• Ether es la moneda virtual del protocolo Ethereum, que cuenta con una serie de características que permiten su aprovechamiento más allá de su utilización como criptoactivo

Cuando se habla de criptomonedas, la mayoría de las personas piensa en bitcoin. Esta moneda virtual, creada por Satoshi Nakamoto -un personaje cuya historia merece un capítulo aparte-, fue lanzada en el año 2009. Indudablemente, es la principal referencia para quienes comienzan a adentrarse en el mundo cripto. Sin embargo, no es la única criptodivisa existente ni mucho menos. Se estima que en la actualidad hay más de 8.000 en circulación. Una de ellas es la denominada Ether.

“Ether es el token o la criptomoneda y el protocolo es Ethereum”, aclara para El Diario Ana Ojeda, abogada venezolana especialista en criptoactivos y blockchain, que es la tecnología base de las criptomonedas.

Para Ojeda, la riqueza de Ethereum como protocolo radica en la posibilidad de desarrollar contratos inteligentes para representar digitalmente (o tokenizar) diversos sectores. Entre ellos el comercial, inmobiliario, medicina, educación, finanzas, propiedad intelectual, música y deportes. Sin embargo, aclara que Ethereum no es el único que puede hacerlo.

“Cada proyecto (Ethereum y Bitcoin) tiene funcionalidades similares y al mismo tiempo distintas. Hasta el momento bitcoin cumple con las tres funciones del dinero -medio de cambio, unidad de cuenta y depósito de valor-, y solo eso. Ethereum va más allá, pero Bitcoin será siempre el referente”, explicó la también CEO de LegalRocks Lawyers, primera firma venezolana especialista en este sector.

Dicho de otra manera, Ethereum tiene una concepción más amplia en cuanto a su uso y una mayor finalidad que la de Bitcoin, pero el BTC seguirá siendo la criptomoneda por antonomasia para el común denominador de la gente.

Con respecto a su cotización, Ether ha resultado tan volátil como Bitcoin, aunque pareciera que más bien copia su patrón. En el último año el valor de Bitcoin aumentó 290,7 %, mientras que el alza de Ether fue de 643 %, según CoinGecko, portal que analiza a fondo el mercado de las criptomonedas desde 2014.

Al observar la curva gráfica de las dos criptodivisas se observa un comportamiento similar al de una montaña rusa. Desde sus respectivas creaciones han gozado de múltiples alzas, pero también de fuertes caídas. Las fluctuaciones son reflejadas primero por Bitcoin, y luego por Ether.

Ambas registraron su valor máximo histórico en 2021. El 14 de abril, cada bitcoin alcanzó un valor de 64.804,72 dólares, mientras que el de ether fue de 4.356,99 dólares, el 12 de mayo del mismo año.

Actualmente sus cotizaciones rondan los 46.000 y 3.200 dólares, respectivamente.

Ethereum
Foto cortesía

Obtener y almacenar Ether

Al igual que con el bitcoin, para realizar transacciones con Ether se necesita de una wallet que almacene las monedas virtuales. “Muchos participantes del ecosistema estaremos de acuerdo en que Metamask es una de las más seguras y utilizadas”, dijo Ojeda. Esta billetera virtual está disponible para iOS, Android, dispositivos móviles y con extensiones disponibles para diversos navegadores, entre ellos Google Chrome y Firefox.

Si se quiere comprar Ether desde Venezuela existen plataformas como LocalCryptos y SatoshiTango, que permiten inclusive cotizar en bolívares.

El Diario realizó en julio una recopilación de negocios y compañías dentro de Caracas que aceptan ether y otras criptomonedas, tales como Traki, Excelsior Gama, SimpleTV, Burger King, Amigos Car Rental, y Gina, entre otros.

Regulación en materia de criptomonedas

La Superintendencia Nacional de Criptoactivos y Actividades Conexas (Sunacrip) es el órgano encargado de supervisar, fiscalizar, controlar a quienes operan con activos virtuales en Venezuela, explicó Ojeda. Desde 2018 han desarrollado una serie de normas con el fin de ordenar la actividad y garantizar los intereses de usuarios y consumidores.

Venezuela, sorpresivamente para quienes se acercan al ecosistema por primera vez, es uno de los países más avanzados en regulación sobre criptoactivos. Pudiera decirse que hasta el momento se tiene un marco legal que simula en algunas áreas las recomendaciones del grupo de acción financiera internacional y que cumple ‘medianamente’ bien los estándares internacionales desarrollados por otros países en materia de criptoactivos”.

Ojeda ha seguido de cerca las iniciativas administrativas y legislativas de la Sunacrip desde 2018. A su juicio, algunas de las normas implementadas por esta instancia han sido acertadas, como la providencia de fecha 21 de abril de 2021 en materia de administración de riesgos. Otras (por el contrario) han sido muy criticadas, como la regulación de la minería digital. Mientras que hay también normativas “inconclusas” como el Decreto Constituyente que intenta regular el sistema de criptoactivos.

“Soluciones financieras tecnológicas como Reserve, AKB Fintech, Binance y LocalCryptos han desplazado notoriamente de facto a la banca venezolana y seguramente en agenda (del sector oficial) se encuentre ‘regular con más exactitud’ a estos proveedores de tecnología financiera. Y digo regular con más exactitud porque, aunque han desarrollado en distintos instrumentos estas normas, en la actualidad estos actores todavía siguen en cierta parte al margen de la ley, lo que puede ser bastante peligroso para sus usuarios”, argumentó.

Ojeda espera que la estrategia regulatoria de la Sunacrip que está por venir sea lejana a la asumida por otro organismo público, la Superintendencia de las Instituciones del Sector Bancario (Sudeban).

“La Sudeban ha asumido una postura regulatoria errónea al imponer cargas excesivas e innecesarias a los pequeños y medianos empresarios con su ‘resolución’ Fintech, que claramente no es más que un intento fallido de controlar lo que la banca ya no puede controlar”, enfatizó.

Para un buen número de venezolanos, las criptomonedas se han convertido en una de tantas alternativas de intercambio comercial, protección de ingresos e inversión, sobre todo para quienes no disponen de una cuenta en el exterior. Es importante que la legislación sea clara y no punitiva a la hora de establecer regulaciones. La idea es proteger -y no perjudicar- a los usuarios de los diversos protocolos basados en Blockchain y otras tecnologías fintech.

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