• A sus 21 años de edad, emigró a Chile para comenzar de cero y lograr uno de sus objetivos: estudiar cine. Actualmente ha ganado reconocimientos por su cortometraje José, protagonizado por un chico con síndrome de down

Cuando la vida de una persona se torna complicada y adversa, es difícil pensar que las metas pueden llegar a cumplirse. Ese fue el caso del venezolano Arnaldo Bruno, de 25 años de edad. El joven había suspendido su sueño de estudiar cine debido a que la leucemia agravó la salud de su madre hasta que murió (hace cinco años). Después de meses de luto, y sin un rumbo fijo, decidió no darse por vencido y apostar todo a sus objetivos. 

Arnaldo se graduó este año como comunicador audiovisual y multimedia en la Universidad de las Américas, en Chile, donde reside desde 2017. Hace dos años participó junto a un equipo de estudiantes en el festival 48 Hour Film Project Santiago con el cortometraje José que ganó el corazón del público y dos reconocimientos dentro y fuera de Chile.

Pero para comprender la historia de Arnaldo hay que ir años atrás, cuando las dificultades empezaron a aparecer con la enfermedad de su madre. En exclusiva para El Diario el venezolano conversó sobre su experiencia y todos los obstáculos por los que tuvo que pasar para llegar a iniciar el recorrido de lograr sueño.

“Solo es un mal día, no una mala vida”

“Mi madre falleció de leucemia cuando yo tenía 20 años de edad. Fueron momentos muy fuertes porque la enfermedad degeneró mucho a mi mamá hasta el punto en el que me decía que quería morirse ya. Así que aunque suene feo, fue liberador cuando partió porque ya podía descansar en paz y no continuar en esa etapa trágica. Sin embargo, fue doloroso porque desde que mis padres se divorciaron, siempre, siempre estuve con mi mamá”, contó Arnaldo. 

Arnaldo lleva tatuado en su brazo una frase que le dijo su madre antes de fallecer: “Solo es un mal día, no una mala vida”. Tener presente esas palabras es lo que le ha ayudado a aceptar que su mamá no está con él y a recordarla como la mujer increíble que fue. 

Por otra parte, el venezolano explicó que la relación con su padre se basa en el gusto que creó por el cine, ya que cuando era niño lo llevaba todos los domingos a una función y ese era el único vínculo que los conectaba. No obstante, detalló que luego de la muerte de su madre, su padre ha estado “más presente” y lo ha apoyado para conseguir sus objetivos.

Llegar a Chile y trabajar vendiendo perros calientes

Luego de varios meses viviendo solo en Caracas y de gastar en cosas innecesarias el dinero que tenía ahorrado, Arnaldo decidió vender los electrodomésticos y artículos que estaban en el apartamento donde vivió con su madre e irse a comenzar de cero en Chile. Así que a inicios de 2017 partió a su destino, donde su hermana por parte de papá le dio alojamiento y al llegar empezó a buscar la forma de ayudar económicamente en el hogar de su hermanastra. 

Afortunadamente una conocida me comentó que podría trabajar con su tío en un puesto de perros calientes en la calle. Tomé ese empleo de 5:00 pm a 3:00 am mientras intentaba regularizarme en el país, ya que en ese momento la situación migratoria era muy compleja, llegaban muchos venezolanos a Chile y era complicado conseguir un estatus legal”, añadió.

Aunque fue difícil conseguir otro empleo, Arnaldo logró empezar a trabajar en la sucursal de Starbucks en Santiago de Chile. Con el dinero que ganaba y con la ayuda económica de su padre, inició sus estudios en la Universidad de las Américas que, según dijo, fue la casa de estudios que le abrió las puertas aún cuando no había terminado de regularizar su estatus migratorio. 

“Así pude empezar a estudiar en marzo de 2017 y luego de un año, me dieron una beca para seguir estudiando así que tenía que esforzarme el doble en mis clases. Mi rutina en ese momento era trabajar de 5:00 am a 12:00 pm, luego ir a la universidad hasta las 10:00 pm y finalmente ir a casa a descansar. Y así estuve hasta el final de la carrera”, detalló el venezolano.

Crear un cortometraje como estudiante y recibir premios

En 2019 los organizadores del festival 48 Hour Film Project realizaron una edición en la Universidad de las Américas, en donde Arnaldo participó con sus compañeros de clases. El evento consistió en crear un cortometraje en 48 horas para luego presentarlo a un público y ser evaluado por un jurado experto en el área. 

De acuerdo con la explicación del venezolano, la forma de asegurar que los participantes creen desde cero el cortometraje es dándoles un género, un nombre y una frase para ser utilizados en el proyecto. A Arnaldo se le ocurrió que sería buena idea que el protagonista de la producción que presentarían fuera una persona con síndrome de down.

Me enfoqué en que el 90% de la historia ocurriera en un solo escenario y buscamos un actor con síndrome de down porque a mí me parece que a estas personas no se les da protagonismo en las producciones, entonces así nos aseguramos de estar haciendo algo diferente a los demás participantes. Recuerdo que todo fue una odisea, pero igual me pareció genial la experiencia”, expresó.

Arnaldo y su equipo consiguieron el premio del público en el festival, a pesar de que ninguno de los familiares de su grupo pudo asistir a la proyección. Por ello, le pareció tan importante que la historia que mostró en el cortometraje llegara a los corazones de las personas que estuvieron presente en el evento. 

«Para mí fue suficiente recibir solo ese premio, porque lo que yo quiero con mi trabajo y mi forma de hacer cine es contar historias que le permitan a las personas conectar o sentirse identificadas”, añadió.

El cortometraje también fue postulado a un festival que realiza Directv en varios países del mundo, donde el ganador puede ir a Los Ángeles (EE UU) a especializarse en producción y dirección de cine. El venezolano y su equipo llegaron a quedar entre los cinco finalistas, de entre más de seis mil otros proyectos.

Después de eso, aunque recibieron varias nominaciones de otros festivales, fue en 2020 durante la pandemia, que obtuvieron un nuevo premio desde Colombia. 

“Nos contactaron y nos dijeron que por nuestro cortometraje decidieron darnos una mención especial de Reconocimiento a la Inclusión. Fue muy gratificante recibir este galardón porque de hecho esa categoría ni existía en ese festival, muy probablemente de ahora en adelante la implementen, así que para mí fue un gesto muy bonito por parte de los organizadores”, confesó.

Cortometraje José

La producción de casi ocho minutos se llama José y trata sobre un chico con síndrome de down que, jugando a ser un superhéroe, se convierte en uno de verdad al evitar un intento de abuso sexual y salva a la chica que tenían secuestrada.

<https://youtu.be/qgk67wD7aSw

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