• La tienda de discos de vinilo más grande de la capital abrió sus puertas con un catálogo de más de 100.000 títulos de todos los géneros musicales, además de rarezas escondidas entre las cajas de sus estantes. En entrevista para El Diario, sus fundadores hablaron sobre la vigencia del formato como objeto de colección, en una era cada más digitalizada

Un electropunk alemán invade los oídos al entrar en El Marchante, una tienda especializada en discos de vinilo ubicada en San Bernardino, Caracas. Suena Liaisons Dangereuses, un grupo de la “nueva ola alemana” formado en 1981 del lado occidental del Muro de Berlín. Solo estuvo un año activo y dejó como único vestigio esa producción que, 40 años después, gira sobre un tocadiscos en un lejano país del trópico.

Manuel Díaz, el encargado del local, no tiene idea de cómo llegó el disco de esa banda tan peculiar a Venezuela. De hecho, reconoce que desconocía por completo su existencia hasta que hicieron el inventario de la mañana. “Todos los días descubrimos algo nuevo cuando revisamos las cajas y probamos los discos”, comenta en entrevista a El Diario. En la sala de al lado, un joven acomoda decenas de carátulas esparcidas por el piso, más otras pilas más detrás de él.

El espacio, que funciona en una quinta justo al frente del Hospital Clínicas Caracas, aspira convertirse en un punto de encuentro para los melómanos de la ciudad. Aunque desde hace años operan allí como depósito para los discos, fue apenas a finales de julio de 2022 cuando abrieron su tienda al público para compras presenciales.

Pasión por los discos

Tienda El Marchante proyecto venezolano vinilos recopilación música Latinoamérica El Diario Jose Daniel Ramos
Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Díaz fundó El Marchante hace siete años con Osmar Romero, quien actualmente reside en Los Ángeles (Estados Unidos). Ambos se conocieron en la Universidad Central de Venezuela (UCV), donde se hicieron amigos al compartir su gusto por la música y la literatura. “Empezamos a comprar y vender libros, y posteriormente empezamos a hacer lo mismo con los discos de vinilo. Lo que antes era un hobby rápidamente se fue transformando en un proyecto al que cada vez le dedicábamos más horas”, señala Romero a El Diario.

Ambos solían comprar discos en sitios como el puente de la avenida Fuerzas Armadas. Al principio eran álbumes y LP de rock o pop, pero luego desarrollaron un gran interés por coleccionar música latinoamericana. “Siempre recuerdo la primera colección de salsa que compramos. Estaba llena de rarezas, desde Los Calvos hasta la orquesta Salsa Suprema. Desde ese día entendí el poder del disco de vinilo como formato de archivo sonoro”, evoca.

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Así, su proyecto fue creciendo a la par que las cajas de discos en sus estanterías. Díaz acota que de un stock de 1.500 vinilos que tenían en un pequeño apartamento de Chacaíto, adquirieron más de 130.000 cuando se mudaron a la casa de San Bernardino hace aproximadamente cuatro años. Dedicaron todo ese tiempo a revisar, clasificar y registrar cada uno de los materiales, los cuales se vendían únicamente a través de Internet. Agrega que por el estado del edificio debieron hacer también varias remodelaciones hasta lograr acondicionarlo a finales de 2021. Ahora solo quedaba prepararlo para la apertura al público, lo que implicaba pasar del sistema de organización que usaban, parecido al de una biblioteca, a una disposición de los estantes que fuera más amigable para la gente.

Por su parte, Romero migró en 2019, llevándose 30.000 discos. Desde allí coordina una sucursal adaptada al mercado estadounidense. Ambas tiendas mantienen una comunicación constante, intercambiando la mercancía de cada una a solicitud de los clientes. Díaz afirma que El Marchante hace  envíos a todo el mundo. Algunos de los lugares a los que han llegado sus discos son Japón, Croacia y Australia. 

Aún vigente

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

No todos los discos de la tienda son reliquias de décadas pasadas. En una de sus paredes se exhiben artistas contemporáneos como Billie Elish, Post Malone, Olivia Rodrigo o Ghost. Para algunas de las personas puede resultar sorprendente que aún se publique música bajo este formato, y aunque ciertamente su producción es reducida, incluso a veces limitada a ediciones especiales, lo cierto es que el vinilo sigue más vivo que cualquier otro soporte físico.

Díaz afirma que a pesar de que hace ya un par de décadas la música se consume de forma digital con el formato MP3 o servicios de streaming como Spotify, aún hay un lugar especial para lo analógico en el corazón de las audiencias. No solo por un factor de nostalgia en el caso de la gente de más edad, sino también por el aprecio del valor artesanal que tienen los discos como objeto palpable. 

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“El vinilo sigue siendo un formato valioso por necesidad, en medio de una sociedad frenética donde tenemos cada vez menos tiempo libre. El vinilo, en conjunto con otros formatos análogos, se impone como un medio que te obliga a tomar una pausa”, coincide Romero.

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Para él, se trata de la experiencia que produce el ritual de colocar la aguja sobre los microsurcos del vinilo y dejar que aparezca la música escondida en su interior. Lo compara con la diferencia entre subir una montaña en un vehículo y caminando Cada una ofrece perspectivas diferentes a pesar de, en teoría, mostrar el mismo paisaje. 

“A veces el camino que toma más tiempo es el que te deja la experiencia que estabas buscando. Me pasó con los discos de vinilo. Entendí una forma completamente distinta de aproximarme a la música, y ahí creo que está su valor”, apunta.

Historia compacta

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

El equipo de El Marchante, que ahora es de 10 personas, suele adquirir discos de ventas de garaje, personas que buscan deshacerse de la vieja colección familiar, o vendedores de artículos de segunda mano. Quizás aquí puede valer el dicho de “la basura de unos es el tesoro de otros”. Y bastantes joyas han aparecido entre las cajas que llegan a la tienda.

Y no siempre se trata de alguna versión inédita de un álbum o artista. En su momento, el vinilo se utilizó para registrar cualquier archivo sonoro más allá de la música. Entre los discos que Díaz muestra están popurrís corales de instituciones como la Electricidad de Caracas o la extinta Policía Técnica Judicial (PTJ) que posiblemente circularon como regalos en alguna fiesta navideña. También un compilado de jingles de campaña de Acción Democrática o el discurso de Rafael Caldera en el Nuevo Circo de Caracas, cuando anunció su postulación para la presidencia en 1967. Las piezas, al igual que una película o fotografía, guardan fragmentos de la historia reciente.

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

“Descubrimos que el disco no es solo música. En él podemos encontrar cuestiones de antropología, naturaleza, comedia, política. Es un soporte de archivo”, comenta Díaz.

Muchos de esos discos no están en exhibición por su valor testimonial sobre todo aquellos que contienen discursos, entrevistas o lecturas de poesía y cuentos en la voz de sus propios autores, como Miguel Otero Silva o Pablo Neruda. “Hay muchos que no son para vender, y puede que nadie los quiera. La gente no les da tanto valor, pero nosotros los guardamos para el registro”, admite. 

En ese aspecto, destaca que El Marchante poco a poco se ha convertido en un gran archivo para preservar la memoria sonora de Venezuela y Latinoamérica. Asegura que están dispuestos a colaborar con cualquier ente u organización que busque estos materiales para digitalizarlos. 

De esa tarea también se han encargado en redes sociales como YouTube, donde publican reseñas o compilados de temas de salsa de cada década. Igualmente, en sus Elepé Sessions, suben discos difíciles de conseguir o grabaciones únicas como el álbum de 1980 del icónico programa radial Nuestro insólito universo, narrado por Porfirio Torres. 

Raros e inéditos 

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Díaz comenta que entre la década de los años sesenta y ochenta Venezuela fue una potencia en la producción discográfica. Empresas venezolanas como Sonográfica y Rodven Récords producían junto a los grandes sellos internacionales que usaban al país como base para exportar a toda la región. Así, un disco de tango publicado en Argentina o un merengue domincano normalmente tenían una versión venezolana.

“Aquí se imprimía música de todo el mundo, porque había un mercado para eso”, señala. De ahí que los venezolanos tuvieran acceso a una variedad de producciones privilegiadas en la región, y que ahora circulan en los mercados de pulgas. Algunas de estas versiones hechas en Venezuela suelen considerarse artículos raros por algunos coleccionistas. Principalmente por razones de calidad o peculiaridades del sonido.

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Aclara que el hecho de que un disco sea raro no necesariamente lo hace valioso. Esto generalmente está determinado por la oferta y demanda en el mercado. Para conocer más sobre cada obra nueva que llega a la tienda, el equipo suele apoyarse en Discogs. Además de ser la principal plataforma para la venta de este tipo de material, también es una suerte de Wikipedia en la que se puede conseguir información técnica e imágenes de cada disco subido por su comunidad. La propia cuenta de El Marchante ha contribuido con el registro de 1.531 discos.

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Un disco raro que está subido a su canal de Youtube es Poemas masónicos, un álbum de 1965 encargado por la Gran Logia de Venezuela por el centenario de su sede en San Felipe (Yaracuy). También hay documentales sonoros sobre artistas plásticos como Alejandro Otero, Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez, hechos por el Consejo del Distrito Sucre del estado Miranda en 1980. De este último hay otro disco que, además de contener un librillo con descripciones de sus obras, trae canciones de Simón Díaz y José Luis Rodríguez.

Baladas del pasado

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Sin dudas, una de las piezas más interesantes que está en la tienda de Caracas la muestra Díaz con orgullo. Se trata de una grabación original de dos temas interpretados por Teresa Carreño en 1906. A pesar de ser reconocida como una las pianistas más prodigiosas de su tiempo, no existen prácticamente registros de su obra, pues Carreño (1853-1917) desconfiaba de la entonces naciente industria fonográfica. En cambio, grabó sus conciertos en rollos de pianola para las empresas Welte-Mignon y Duo-Art. 

Se sabe que grabó 18 temas bajo este formato, y aunque hubo muchos intentos por preservarlos, por la naturaleza frágil de estos rollos de papel perforado, las copias que se conservan están bajo resguardo. También estas empresas tuvieron normas propias de codificación que las hacían incompatibles para pianolas que no fueran de sus marcas, por lo que gran parte de las ejecuciones de Carreño permanece inédita al público.

Sin embargo, en 1966 el presidente Raúl Leoni encargó la grabación de un disco a partir de dos rollos de pianola de la artista caraqueña. Estos contenían la Balada Nº 1 en G minor, op. 23, de Frederic Chopin; y Soirées de Viennes (Vienna Evenings) No. 6, de Franz Schubert y Franz Liszt.

En 2002 la Universidad Central de Venezuela (UCV) creó el Proyecto Pianola, una investigación sobre las composiciones de Carreño en la que se desarrolló un software capaz de procesar las notas contenidas en las perforaciones de los rollos y reproducirlas como música. Del resultado se produjo un CD en 2003 con varios temas recuperados. Sin embargo, el disco que hoy se encuentra en El Marchante posee un valor significativo, ya que por mucho tiempo fue una de las pocas formas de revivir su obra.

Alta fidelidad

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Un debate frecuente entre los amantes de la música es cuál formato reproduce mejor el sonido. Muchos defienden al vinilo por su alta fidelidad frente a los formatos digitales contenidos en un CD o en archivos sueltos. Por lo general suelen considerarlos como una música fría, sin esos pequeños detalles como el crepitar provocado por las micropartículas de polvo en los surcos, o simplemente el sonido de la aguja al hacer contacto con la superficie del disco. En el caso de formatos como el MP3 o el WMA las apreciaciones son menos favorables. Al ser básicamente información compactada, no logra mantener la calidad de matices del sonido. Un problema que empeora al quemarlo en un disco o reproducirlo en dispositivos de gama baja.

Romero, quien estudió Artes Audiovisuales en la Universidad Nacional Experimental de las Artes (Unearte), asevera que actualmente existen formatos digitales de gran calidad que pueden igualar, e incluso superar, a un buen set de vinilo. Explica que en realidad depende del equipo en el que se reproduce la música. La combinación de un formato sin pérdida de calidad como FLAC o WAV con un equipo de alta fidelidad pueden cumplir con cualquier exigencia. Incluso existen filtros para imitar la suciedad de los vinilos.

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

No obstante, reconoce que estos equipos suelen ser muy costosos, por lo que no están a disposición de todo el público. Esto sin mencionar que los formatos de mayor calidad también suelen ser los más pesados, ocupando gran parte del almacenamiento del dispositivo. En cambio, la referencia de la mayoría de la gente suele ser el sonido emitido por cornetas de computadora, altavoces modestos, televisores o celulares. Por sus limitaciones técnicas y distorsiones, hacen ver a los formatos digitales mucho más desprolijos.  

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“Por eso la mayoría de las personas tienen una reacción muy positiva cuando escuchan un disco de vinilo en un tocadiscos modesto con unas cornetas en buen estado de hace 30, 40 o 50 años. El contraste con los sonidos digitales a los que estamos acostumbrados hoy en día es enorme”, añade. 

Aun así, insiste, la experiencia de los discos analógicos va mucho más allá del sonido. Es una conexión sensorial que la ciencia ha estudiado en el campo de la psicoacústica. Como un efecto placebo auditivo.

De colección

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Precisamente parte de esa conexión con el vinilo como objeto se aprecia mejor con el fenómeno de los coleccionistas. Entre los melómanos existe toda una subcultura dedicada a investigar, buscar y acumular discos, en una actividad que muchas veces trasciende el hobby para convertirse en algo entre lo museístico y deportivo.

Díaz señala que entre sus compradores hay coleccionistas de todos los tipos. Desde auténticos eruditos de los géneros musicales que se sumergen a buscar versiones únicas de una o rescatar a algún artista del olvido, hasta clientes con fijaciones particulares, que buscan únicamente piezas conectadas solo por una temática común. Por ejemplo, discos que tengan motos en sus carátulas.

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Afirma que actualmente hay una fiebre por los vinilos en países como Estados Unidos, y que ha permeado un poco en Venezuela. Precisa que durante la pandemia de covid-19, muchas personas aprovecharon la cuarentena para desenterrar de los armarios familiares antiguos CD, cassettes y vinilos, descubriendo todo un nuevo mundo más allá de Spotify.

“A la gente le gusta tener sus bibliotecas, o en este caso discotecas. Es algo distinto. Al objeto lo tienes que cuidar y requiere de tiempo, orden, es una dedicación. Y los coleccionistas no solo acumulan, sino que también saben mucho y se vuelven expertos en el tema de su interés”, argumenta.

Por eso en sus pocas semanas abiertos al público, Díaz ha notado que la mayoría de las personas que entran son jóvenes, algunos que ni siquiera llegaron a ver los vinilos en su gloria. Muchos buscan discos para regalar a un familiar mayor, o utilizarlos en consolas de DJ. Otros acuden por curiosidad o genuino interés de introducirse en ese nicho. Apunta a que disponen de mercancía para todos los gustos, tanto con rarezas para coleccionistas, como un discos con precios de apenas 1 dólar para compradores casuales. 

En marcha

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Un cartel en la pared invita a sentirse libres de hacer digging. Traducido como “excavar”, es el antiguo ritual que se practicaba en las tiendas de discos de tantear con los dedos cada caja en la búsqueda de ese ejemplar con el cual hacer match. Una exploración que muchas veces llevaba a los usuarios a hacer hallazgos afortunados, otros fortuitos, pero del que siempre se podía encontrar algo interesante con cada inmersión.

La inauguración de El Marchante, el 16 de julio de 2022, se puede considerar como uno de estos hallazgos para quienes hacen digging en busca de propuestas culturales. No solo puede considerarse como la tienda de discos de vinilo más grande de Caracas, sino como parte de los nuevos refugios que en los últimos meses han surgido de este lado del río Guaire. Entre música de DJ y un ambiente festivo, mostró su potencial como alternativa a la reanimada movida artística que hay del otro lado de la ciudad.

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Foto: José Daniel Ramos @danielj2511

Díaz es consciente de esto. Declara que desea organizar más eventos como el de ese día, al menos trimestralmente. Aunque se espera que el próximo sea en septiembre, aún están por definir los detalles. Igualmente, el equipo trabaja para acondicionar el patio trasero de la quinta y gestionar los permisos necesarios. Esto para que la tienda pueda en un futuro convertirse en un local donde se vendan discos, libros e incluso tocadiscos, pero también en un centro cultural con una agenda activa.

El pasatiempo de Osmar Romero y Manuel Díaz evolucionó en un proyecto que cada vez toma más forma. Aunque estén en latitudes diferentes siguen en sintonía, y como el caballo de su logo, su tienda está en marcha.

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