• El ganador de Pasapalabra, el popular concurso de la televisión española que se emite en Venezuela a través de Antena 3, conversó con El Diario sobre su vida, pensamiento y planes a futuro. “El fracaso pasa precisamente por tratar de ser el mejor no disfrutando de lo que haces”, asegura. Foto principal: Video El País

Pablo lo tenía claro desde que era un adolescente. Al ser mayor de edad, por consejo de su abuela Conchita, empezaría a prepararse para participar en el programa que solía ver junto a ella. “Oye, ¿y si cuando cumplas los 18 años de edad te presentas al concurso?”, le preguntó ella un día. Tenía motivos para confiar. Apasionado por la literatura desde niño, tenía también un don para recordar conceptos. Pero eso era solo el inicio: se dedicó a estudiar durante todo un año, de ocho a nueve horas diarias, y después se inscribió.

Desde entonces la vida de Pablo dio un vuelco. Sin buscarlo –sus motivaciones incluso pasaban más por lo lúdico- muy probablemente no había quien no supiera de él en España. Las estrellas con las que compartía grabación llegaron a decirle que lo admiraban. En la calle hubo quien le dijo que era la motivación para estudiar. “No se podría pedir más”, asegura con una humildad que emite en cada frase que pronuncia. Pero eso era poco –aunque él ya se consideraba un ganador- comparado con lo que viviría luego:

—Contiene la equis (X), en las repúblicas de Venecia y Génova, príncipe…

—Dux

—¡Siii!

El jueves 1 julio, Pablo Díaz ganó Pasapalabra, uno de los concursos de televisión más vistos de España. Su triunfo, de un “bote” (premio) de 1.800.000 euros, también hizo eco en Venezuela, donde el programa es visto a través de la señal de Antena 3 Internacional. Desde Madrid, donde vive, atiende por llamada telefónica a El Diario en una semana en la que no ha parado de dar entrevistas en televisión, radio o prensa. “Estoy un poco cansado, la verdad, pero muy contento”, dice.

La felicidad y el fracaso

Más que una cara familiar –habrá quien lo haya visto en la televisión así sea de reojo-, es Pablo Díaz un hombre de familia. Aparece en cualquier aspecto de su vida. En formación, en su felicidad, en sus ejemplos a seguir, en su futuro y en su éxito, las claves siempre pasan por sus padres, su abuela o hasta su novia, a quien conoció en Pasapalabra. “Yo, desde luego, sé que todo lo prácticamente todo lo que soy, se lo debo a mis padres. Eso está claro”, asegura.

Al igual que su padre, Gustavo, Pablo nació en Santa Cruz de Tenerife, en las Islas Canarias. Allí también se fue a vivir la familia de su madre, Belinda, a pesar de que ellos son de Santander, en el norte de España. Y aunque un año después de su nacimiento se fueron a Madrid, donde residen ahora, buena parte de sus recuerdos de juventud lo trasladan a las playas tenerifeñas. En el sur de Tenerife con Conchita, o en el norte con sus tíos, las vacaciones eran su mundo de aventuras.

Pablo Díaz, ganador de Pasapalabra, más que una cara familiar
Pablo Díaz junto a Gustavo, su padre, y Belinda, su madre. Foto: Antena 3

De vuelta a casa, su refugio siempre fueron, más bien, los videojuegos y los libros.  “Yo he sido un niño muy lector. Entonces, yo creo que también esa pasión por el vocabulario y por y por todo lo que es la literatura en general, probablemente vino de ahí también”. Lector y gamer, asegura haber sido un niño tímido. Lo dice con la seguridad de un hombre que rompió esa barrera gracias a la música y a su paso por la televisión.

El fracaso es algo que no aparece en su vida. No porque crea en la perfección del hombre ni vaya de sobrado –por el contrario, la humildad, sin que él lo diga, parece ser uno de sus mayores atributos- sino porque su conciencia e introspección lo mantienen en foco. “Yo creo que el fracaso pasa precisamente por tratar de ser el mejor no disfrutando de lo que haces. Es en ese momento en el que se fracasa mucho más, aunque luego a lo mejor consigan muchos éxitos, ¿no? Al final de la vida, lo más importante en general es la felicidad de cada uno, el bienestar emocional de ti mismo, de la gente que te quiere y de la gente a la que quieres”. El verdadero fracaso, entiende, es dejar a un lado lo que realmente te hace feliz.

Y si de eso se trata, a Pablo Díaz son varias las cosas que lo hacen feliz. Ordena sus prioridades. Primero la familia, sus amigos, su novia; después la música, Pasapalabra y lo demás.

Trasladándolo a su experiencia en Pasapalabra, aun perdiendo en la “silla azul” (parte del programa en la que compiten el concursante que perdió el “rosco” anterior y un nuevo participante que opta a entrar), no lo hubiera considerado un fracaso. En ninguna de sus dos etapas: antes de que Pasapalabra se transmitiera en Antena 3, pasó por el canal Telecinco en 2017. Allí permaneció durante 47 programas consecutivos, siendo uno de los concursantes más jóvenes en lograrlo. En la primera etapa se embolsó un total de 49.800 euros.

Pablo Díaz, ganador de Pasapalabra, más que una cara familiar
Pablo Díaz se abraza a Roberto Leal, conductor de Pasapalabra, al ganar el bote. Foto: Antena 3

“No hubiera sido en vano directamente en el aspecto más objetivo, que es el económico, porque igualmente era bastante dinero. Pero luego lo más importante es que yo estaba en el concurso, primero, porque me gustaba. O sea, al fin y al cabo todo lo que he estudiado me sirve después para mi vida. Y luego, yo creo que es incluso lo más importante, yo me llevo una experiencia maravillosa por parte del concurso: he hecho amigos por parte de mis rivales; me lo he pasado genial con los invitados; evidentemente con Roberto Leal (conductor del programa), que es una persona súper cariñosa y con la que mantengo muy buena relación. Y todo eso lo llevo en el corazón”, sostiene.

Un violinista en Pasapalabra

“La música es mi vida, directamente. Yo estoy seguro de que no podría vivir sin ella”, responde Pablo Díaz cuando le preguntan sobre su carrera musical. Acto seguido, menciona a su familia: “Yo sé que eso es porque al final la he vivido muy de cerca al ser mis padres”.

Todo comenzó a la temprana edad de cinco años, cuando comenzó a estudiar violín. Un año después también tocaría piano, aunque lo dejó para dedicarse de lleno al violín. Sus padres, Gustavo y Belinda, son pianistas clásicos. Su padre es un concertista que componía desde pequeño, y su madre es profesora de piano para niños y músico terapeuta. Ni Nicolo Paganini ni Pablo de Sarasate ni cualquier otro símbolo del violinismo, cuando se le pregunta por sus referentes en la música, simplemente menciona a Gustavo y a Belinda.

Pablo Díaz, ganador de Pasapalabra, más que una cara familiar
Pablo Díaz niño. Foto: Cortesía

“Ellos son quienes en buena parte me han inculcado el amor por la música. Y, por supuesto, mis profesores también. Tú puedes de pequeño, digamos, tener esa vocación, pero tiene que estar apoyada por tu entorno. Y gracias a que ese entorno ha contribuido, pues yo he podido desarrollarme cuando era más pequeño. Entonces, en ese sentido, vuelvo a repetir que he tenido bastante suerte”, asegura.

Pablo ha labrado su carrera como violinista desde el prestigio. Con 16 años empezó a impartir asignaturas en la Escuela Superior de Música Reina Sofía, de las más prestigiosas de España. En 2016 consiguió una beca con el grupo de cámara (violín, chelo y piano) que había formado dos años antes, lo que le permitió dar conciertos por todo el país. Y en 2020 inició un máster en violín en Ámsterdam, Países Bajos, que terminó luego vía online desde Madrid debido a la pandemia y a Pasapalabra.

—¿Y en qué te ayudó tu experiencia como músico para ganar el concurso? ¿Encuentras alguna relación allí?

—Sí, por supuestísimo. Yo creo que lo más destacable es la disciplina que se requiere para ser músico clásico. Pasapalabra es un concurso que para ganar el bote sin estudiar, simplemente por tu cultura general y ya está, es prácticamente imposible. Siempre hay tres o cuatro palabras que sí que requieren un estudio muy exhaustivo y que si no me gustara estudiar, si no tienes una disciplina de estudiar todos los días, organizarte a estudiar palabras e intentar compaginarlo luego con tu vida personal, igual que se hace eso cuando estudias violín, pues estoy seguro de que no hubiera ganado el bote. Entonces sí que yo creo que pueda haber un símil ahí.

De hecho, su futuro sigue viéndolo dentro de la música, aunque no necesariamente como violinista. Gracias a la repercusión (evitar decir “fama”) que tuvo después de ganar Pasapalabra, se dedica a hacer streamings (transmisiones por internet en directo) en la plataforma Twitch, donde además de jugar videojuegos también organiza conciertos y gana unos generosos 1.000 o 1.500 euros al mes. Como streamer, como compositor o profesor, dice que su futuro pasará, irremediablemente, por la música.

“No creo en las fronteras”

Aficionado también a los viajes, Pablo Díaz es un trotamundos con aires de liberal. Aunque cuando se trata de su ideología prefiere no ponerle un nombre en concreto. “Aquella ideología que minimice el sufrimiento de las personas en un país desde lo económico, porque evidentemente muchísimas veces a muchos problemas políticos se ha originado a partir de problemas económicos, pero sobre todo luego también evidentemente a nivel social, que haga una sociedad más tolerante, más empática y más acorde con los derechos humanos, pues es algo que yo voy a apoyar, sin lugar duda”.

Lo que sí tiene claro, apunta, es que no es nada nacionalista. Se considera un ciudadano del mundo. Para él las fronteras “son líneas arbitrarias que se pusieron en el pasado y que no reflejan, para nada, las diferencias reales que tenemos los seres humanos”. Y agrega: “Para mí no tendría sentido diferenciar por haber nacido en un trozo de tierra que arbitrariamente algún político en el siglo XIX decidió que era diferente que el trozo de tierra que había más al lado. Eso es absurdo”.

De fronteras sabe, no solo porque la geografía es de los temas que más disfruta estudiando, sino porque conocer culturas es otra de sus aficiones. Una de las cosas que más disfrutó de su estadía en Ámsterdam fue la multiculturalidad. Estudiaba con españoles, italianos, asiáticos o latinoamericanos. Allí hizo, además, un máster en música India.

“Especialmente si viajas a otras culturas que sí que son más diferentes a la tuya, yo creo que te ayuda a poder entender que las personas no son tan diferentes a ti como a lo mejor pudiera pensar alguna gente. Y, sobre todo, te ayuda a ser más tolerante. Cuanto más diferente sea la cultura, más se va aprender”, explica.

El pago a Hacienda y su futuro en España

Si bien el “bote” que ganó Pablo Díaz era de 1.828.000 euros, solo se quedará con cerca de un millón. El resto se lo queda Hacienda, el organismo público que se ocupa de la gestión de los tributos. Él no tiene dudas: pagará el monto sin problemas, es lo que le corresponde. Aun así, opina que debe haber matices en el porcentaje que se queda Hacienda.

Pablo Díaz junto a la Reina Sofía, de España.

“Si una persona cobra eso todos los años, sí que es verdad que a lo mejor tiene más sentido que cobrarlo en un premio, que es realmente solo un año y ya nunca más… Bueno, a ver, si por mí fuera, cobro eso todos los años”, dice en tono de broma.

El –excesivo- cobro por parte de Hacienda, sin embargo, no lo ha llevado a plantearse su futuro en España, como sí han hecho otros streamers. La razón está en su felicidad: está en Madrid, con sus padres, con sus amigos y con su novia, quien dice es lo mejor que le pasó en Pasapalabra, incluso más que el premio mismo. De hecho, entre sus planes está comprarse una casa en la capital.

Otros de sus deseos es viajar por el mundo. Probablemente uno de sus destinos sea Venezuela, país que todavía no conoce. Quizás, en un día, a Pablo Díaz se lo vea en un tepuy venezolano, esa palabra que aprendió estudiando para Pasapalabra. En cualquier caso, se lo verá feliz: estudiando, tocando violín o entre su familia. No hay lugar para el fracaso.

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