• El caraqueño es el primer venezolano en conseguir un título de bateo en las Grandes Ligas. Allí recibió cinco llamados al Juego de Estrellas, recibió dos Guantes de Oro y dos Bates de Plata. Además, fue el regreso del Año en dos oportunidades | Foto: Getty Images

60 años de edad cumplió Andrés Galarraga este 18 de junio. El expelotero venezolano tuvo una carrera brillante en las Grandes Ligas y en Venezuela, donde solo se uniformó con los Leones del Caracas. Es conocido como El Gran Gato, debido a su corpulencia y habilidad dentro del terreno de juego. Aparte de sus reconocimientos individuales, ganó dos batallas contra el cáncer.

Andrés José Padovani Galarraga nació en la parroquia El Recreo, sector Chapellín, en Caracas. Hijo de Francesco José Padovani y Juana Galarraga, es el menor de cinco hermanos. Tuvo una infancia digna, pero llena de sacrificios. Estudió en la escuela Jesús Enrique Lossada, y en su tiempo libre jugaba beisbol. Desde los 12 años de edad ya sabía que quería ser pelotero profesional.

Cuando cursaba bachillerato en el Liceo Enrico Fermi, fungió en las categorías juveniles del equipo Ray-Ran, de la Corporación Criollitos de Venezuela. A los 17 años de edad debutó en la Liga Venezolana de Beisbol Profesional (LVBP), en la campaña 1978-1979. En aquella época hacía de utility, como receptor, jardinero y tercera base. Tres temporadas más tarde se adueñó de la primera almohadilla.

Salto al mejor beisbol del mundo

Andrés Galarraga llegó a 60 años de edad: los mejores momentos del Gran Gato
Foto: Cortesía

Como recomendación de Felipe Rojas Alou, entonces manager del Caracas, Andrés firmó con los Expos de Montreal en 1979. Su paso en Las Menores estuvo lleno de momentos dulces y amargos, debido a que le costaba el inglés. Además, en vista de su peso —más de 100 kilogramos— algunos ojeadores decían que el venezolano no llegaría a las Grandes Ligas; pero fue todo lo contrario: se convirtió en el Gran Gato.

En 1984 se consagró como el Jugador más Valioso (MVP), sucursal Doble-A, en la Liga del Sur de Jacksonville, dejando una estela de 27 jonrones y 87 carreras impulsadas. Un año después dio el salto a Las Mayores con los Expos. Previamente, fue el Novato del año de la American Association, y considerado noveno mejor prospecto por la revista Baseball America.

Andrés Galarraga luchó contra las lesiones en sus primeros años como grandeliga. En 1988 ya era el mejor pelotero de Montreal. Tuvo un promedio de bateo de .302, con 99 carreras anotadas, 92 remolques y 29 cuadrangulares. Asimismo, lideró la Liga Nacional en hits (184) dobles (42), y recibió su primer llamado al Juego de Estrellas.

Altibajos del Gato Galarraga

Por su destacada labor en la primera base, recibió el Guante de Oro en las temporadas de 1989 y 1990. En 1991, independientemente de que tuvo sus peores números ofensivos ante las lesiones y cirugías, arribó a los 100 jonrones. Al final de aquel curso lo cambiaron a los Cardenales de San Luis, donde apenas duró un año.

Andrés Galarraga llegó a 60 años de edad: los mejores momentos del Gran Gato
Foto: AP

En 1993 firmó como agente libre con los Rockies de Colorado. A pesar de perderse 42 desafíos por diversas lesiones, aquel año lideró la Liga Nacional en average (.370), con 22 bambinazos, 71 carreras anotadas y 98 impulsadas. También pasó a ser el primer venezolano en conseguir un título de bateo.

31 de marzo de 1997 El Gato Galarraga conectó el jonrón más largo en la historia de las Granes Ligas: 565 pies de distancia, que luego fue reducido a 529 pies.

Después de cuatro años con los Rockies, Galarraga firmó un contrato de tres años con los Bravos de Atlanta. En su primer curso bateó para .305, con 44 batazos de vuelta completa y 121 carreras impulsadas. Allí se convirtió en el primer grandeliga en la historia en conectar 40 o más estacazos en una temporada, en equipos distintos y años consecutivos.

Batalla contra el cáncer

En 1999 disputó el juego más difícil de su vida. Antes de iniciar aquella temporada presentó dolores constantes en la espalda. Cuando se realizó los exámenes de rutina le detectaron un linfoma cancerígeno en su tercera vértebra lumbar. El ímpetu y el deseo por volver le ayudaron a sobreponerse. 

Después de someterse al tratamiento de quimioterapia, Andrés Galarraga reapareció al año siguiente con Atlanta. En un juego contra los Rockies recibió una sonora ovación en el Turner Field, y al primer lanzamiento sacó la pelota del parque. De esta forma, demostró que estaba completamente recuperado.

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El Gran Gato dejó promedio al bate de .302, con 28 cuadrangulares y 100 remolques. Esto lo llevó a obtener —por segunda ocasión en su carrera— el premio al Regreso del Año. Asimismo, volvió a disputar el Juego de Estrellas.

Últimos años en las Grandes Ligas

Posteriormente, Andrés se uniformó con Rangers Texas (2001), Gigantes de San Francisco (2001, 2003) y regresó a Montreal (2002). En 2004, antes de jugar con los Ángeles de Anaheim, el cáncer reapareció. El caraqueño se sometió a dos períodos de tres semanas de quimioterapia. Adicionalmente, estuvo hospitalizado durante varios días para terminar de superar la enfermedad.

Luego de haberse quedado sin equipo, los Mets de Nueva York lo invitaron a los Spring Training de 2005. A sus 43 años de edad dejó claro que todavía le quedaba combustible en el tanque, pues despachó tres estacazos en la pretemporada. En marzo de ese año tomó la decisión de retirarse. En Las Mayores dejó promedio vitalicio de .282, con 399 jonrones y 1.425 remolques.

Andrés Galarraga llegó a 60 años de edad: los mejores momentos del Gran Gato
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El nacido en Chapellín disputó 15 campañas de la LVBP con los Leones del Caracas. Con el número 41 en su espalda, consiguió 61 bambinazos en 487 compromisos. Ganó tres campeonatos (1981-1982, 1986-1987 y 1987-1988) y se quedó con el MVP del curso 1985-1986.

Con su carisma y su amplia y alegre sonrisa, el Gran Gato es una de las grandes leyendas de la pelota organizada. Forma parte del Salón de la Fama del deporte de Colorado (2007), así como del Museo del Beisbol Venezolano (2010), Beisbol Latino (2011) y de la New York Penn-League (2018). Su historia es, sin duda, sinónimo de lucha, constancia y reivindicación.

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