• Apoyados por unos, rechazados por otros, el Estado argentino ahora reconoce en sus documentos de identidad a las personas con autopercepción de género. Ningún país de Latinoamérica había otorgado este derecho, que esperan se replique en la región

Cuando nació, el 26 de marzo de 1999, a Santiago Hellen lo presentaron  como hombre, de género masculino, en un registro de la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, Argentina. Hoy, a sus 22 años de edad, siente que no encaja en el sexo que figura en su documento nacional de identidad (DNI). Esa “M”, entre sus datos personales, asegura, no lo identifica. Y ocurría lo mismo si tuviera la “F” de femenino. ¿Cómo se definiría entonces, si tuviera la oportunidad de expresarlo? De la siguiente manera: “Yo soy trans no binarie, y dentro del espectro me considero poligénero”, comentó para El Diario. 

Ni hombre/masculino, ni mujer/femenino. ¿Transgénero? Sí, pero un tipo de transgénero, pues a su parecer, el hecho de ser trans no basta para encasillarlo. Eso, por sí solo, no determina su identidad. 

“La cantidad de géneros es ilimitada, creo. En mi caso deben ser unos cinco o seis, pero en mí varían bastante”, explicó Hellen. “No sé el número concreto, pero existen más de  100 géneros, seguro”.   

A la cuestión de género se suman, a su vez pero por separado, el lenguaje y la sexualidad. Cada una, según su criterio, debe abordarse de manera independiente, a pesar de que todas estén interconectadas. Siempre según la perspectiva de Hellen, una persona, por ejemplo, pudiera autopercibirse como demichico y ser lesbiana, o un hombre pudiera considerarse mujer y ser lesbiana por sentir atracción hacia las mujeres. Y para comunicarse, al momento de hablar y escribir, por eso suelen utilizar pronombres que terminen en e o x, para evitar “señalar” a una persona de manera equivocada. 

No binarie puede ser alguien que está dentro de las dos categorías, o parcialmente en una, o por fuera de las dos (masculino/feminino). Pero nunca es 100% hombre o 100% mujer. Y hay algunos géneros no binarios en los que sí puede suceder que la persona fluctúe entre géneros, como los de género fluido o poligénero, y otros en los que la persona siente que es varios a la vez, como con el bigénero”, planteó.

La de Santiago ha sido una búsqueda de identidad que comenzó hace tiempo. A los 18 años empezó a involucrarse en movimientos feministas. Y en 2019 entró en contacto con el grupo Asamblea No Binarie Buenos Aires. Ahí arrancó su interacción con personas no binarias, con las que comenzó a compartir lenguaje e historias de vida. 

“Encontré palabras para poder nombrar lo que me pasaba a mí y me di cuenta de que ese era mi género”, rememoró. “Ahí, además de comenzar a hacer activismo, me ayudaron mucho en mi salud mental e hice varixs amigxs que tienen un rol importantísimo en el acompañamiento de estos procesos”, expresó. 

Antes se sentía solo ―sole, como prefiere decir― y entonces, en cambio, sintió que encajaba. Después comenzó a cuestionarse a sí mismo si debía comenzar un proceso de hormonización. Lo pensó durante 2020 y a mediados de 2021 arrancó su transformación, que se vio acompañada, casi en paralelo, del reconocimiento de Argentina a las identidades no binarias, por lo cual inició los trámites para tener un DNI que exprese mejor su género. 

Foto: Cortesía

Una X para todes

El 20 de julio de 2021 Argentina se convirtió en el primer país de Latinoamérica en reconocer legalmente, tanto en los DNI como en los pasaportes, las identidades “no binarias”. 

A la “M” y la “F” se sumó la “X”, la cual corresponde a aquellas personas que se autoperciban: “no binaria, indeterminada, no especificada, indefinida, no informada, autopercibida, no consignada; u otra aceptación con la que pudiera identificarse la persona que no se sienta comprendida en el binomio masculino/femenino”, según el artículo cuatro del decreto 476/2021.

Para ejercer el cambio, las personas deben pedir primero una rectificación a sus partidas de nacimiento y luego solicitar un nuevo DNI. 

Válido para venezolanos… y en Venezuela

Los venezolanos en Argentina también pueden solicitar que se les modifique su DNI para que figure con una “X” en lugar de la M o la F según el artículo 8 del decreto 476/2021, en el cual se extienden todos estos derechos a las personas extranjeras residentes en el país. 

Asimismo el artículo 5 “otorga” validez a los pasaportes y DNI de personas con género X que viajen en países del Mercosur, del cual Venezuela es parte. 

Pese al país estar suspendido del organismo, la medida afecta al gobierno, pero no a los ciudadanos venezolanos, cuyos derechos permanecen intactos.  

Eso sí, el Estado argentino, para evitar inconvenientes con países que no reconozcan la legalidad de estos documentos, según el artículo 9, está en obligación de notificar sobre aquellos países en los cuales las personas pudieran ver restringido su ingreso, tránsito o permanencia en lugares donde no sean reconocidas legalmente las identidades no binarias.

Aunque Santiago Hellen inició sus trámites para obtener su DNI con género X, advierte que no se siente del todo satisfecho con la denominación que ahora, legalmente, reconoce a no binarios.

“Lo celebro mucho. Pero creo que estaría bueno que quedase un campo abierto para poder completarlo como cada quien quisiera. Siento que tenemos que seguir luchando porque no somos un tercer género y la totalidad de los géneros no binarios no se resume en una X”, señaló. 

Binarios sí, pero sin imponer

Manuela Roa también celebró que las personas no binarias ahora gocen de reconocimiento legal en Argentina. Pero mira el tema con cierta cautela, pues  advierte que no todas las personas están a favor o se sienten cómodas con que un hombre se autoperciba como mujer, o con que alguien pueda tener senos y pene al mismo tiempo, como ocurre con las personas transgénero. 

Insiste en que lo que para unos es motivo de celebración, para otros genera rechazo. E invita, por eso, a tender puentes, apostar por el diálogo, brindar información. 

Estoy a favor de la diversidad, de que se autoperciban y tengan derechos. Pero no con que se lo impongan a otras personas que piensan distinto”, dijo Roa para El Diario.

Un ejemplo lo pone en torno al lenguaje inclusivo, el cual suele incomodar tanto a quienes lo pregonan como a los que se oponen, por lo que invita a hablar de manera genérica: “Si digo buenos días a todos, puedo incomodar a quienes hablan lenguaje inclusivo, pero si digo buenos días a todes, puedo ofender a personas que no se criaron así”, explicó. 

De ese tipo de escenarios ha reflexionado. Entre otras cosas porque es madre de un hijo de 7 años de edad, al mismo tiempo que es docente en un instituto terciario -TSU-, militante feminista y precandidata a la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, (Unión Cívica Radical – Juntos por el Cambio) desde donde aspira a mantener varios de estos temas en la agenda pública.  

“Si sacas una ley que diga que todos deben hablar con lenguaje inclusivo, excluyes a los padres de niños que no piensan de esa manera; te conviertes convertís en lo que rechazas, sostuvo. 

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Abordar estos temas, debates y leyes, a su parecer, requiere tiempo. Y cambios que van desde la crianza de los niños en casa hasta los mensajes que transmiten los gobernantes o los medios de comunicación. De abajo hacia arriba. 

“Cada padre cría a sus hijos a su manera. El mío ve dos hombres tomados de la mano en la calle y no se exalta. Le he enseñado que el amor es amor y las personas son personas, independientemente del sexo y para él eso está bien”, comentó. 

“Si desde la base se les enseña que hay personas hombres, mujeres, homosexuales, trans o no binarios, si te sientas, les explicas y ese trabajo lo hacemos todos, como sociedad, podemos dejarles un mundo mejor”, agregó.

Otro pilar pasa porque en las escuelas se imparta educación sexual integral. Y en el caso de países con mentalidades o marcos legales más restringidos, como Venezuela o Perú, en que haya agrupaciones que se encarguen de organizar debates e informar a las comunidades, para que el tema pueda ganar espacio en la agenda parlamentaria y la prensa. 

En un Parlamento se supone que hay distintas opiniones, incluso distintas a las que puede tener el presidente, que en teoría representa lo que piensa la mayoría que lo votó. Y los medios de comunicación también son fundamentales, pues si un tema se visibiliza, no se lo discute, se lo deja por fuera”, analizó Roa sobre cómo tratar de hacer para luchar por cambios en países más reacios en estos asuntos.

Venezuela, la contracara de Argentina

Mientras en Argentina son legales derechos como el matrimonio igualitario o la identidad no binaria, en Venezuela muchas de estas temáticas permanecen ajenas al debate parlamentario, o incluso en la agenda social. Ese contraste, aunque deja al descubierto distintas falencias en materia de derechos humanos, también puede servir para inspirar a la comunidad LGBTIQ+ en la lucha por reivindicaciones. 

“Todo lo que signifique avances en materia de derechos humanos tiene que ser motivos para sentirnos felices. Es muy importante que la gente se identifique como mejor le parezca sin que nadie se lo prohíba”, saludó desde Venezuela Quiteria Franco, miembro de la ONG Unión Afirmativa (Unaf), en palabras para El Diario sobre el reconocimiento a personas no binarias. 

No obstante, alertó sobre el atraso en el cual siente que se haya sumergido el país en esta materia: “Siempre he visto a Argentina como un país modelo, hoy Venezuela está a años luz de distancia; ni siquiera podemos pensar en tener una ley de personas no binarias cuando la gente LGTBI a veces, por acoso escolar, no puede terminar su educación escolar, o se les desconoce derechos sociales y laborales”, denunció Franco. 

20 años en la lucha por derechos

Desde el año 2000 Unaf promueve los derechos de la comunidad LGTIQ+ en Venezuela, con el objetivo de lograr el reconocimiento e igualdad legal absoluta de las personas de distintas orientaciones sexuales. 

Son impulsores del matrimonio igualitario, atienden denuncias de homofobia, desarrollan programas de capacitación y campañas de concientización.

En ese sentido, cree que los cambios deben comenzar desde lo individual, con personas que hagan activismo desde diferentes espacios como las empresas donde trabajen, las universidades en que estudien o los partidos políticos en los cuales hagan militancia. Que cada uno ponga su granito de arena, sin estar siempre a la espera de que algún colectivo o movimiento tome la batuta para después reaccionar. 

Eso sí, reconoció que hay situaciones que les hacen más cuesta arriba a otras personas dar el paso, sobre todo si no cuentan con ningún apoyo. “Por ejemplo, alguien que esté solo, en una familia evangélica y que sea constantemente amenazado con ser llevado a terapia, se le hace más difícil salir del clóset por estar en una situación de vulnerabilidad”, ejemplificó. 

Pese a los obstáculos, subrayó que solo la organización y el diálogo podrán conducir, tarde o temprano, a transformar a la sociedad. “Todo el que tenga posibilidad de hacer un cambio debe hacerlo. “Si no hacemos nada estamos condenados a nunca tener derechos”.

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