• Expertos consideran que el uso de la libertad de expresión no es patente de corso para publicar contenidos que se pueden considerar ofensivos o de incitación al odio

La cultura de la cancelación o cancel culture es un fenómeno social que tiene como objetivo cuestionar públicamente la opinión de un individuo, iniciativa empresarial o decisión estatal hasta lograr el retiro de apoyo público.

Con la expansión de las redes sociales, muchos individuos, incluso desde el anonimato, sueltan al ruedo críticas o acusaciones, generalmente polémicas, sobre las expresiones de terceros. Pudiera considerarse un tribunal virtual, con muchos jueces.

Entre los ejemplos más representativos está el del joven youtuber James Charles, experto en maquillaje y estilismo. Algunos colegas lo acusaron de depredador sexual, pero no presentaron elementos de convicción. El influencer no solo recibió insultos y acusaciones, sino que perdió más de 3 millones de seguidores luego de que se publicara la denuncia en redes.

Una situación similar atravesó J.K Rowling, autora de la saga de Harry Potter. La escritora, en 2020, publicó un tuit sobre la menstruación, e insinuó que solo las mujeres biológicas tienen esa función. Su expresión no fue del agrado de los internautas, quienes la acusaron de transfóbica.

Joanne Kathleen Rowling | Foto: EFE | Archivo

“Si el sexo no es real, no hay atracción hacia el mismo sexo. Si el sexo no es real, la realidad vivida de las mujeres a nivel global se borra. Conozco y amo a las personas trans, pero borrar el concepto de sexo elimina la capacidad de muchas personas de hablar de sus vidas de manera significativa. No es odio decir la verdad”, manifestó Rowling.

Aunque el fin último sería una respuesta a comentarios ofensivos o discriminatorios, muchos casos obedecieron a opiniones sin fundamento o sustento y que se hicieron virales.

La cultura de la cancelación se aplica a todos los ámbitos que generen interacción colectiva. El Tecnológico de Monterrey, en su portal, la define como: “un tipo de bullying grupal, ya que son muchas personas que se ponen de acuerdo para atacar o descalificar los puntos de vista de otra persona o de alguna empresa”.

¿Cuál es el impacto real de la cultura de la cancelación?

La revista Tierra Adentro de México dedicó un artículo a este movimiento masivo. Según los integrantes del equipo,  este surgió como una motivación de los internautas para repudiar los hechos de abuso y acoso sexual promovidos por figuras influyentes del espectáculo internacional y, que a juicio de activistas y usuarios, estaban impunes.

Así, el mundo virtual se deslindó del comediante Bill Cosby, del productor de cine Harvey Weinstein y del actor Kevin Spacey. Señalados de atentar contra menores de edad. A esto se sumaba el no consumo de series o películas en las cuales tuvieran participación algunos de los mencionados.

“Algunas acciones incluían dejar de pagar por su música, sus películas, o sus libros. Y tanto los empleadores como quienes tenían proyectos en conjunto con las personas canceladas, se sintieron presionados a cortar lazos profesionales para evitar ser parte de ese boicot”, se lee en el portal de Tierra Adentro.

Los riesgos de la “cancelación”

Luis Eduardo Blanco,  profesor de periodismo digital en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), indicó que las redes sociales se convirtieron en los espacios más proclives para la promoción del boicot contra quienes manifiesten ideas políticamente incorrectas.

Añadió que entre los riesgos de su práctica se encuentra la posible limitación de la libertad de expresión. “Los riesgos más grandes podrían ser tres. El primero, y más obvio, que se atente contra la libertad de expresión, que la gente se abstenga de opinar sobre algo para no despertar el rechazo de los demás. Y eso, por supuesto, origina la banalización de la red o del ecosistema donde se emiten las opiniones. Tanta autocensura forzada o promovida lleva a que el debate sobre los temas pierda interés”, agregó.

Puntualizó que otra consecuencia sería que se cometa una injusticia. “Este segundo riesgo está asociado al primero. Y es que la persona no esté en capacidad de manejar la acción de cancelación y tenga consecuencias peores que puedan llevar incluso al suicidio, como ya hemos visto”, dijo.

Subrayó que si bien es una iniciativa que puede salirse de control, el Estado no puede controlar o limitar las opiniones. Por más delicadas que estas sean.

En realidad debe ser tratado como cualquier acoso o vulneración de forma violenta el espacio íntimo de una persona y para eso el marco jurídico señala que las responsabilidades son individuales. Lo que no debe pasar es que porque se hagan comunes casos de ciberacoso se actúe contra las plataformas, responsabilizarlas, o bien poner freno a su libre desenvolvimiento”. Luis Eduardo Blanco,  profesor de periodismo digital en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB)

Aseveró que los periodistas tienen un rol importante para evitar la propagación de mensajes de odio. “Los periodistas, los medios siguen teniendo un rol formativo. No sumarse a la ‘cayapa’ sería lo más evidente. Pero también contribuir con las víctimas, brindar información de cómo manejar los casos, remitir a organizaciones que brinden asesoría”, concluyó.

“Las redes se han convertido en plazas públicas”

Luisa Torrealba, docente e investigadora del Instituto de Investigaciones de la Comunicación de la Universidad Central de Venezuela (Ininco), enfatizó que las personas pueden, en pleno uso de su derecho a expresarse, emitir opiniones sobre temas de interés; siempre y cuando esto no atente contra la dignidad, honra y reputación de un individuo.

“Muchos usan las redes sociales para emitir opiniones que derivan en acusaciones, con elementos o sin ellos. Las redes se han convertido en una especie de plaza pública. Aunque existe el derecho a la expresión, tampoco puede usarse la plataforma para promover el odio, la discriminación o el acoso digital”, agregó.

Añadió que de producirse algún caso de ciberacoso o bullying a través de redes por los comentarios de una persona, este se debe estudiar, de manera que se establezcan las responsabilidades a las que haya lugar con respeto a lo previsto en la ley. “Recordemos que cada acción tiene un responsable individual”, explicó.

Exhortó a los usuarios de redes sociales a no promover boicot o bloqueos sobre la base de las opiniones de otros. “Muchas veces la cancelación proviene de la percepción de un tercero y después de emitida, es muy difícil recogerla. Yo siempre recomiendo a la persona que se imagine qué pasaría si un tercero hiciera comentarios sobre uno mismo. Por eso llamo a la reflexión sobre el impacto de un comentario. Hay que ser más conscientes”, recomendó la experta.

Instó a los comunicadores a corroborar los mensajes que surjan en redes sociales, contrastar con fuentes y “sobre todo diferenciar entre opinión e información. Hay que apegarse a los principios de verificación”, finalizó Torrealba.

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