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  • El joven adoptó a Isis en Córdoba, Argentina, y desde entonces se ha convertido en su compañera fiel a donde quiera que va

Ricardo es un joven tachirense, de 22 años de edad, quien hace una década se aventuró a recorrer Suramérica sin nada más que un morral y ganas de explorar el mundo. Durante ese tiempo, conoció 12 países y, en uno de esos destinos, adoptó a Isis, una perrita de raza Beagle con Jack Russell, que lo acompañó en su travesía por 8 países, incluyendo su regreso a Venezuela. 

Ricardo e Isis se encontraron por casualidad. No estaba en sus planes tener una mascota, pero durante su estadía en la ciudad de Córdoba, Argentina, la rescató de la calle tras ser atropellada por una motocicleta, la cuidó y desde entonces decidió que sería su compañera de aventuras. 

Isis se ha convertido en toda una sensación en la ciudad de San Cristóbal, estado Táchira. Transeúntes y conductores pasan admirados por las diferentes calles y avenidas donde Ricardo se apuesta con ella para hacer su espectáculo. La mayoría de las personas admiten sorprenderse por la capacidad de la mascota para mantener el equilibrio y seguir determinadas órdenes. 

Ricardo, el tachirense que se gana la vida haciendo malabares con su perrita Isis
Foto: Cortesía

“Fue un proceso de paciencia”

Tanto en el exterior como en su regreso a Venezuela, Ricardo se dedicó —en gran medida— al arte como fuente de ingresos. Inicialmente vendía artesanías, después hizo shows de fuego, hasta que se enfermó de la garganta y lo dejó. 

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Posteriormente empezó a hacer malabares en semáforos y lugares estratégicos, hasta que incorporó a Isis a su acto. Recuerda que no fue un proceso fácil y tampoco fue planificado, sino más bien una idea que nació de manera espontánea. 

“Yo tenía una gata que se subía a mis hombros y como Isis es muy celosa empezó a imitarla para también subirse (a los hombros)”, contó.

En vista de la agilidad de la perrita, Ricardo comenzó a entrenarla e incentivarla con premios hasta que aprendió los trucos a la perfección y se convirtió en su compañera de espectáculo. 

No obstante, admite que no todas las personas lo han visto como algo positivo. Por el contrario, existen quienes lo señalan y aseguran que Isis sufre maltratos. 

“Hay gente que cree que yo la obligo y se les entiende, pero quiero decirles que no es así, que es como mi hija, mi compañera y es mi vida entera (…). Ella ha estado a mi lado siempre”, afirmó. 

Nómada como estilo de vida 

Ricardo supo a temprana edad que quería conocer el mundo. En su afán por convertirse en nómada recorrió países como Uruguay, Paraguay, Argentina, Bolivia, Chile, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá y Costa Rica, antes de volver a Venezuela. 

“Lo hice motivado por el amor de querer hacer lo que uno verdaderamente quiere mientras puede. Me daba miedo perder mi juventud”, precisó Ricardo. 

Pese a su pasión por viajar, decidió regresar a su país, Venezuela, a finales del año 2023 cuando se enteró de que su padre estaba enfermo. 

Ricardo, el tachirense que se gana la vida haciendo malabares con su perrita Isis
Foto: Cortesía

“Él sufre de la tensión, de la columna, tiene varios problemas, entonces no quiero que el día de mañana me falte y yo no haya estado a su lado”, dijo.

Una vez en Venezuela, se replanteó qué hacer para generar ingresos. Contempló diversas posibilidades y finalmente acordó seguir promoviendo el arte en las calles de la ciudad.

“Lo hice con mucha pena porque no es lo mismo hacer esto afuera que en tu tierra donde mucha gente te conoce. Toca armarse de mucha fuerza”, agregó Ricardo.

“No es un trabajo fácil”

Ricardo se ha ubicado en diferentes puntos de San Cristóbal debido a diversos factores. Por un lado, la cantidad de vendedores ambulantes que se asientan en los mismos espacios y que dificultan el trabajo, y por otro, los malos tratos por parte de algunos de los que transitan por la zona. 

“Hay muchos limpiavidrios, mucha gente que vende cosas, entonces, no es fácil conseguir un semáforo donde te dejen trabajar”, dijo. 

Si bien lo que genera con ese empleo no le alcanza para cubrir sus gastos y los de su familia, asegura que lo ve como un apoyo para saldar parte de los compromisos económicos que se le presentan. 

Tengo un hijo recién nacido y eso también implica una responsabilidad importante, por eso tengo otro trabajo fijo en una venta de hamburguesas y con eso me resuelvo”, acotó.

Para Ricardo, una de las cosas más difíciles de laborar en la calle es enfrentarse al rechazo de las personas. Si bien existen quienes lo aceptan y hasta muestran empatía con él e Isis, también hay quienes parecen renuentes con su manera de ganarse la vida. 

“Me han atropellado aquí dos veces en el semáforo (…), las motos se suben por la acera. No respetan”, enfatizó. 

Además indica que es difícil conseguir un semáforo donde se pueda ubicar con comodidad, pues en la mayoría ya hay vendedores ambulantes que se apropian de los espacios y no le ceden lugar para mostrar su espectáculo. 

Ricardo, el tachirense que se gana la vida haciendo malabares con su perrita Isis
Foto: Cortesía

“Eso muchas veces trae problemas y es incómodo, porque yo no quiero hacerle daño a nadie”. 

Incluso, su familia no está de acuerdo con su manera de generar ingresos. Ricardo admite que nunca aprobaron su decisión de ser mochilero y tampoco de vivir del arte, pero aún así lo hace porque asegura es su pasatiempo y le gusta. 

“A mí me gustaría que las personas abrieran un poquito más su mente, que vean que en las calles hay arte, que no solo la encuentran en los circos”, expresó Ricardo. 

Él siempre soñó con ser piloto de aviones. En Uruguay lo intentó y de hecho comenzó a estudiar para serlo, pero su inestabilidad económica se lo impidió en aquel entonces, según comentó.

Recién volvió a Venezuela, Ricardo manifestó que le gustaría retomar esos estudios, pero expresó que no sabía si la enfermedad de su padre y su situación laboral se lo permitirían. No obstante, dijo que gracias a la difusión de su historia en redes sociales, algunas personas se pusieron en contacto con él y le brindarán la posibilidad de cumplir su sueño de formarse como piloto. 

A la par, Ricardo espera seguir promoviendo el arte en la ciudad de San Cristóbal, pues admite que es su gran pasión y considera que su propósito de vida está ligado a ello. 

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