• El actor merideño protagonizó la adaptación de Casas muertas que dirige Javier Vidal y participa en dos de las ocho obras que compiten en el 7° Festival de Jóvenes Directores Trasnocho, cuyo veredicto se conocerá en mayo. Además, prepara otros tres personajes que llevará a escena en los próximos meses. “La búsqueda en el teatro para mí sigue siendo la misma: entender cada vez más la actuación”, dice

Un pensamiento constante en la vida de Theylor Plaza: entender el mundo del personaje, profundizar en el arte de volverse otro. El artista merideño nacido en 1987 suele llevar dinámicas intensas sobre los escenarios: protagoniza la adaptación que Jean Vidal hizo de la novela Casas muertas de Miguel Otero Silva, que dirige Javier Vidal; además encabeza dos de las ocho piezas que compiten en la séptima edición del Festival Jóvenes Directores Trasnocho: Closer dirigida por Elis Blanco Jansen, y El amante, de Harold Pinter adaptada por Jesús Colina. El veredicto de este encuentro se dará a conocer el próximo domingo 1° de mayo.

Historias que se suman a los casi 30 montajes teatrales y musicales en los que ha participado Plaza. Aunque dice, y repite en su biografía en redes sociales, que ser papá es su mejor personaje. Cree en el teatro y en la gente que hace teatro, que continúa creando a pesar de las dificultades que pueda atravesar. Cree también en la formación, en el actor que se hace, se construye, se instruye. No deja nunca de aprender, eso es de alguna manera existir. En el proceso, elabora su identidad, mientras vive en “ensayo y error”.

Aunque los orígenes de Theylor Plaza se remontan a los Andes, asegura para El Diario que su infancia y juventud cruzaron varias geografías venezolanas: “Mi familia es muy grande y está regada por todo el país, afortunadamente viví muchas cosas en muchos lugares diferentes, recuerdo de manera muy vívida los momentos más tragicómicos junto a mi familia”.

Desde pequeño, dice, quiso ser actor. Ser como esas estrellas de Hollywood que colman las grandes pantallas. Y poco a poco fue armando su propia trayectoria en el medio. Plaza ha contado que un filme que lo impactó en su niñez fue Tomates verdes fritos, del director Jon Avnet, pues con él comenzó a coquetear con ese juego incesante entre la ficción y la realidad. 

Theylor Plaza
Foto: Elis Blanco Jansen

Viajó entones a Caracas para estudiar en el Instituto Universitario de Teatro –actual Universidad Nacional Experimental de las Artes–, donde participó en montajes como El pez que fuma, de Román Chalbaud, y realizó el proyecto de videodanza Cuando el tiempo pasa en silencio. Ha estudiado en centros de Chile y Argentina, también con el Taller de Danza de Caracas y ha estado ligado al arte circense y la performance.

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“Al IUDET (Instituto Universitario del Teatro) llegué porque era mi destino. Cuando terminaba el diversificado lo hice acá en Caracas y cuando me tocó presentar la prueba del OPSU me tocó hacerla en la Universidad Católica Andrés Bello y allí, caminando entre las tantas ofertas universitarias, me encontré con un stand del Instituto Universitario de Teatro, entonces vi que ese sería mi próximo lugar de estudio. No fue nada fácil, pero el IUDET fue mi mejor refugio por años, mi casa y mi familia”, recuerda.

Investigar, leer, sensibilizarse, pensar, adentrarse en la energía de los personajes. Todo forma parte de su proceso creativo, una búsqueda que viaja de una realidad a tantas otras. Desde esta dinámica creativa, ha podido trabajar con personajes que son referencia en las artes escénicas del país como Diana Peñalver, Costa Palamides, Nathalia Martínez, Dairo Piñeres, Pepe Domínguez, José Simón Escalona y César Sierra. Y ha obtenido reconocimientos como el premio al Mejor Actor en la sexta edición de Microteatro Venezuela (2015) por el monólogo Spaidelman, original de Carlos Castillo y dirigido por Carlos Díaz.

También ha hecho cine, participando en películas como Días de poder, de Román Chalbaud, en cortometrajes como La soga de Solange Vásquez y Torta de calabacín, de Fernando Díaz. En televisión integró el elenco de la telenovela Ellas aman, ellos mienten que distribuyó Radio Caracas Televisión (RCTV) Internacional, y de Eneamiga, serie dramática creada por Karin Valecillos. Ambas producciones se transmitieron por Televen. Además, actúa en el videoclip del tema “Volver a sentir” de la cantautora Sara Schell.

Y la lista sigue. Theylor Plaza no es de los que se detiene. Actualmente prepara al Romeo de la adaptación que hace la Asociación Cultural Humboldt de la pieza Romeo y Julieta, que está dirigida por Federico Pacanins y se estrenará a finales de mayo. Trabaja en Jauma, personaje de la pieza Paradis escrita y dirigida por Javier Vidal, con el que subirá a escena a mediados de junio. Y también en Mascarilla, en la versión infantil de Preciosas ridículas que creó y dirige José Simón Escalona.

En el campo cinematográfico, está a la espera del estreno de la cinta Encerrados, de Gabriel Duno, en la que trabajó junto con Virginia Urdaneta; y de los cortometrajes Se busca habitación de Juan Willet Giusti, y Mosaico, de Verónica Yánez. Se concentra también en materializar otros dos proyectos de filmación que lo tienen emocionado: uno de terror psicológico y un drama intimista. 

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—¿Cómo logras llevar a escena a más de un personaje, de historias tan distintas entre sí, en una misma temporada?

—Los procesos tienen sus tiempos perfectos y cada personaje sabe dónde está su intérprete. Yo, por mi parte, solo debo lograr la concentración. En este caso particular de los tres procesos a la vez (Casas muertas, Closer y El amante), aún estoy sorprendido de haber podido lograrlo. Gracias a Dios y al universo todo fue perfecto y maravilloso. 

Casas muertas - Theylor Plaza
Casas muertas | Foto: Chris Jares

—¿Te has obsesionado con alguno de los personajes que has interpretado? O, ¿algún personaje te ha llevado a la obsesión?

—Sí. He vivido procesos tormentosos (risas), pero siempre he aprendido mucho de ellos. Creo que los personajes son un desafío desde lo que son. He vivido obsesiones terribles, es fácil engañar a terceros, pero imposible engañarme a mí mismo; y cuando no logro sentir lo que hago, me obceco. Muchos personajes me han desesperado también, porque trato no sólo de que sean buenos trabajos, sino de que sean realmente trascendentales en el hecho artístico y en mí. 

—¿Cómo ha cambiado con el tiempo tu proceso creativo, la fase de calentamiento, preparación del personaje, ese fluir de energías?

—Los procesos de calentamiento suelen ser diferentes, ya que cada personaje de acuerdo a su universo tiene necesidades distintas de otros; aunque en general me gusta trabajar la creación del personaje desde la descomposición. En todo inicio de proceso surgen las dudas, las inseguridades respecto a poder lograrlo y todo lo que para mí es incomprensible hasta el momento. Sin embargo, los procesos siempre tienen el tiempo perfecto, porque creo fielmente en que los personajes escogen a sus intérpretes, siempre. 

—¿Qué representa para ti el jugar con aquello que parece real pero es, al final, siempre una ficción?

—Es la única y mejor oportunidad que tengo de poder concentrarme en algo. Lo que me brinda el teatro es algo que aún no sé describir, pero sé que es como trasladarme a un universo que solo es posible a través de mí, de un escenario y el público. Es magia. 

—¿Tenías claro qué era lo que buscabas cuando te iniciaste en el mundo teatral o se ha ido construyendo en el camino, orgánicamente?

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—La búsqueda en el teatro para mí sigue siendo la misma: entender cada vez más la actuación. Creo que ha sido un proceso bastante orgánico en el que sigo buscando y encontrando más posibilidades de creer en lo que hago.

Obra de teatro
Foto cortesía

—En ocasiones incorporas la danza y la performance en tus propuestas de actuación. ¿Cómo es esa conexión que mantienes con tu cuerpo?

—La danza y el estudio de la performances son cosas que han acompañado mi formación actoral desde el primer momento. He pasado por el ballet, la danza contemporánea, la acrobacia aérea y estudio el signo físico de la performance desde hace años haciendo seguimiento a la línea de trabajo de Pina Bausch. Bailar es mi manera de entrenarme físicamente y jugar a la performance es mi manera de trabajar el músculo de la actuación. Así es como me entreno. 

—¿Hay un personaje que todavía buscas?

—Sueño con hacer El retrato de Dorian Gray. He recibido dos versiones, pero no han llegado a convencerme y el tiempo pasa (risas). Pero bien, en el teatro todo es posible; no hay nada que el teatro no pueda hacer. 

—¿Cómo evalúas el teatro que se hace actualmente en el país? ¿Cuál crees que es su principal carencia?

—Evaluar el trabajo de otros es un punto crítico complicado para mí, ya que sé muy bien y desde siempre lo difícil que es hacer teatro en este país. Pienso que ver y opinar sobre otros trabajos es algo necesario mas no determinante, ya que cada quien hace el teatro en el que cree y, en especial, cada quien hace el teatro que puede hacer. El teatro es y debería ser siempre un reflejo de la realidad. La primera carencia que puedo ver en el  teatro en este momento es la falta de público en los espacios culturales, creo que la reducción del aforo es algo que nos quita la posibilidad de decirle al público que el encuentro ya es más posible. 

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El amante | Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

—¿A qué le tienes miedo sobre el escenario?

—A perder la concentración y quedarme en blanco. Sentir que puedo perder la memoria o que no logro recordar algo que he repetido tantas veces es un abismo al que le tengo terror. 

—¿Sientes que el teatro te salva de algo? 

—Sí. De mí mismo, siempre. 

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