La adversidad puede paralizar o puede ser el motor para buscar soluciones y crear oportunidades. Les digo esto porque hoy, que inicio este espacio en El Diario, quiero contarles cómo a pesar de que los últimos 20 años Venezuela ha sido sinónimo de adversidad, los venezolanos hemos decidido ser resilientes y entender que podemos ser protagonistas del cambio si nos organizamos y trabajamos unidos. El municipio Sucre así me lo ha demostrado.

En septiembre de 2017, cuando empezó a acentuarse la crisis económica y social en Venezuela y la desnutrición iba en aumento, superando 60% de los hogares del país, decidimos no quedarnos en la denuncia, en la alerta del desastre que venía. Decidimos pasar a la acción y crear junto a la comunidad soluciones. Así nacieron los comedores de Alimenta Petare.

Este proyecto no solo buscaba trabajar por la seguridad alimentaria de los vecinos de todo el municipio Sucre sino también fomentar la organización comunitaria porque nos dimos cuenta que solo así podríamos amplificar el impacto de nuestra intervención.

En 2018 conocimos a la señora Mayra cuando nos pidió que ayudaramos a su bebé Sharon que se encontraba en tal grado de desnutrición que en los hospitales no querían ingresarla para no responsabilizarse por ella. Lamentablemente y a pesar de que activamos toda la ayuda necesaria en menos de 6 horas, no pudimos lograrlo. Sin embargo, Mayra y Sharon me enseñaron que los obstáculos lejos de frenarte, deben ser tu mayor motor para seguir adelante e ir por más.

El dolor y la impotencia por la pérdida, lejos de paralizarnos como organización, nos hizo trabajar aún más para cumplir con nuestro compromiso: ningun otro niño del municipio Sucre moriría desnutrido. Y durante estos dos años triplicamos el esfuerzo, trabajando día y noche junto a la comunidad para lograrlo.

Hoy orgullosamente podemos decir que durante estos cuatro años, gracias al trabajo organizado de las comunidades, a su participación activa y a la ayuda de la inversión privada, hemos servido dos millones de platos de comida, inaugurado 35 comedores en todas las parroquias del municipio en los que atendemos a dos mil 300 niños de lunes a viernes.

Esos comedores no solo se han quedado en combatir la crisis alimentaria. Gracias a ellos durante estos cuatro años hemos visto cómo el compromiso de las comunidades por resolver sus problemas ha permitido lograr grandes cambios.

Un ejemplo es Miriam, vecina del sector El derrumbe en San Isidro, quien perdió a su esposo un mes antes de dar a luz a Archie –su séptimo y último hijo– y logró mitigar su dolor sintiéndose útil en la comunidad trabajando en el comedor y luego ejerciendo su oficio de costurera haciendo pañales ecológicos y uniformes escolares.

Miriam teniendo muy poco lo daba todo por su comunidad. En su nevera vacía encontramos potes de leche materna congelada para su vecina que no lograba amamantar a su bebé recién nacido; esa misma vecina que decidió meses después derrumbar su casa en medio de un incendio que arrasó con 17 casas para hacer un cortafuegos y evitar que la de Miriam y las demás también se incendiaran.

Hoy Miriam trabaja en un emprendimiento (Al hilo) al que llegó gracias a Alimenta Petare. Confecciona piezas cuya venta le permiten no solo ser el sustento de su casa sino generar ingresos para el comedor de su sector.

Miriam es un ejemplo de muchos que podría contarles de cómo la solidaridad, la organización de la comunidad, la corresponsabilidad, la participación activa y el trabajo en equipo permiten generar cambios en nuestro entorno.

En Sucre hemos entendido que no podemos esperar las condiciones idóneas para cambiar, sino que debemos cambiar a pesar de la adversidad. Debemos activarnos como sociedad, debemos generar nosotros mismos los cambios que necesitamos y sortear todos los obstáculos que nos pongan. Solo unidos y activos lograremos superar esos retos hasta lograr el país que queremos.

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