• Fundada en 2017, esta ONG, en conjunto con la parroquia Nuestra Señora de Caacupé, entrega abrigos y frazadas a la comunidad venezolana de cara al invierno. Pero se trata apenas de una de las tantas labores detrás de este proyecto de integración e intercambio cultural

Llegó el invierno a Argentina. Oficialmente, así lo es desde el 21 de junio y lo será hasta el 22 de septiembre, cuando llegue la primavera. Mientras tanto, no contar con un abrigo, frazada, calza y algún accesorio que cubra cuello, orejas y cabeza, conllevará a helarse. Y en muchos casos, a enfermarse. Los bronquios, la garganta y los pulmones entran en riesgo si no se los protege.

Contar con estas prendas, sin embargo, no está al alcance de todos. Menos aún cuando se arriba desde un país como Venezuela, que gracias a su clima tropical está exento de estos fenómenos. Y si a ello agrega que este tipo de ropa, por lo general, suele pesar y ocupar un espacio que no sobra en la maleta, se entiende que se desista en traerla aunque se sepa que en estos meses sea indispensable.

Personas en esta situación son ayudadas por Baires de Libertad, una organización no gubernamental fundada en 2017 por argentinos y venezolanos con el objetivo de promover la integración cultural y social entre personas de ambos países.

En alianza con la parroquia Nuestra Señora de Caacupé, una iglesia ubicada en el barrio porteño de Caballito, frente al Parque Rivadavia, han celebrado, ininterrumpidamente, diferentes fiestas, conciertos, misas, operativos de salud y donaciones de alimentos o útiles escolares que van más allá de la entrega de utensilios para el invierno.

Argentina

Es el caso de Andreína, que junto a su esposo y sus tres hijos ―dos niñas de 5 y 8 años, más un varón de 12― llegaron a la Ciudad de Buenos Aires con poco más que la ropa que traían puesta. En el mes de marzo completaron una travesía que iniciaron desde Carúpano, estado Sucre, a orillas del Caribe en el oriente de Venezuela. Parte del viaje lo hicieron en autobús, y otra, a pie. Por las restricciones de la pandemia pasaron algunas semanas en Lima, Perú, pero jamás desistieron de su idea inicial de llegar hasta Argentina. Cuando lo lograron, si bien estaban aliviados, tuvieron que recurrir a la ayuda de distintas organizaciones para seguir adelante, pues no tenían dinero para un alojamiento, ni para cubrir sus necesidades básicas.

Ahora, abrigada con una chaqueta (y con bolsas con alimento para su familia), cree que ha valido la pena tanto esfuerzo. “Veo mucho el cambio. Aquí la gente ayuda, colaboran con quien necesita algo, es muy caritativa”, agradece, en declaraciones a El Diario, a la salida de una jornada de donaciones organizada entre Baires de Libertad y la parroquia Nuestra Señora de Caacupé, que regularmente llevan a cabo este tipo de operativos.  

“Mi mente está en Argentina y mi corazón en Venezuela. En Carúpano está mi mamá, la extraño mucho. Pero aquí vinimos con la meta de hacer nuestra vida, trabajar, esforzarnos por nuestros hijos. Hemos notado mucha abundancia”, comparó, al recordar ciertas penurias de su pueblo natal. “Allá no hay gas, cocinan con leña. Y los alimentos se venden en dólares y el que no los tiene, no los puede comprar”, agregó.

Una ayuda para quienes lo necesitan en Argentina

El 24 de diciembre de 2017, Paola, una joven de 24 años de edad, llegó desde Aragua hasta Buenos Aires con la ilusión de comenzar una nueva vida en un país con oportunidades para los inmigrantes. Y por un tiempo, en Argentina vio frutos de su trabajo en una empresa que distribuía viandas de comida para otras compañías, pero todo cambió por la pandemia de covid-19.

“De un día para el otro, nos dejaron de pagar. No nos avisaron si estábamos despedidos o si seguíamos en nómina”, recordó en palabras para El Diario.   

Argentina

A ese imprevisto se sumó una situación similar para su esposo, un venezolano oriundo del estado Lara al que conoció en Buenos Aires y con el cual tuvo una hija que actualmente tiene dos años. “Trabajaba como cocinero en un bar. Lo despidieron y ahora trabaja haciendo delivery en moto”, contó.

Así, pese a tener años fuera de Venezuela y haber acumulado experiencia laboral, agradeció el hecho de que los ayudaran con abrigos y comida, tanto para ellos como para su bebé.

“Mi esposo necesitaba abrigarse. Todos los días viene desde Berazategui ―un poblado en la Zona Sur de la provincia de Buenos Aires, a 30 kilómetros de la Ciudad― hasta Capital Federal para trabajar y se siente mucho el frío cuando se hace el camino en moto sobre la autopista. Les agradezco mucho todo lo que hacen, todo ayuda para que podamos volver a salir adelante”, dijo Paola.

Un espacio cultural

Baires de Libertad y la parroquia Caacupé hicieron habituales los gaitazos en diciembre, así como las cenas navideñas con hallacas y pernil. En su sede, además, cuentan con una réplica de la virgen de La Chinita, a la cual rinden ceremonias tal cual como se hace en el estado Zulia. También cuentan con una coral. Y hasta antes de la pandemia, eran habituales las ferias con emprendedores venezolanos.

Con trayectoria y más sueños por cumplir

Para encarar el invierno de 2021, esta entrega fue la segunda que se realizó en un periodo de dos semanas, y siempre y cuando dispongan de inventario, tienen previsto entregar más donaciones, como han hecho cada año desde su puesta en funcionamiento. 

“En esta jornada se registraron unas 100 personas, que era más o menos la cantidad de gente a la que podíamos atender entre las donaciones que teníamos. Entregamos chaquetas, suéteres, frazadas, zapatos. También mercadería, que a más de uno le hace falta”, detalló Alexis Ñañe, miembro de Baires de Libertad, a El Diario.

Durante de 2020 Baires de Libertad, en conjunto con la parroquia Nuestra Señora de Caacupé, realizaron alrededor de 60 jornadas, en las que abordaron a niños, personas de la tercera edad, población vulnerable, entre otras temáticas.

Argentina

Actualmente cuentan con un voluntariado aproximado de 40 personas, que cada semana se juntan para organizar las actividades y las diferentes entregas que se hacen durante el año.

“Son personas que dedican tiempo a esto y lo hacen con todo el amor para ayudar a la comunidad venezolana y a todos los que se pueda en Argentina”, añadió Ñañe.

Lejos de conformarse con la labor que han realizado en estos años, entre el equipo y los voluntarios aspiran a continuar afianzándose no solo por brindar asistencia sino por ser un espacio de encuentro e intercambio cultural en el que todos, argentinos, venezolanos y el que quiera sumarse, se sientan como en casa, más allá de los kilómetros que los separen de Venezuela.

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