• Se trata de una de las devociones más antiguas en Venezuela con especial veneración en el estado Táchira. Este 6 de agosto, cuando se conmemoran 411 años de su creación, sus feligreses viven su fe en la intimidad del hogar debido a la pandemia por covid-19, y no en aquellas masivas peregrinaciones propias de la fecha 

De sus 71 años de vida, Valeria Arellano ha dedicado 60 años a la Iglesia, particularmente al Santo Cristo de La Grita, en el municipio Jauregui del estado Táchira, al oeste de Venezuela. Con apenas 10 años de edad comenzó haciendo pesebres y algunos arreglos florales de forma genuina y espontánea. Ahora es una de las principales encargadas del ornamento del Patrono y Protector de Los Andes. Ella explica que a él le debe su vida y su salud.

“Yo soy una fiel enamorada del Santo Cristo de La Grita. Él nos concede todo lo que nosotros le pedimos con fe. En todos los momentos especiales de mi vida, como bautizos, graduaciones, lo hago llega a los hogares, con un retablo con la imagen de él”, señala Arellano en exclusiva para El Diario. Fue la encargada de preparar este año el ornamento con 2.500 rosas, entre blancas y rojas; todas donadas por los devotos.

Santo Cristo de La Grita.
Foto cortesía

La imagen sagrada se encuentra en la Basílica del Espíritu Santo, ubicada en la plaza Bolívar, y cerca de su festividad, el 6 de agosto, la trasladan al Santuario Nacional del Santo Cristo de La Grita, que se construyó en 2012 para albergar a casi 30.000 peregrinos, pues su nicho original se hizo pequeño ante la afluencia de sus devotos.

Se trata de una figura tallada en madera por un fraile español que, tras la destrucción de La Grita en 1610 como consecuencia de un terremoto, ofreció al cielo hacer una imagen de Jesús crucificado, para rendirle culto especial y consagrarle la nueva ciudad. Como no podía alcanzar aquella expresión sublime, oró y pidió ayuda providencial. Tras un éxtasis profundo se despertó por los ruidos en su taller. Cuando se acercó se encandiló con una fuerte luz y vio culminado el rostro de Jesús crucificado. Desde entonces, se dice que fue esculpido por un ángel.

“Para nosotros en el estado Táchira, incluso dentro y fuera del país, el Santo Cristo de la Grita es la protección y la compañía de Dios. Fue enviado para proteger a La Grita después de aquel terremoto. La gente le implora la protección de Dios. Para nosotros representa misericordia y consuelo”. Así lo señala para El Diario el presbítero de la Diócesis de San Cristóbal, José Gregorio Duque, quien es uno de los encargados de recibir y atender a los miles de peregrinos que caminan por horas, desde distintos puntos del estado y del país, para venerar al también llamado “Cristo del rostro sereno”.

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Sabemos que es Dios quien obra. Pero esta imagen con su rostro, con su mirada, con su serenidad, lleva a muchas personas a alcanzar una verdadera conversión de corazón”, agrega.
Santo Cristo de La Grita
Foto: Renier Duque

Un camino de amor

La devoción por el Santo Cristo de La Grita es una de las más antiguas en América. Sin embargo, desde 1988 se tiene registro del primer peregrino, Luis Enrique Márquez, quien caminó desde Capacho rumbo a la Jerusalén de Venezuela, como también se le conoce a La Grita, para darle gracias al patrono del Táchira por haber salido con bien de una intervención quirúrgica a la que fue sometido por una hernia discal, columna desviada y un aplastamiento de vértebras que sufrió.

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Repitió luego la hazaña con su compadre e hijo. Posteriormente decidieron conformar la que en un principio se llamó Fraternidad de Peregrinos de Capacho al Santo Cristo; ahora se le conoce como Los Peregrinos de Capacho.

Son al menos seis rutas las que hasta 2019 se transitaban para llegar al Santuario del Santo Cristo de La Grita. También asisten ciclistas, incluso de otros países. La principal es la que parte desde la capital del estado Táchira, en San Cristóbal; contempla un recorrido en ascenso y descenso de 80 kilómetros. Por lo general, los peregrinos cumplen el periplo en un promedio de 22 horas.

“En 2015 fue mi primera experiencia y fue un recorrido muy difícil. Pero desde ese año me enamoré de mi patrono Santo Cristo de La Grita; me enamoré de esa gente bella que le da una voz de aliento en el camino; ese camino en el que uno admira la belleza de los cultivos, disfruta el clima y los paisajes, pero sobre todo aprende lo hermosa que es la vida”, relata para El Diario el joven peregrino Luis Manuel Pinto.

Peregrinación en Táchira
Antes de la pandemia así se celebraba la festividad | Foto cortesía

No todos los que hacen el recorrido logran culminarlo. Como están expuestos también a altas y bajas temperaturas, algunos se descompensan; otros resultan con ampollas en los pies o dolores musculares.

“Para mí lo más duro en las peregrinaciones no es el frío ni el calor ni el dolor de piernas ni el cansancio que uno lleva en el cuerpo. Lo más duro es dejarse derrotar por esas adversidades y obstáculos que se presentan o surgen en el camino; porque hay momentos donde uno quiere renunciar por ese clima agotador, por calambres, por ampollas, por cualquier cosa que le pase a uno que lo va deteriorando a uno física y mentalmente. Pero lo que la gente le transmite durante el recorrido es suficiente para sacar fuerzas y seguir adelante”, confiesa Pinto.

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Por lo general, los peregrinos caminan en familia, solos o junto a amigos. Se desplazan por la antigua carretera Trasandina, pasando por Cordero, Páramo El Zumbador, a 2600 metros sobre el nivel de mar y con una temperatura de 12 grados; El Cobre y La Quinta que anuncia el ascenso definitivo hasta el santuario.

El recorrido implica un amplio despliegue logístico. Hidratación, alimentos, seguridad, asistencia médica, ambulancias por parte de los vecinos y autoridades de todos los pueblos y caseríos localizados a lo largo del trayecto. Es justo allí cuando se realzan los valores del tachirense: la hospitalidad, amabilidad, cordialidad, compasión y misericordia 

“En esas peregrinaciones brindamos ayuda mutuamente sin importar si eres pobre, rico, negro o blanco. En esas peregrinaciones se les brinda una mano amiga al que lo necesita: una palabra de aliento, un vasito de agua, una limonada, un caldito de pollo. Lo que esté al alcance de la gente, sin esperar nada a cambio”, agrega Pinto.

Santo Cristo
Foto: Renier Duque

A puerta cerrada, de nuevo

Tras la realidad que impone la pandemia por covid-19, la festividad del Santo Cristo de La Grita se celebra este viernes 6 de agosto a puerta cerrada, por segundo año consecutivo. Esto con el fin de evitar las aglomeraciones y reducir los riesgos de propagación del virus. 

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La recomendación y la petición de todo corazón es que más bien permanezcamos en nuestros hogares. Este año no va a haber culto público a la imagen del Santo Cristo de La Grita. Es importante que sí intensifiquemos nuestra oración”, señaló el monseñor Mario Moronta, obispo de la Diócesis de San Cristóbal, quien aún continúa en estricto aislamiento y está en la fase de recuperación por el coronavirus.

Aunque la invitación de la Iglesia ha sido participar en la peregrinación virtual que está en Youtube, desde este jueves tanto la Basílica como el Santuario habían recibido al menos a unos 300 devotos que se acercaron de manera tímida y aislada. 

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“Se siente el vacío físico en el ambiente, en las estructuras; pero esto no impide que sintamos el regocijo por celebrar la fiesta del Santo Cristo y este gran acontecimiento de nuestra fe. Se siente la compañía espiritual de muchas personas que a través de las redes sociales hacen llegar su cercanía y presencia espiritual en este Santuario”, dijo José Gregorio Duque.

Este año los han decorado los hogares con telas blancas y rojas que identifican al Santo Cristo de La Grita; al tiempo que también muestran en las puertas y ventanales imágenes de la Virgen de Los Ángeles.

A diferencia de las ediciones anteriores cuando la misa pontifical se oficiaba a las 10:00 am, en esta oportunidad se realizó a las 7:00 am. Solamente participaron los sacerdotes y los diferentes grupos de apostolados presentes en la parroquia del Espíritu Santo. La celebración eucarística estuvo presidida por el monseñor Francisco Escalante, nuncio apostólico en Haití.

Se espera que durante este viernes las puertas del templo, con la imagen original, y las del santuario, con una réplica, permanezcan abiertas desde las 8:30 am, una vez finalizada la misa, para quienes decidan acercarse. No obstante, la Iglesia católica es enfática en el resguardo. 

“Le pedimos a la población que traten de hacer el recorrido virtual. No solo el día 6 de agosto, también el 7 y 8, ya que es un fin de semana; pero a la vez no vamos a cerrar las puertas ni del santuario ni de la Basílica”. Así lo declaró recientemente a un medio regional el padre Jesús Mora Calderón, párroco de la Basílica.

Sus fieles devotos, lejos o cerca, de forma física o espiritual, se mantienen conectados bajo un mismo clamor: la libertad y el fin de la pandemia. “El Santo Cristo de La Grita nos sostiene. Y estamos seguros de que pronto, con su ayuda, pero con la colaboración de todos, podremos salir de esta situación. Debemos seguir siendo gente de fe y gente centrada en el misterio del rostro sereno”, sentenció Moronta.

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