cantantes más noveles como Liana Malva y El Otro Polo.

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—Como directora de una institución, en la que profesamos además la inclusión de  toda la música, siempre y cuando sea buena, sin importar el género, uno debe estar en constante contacto con todo el talento venezolano, que no son sólo académicos.

Esas personas que nombras son grandes artistas. Y un momento como la beatificación de José Gregorio Hernández se trataba de representar a la nación. Había que incluir variedad de géneros, edades, zonas. Fue un momento en el que todos queríamos ser testigos, pero nadie podía estar físicamente. La idea era que cualquier persona se sintiera identificada y presente en la ceremonia.

—Los que vimos la ceremonia por televisión notamos que estaba bastante conmovida. ¿Qué significó ese momento?

—Yo soy católica. Desde el primer momento en el que recibí la invitación para trabajar con la maestra María Guinand en todo el concepto musical, sentí un compromiso muy grande. No se trataba de un concierto, sino de un momento más elevado. Así lo sentí, como un momento de unión del país. Pese a las diferencias, hay ocasiones de encuentro. José Gregorio Hernández es una de esas oportunidades para los venezolanos, tanto para los de afuera, como los de adentro, los de un lado y los del otro. Yo, que estoy acá en Venezuela, siento que en la cultura la labor es impulsar esas ocasiones. Estar ahí fue la realización de un propósito de vida. Por eso estaba tan conmovida.

—Curioso que dos de las veces que la orquesta se ha reencontrado durante la pandemia han sido por motivos religiosos

—No lo había pensado. Pues sí, capaz es un mensaje. Al final, la religión es espiritualidad, independientemente de lo que se profese. Se trata de alimentar el alma, que también se logra con la música. Creo que en estos momentos las cosas se unen naturalmente. Cuando uno quiere alimentar el alma, el arte y la fe pueden llevarte a los mismos sitios. Ahí pueden estar las coincidencias. 

Directora Elisa Vegas
Foto: Julia Spinoso

Perspectiva de futuro de Elisa Vegas

—Tienen altas aspiraciones con Sinfonía desordenada (Desde casa), que prevén postular a los premios Grammy. Hablamos de una obra que se logró a través de celulares y streaming. En una publicación en Instagram celebró cómo quedaron canciones como “Peces del Guaire”.

—A veces el propósito puede más que las situaciones. Nosotros nos arriesgamos. Cuando estábamos grabando, ni yo misma sabía si era una locura o la cosa más ridícula. Fue una apuesta a ciegas, sólo con el pálpito de que en algún momento estaría bien. Sí, es un sonido muy raro, muy de teléfono, pero bien hecho. Eso nos llena de orgullo. Sería ridículo grabar un disco con un teléfono después de la pandemia. Pero esto marcó una época, el año 2020 sonaba así en un país como este. Estamos apostando al Grammy. Ya estamos inscritos. Todo esto es diferente, pero también es verdad. Cuando las cosas son verdad, tienen un valor. Así es el mensaje de una orquesta separada. Y si la orquesta quiere mezclarse con géneros diferentes, y hacer videos, suena y se ve de esta forma. Desde Caracas, Venezuela, estamos enviando este mensaje. 

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—Fue elegida como directora artística de la Orquesta Sinfónica Gran Mariscal de Ayacucho para el período 2017-2021. ¿Habrá un período 2021-2025?

—Esa es una buena pregunta. Quisiera pensar que sí porque amo a la Sinfónica Ayacucho. Quisiera creer que el proyecto lo sentimos todos como familia. Hemos crecido cada uno de los que trabajan en la orquesta. En octubre la junta directiva y los músicos tendrían que querer continuar con el proyecto. Esperemos que así sea.

—Hace dos años comentó que uno de los grandes objetivos era crear las bases modernas de la orquesta. Estas circunstancias parecen haber impulsado ese propósito. ¿Siente que se ha logrado o todavía falta?

—Bueno, ahora estamos en el camino, como la creación del Centro Cultural Ayacucho, una nueva sede, un espacio de encuentro de las artes. Creo que hemos demostrado que somos una orquesta de este siglo, que hace comunidad y se adapta a los nuevos tiempos. Por estas cosas que hacemos, a través también de mi posición en el Foro Económico Mundial, la institución se ve como un proyecto diferente, disruptivo. La respuesta es sí, vamos por el camino correcto. Ese propósito se está cumpliendo. 

—Dijo hace rato que ha retomado obras, ¿pero ha tenido la oportunidad de volver al clarinete?

—Bueno, muy poco. Lo he tocado en la pandemia. Hay un video en el que salgo tocando, pero no con seriedad. Tengo un hijo, y felizmente le dedico tiempo. Estoy contenta también de compartir tiempo con él. Entonces, entre seguir llevando las riendas de la institución, el estudio de las partituras y mi hijo, no he tenido suficiente chance para el clarinete.

Elisa vegas
Foto: Anastasia Camargo

La clave de la música

—Otro de los objetivos que ha tenido la orquesta es estructurar la música tradicional venezolana en lo académico. Por eso antes de la pandemia eran comunes los viajes a Choroní y varias zonas del estado Miranda. ¿Le ha seguido la pista a proyectos como el de Manuel Rángel con las maracas y las partituras, así como discos como Volar de Cuatrombón? 

—Me fascinan. Sabemos la riqueza musical que tenemos, que permite además la fusión de manos de prodigios como Jorgle Glem, Alexis Cárdenas o Manuel Rangel. Llevamos nuestra música a otras latitudes y a otros géneros. Es un poco lo que intentamos en la orquesta. Llevarlo además a un gran formato instrumental para hacer cualquier tipo de música.

—¿Ha habido deserciones en la orquesta durante este año?

—Fíjate que no. Parece  mentira. Creo que la pandemia nos ha cohesionado más, nos ha hecho entendernos mejor. Hasta ahora no hemos tenido ni una sola deserción.

—Sé que como artista, así como los que trabajamos en el mundo del arte de distintas formas, está convencida de que el arte transforma. Sin embargo, uno presencia esos sismos como los ocurrido hace unas semanas con las denuncias de acoso y abuso, que generaron esa reflexión sobre cómo personas vinculadas a la creación, podían cometer estos actos. ¿Cómo digerió lo que ocurrió?

—Muy triste. Es el reflejo no solo del mundo del arte, sino del mundo en general. ¿Cuántas mujeres en este momento no son maltratadas? Las cifras son alarmantes a nivel mundial. Igual, creo que todo hay que verlo con lupa. Las redes sociales también pueden hacer mucho daño. Las denuncias deben hacerse en los organismos correspondientes, en los entes competentes que puedan tomar cartas en el asunto. 

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—Hay varias series sobre músicos que son populares. Algunas de ellas son las que existen sobre Luis Miguel y Selena. ¿Está viendo alguna?

—(Ríe). La verdad es que no he tenido tanto tiempo de ver series. Soy una persona muy diurna y ya tengo muchas cosas que hacer. Pero me parece bien. A veces uno solo conoce una cara de los artistas. Es muy interesante poder conocer todo lo que transitan. 

—Supongamos que le piden una curaduría sobre algún músico venezolano para realizar una serie. ¿A quién elegiría?

-—Suspira). ¡Wow! Déjame pensar un poquito. (Piensa). Hay muchos músicos interesantes. Por ejemplo, Aldemaro Romero, a quien no se le ha hecho justicia todavía. Hay mucho por decir sobre una vida muy rica. Creo también que alguien que requiere contar su vida como es, y no como la hemos querido contar, es Gustavo Dudamel. Tiene mucho más que relatar que lo que todo el mundo piensa. 

Directora de Orquesta
Foto cortesía

—Bueno, la esposa de Aldemaro Romero, la señora Elizabeth Rossi, tiene planes muy ambiciosos, como el museo sobre el compositor. 

—Sí, creo que Aldemaro Romero tiene la bendición de haber contado con una Elizabeth. Algunos de nuestros compositores han sido muy desordenados, pero por las mismas características de ser artistas. Algunos legados musicales se han perdido. Luego de que fallecen, es difícil encontrarlos. En el caso de Aldemaro, Elizabeth se ha encargado de organizar su música. Es de los legados musicales más organizados que tenemos. Yo creo que eso viene. Sabemos quién es Aldemaro Romero, pero la historia lo potenciará.

—¿Qué planes hay para los próximos meses y 2022, que se prevé más parecido a lo que conocíamos antes?

—Yo planeo que nos estemos vacunando. Tiene que venir una vacunación masiva en el país. Quiero soñar que ese es el proyecto. Estamos planificando un segundo semestre de forma híbrida. Volver a los escenarios, pero con las previsiones. Creo que pronto volveremos, pero siempre pensando en lo híbrido. Siento que las cosas no serán como antes. En primer lugar, la parte digital vino para quedarse. Y en segundo lugar, entendimos que cada vez que tengamos encuentros artísticos, serán muchos más especiales para todos.

Bueno, eso es lo que quiero pensar. Tanto para los artistas, como para el público, creo que hemos entendido que es importante hacer comunidad, estar juntos. Lo ves con los conciertos virtuales de grandes artistas como Servando y Florentino, Guaco, Voz Veis. Me parece que es un fenómeno que hay que estudiar. No es el hecho del concierto, sino que la gente compre la entrada para verlo a la misma hora, es una demostración de la necesidad que tenemos de conectar, de estar juntos, a través de las artes. Esa necesidad de saber que en determinado momento estás con gente al mismo tiempo viendo lo mismo. La comunidad como esencia humana. 

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