• Los tachirenses María José Contreras y Miguelángel García ganaron becas para estudiar música en Francia y Estados Unidos respectivamente. Ambos recorrieron un largo camino para recolectar fondos y lograr sus sueños

Miguelángel García y María José Contreras tienen varias cosas en común: son jóvenes, tachirenses, talentosos y cautivaron con su música en otras latitudes. Miguelángel obtuvo una beca en Estados Unidos y María José la logró en Francia. Ganar el subsidio era tan solo el inicio de un largo camino para continuar formándose como músicos académicamente fuera de Venezuela. 

En el año 2019, Miguelángel aplicó para obtener una beca en una universidad ubicada en Nueva York. En ese momento quedó en lista de espera y luego con la llegada de la pandemia le informaron que ya no tenía oportunidad. 

Al año siguiente lo volvió a intentar y ganó un cupo en el conservatorio de música de Lynn University en Florida, Estados Unidos. En febrero de 2020 audicionó en cuatro universidades de ese país ubicadas en Nueva York, Boston, Florida y San Francisco. Finalmente lo admitieron en tres de esas instituciones. 

“Un poco antes del 15 de marzo que es cuando normalmente mandan las cartas de admisión me escribe un profesor de la universidad de Florida y me dice que le había gustado mi audición y que me iban a dar una beca completa. Yo viví esa emoción en una cola de gas doméstico”, contó Miguelángel en exclusiva para El Diario.

Pese a ser admitido en tres universidades, finalmente se decidió por Lynn University que le ofrecía estadía en el campus universitario, alimentación y el pago completo de la matrícula. Pero Miguelángel debía cubrir los gastos del seguro médico, los trámites de la visa de estudiante, pasajes y algunos impuestos que cobra la casa de estudios. En total eran 3.500 dólares que debía reunir antes del 1° de mayo porque no los tenía. Si hacía el pago pasada esa fecha iban a disponer de su cupo en la universidad. 

“Cuando veo eso dije ¿de dónde voy a sacar ese dinero?, si de broma pude pagar los impuestos de la audición que rondan entre 50 y 120 dólares”, dijo.

Por un momento, pensó que no lo lograría y se resignó pensando que al menos lo había intentado. Pero luego se motivó y buscó alternativas para recolectar el dinero solicitado y no dejar morir sus sueños: hizo rifas, pidió préstamos y creó una campaña en GoFundMe.

En las otras universidades para músicos donde fue admitido no tenía que pagar un seguro médico tan costoso pero solo cubría la mitad de su beca y el restante eran aproximadamente 100.000 dólares que corrían por su cuenta, así que por eso se decidió por Lynn University, que está en Florida.

Manos a la obra

Miguelángel no se rindió. Apenas supo que debía reunir más de 3.000 dólares quiso crear una campaña de GoFundMe para recabar el dinero. Sin embargo, no fue posible porque la página de recaudación no permite abrir campañas desde Latinoamérica, así que su intento fue fallido.

“Empecé a buscar una persona que me hiciera el favor de abrir la campaña, hablé con compañeros músicos y un montón de gente pero ninguno me hizo el favor. Algunos no tenían la disposición y otros no respondieron”, aseguró Miguelángel.

Cuenta que fue un proceso muy difícil porque requería de la ayuda de terceros para abrir la página de donativos. Finalmente una prima que vive en Massachusetts, Estados Unidos, se ofreció a ayudarle con la página de GoFundMe y así fue. 

Pero pese a que la campaña estaba creada, Miguelángel no podía acceder a ella desde Venezuela así que su prima lo ayudó a compartirla con sus familiares, amigos y conocidos allá. Ese fue un gran impulso para llegar a la meta. 

“El proceso de recaudación fue muy difícil pero por suerte tengo a mi mamá y a mi novia que me han ayudado mucho”.

Durante marzo y abril de 2020 lograron recaudar 3.200 dólares para hacer efectivo el pago en la universidad y asegurar el cupo. Parte del trabajo estaba hecho pero aún debe reunir el dinero para el viaje, los trámites de la visa estudiantil cuyo costo es de 500 dólares y los impuestos de residencia que pide la casa de estudios. En total, asegura que necesita 1.200 dólares. 

Ya tiene la mitad de ese dinero y la obtuvo entre préstamos y donativos de personas que apoyan sus sueños. Está haciendo una rifa para cubrir los gastos, pues debe ir a Bogotá para tramitar la visa, esperar cinco días para que se la entreguen y luego, viajar rumbo a Estados Unidos.  

“Tengo que llegar a Miami y de ahí moverme a Boca de Ratón que es donde está la universidad, así también debo conseguir dinero para eso”, explicó.

¿Cómo son las audiciones?

Miguelángel relata que el formato de las audiciones varía según la universidad de Estados Unidos. Algunas audiciones son más breves, otras más largas y rígidas. 

En el Berklee College of Music, ubicado en Boston, la reunión fue más larga. Primero tocó y conversó con dos profesores de ese instituto. Improvisar fue parte de la reunión. Luego tuvo una entrevista de aproximadamente 30 minutos con una representante de la universidad que le preguntó respectos a sus aspiraciones, las razones por las que deberían admitirlo y lo que él podría aportar a Berklee. 

“Fue complicado, pero al final hay que prepararse mucho para dar lo mejor de sí”, indicó. 

Las audiciones en Lynn University pasan por dos fases. En la primera debe enviar un video sobre un repertorio que ellos mismos le piden y la segunda consta de una reunión vía zoom donde uno de los docentes lo entrevista, conversa con él y luego debe tocar en vivo frente a varias personas. 

“Usualmente están con cara de pocos amigos, así que uno piensa que está tocando súper mal pero es como el trabajo de ellos”.

En 2020 un director colonense que trabaja en una orquesta en Nueva York lo impulsó a audicionar. Miguelángel siguió su consejo y ya tiene un cupo asegurado en Lynn University, donde empezará a clases el 23 de agosto de 2021.

Los inicios musicales de Miguelángel

Nació en Caracas, tiene 22 años de edad y ha vivido prácticamente toda su vida en San Juan de Colón. Así que no es tachirense de nacimiento pero sí de corazón. Su inclinación hacia la música inició cuando tenía tan solo siete años. Para ese momento ya vivían en Táchira y su padre trabajaba en el restaurante del Círculo Militar de San Cristóbal.

“En ese restaurante hay dos pianos, uno blanco de cola larga y uno de pared. Como yo era muy pequeño y no tenía mucho qué hacer en ese lugar lleno de adultos, me la pasaba tocando música así a lo loco en el piano”, expresó.

Después sus padres deciden inscribirlo en clases privadas de piano en San Juan de Colón, municipio Ayacucho, pero al cabo de un tiempo deja de asistir porque la situación económica se tornó un poco compleja para costear ese gasto. 

Decidió tomar clases de lenguaje musical en la Orquesta de Colón pero sentía miedo por no tener conocimiento suficiente sobre la cátedra y temía que sus compañeros estuviesen más preparados que él. Sin embargo, al salir de esa clase todo cambió y se enamoró por completo de la música. 

Cuando llegó el momento de elegir instrumento yo me decido por el trombón, que no es muy común y empecé a estudiar bastante. Durante el primer mes estudiaba en casa con canciones de Maná y luego entré a clases con un profesor pero lo botaron, luego empecé a ver lecciones con otro a quien le debo casi todo mi estudio”, indicó Miguelángel.

En las clases de trombón conoció a cuatro compañeros que más adelante se convirtieron en sus mejores amigos. Actualmente todos ellos están en orquestas importantes fuera del país; de hecho uno está en Suiza y otro en Ecuador. 

“En ese momento empezamos a tener una competencia bastante sana y crecimos muchísimo a tal punto que nos dimos cuenta que aquí (en Colón) ya no podíamos absorber más nada y decidimos viajar a Caracas”.

Miguelángel y sus amigos se trasladaban con frecuencia a la Academia Nacional del Trombones, en Caracas, y allá veían clases por el Sistema de Orquestas. Cuenta que lo más emocionante era ver lecciones con los maestros que tocaban en la profesional Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela, conocida como “Bolívar B”, a quienes consideran ídolos. 

“Ellos (los maestros) nos invitan a formar parte de la academia y viajábamos cada 15 días a Caracas. Yo tenía apenas 15 años de edad y me iba solo. Eran viajes de 12 horas de ida y 12 horas de vuelta para ver una hora de clase pero lo valía. Quedé muy agradecido con Pedro Carrero que es el principal de la ‘Bolívar B’”, añadió Miguelángel.

En 2017 dejó de viajar a Caracas junto con sus amigos porque se les hacía difícil. El costo de los pasajes, la estadía y alimentación empezó a incrementar y sopesar gastos e ingresos se los impidió.

Ese mismo año salieron las audiciones para la Orquesta Nacional Juvenil de Venezuela, proceso en el que admiten a jóvenes entre 14 y 18 años de edad, aplicó y de cinco mil trombonistas aspirantes solo eligieron a seis, entre esos, Miguelángel.

“Nos dieron indicaciones, tomamos un vuelo a Caracas, empezamos los ensayos y fue increíble porque había mucha conexión con toda la orquesta. Tendríamos una gira a Estados Unidos, donde compartiríamos escenario con artistas importantes, pero luego nos informaron que se pospuso”.

Un descanso de la orquesta

Tras ese sinsabor que vivió con la orquesta, decidió poner en pausa sus viajes a Caracas porque el dinero no le alcanzaba para viajar cada dos semanas. 

Miguelángel daba clases en la orquesta de Colón y al principio el pago era suficiente para costear sus gastos.

“Luego con la Nacional no me alcanzaba, así que empecé a trabajar como arreglista musical con una orquesta de Bucaramanga, pero luego ese trabajo se paró”, aseveró.

A raíz de eso, Miguelángel decidió viajar cada cierto tiempo a la ciudad de Cúcuta, Norte de Santander, para tocar en la feria de comida del Centro Comercial Alejandría y ganar algo de dinero. 

“No toda la gente era amable, fue bastante rudo, con el tiempo fui adaptándome y uno de los locales me daba los almuerzos”.

Después viajaba semanalmente, viernes y sábado. Esa jornada la repitió durante dos años, mientras pensaba qué hacer con su vida porque “no quería estar siempre tocando música en una feria de comida».

Asegura que no fue un camino sencillo pero con ayuda de sus seres queridos y perseverancia logró el objetivo.

El camino de María José

María José Contreras aplicó en el año 2017 para una beca en tres universidades de Estados Unidos pero, por problemas con la documentación, no pudo irse. La agencia de envíos demoró con la entrega de los papeles y cuando finalmente los tuvo en sus manos ya era demasiado tarde. 

“Demoraron como dos meses en traerme los documentos, cuando me llegaron justo se estaba mudando la embajada ese mes. Allá iba a tener beca completa, además tendría dinero extra porque mi profesor de violín me ofreció darle clases de español a su hija, pero el papeleo y lo de la embajada me tumbó todo”, dijo María José en exclusiva para El Diario.

Ella no se rindió y durante la cuarentena tomó la decisión de aplicar nuevamente por una beca. Asegura que tenía más tiempo para estudiar violín, meditar y llegó a la conclusión que era el momento idóneo para intentarlo de nuevo. Investigó todo sobre Francia y lo que necesitaba para audicionar en el Conservatorio que quería.

“Tuve unos años en que no había podido estar de lleno con el violín por el tema económico, pero ya estaba un poco más cómoda y dije que ya era hora de intentarlo y este año presenté la audición”, contó.

Audicionó y fue admitida en el Conservatoire de Musique Edgar-Varèse de Gennevilliers, en Francia. La beca que obtuvo cubre la matrícula académica pero aún debía reunir unos 3.000 dólares para costear los gastos del viaje, alimentación, residencia y tener algo extra en caso que surja una emergencia en los dos primeros meses en el país europeo mientras consigue un trabajo de medio tiempo, que es lo que planea hacer una vez llegue allá.

“Eso es lo que hacen la mayoría de personas que están allá y así se sustentan, porque en Francia no dan becas completas, solo matrícula”, explicó

María José rápidamente acudió a las redes sociales para hacer eco de su historia. En Twitter escribió brevemente sobre su beca y explicó lo que necesitaba para obtenerla. Rápidamente esa información se hizo viral, a tal punto que el cantante Danny Ocean se ofreció a pagar su boleto de avión una vez tuviera la visa de estudiante.

“Yo escribí que sabía que a muchas personas a veces les da pena donar poco pero que si conseguía 3.000 mil personas que donaran un dólar iba a ser mucho. Muchísima gente me donó esa cantidad y la mayoría me decían que quería ser parte de mi sueño. Eso me conmovió mucho”, relató

Problemas con su pasaporte

María José logró la meta monetaria, ya tenía el dinero necesario para viajar a Francia e iniciar sus estudios musicales pero había una traba en su camino: el pasaporte vencido. 

María José debe viajar en septiembre a Francia. La cita para obtener un pasaporte nuevo o al menos una prórroga le fue asignada para el 20 de agosto. Eso significa que no podría llegar a tiempo al conservatorio, pues luego de la cita debe esperar que se lo entreguen en físico y tramitar la documentación para la visa de estudiante. 

“Necesito el pasaporte para sacar la visa de estudiante y aún no lo tengo. A través de mis redes sociales publiqué un comunicado y pedí que me ayudaran a difundirlo para que llegue al presidente del Saime y me ayude”, expresó María José.

En la Embajada de Francia le dieron una carta dirigida a Gustavo Vizcaíno,  presidente del Servicio Administrativo de Identificación, Migración y Extranjería (Saime), pero no pudo entregársela porque le fue imposible llegar hasta él. 

Asegura que en diversas oportunidades acudió muy temprano a la sede del Saime y los funcionarios no prestaban atención a su solicitud, a pesar de que contaba con toda la documentación que certificara lo que estaba diciendo. 

“Nunca pude ni entrar, siempre me quedaba en la puerta, los funcionarios ni siquiera te prestan atención cuando tratas de explicarles, así que la única forma es seguir haciendo ruido por redes sociales para tratar de llamar su atención y obtener una solución”, precisó.

Desde los 3 años de edad en la música 

María José Contreras Orozco tiene 23 años de edad y se inició en la música cuando era muy pequeña, impulsada por sus padres y sin saber si le gustaría o no.

“Pasé muchos meses sin dormir si quiera hasta las 8:00 am un día».

“Yo inicié cuando iba a cumplir 4 años de edad y recuerdo que mis papás me llevaron al núcleo de El Sistema en San Juan de Colón. Yo no sabía realmente a dónde iba”, indicó María José.

Inició en kinder musical tocando la flauta dulce y cuando cumplió 8 años le pidieron escoger su instrumento principal y seleccionó el violín.

“Luego vinieron las clases individuales del instrumento. Al tiempo comencé con la orquesta pre infantil, regionales y así hasta que me mudé a Caracas y comencé a pertenecer Orquestas Profesionales».

Se mudó a Caracas cuando acababa de cumplir 17 años de edad. Vivía alquilada en una residencia. En la capital primero vio clases de violín semanales con quien era su maestro y meses después audicionó para la Orquesta Juvenil de Caracas, con la que posteriormente tendría varias giras internacionales.

“Tuve esa suerte, entré y a los dos meses tuvimos la primera gira. En un solo año tuvimos tres giras», especificó.

El ritmo en Caracas era diferente. En Colón no tenía profesores fijos, solo aprovechaban los talles orquestales esporádicos que les daban maestros de “La Bolívar» y considera que gracias a eso logró entrar a la orquesta.

“También porque yo viajaba a Caracas cada 15 o 21 días para ver clases en el Conservatorio durante mi último año de colegio”.

Respecto al cambio de estilo de vida, asegura que fue complicado adaptarse a vivir sin sus padres en una ciudad grande pero luego de un tiempo se adaptó. 

“El primer año mis padres me enviaban dinero y estaba cómoda pero ya el segundo año mi mamá había fallecido y ahí todo se tornó un poco más difícil”.

No obstante, en la orquesta donde tocaba le pagaban lo suficiente para mantenerse y costear sus gastos. Pero no siempre fue así. En el tercer año de vivir en Caracas su situación económica cambió y se vio obligada a tocar en dos orquestas diferentes, una de El Sistema y una privada, para obtener los dos sueldos y así solventar.

“Recuerdo que fue muy complicado porque con una (orquesta) ensayaba toda la mañana, tenía una hora para almorzar y luego me iba a la otra. Salía a las 6:00 pm y no me daba chance de estudiar ni nada”, recordó María José.

Asegura que durante seis meses no tuvo ni un día de la semana libre porque las dos orquestas absorbían por completo su tiempo. Debía levantarse a las 5:00 am y llegaba a casa pasadas las 6:00 pm a cocinar y arreglar todo para la jornada del día siguiente. 

El cambio de rutina

La pandemia cesó sus actividades. Los ensayos y los conciertos estaban en pausa y María José aprovechó su tiempo libre para retomar sus estudios del violín e impartir clases vía online para generar dinero extra. Ofertó a través de su cuenta de Twitter la información sobre las lecciones de violín y consiguió varios alumnos, la mayoría músicos principiantes

“Cuando comenzó la cuarentena teníamos horarios fijos todas las semanas para las clases. Ahorita es cuando ellos o yo pueda. Gracias a Dios me tienen paciencia”, dijo.

Explica que no es fácil enseñar a distancia con las dificultades de conexión que existen en Venezuela. 

Según Speedtest, plataforma que registra el comportamiento de la conexión a Internet en el mundo, para marzo de 2021 Venezuela registró un promedio de 16,26 mbps en banda ancha fija y 6,87 mbps en velocidad móvil.

“Es muy complicado encontrar las herramientas para enseñarlos a través de una cámara pero busqué las herramientas (….) para que les llegara más fácil la información a pesar de no tenerlos cara a cara», indicó. 

Actualización del caso

Un día después de esta entrevista, María José relató a través de su cuenta de Twitter que el Saime se había comunicado con ella y finalmente le entregaron una prórroga para iniciar su trámite de visa de estudiante.

“Buenas noticias, el Saime se contactó conmigo anoche y hoy me dieron una prórroga. Es lamentable que haya tenido que pasar todo esto para que pudiera acceder a un derecho como lo es mi identidad, pero era la única opción que tenía, y está resuelto gracias a ustedes, otra vez”, escribió en la red social.

María José asegura que toda la gente que colaboró con ella y le ayudó para alcanzar la meta económica le “cambió la vida completamente».

Estos músicos tachirenses no se rindieron y pese a lidiar con problemas económicos y de trámites migratorios, sortearon las dificultades que se presentaron en su camino. Lograron las becas para estudiar música fuera de Venezuela. Miguelángel y María José son ejemplo de que con perseverancia y optimismo los sueños se pueden cumplir.

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