• Los politólogos Ana Milagros Parra y Enderson Sequera comentaron para El Diario que la reunión entre funcionarios estadounidenses y funcionarios chavistas minó la legitimidad y parte del capital político del interinato al darle a Nicolás Maduro un canal de comunicación directo con Washington

El reciente acercamiento entre Estados Unidos y el régimen de Nicolás Maduro parece haber descolocado al gobierno interino de Juan Guaidó. A pesar de que voceros cercanos a la Administración de Joe Biden han hecho control de daños en los últimos días asegurando que nada ha cambiado con respecto a la relación con Guaidó, a quien en teoría aún reconocen como presidente de Venezuela, para analistas políticos consultados por El Diario los hechos contradicen esa narrativa. La reunión entre funcionarios estadounidenses y funcionarios chavistas en Miraflores, aseguran, minó la legitimidad y parte del capital político del interinato al darle a Maduro un canal de comunicación directo con Washington sin su interlocución.

Mal parados

Varias situaciones tiran por la borda la versión de Washington de que las relaciones con el interinato siguen su curso sin cambio alguno.

Si bien el pasado 8 de marzo la subsecretaria de Estado estadounidense, Victoria Nuland, aseguró que la delegación de EE UU se reunió antes con Guaidó que con Maduro, las versiones de todos los medios de comunicación con conocimiento del tema apuntan a que no solo la cumbre con Maduro en Miraflores se produjo primero, sino que además Guaidó no se enteró que se llevaría a cabo sino hasta el mismo día de la reunión, el sábado 5 de marzo. Esa misma versión la sostuvo el senador estadounidense Marco Rubio, durante una interpelación a Nuland en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado.

“Yo puedo asegurarle que fue después. El embajador (Carlos Vecchio) lo siente así, que no fue advertido sino hasta después de la reunión (con Maduro)”, refutó Rubio a Nuland. “Esa reunión le hizo mucho daño a la persona que nosotros reconocemos como presidente de Venezuela”, añadió después el senador.

Gobierno interino
El senador Marco Rubio y la subsecretaria de Estado estadounidense, Victoria Nuland. Fotos: captura de pantalla.

Por otra parte, el desconcierto del interinato fue tal, que no emitió una declaración oficial sobre la reunión sino hasta cuatro días después de la misma, el miércoles 9 de marzo. A través de un comunicado en el que no dio mayores detalles sobre su encuentro con los representantes de la Administración Biden, Guaidó se limitó a señalar las consecuencias que pudiera tener el levantamiento de las sanciones económicas a Venezuela en este momento.

Esto también demuestra, en sí mismo, la descoordinación entre las declaraciones del interinato y el gobierno de EE UU, debido a que voceros estadounidenses declararon posteriormente que las sanciones a Venezuela no estuvieron en discusión con el régimen de Maduro.

Aunque más que una contradicción con el interinato, lo de EE UU parece ser un reacomodo interno tras las duras críticas por el acercamiento con el régimen chavista. En una declaración el miércoles 9 de marzo, el secretario de Estado, Antony Blinken, dijo que el suministro de energía a través de esfuerzos diplomáticos aplica cuando se trata de Venezuela. Solo 24 horas después, la portavoz de la Casa Blanca, Jen Psaki, aclaró que, al menos hoy por hoy, no hay abierta ninguna negociación sobre la importación de hidrocarburos de Venezuela ni tampoco sobre el levantamiento de las sanciones.

Política de papel

A juicio de la politóloga Ana Milagros Parra, el acercamiento entre EE UU y el régimen de Maduro, así como las posteriores explicaciones de la Administración Biden, expone las contradicciones entre la “política de papel” (el reconocimiento a Guaidó, a los cargos del interinato y las sanciones del Departamento de Estado) y la política real.

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“Aquí vemos las discrepancias entre las dos cosas, porque cuando los intereses prevalecen, eso no va a importar. Al final a Maduro, queramos o no, lo están viendo como el jefe de Estado”, dice Parra.

Para la politóloga, sin embargo, el giro de la Administración Biden debe considerar en el contexto de la invasión de Rusia a Ucrania, que sacudió por completo la geopolítica global. “La política de Estados Unidos hacia Venezuela tuvo que cambiar teniendo en cuenta que el régimen de Maduro es un bastión de toda la fuerza contraria a Occidente y es un aliado directo de Rusia. Tener un aliado de Rusia tan cercano a ellos no es conveniente”, agrega.

¿Cómo afecta al gobierno interino de Guaidó el acercamiento entre Estados Unidos y el régimen de Maduro?
Joe Biden, presidente de Estados Unidos. Foto: EFE.

Parra coincide con el politólogo Enderson Sequera en que esta situación podría representar un antes y un después en la relación entre el gobierno de EE UU y el interinato de Guaidó. Ambos resaltan que la visita de los delegados de Biden entregó a Maduro uno de los tantos anhelos que tenían para sacudirse buena parte de la presión internacional: un canal de comunicación directo con Estados Unidos, sin la interlocución de la oposición.

“La visita a Caracas de la delegación americana genera un precedente peligroso en las relaciones entre la administración Biden y el gobierno encargado”, opina Sequera. Si varios funcionarios de la Administración Biden salen al unísono a aclarar que ‘nada ha cambiado’ en sus relaciones con Guaidó, es la admisión de que, precisamente, algo sí cambió”.

La ruptura definitiva

Washington esgrime que la reunión con Maduro se hizo con dos propósitos: la liberación de los denominados “seis de Citgo” –uno de ellos ya fue excarcelado-; y el retorno del chavismo a la mesa de negociación en México, que habían paralizado después de la extradición a EE UU del supuesto testaferro de Maduro y empresario colombiano, Álex Saab. Esto último también se consiguió, según anunció el propio Maduro.

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Pero en un contexto global tan cambiante, los analistas creen que el gobierno interino no debe descartar que EE UU eventualmente levante algunas sanciones al régimen chavista. Aunque por el momento cree que es poco probable. Sequera diferencia que, en cambio, la Administración Biden podría otorgar licencias a las petroleras estadounidenses para que operen en Venezuela. “Esto tendría, en la práctica, un efecto similar a si levantaran las sanciones a PDVSA”, dice.

De concretarse esas licencias, o incluso yendo más allá y pensando en el eventual levantamiento de las sanciones, el politólogo considera que sería la ruptura definitiva entre el gobierno de EE UU y el interinato de Guaidó. “Sin dudas”, sostiene. Interpreta que para que eso no suceda, el gobierno estadounidense debe dar a cambio “verdaderas concesiones políticas que acerquen a Venezuela a la democratización”.

Parra matiza que ese caso eventual no supondría una ruptura definitiva con el interinato, pero estima que el resultado igualmente sería desalentador para Guaidó. “Ya no serían tan esenciales”, comenta. “No tiene sentido en una dinámica internacional como esta, que se gaste tiempo teniendo un interlocutor como el interinato, sabiendo que pueden tener un canal directo con Maduro”, añade.

Gobierno interino
El embajador de EE UU para Venezuela, James Story, y Juan Guaidó. Febrero de 2020. Foto: PresidenciaVE.

De hecho, en su comunicado, Guaidó se adelantó a ese eventual caso y aseguró: “Todo levantamiento de sanciones debe estar condicionado a avances reales hacia la transición a la democracia y la libertad de Venezuela, y tiene que traducirse en soluciones directas para la vida de los venezolanos. El levantamiento de cualquier medida de presión, si no está orientado a la democratización, solo fortalecería al autoritarismo que hoy amenaza al mundo”.

Esa democratización, coinciden Sequera y Parra, debe ir más allá de la liberación de algunos presos políticos, así como de mejores condiciones electorales.

Con este acercamiento, Maduro está más estable en el poder, no tiene incentivos para volver a la mesa de negociación en México, no percibe ninguna amenaza significativa por los próximos dos años y, con el previsible aumento en sus ingresos, aumentan notablemente sus posibilidades de reelegirse en 2024”, opina Sequera.

“En paralelo, Venezuela ve como sus probabilidades de democratización, al menos en el mediano plazo, disminuyen considerablemente”, agrega.

El gobierno interino pierde terreno

Pero el acercamiento de EE UU y Maduro no solo reciente al interinato frente al régimen y la comunidad internacional, sino también en el resto de actores políticos de la oposición venezolana. Mientras que para el interinato ha supuesto un golpe imprevisto, otros partidos políticos y dirigentes parecen haberlo recibido como una bocanada de aire para su estrategia.

Un ejemplo es la declaración del presidente de Un Nuevo Tiempo (UNT) y gobernador del estado Zulia, Manuel Rosales. El también excandidato presidencial (2006) calificó la reunión entre la Administración Biden y el chavismo como “correcta” y consideró que de allí saldrán  “buenos frutos”. En su opinión, es momento de  “examinar el camino político de los últimos años y adecuar la lucha a las nuevas realidades sin complejos, sin vacilaciones ni dilaciones”.

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Por si fuera poco, antes de la reunión con Maduro, el pasado 1° de marzo se conoció que Rosales junto a los gobernadores de Cojedes y Barinas, Alberto Galíndez y Sergio Garrido, respectivamente, se reunieron en Colombia con el embajador de Estados Unidos para Venezuela, James Story. La reunión, informaron, fue para abogar por el reinicio del diálogo.

¿Cómo afecta al gobierno interino de Guaidó el acercamiento entre Estados Unidos y el régimen de Maduro?
Rosales, Galindez y Garrido se reunieron en Colombia con James Story.

“Lamentablemente”, opina Sequera, “este acercamiento de Estados Unidos con el chavismo terminará legitimando la visión parroquialista del mundo que tiene cierto sector de la oposición que sostiene, demagógicamente, que ‘los problemas de los venezolanos lo resuelven los venezolanos’”. También opina que podría ser una ventaja para quienes la democratización del país “ya no es un objetivo”, sino que “se han limitado a la adaptación dentro del sistema chavista”.

A juicio de Parra, esto abre una ventana a otros dirigentes opositores que quieran tener una representación más activa en las negociaciones en México. En consecuencia, cree que abrirá todavía más la brecha ya existente entre la misma oposición. “Quizás, contra todas las predicciones, pueden unificarse y capitalizar esta situación, pero la verdad eso no parece probable”, comenta.

Advertencia sobre el plan

Si algo parece haber quedado claro para el interinato es que los países no solo se manejan por sus intereses, sino que las realidades son cambiantes. Esta premisa, de acuerdo con los politólogos, cobra mucho más sentido si se analiza desde la perspectiva de la estrategia que ha seguido el gobierno interino de priorizar su relación con Washington sin paralelamente crear un músculo social y político amplio en Venezuela.

El interinato se quedó en con el reconocimiento internacional, con cierto control sobre algunos activos en el extranjero, y en ser el interlocutor con Estados Unidos y todo eso, sabiendo que fue Donald Trump el que empezó esa política exterior y que Biden simplemente la siguió de una manera menos agresiva”, comenta Parra. “No empezaron a construir una fuerza interna y pensaron que ese reconocimiento internacional iba a perpetuarse en apoyo a las personas, y eso no es así”.

Por lo tanto, tanto Parra como Sequera consideran que el interinato debe unir tanto la presión de EE UU como la presión interna. La primera, sin embargo, ahora depende de una Administración de Biden, que ya tejió una canal directo con el régimen chavista.

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