• El equipo de El Diario conversó con las comunicadoras sociales Antonella Gioconda De Vita y Loreibys Caicedo, quienes relataron sus vivencias cuando decidieron dejar la profesión para la cual se formaron y ejercer distintos oficios

A diario los periodistas venezolanos se enfrentan a una serie de retos que dificultan el ejercer el derecho a informar y a estar informado. No solo suelen trabajar en un ambiente donde predomina la censura, también lo hacen donde escasean las oportunidades laborales rentables que permitan cubrir sus necesidades básicas. La situación genera que distintos profesionales acudan a otros oficios o profesiones para poder generar mayores ingresos y por ende mejorar la calidad de vida.

Los testimonios de las periodistas venezolanas Antonella Gioconda De Vita, de 25 años de edad, y Loreibys Caicedo, de 26 años de edad, -ambas radicadas en España- dan fe de las dificultades propias de ejercer el periodismo. A pesar de los esfuerzos, el trabajar en medios de comunicación en Venezuela no les fue rentable, por lo que tuvieron que buscar otras opciones para poder costearse la vida.

Asumir nuevos oficios por una mejor calidad de vida 

De Vita y Caicedo viven en la provincia española Ávila y son egresadas de la Universidad Católica Santa Rosa (Ucsar). Ambas trabajaron para el diario El Universal un par de años y ahora se dedican a ejercer nuevos oficios, que les ha permitido mejorar su vida y su bienestar. Actualmente, Antonella se dedica a trabajar en el sector comercio en la venta de cosméticos y Loreibys labora en una fábrica de quesos.

Fuera de Venezuela no he podido ejercer mi profesión. Aquí -en España- he trabajado de mesera, personal de limpieza y ha sido duro. No ha sido denigrante, pero me deprime un poco el haber estudiado varios años una carrera y el haberla ejercido brevemente en mi país, pero aun así no me alcanzaba el dinero para comer. Aquí, trabajando en otros ámbitos pude mudarme con mi esposo, alquilamos un apartamento, ahorramos, hacemos un buen mercado y ha sido una experiencia dura, porque también he vivido actos de xenofobia. La gente no sabe lo duro que es migrar hasta que te toca hacerlo, como fue mi caso”, indica Antonella Gioconda De Vita.

En el caso de Loreibys Caicedo, tomó la decisión de migrar y trabajar en otro oficio ya que, a pesar de que en 2018, cuando se fue, el país mostraba leves mejoras en bonificaciones adicionales al salario, no fue suficiente para costear sus gastos. Para ella se trata de un malestar que se transforma en desgaste físico y emocional.

Las causas que dificultan el ejercicio periodístico

Los bajos salarios (con un 54,17 %) están entre las primeras causas que dificultan el ejercicio periodístico, de acuerdo con un estudio realizado en todos los estados del país, publicado el 27 de junio de 2022 por el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Prensa (SNTP). En primer lugar está el acceso a la información (66,67 %) y en tercero la escasez de fuentes de trabajo (45,83 %).

El SNTP estimó en su informe que los periodistas venezolanos tienden a trabajar en promedio jornadas laborales que superan las 12 horas, guardias nocturnas y los fines de semana por salarios que oscilan, en promedio entre $ 29 dólares y los $ 200, siendo los trabajadores para medios públicos y tradicionales los que ganan menos que los que comunicadores sociales que trabajan para medios digitales y privados.

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El periodismo como primera opción, pero no para siempre

Estudiar Comunicación Social no siempre fue la primera opción para Antonella, quien quería estudiar Arquitectura o Derecho. Sin embargo, ante la situación económica y el alto costo de los estudios, se decantó por estudiar periodismo, profesión que la enamoró con el tiempo. “El periodismo te va enamorando poco a poco”, menciona De Vita.

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La breve trayectoria de Antonella en Venezuela se dedicó a laborar en varias áreas del periodismo, primero en El Universal y luego pasó a la organizacional. Trabajó también para el Estado en el área cultural y en organización de eventos. Su paso por uno de los diarios más antiguos del país la ayudó a formar su estilo periodístico y a salir de su zona de confort.

De Vita también sintió la censura y algunos de sus compañeros fueron encarcelados o vivieron momentos complejos. Al llegar a España, hace poco más de seis meses, decidió iniciar de cero y se motivó a dedicarse a otros oficios el tener que costearse la vida, como trabajar de mesera. 

Uno de los momentos más complejos trabajando fue el derramar por accidente un trago sobre un cliente y por este hecho me dijo que no sabía hacer mi trabajo. Me sentí humillada porque él no sabe lo que significa el estar desde temprano atendiendo un restaurante. Era medianoche y mis manos ya no daban para más por el peso de la bandeja. Por eso se me fue el trago y lo tuve que pagar”, destaca De Vita.

En España, Antonella De Vita ha podido mejorar su calidad de vida, y de momento no piensa en volver a Venezuela. Menciona que en España se siente segura y con servicios públicos de calidad. Al igual que muchos migrantes, una de las cosas que más extraña es pasar tiempo con su familia. 

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Informar es una pasión

Loreibys Caicedo, por su parte, se sintió atraída por el periodismo, ya que tocaban temas que le interesaban, como la fuente política y económica. El oficio le permitió “conocer y mostrar grandes historias”. La inspiró la búsqueda de la verdad, la libertad y la justicia.

Yo me dediqué a registrar el acontecer político y económico relacionado con el país, cuando los ojos del mundo estaban puestos sobre Venezuela por todo aquello de las protestas, en El Universal, después solo a lo económico de manera más específica en dicho diario y, finalmente, antes de irme de Venezuela, estuve un breve tiempo en un medio que estaba surgiendo”, dice Caicedo.

Para Loreibys los momentos ejerciendo eran únicos. El compartir con los amigos, los momentos que pasaban después de la jornada, los descansos en la playa después de trabajar las guardias. 

Fue chévere a pesar de todo lo malo que también pasaba, como cuando me robaron y pasé el susto de mi vida. Pensé que no volvería a contarlo. Sin embargo, el sueldo no alcanzaba para nada. Pese a ello, siempre se le ponía el alma y el corazón para que el trabajo saliera perfecto, sin importar que la compensación económica era poca, por no decir ridícula y absurda. Así como el tema del transporte público, que era (y supongo que será peor) un sinvivir, que me tocaba madrugar más de la cuenta para poder llegar siempre temprano y prevenir algún contratiempo”, recuerda sobre sus experiencias Loreibys Caicedo.

Irse para no volver, por ahora

Antonella espera en algún momento ejercer el periodismo de nuevo y también continuar estudiando, hacer un máster. Descartó de momento trabajar a corto plazo para lo que se formó, a pesar de que ha aplicado a algunas vacantes sin éxito. “Mientras esperas los papeles a uno le toca trabajar en lo que salga”, dice Antonella.

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“El periodismo me ha servido para comunicarme más y mejor, ser precisa y encontrar rápidamente lo importante de cada asunto. Espero que todo mejore y la calidad de vida de los periodistas sea óptima en un futuro, porque un sueldo mínimo (o eso era cuando yo estaba en Venezuela) no es nada”, indica Loreibys Caicedo

Para la suerte de Loreibys, los malos momentos han quedado atrás. Actualmente, trabaja en proyectos temporales y en una fábrica de alimentos como operaria, así como en los comedores de algunos colegios que están en su ciudad. Los esfuerzos le han permitido reencontrarse con su familia, a quienes más ama.

“Los planes que tenemos en la vida van cambiando. Yo no me hago falsas ilusiones de si volveré a ejercer o no. No lo sé. Por ahora, solo quiero cubrir las necesidades actuales y  en un futuro no tan lejano tener un negocio familiar. Antes me veía por muchos años ejerciendo y haciendo estudios relacionados al periodismo. Por ahora, tengo pendiente hacer la equivalencia del título para poder optar a una vacante como periodista”, agrega Caicedo.

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Para Antonella De Vita los esfuerzos valen la pena. La profesión le ha ayudado a ser mucho más suelta a la hora de trabajar con el público. La mejora en su vida la ha llevado a pensar en no volver Venezuela por los momentos. “Salí decepcionada de la situación allá. Espero que mi familia venga y se quede aquí. Me gustaría ser reconocida como una periodista venezolana que migró y lo logró”, expresa Antonella.

Ahora ambas periodistas venezolanas ven en retrospectiva lo que fue su pasado y su presente y afirman que viven mejor que cuando estaban en Venezuela. Ser periodista también es hacer sacrificios. Esperan que organizaciones en Venezuela, como el Colegio Nacional de Periodistas (CNP), sean un puente para ayudar a otros comunicadores a seguir cumpliendo su rol dentro o fuera de Venezuela. “Uno tiene que hacer lo que a uno le apasione. Si más adelante, la vida me da la oportunidad de ejercer mi carrera, lo haré, porque me gusta y para eso me preparé”, concluye de Vita.

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