• Un día después del naufragio del buque insignia de la Armada rusa, el gobierno de Vladimir Putin intensificó su despliegue aéreo en todo el país. El último fue un ataque de precisión en la capital ucraniana, donde destruyeron un taller de tanques, así como una fábrica de misiles en Mykolaiv | Foto principal: EFE

El Ministerio de Defensa de Rusia informó el 16 de abril de 2022 que realizó un ataque aéreo contra diferentes objetivos estratégicos en Ucrania. Entre ellos, estuvo el bombardeo de un taller de vehículos blindados en la capital Kiev, así como fábricas de misiles y otros armamentos pesados. Este despliegue inició la madrugada del 15 de marzo, horas después de confirmarse el hundimiento del buque insignia de la Armada rusa, el Moskva, entre reportes contradictorios por parte del Kremlin y el Ejército ucraniano.

Con armas de precisión de largo alcance emplazadas en aviones fueron destruidas las naves de una fábrica de tanques en Kiev y un taller de reparaciones de armamento pesado en Mykolaiv”, dijo el portavoz de Defensa, general Ígor Konashénkov.

Reporteros en Ucrania señalaron que los bombardeos se extendieron hasta la madrugada del sábado. Mientras sonaban las sirenas antiaéreas en Kiev, el combate también se intensificó en otras ciudades bajo fuego como Járkov y Jersón. De acuerdo con la agencia EFE, Rusia afirmó haber destruido 16 instalaciones militares ucranianas en todo el país. También atacaron 43 puestos de mando, ocho convoyes con combustible y 760 lugares de emplazamiento de efectivos.

El parte oficial del Ministerio de Defensa asegura que el Moskva se hundió a causa de un incendio accidental en su cuarto de municiones. Sin embargo, el foco de sus bombardeos se centró precisamente en los depósitos de cohetes de Ucrania. Konashénkov dijo que eliminaron dos en Mykolaiv y otro en Poltava, donde también volaron un almacén de equipos de comunicación y radares. En Gusarovka, al noroeste, provocaron una cantidad no especificada de bajas a la 95ª Brigada Aerotransportada de Asalto. Cabe recordar que de acuerdo con Kiev, el Moskva se hundió por el impacto de dos misiles Neptune disparados desde Odesa. Estas armas son una modificación ucraniana del misil antibuque soviético Kh-35.

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Represalia

Desde el bando ucraniano aseguraron que los ataques de las últimas 48 horas son una represalia por la pérdida del Moskva, a pesar de que el comunicado ruso no hace mención a esto. De los tres bombardos contra Kiev, uno destruyó por completo un almacén de la principal fábrica de Neptune en Vizar, un suburbio de la periferia cercano al aeropuerto de Zhulyany.

El gobierno ucraniano denunció además el ensañamiento de las tropas rusas contra la población civil al este del país. En Járkov, cohetes impactaron contra una zona residencial, lo que dejó 35 heridos y 10 muertos, entre ellos un bebé de siete meses de edad. También reportaron que soldados habrían disparado a los autobuses de refugiados que salen de la ciudad a través del corredor humanitario.

Por su parte, el jefe de la administración regional de Donetsk, Pavlo Kyrilenko, informó por Telegram que Rusia intensificó también el uso de artillería en la provincia. Relató el caso de la población de Marinka, donde murieron al menos 11 civiles. “Los rusos están destruyendo la región de Donetsk. Casi todas las áreas habitadas a lo largo de la línea del frente están siendo atacadas por la horda armada”, escribió.

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Amenaza cumplida

Destrozos tras un bombardeo ruso a una zona residencial en Severodonetsk, al noroeste de Lugansk. Foto: EFE/EPA/STR

El Kremlin ya había amenazado el 20 de abril de 2022 con bombardear Kiev si el Ejército ucraniano atacaba o realizaba acciones de sabotaje en territorio ruso. Sin referirse al caso del Moskva, Konashénkov afirmó el viernes que el despliegue fue en respuesta a una presunta incursión enemiga en la ciudad de Klimovo. 

El número y la magnitud de los ataques con misiles en lugares de Kiev aumentarán en respuesta a todos los ataques de tipo terrorista y a los sabotajes perpetrados en territorio ruso por el régimen nacionalista de Kiev”, dijo.

Ante el estancamiento de la guerra y la dificultad para tomar rápidamente la capital, Rusia cambió su estrategia. Desde mediados de marzo, las tropas invasoras se han retirado paulatinamente de las zonas ocupadas alrededor de Kiev, así como otras ciudades del centro y occidente. En contraste, aumentó tanto la movilización de efectivos como la intensidad de las arremetidas en el este y en el sur.

El presidente ucraniano Volodímir Zelenski ha asegurado en varias oportunidades que los rusos planean concentrar su fuerzas como parte de una ofensiva en estas zonas. Esto con el fin de asegurar el control de la región del Donbás, ubicada en la frontera y con una mayoría étnica rusoparlante. Allí están las provincias separatistas de Donetsk y Lugansk, cuya soberanía es reconocida por Rusia y que fue la razón inicial por la que el gobierno de Vladímir Putin justificó su invasión. A pesar de este cambio de rumbo, acciones como las del 15 de abril confirman que la capital ucraniana aún está lejos de ser segura.

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Peligro nuclear

Zelenski también ha alertado sobre el riesgo potencial de que Moscú despliegue su arsenal nuclear en caso de ver complicadas sus aspiraciones de conquista. Un temor que se expande no solo a Ucrania, sino a toda Europa si decide intervenir en el conflicto. El propio Kremlin lo atizó estas preocupaciones el 14 de abril de 2022, luego de amenazar con instalar estas armas en su frontera con Estonia, Lituania y Letonia. Esto si Finlandia y Suecia deciden adherirse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

“No habrá nada más que hablar sobre cualquier estatus no nuclear de la región del Báltico, el equilibrio deberá ser restablecido”, aseguró el vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso y expresidente, Dmitri Medvédev.

Ambos países habían anunciado que estudiarían unirse a la alianza militar ante la creciente hostilidad de Rusia con sus vecinos. Por su parte, Estonia, Lituania y Letonia son miembros plenos desde 2004. Sobre esta situación, Medvédev dijo que Moscú podría redoblar su número de tropas y barcos en el mar Báltico, y específicamente en el golfo de Finlandia.

Reportes de inteligencia de la OTAN señalan que más que una amenaza, el despliegue atómico ruso ya es una realidad. De acuerdo con el periódico español El País, el ministro de Defensa de Lituania, Arvidas Anusauskas, afirmó que ya existe una militarización del enclave de Kaliningrado. Esta región pertenece a Rusia desde 1945, aunque está aislada de su territorio principal, y se encuentra entre Lituania y Polonia. Desde allí el país tiene salida al mar Báltico, lo que aviva preocupaciones de que pudiera ser usada como plataforma para ataques contra la región nórdica.

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