• La actriz venezolana hace su primera incursión en el cine mexicano con Ni tuyo, ni mía, donde explora la infidelidad y las relaciones de pareja. En entrevista para El Diario, cuenta los retos que supuso el rodaje luego de dar a luz a sus mellizos y mudarse a Estados Unidos

“He tenido la suerte de poder viajar por diferentes países de Latinoamérica y tener al menos una película aquí, y otra allá”, comenta Prakriti Maduro desde su residencia en Los Ángeles, Estados Unidos. Actriz en cine, teatro y televisión, además de guionista y directora, afirma estar abierta adonde la llame el trabajo, incluso después de agregar a su currículo el oficio de ser mamá. 

Ahora su recorrido por el cine de Latinoamérica la ha llevado a aterrizar en la industria mexicana. El 19 de agosto de 2021 se estrenó en salas la película Ni tuyo, ni mía, dirigida por Sandra Solares. Allí interpreta a Lía, personaje que a pesar de ser un espíritu libre, añora un poco de seriedad y estabilidad en su vida. La encuentra teniendo una aventura fuera del matrimonio con Roberto, un exitoso empresario encarnado por Tony Dalton.

Mientras tanto, su esposo Diego (José Fors), un músico talentoso pero despreocupado, une fuerzas con Amanda, la esposa de Roberto (Alejandra Barros), en un viaje donde ambos protagonistas aprenderán a redefinirse a sí mismos para volver a enamorar a sus respectivas parejas.

“Creo que es una película muy conciliadora. Invita al espectador a cuestionarse y ponerse en los zapatos del otro y ser más tolerante. Por supuesto en un tono de dramedy, de comedia-drama, donde te estás muriendo de la risa y estás super entretenido, pero todas estas reflexiones te las llevas después para la cena y te quedan rondando en la cabeza un par de días”, explica para El Diario.

Postergado por la pandemia

De izquierda a derecha: Alejandra Barros, José Fors, Prakriti Maduro y Tony Dalton. Foto: Cortesía

Prakriti (Caracas, 1980) comenta que el filme estaba pautado para estrenarse originalmente en marzo de 2020 en el Festival Internacional de Cine en Guadalajara. Ya tenía listos los pasajes de avión cuando la ciudad entró en cuarentena por la pandemia de covid-19. “Ahí fue cuando entendimos que no íbamos al baile tan pronto”, añade.

Aunque el evento fue postergado y finalmente se proyectó en noviembre de ese año, la actriz no asistió. Esta vez el vencimiento de su pasaporte y los trámites de la prórroga le hicieron quedarse en Los Ángeles. Respecto a la decisión de retrasar su estreno en cines hasta agosto de 2021, señala que fue lo mejor debido a la situación sanitaria delicada que todavía atraviesa Estados Unidos. “Estrenarla hace unos meses hubiese sido botar la película”, dice.

Actualmente desconoce si hay intenciones de llevar Ni tuyo, ni mía a otros festivales importantes. Asegura que la productora está en conversaciones para distribuir la cinta en una plataforma de streaming, luego de finalizar su ciclo en cartelera. También que hay conversaciones para llevarla a salas de otros países, aunque todavía no sabe a cuáles. 

Duro entrenamiento

Foto: Cortesía Instragram @prakritimaduro

A lo largo de su trayectoria artística Maduro protagonizó cintas como Habana Eva (2010), ganadora del Festival de Cine Latino en Nueva York. También tuvo roles importantes en Reverón (2011), 3 Bellezas (2014) y Tamara (2016). Con La noche de dos lunas (2018), del director Miguel Ferrari, estuvo presente en galas como el Festival de Málaga, o el Montréal World Film Festival.

Ese mismo año, a tono con la temática de la película de Ferrari acerca de la maternidad, hizo público su embarazo. En agosto de 2018 dio a luz a mellizos. No obstante, el rodaje de Ni tuyo, ni mía comenzó entre octubre y noviembre, por lo que en menos de tres meses debió estar lista para la acción en México.

Gracias a la aproximación que tuvo la directora Sandra Solares con respecto a mi particular situación, todo el equipo asumió en la logística de la producción el hecho de que yo tuviera que estar cerca de mis bebés constantemente, ya que viví mi proceso de lactancia con la menor interrupción posible”, cuenta.

Recuerda que uno de los mayores retos en las grabaciones fue ponerse en forma para encarnar a Lía, quien es profesora de flamenco. Reconoce que a pesar de haber tomado antes clases de danza, nunca había practicado flamenco. Debió tomar un curso intensivo en Caracas con la bailaora Stefany Vivas, y Los Ángeles con el instructor Manuel Gutiérrez, donde tuvo que aprender a dominar el trabajo de palmas, el ritmo y la corporeidad. 

“Llegué a los ensayos ya con tres coreografías bajo el brazo y un montón de ejercicios que dominaba, y todo este trabajo para máximo un minuto de película. Pero para mí lo importante es que tuviera la mayor calidad posible. Necesitaba absorber su vocación y su arte porque eso no solo tenía que transmitirse en sus escenas de baile, sino en el resto del personaje”, acota.

Proyección internacional

Desde el comienzo de su carrera, la actriz ha sido activa no solo en el cine venezolano, sino también fuera de las fronteras. Su primer papel estelar fue en la coproducción entre Argentina, Uruguay y Venezuela, La punta del diablo (2006), y participó también en los largometrajes Carga sellada (2015), de Bolivia, y el puertorriqueño Extra Terrestres (2016).

En 2018, a los muchos acontecimientos en su vida, sumó el mudarse de manera definitiva a Estados Unidos con su esposo, el reconocido cineasta Marcel Rasquin. México era uno de los sellos que le faltaba por estampar en su pasaporte. La actriz no duda en calificar la industria cinematográfica de ese país como una de las más profesionales que ha visto, con un ambiente en el que se sintió cómoda.

“Sentí una industria que tenía los brazos muy abiertos a la migración, al talento extranjero y nuevos acentos y muy respetuosos de lo que conocían o podían ver de mi carrera. Me sentí bienvenida, la verdad”, valora.

Destaca también su trabajo de mano de Solares, quien hace su debut como directora luego de una extensa y exitosa trayectoria como productora, estando detrás de piezas como Y tú mamá también, de Alfonso Cuarón, y La ley de Herodes, de Luis Estada. Toda la experiencia ha hecho que Maduro coquetee muy seriamente con el cine mexicano, en el que espera seguir haciendo audiciones.

Apoyo familiar

Prakriti Maduro y su esposo, el cineasta Marcel Rasquin. Foto: Cortesía

Para Maduro, sus dos apoyos fundamentales en este momento son su esposo y su mamá. Ambos la acompañan en los rodajes y cuidan a los bebés durante sus grabaciones. Así transcurrió en los sets de Ni tuyo, ni mía, y también en toda la etapa de giras por festivales tras el estreno de La noche de dos lunas.

Prakriti y Marcel se conocieron en 1998. Aunque en el momento su relación fue solamente de amistad y profesional, años después se reencontraron y floreció el amor. En una entrevista realizada por César Miguel Rondón, comentaron que una vez pensaron en el nombre de un hipotético hijo. Ambos buscaron inspiración en la geografía, como el Amazonas o el río Nilo. En la conversación, Rasquin creía que sería padre de un niño, mientras Maduro pensaba que tendría niña. Al final ambas corazonadas resultaron ser ciertas. La tendencia geográfica también se mantuvo con el nacimiento de Ávila y Gala.

Rasquin también acompañó a su esposa cuando volvieron a Caracas en febrero de 2020. Allí la actriz estrenó una nueva faceta como conferencista al participar en una Charla TED en Chacao. De regreso a Los Ángeles, y ya en tiempos de pandemia, Maduro aprovechó el cambio de ritmo producto de la cuarentena para poder dedicar más tiempo a su familia.

“La pandemia por supuesto nos alcanzó a todos y le hizo un stop a las actividades profesionales, pero para mi etapa de madre ha sido bonita. Es una época importante para los niños estar cerca de su mamá y la pandemia me ha reducido los compromisos que me hacían salir de la ciudad o mantener un horario laboral más activo”, acota.

La niña que fue al cine

Desde temprana edad Prakriti Maduro mostró interés por las artes escénicas, pero un momento que marcó su vida fue cuando su mamá la llevó al cine a ver la película Oriana (1985), dirigida por la venezolana Fina Torres, y que ese año ganó el Caméra d’Or del festival de Cannes. “Me pareció emocionante ver que en la película era una niña quien interpretaba. Me hizo sentir que lo podía hacer no solo por ser una niña, pues habían personajes para ellas, sino también por ser venezolana”, evoca.

Crecer soñando en escenas y actos hizo que al llegar a su escuela un profesor que daba clases de mímica, fuera amor a primera vista por la actuación. Así transcurrió su adolescencia en el grupo de teatro juvenil Skena. “Las primeras experiencias escénicas me hicieron ver que ese era un lugar feliz para mí. Yo estaba plena y cómoda”, añade.

Aún así, hasta entrado el bachillerato Maduro todavía dudaba que se pudiera vivir del arte. En múltiples entrevistas ha afirmado que en ese tiempo pensaba estudiar una carrera científica como Medicina o Antropología. Sin embargo, se decantó al final por estudiar Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), carrera que le permitió mantenerse conectada al mundo del teatro.

— ¿Qué tal fue para usted trabajar con Fina Torres en Habana Eva años después?

— Insólito, inesperado. Fue como un ciclo que cerraba allí y una respuesta que de alguna forma me había dado todo el trabajo y la dedicación. Y sí, había algo simbólico en ese hecho, aparte que fue mi primer protagónico en cine. En esa conexión con esa niñita que vio Oriana y esa actriz adulta que protagonizó Habana Eva, hay un lugar romántico para mí. De la idealización de la proyección, del soñar y del poder de la imaginación. De creer en uno.

Sobre las tablas

Maduro en el monólogo «Frida Kahlo: Viva la Vida» de 2014. Foto: Cortesía

La relación de Prakriti Maduro con el teatro es una de las más largas y profundas de su carrera. Del seno de Skena, no solo creció como actriz, sino que a los 18 años de edad comenzó a dar sus primeros pasos en la reescritura de guiones y dirección de obras en festivales de teatro juvenil.

Apenas unos meses antes de emigrar, montó entre abril y junio de 2018 una de sus últimas obras en Venezuela. Ya en Estados Unidos codirigió una pieza llamada Guerrera inmortal, que se estrenó mientras rodaba Ni tuyo, ni mía

Un año después participó en un festival de obras cortas de Los Ángeles en dos producciones: Landing, escrita por ella; y A dos tumbas de ti, dirigida por Marcel Rasquin y donde compartió escenario con Sindy Lazo. “A ambas les fue super bien. Llegaron a la final y ganamos varios premios. Tenía también un proyecto grande para producir aquí en Los Ángeles, pero con la pandemia lo pospuse”, agrega.

Durante la cuarentena trabajó también en dos obras de teatro a través de la plataforma Zoom, con la compañía Water People Theater. Allí participó en El lorquiano, serie de monólogos basados en los personajes de Federico García Lorca, y en Lorca, alma presente. En ambos interpretó el papel de Mariana Pineda.

Un futuro por delante

En el perfil del portal IMDb de Maduro figuran cuatro nuevas cintas a estrenarse pronto, tres películas y un cortometraje tanto de España y como de Estados Unidos. Indica que actualmente también participa en un proyecto donde hará su debut como actriz de doblaje al prestar su voz para tres personajes diferentes. Aunque apenas está estudiando el guion, adelantó que las filmaciones transcurrirán principalmente entre la nación norteamericana y México.

Igualmente, y desde casa, mantiene su faceta como escritora con miras de seguir haciendo cine, esta vez detrás de las cámaras. “Tengo un proyecto de guion que estoy desarrollando y coqueteo con la idea de dirigirla”, apunta. Aunque es una idea que todavía no ve para el corto plazo, no descarta seguir el ejemplo de Fina Torres y Sandra Solares, y convertir ese borrador en su próxima aventura.

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