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  • El inicio de la campaña para las elecciones presidenciales arrancó en la capital con una marcha de la Plataforma Unitaria Democrática desde Chacaíto hasta El Marqués. Allí, la multitud acompañó al candidato Edmundo González y a María Corina Machado en una suerte de peregrinaje donde precisamente prevaleció la fe

Ya desde Chacaíto se podía sentir el bullicio arropar el ambiente. El rugido de las motos, el sonido de los silbatos y vuvuzelas mezcladas con los gritos de consignas que por más de 20 años se han repetido como un mantra en cada concentración: “El pueblo/ unido /jamás será vencido”, “Y va a caeeer/ este gobierno va a caeeer”. Y una sola frase que sintetizaba la razón por la que tanta gente se reunía allí: “Libertad”.

A pesar de que las actividades de calle y el proselitismo comenzaron casi de inmediato tras convocarse las elecciones presidenciales en Venezuela, en realidad fue el 4 de julio cuando inició formalmente la campaña electoral. Era el inicio de una carrera que ya tenía meses corriéndose con las visitas de la líder opositora María Corina Machado a los pueblos más recónditos del interior del país, pero ahora se sentía como una cuenta regresiva para los comicios del 28 de julio. Poco menos de cuatro semanas para el gran día. 

La Caravana de la Libertad: el día que Caracas se reencontró en el asfalto
Foto: José Daniel Ramos

Por eso días antes, el 30 de junio, el Comando Con Venezuela anunció una gran gira para recorrer una vez más al país, ahora junto al candidato unitario de la Plataforma Unitaria Democrática, Edmundo González Urrutia. La “Caravana de la Libertad”, como la denominaron, tuvo su arranque ese 4 de julio con marchas en diferentes ciudades y pueblos. Desde Maracaibo (estado Zulia) hasta El Baúl (Cojedes) y Guasdualito (Apure). 

Pero el acto principal estaba en la capital. Allí estaba prevista la caravana mayor, que iría a lo largo de la avenida Francisco de Miranda, desde Chacaíto hasta la urbanización El Marqués. Un trayecto de casi siete kilómetros por la avenida más larga del Área Metropolitana de Caracas para el que se desplegó una fuerza motorizada, aunque la gran mayoría de los asistentes completó a pie aquel peregrinaje.

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Encuentro

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Foto: José Daniel Ramos

La hora prevista para la caravana era las 4:00 pm, pero ya desde las 2:00 pm en la plaza Brión de Chacaíto se veían las primeras banderas tricolor. Aquella zona era la frontera entre los municipios Libertador y Chacao, y de esa línea imaginaria que por años separó al “oeste chavista” del “este opositor”. Los grupos llegaban a decenas de ese mismo oeste, gritando sus consignas desde el bulevar de Sabana Grande. 

Las horas previas sirven para el encuentro y la socialización. Abrazos y besos, saludos entre conocidos mientras la esquina de la avenida José Martí se llenaba de motorizados que servirían como escolta y transporte para la marcha. Un joven de unos 20 años de edad camina entre la gente con una cesta vendiendo tostones. Tiene una camisa blanca, y en su espalda, escrito a mano con marcador, un homenaje a Neomar Lander, adolescente asesinado durante las protestas de 2017, con su frase “La lucha de pocos vale por el futuro de muchos”. 

La Caravana de la Libertad: el día que Caracas se reencontró en el asfalto
Foto: José Daniel Ramos

Entre la multitud que cobraba forma abundaban muchos vendedores de banderas y cintas con la imagen de Edmundo González. A pesar de haber sido un desconocido para el país al momento de asumir la candidatura opositora meses atrás y de forma sobrevenida, ahora su nombre era el sinónimo de la esperanza para las personas que, alegremente, canturreaban “Todo el mundo con Edmundo”.

***

Alrededor de las 3:30 pm, ya con suficiente quórum, los coordinadores de los partidos políticos dieron la orden de avanzar hasta el Centro Lido, a unas cuadras. Allí esperarían la llegada de Edmundo González y de María Corina Machado, mientras agrupaban a sus militantes. Resaltaban los colores de Un Nuevo Tiempo (UNT) y Movimiento por Venezuela (MPV), partidos cuyas tarjetas habilitadas por el Consejo Nacional Electoral (CNE) también apoyaban al candidato unitario. También predominaba el celeste de Vente Venezuela, movimiento de Machado; o el azul oscuro de Encuentro Ciudadano, de Delsa Solórzano. 

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Foto: José Daniel Ramos

El resto de partidos, ante la intervención de sus tarjetas y símbolos por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), acordó dejar a un lado su identidad para evitar confusiones con las versiones fantasmas de sí mismos que postularon a otros candidatos en el tarjetón electoral. Aunque muchos mantenían sus colores característicos, todos se cobijaban bajo el mismo símbolo de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD). 

La gente avanzó con ellos y se reunió con quienes ya estaban esperando en el Lido. El tránsito de la avenida ahora se reducía a un solo canal apretado entre la gente. Los bocinazos de los autobuses se hicieron uno con los de las motos y los gritos de la multitud animada. 

Cuestión de fe

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Foto: José Daniel Ramos

Para las 4:30 pm la concentración opositora se extendía hasta más allá de la plaza Juan Pablo II, a unos 200 metros del Lido. Aún no había señales de los líderes que encabezarían la caravana. Un helicóptero de color negro sobrevoló el lugar grabando, y de inmediato los asistentes lo señalaron como parte de algún cuerpo de seguridad del Estado. La respuesta fue un montón de manos al aire y más sonidos de cornetas y vuvuzelas, además del grito “Libertad”. 

Luego de más de una hora de espera, un rumor de gritos y música desde el Lido fue seguido por una avanzada de motos pidiendo a la gente abrir paso. A lo lejos, un camión forrado con pendones del candidato avanzaba lentamente. Era el mismo que semanas atrás había sido donado al Comando Con Venezuela en el estado Táchira, y que Machado había estrenado al llenar la Quinta Avenida de San Cristóbal. 

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Foto: José Daniel Ramos

En una plataforma sobre la cabina del camión, Edmundo González ondeaba parsimoniosamente una bandera de Venezuela. Vestía la camisa vinotinto de la selección venezolana de fútbol y un rosario lila colgaba de su cuello. A su lado, su esposa, Mercedes López, y su hija Mariana, ambas también de vinotinto, saludaban sonrientes a la multitud. Las franelas de ese color abundaron a lo largo de la marcha, así como carteles con la frase que desde hace un tiempo parece haberse convertido en el nuevo lema nacional: “Mano, tengo fe”. 

Más tarde se conocería la razón de la demora. Funcionarios de la Dirección de Acciones Estratégicas y Tácticas (DAET) de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) habían intentado impedir la salida del camión desde el Country Club, solicitando sus documentos. Luego de ser confrontados por los dirigentes opositores que estaban allí, los agentes cedieron.  

Catártico

La Caravana de la Libertad: el día que Caracas se reencontró en el asfalto
Foto: José Daniel Ramos

Junto a Edmundo y su familia, María Corina Machado también saludaba a la gente. Con una sudadera blanca y el pecho cubierto por varios crucifijos y rosarios, se agachaba para extender la mano hacia la gente aglomerada a un costado del camión. Todos corrían y se empujaban para verla de cerca. Algunos la veían a través de las cámaras de sus teléfonos, otros directamente a los ojos mientras gritaban su nombre. 

Un sentimiento de euforia parecía apoderarse de la gente al ver pasar el camión. Era un fervor que casi rozaba el fanatismo, y que ya se había repetido en cada uno de los pueblos que María Corina recorrió antes. Como si toda la rabia, toda la frustración y el hartazgo de dos décadas de crisis económica y política devenidas en emergencia humanitaria compleja fueran canalizadas a través de ella. Era la emoción desbordada en ese minuto de catarsis. 

Era el ánimo puro de volver a soñar con el cambio, y de intentarlo al menos una vez más. 

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Foto: José Daniel Ramos

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“Yo vine a esta marcha porque quiero a mi país libre de este sistema hambreador del pueblo y destructor de la dignidad humana. Por donde pasan dejan tristeza y desolación”, declaró a El Diario Carlos Rangel, uno de los presentes en la marcha. Con una camisa del movimiento Voluntarios por la libertad, se abría camino por la avenida ondeando una gran bandera con siete estrellas, la cual estuvo vigente hasta su cambio en el año 2006. 

Los protagonistas de la marcha eran los carteles pintados a mano. Muchos aludían a los comanditos creados por la oposición para descentralizar la campaña. “Vamos a una Venezuela Tierra de Gracia”, prometía otro cartel escrito en una lámina de papel bond. Un grupo con camisas de la juventud de Vente Venezuela andaba a paso parejo, alzando la boleta electoral con la tarjeta de la MUD remarcada en un círculo. Más adelante, una comparsa de Encuentro Ciudadano animaba con tambores al son de la samba. La avenida entera era una gran fiesta.

Del otro lado

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Foto: José Daniel Ramos

La Caravana de la Libertad no fue el único acto de campaña que colapsó el tránsito ese día. Desde el gobierno también se convocó una marcha (o en este caso contramarcha) que partiría desde los dos extremos de la ciudad. Por el oeste, los oficialistas saldrían de Catia; y desde Petare, al este, para converger en el Palacio de Miraflores, donde serían recibidos por un Nicolás Maduro aspirante a su tercer mandato.

La noche anterior se instalaron tarimas a lo largo de la ruta, como en la avenida Libertador frente a la sede de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA) de La Campiña; o en la avenida Urdaneta, frente a la torre El Universal. También se cerraron los accesos a la Cota Mil y en diferentes puntos claves como Plaza Venezuela o Parque Miranda los contingentes policiales vigilaban en una tensa calma. En otras vías como la carretera Panamericana o la autopista Gran Mariscal de Ayacucho las alcabalas controlaban el acceso a Caracas. 

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Foto: José Daniel Ramos

Aunque la marcha de Petare tenía previsto partir en la mañana para encontrarse a las 2:00 pm con la concentración de La Campiña, para esa hora en los alrededores de la tarima apenas se veía a unas cuantas decenas de personas esperando mientras se repetían en bucle canciones oficialistas en unas grandes cornetas. No fue sino hasta entrada la tarde que la movilización finalmente caminó en una uniforme marea de color rojo, en la que se exhibían carteles e insignias de diferentes organismos de la Administración pública. 

Finalmente la marcha oficialista no llegó a Miraflores. En cambio, Maduro acompañó a su gente subido en un jeep rojo hasta un gran escenario en la avenida Urdaneta, entre los edificios de la Vicepresidencia y del Banco Central de Venezuela (BCV). Allí bailó con su esposa, Cilia Flores, entre influencers y cantantes. También aprovechó la lluvia para intentar replicar la famosa foto del cierre de campaña de Hugo Chávez en 2012.

Del otro lado de la ciudad, donde marchaba la oposición, no llovió en toda la tarde. 

Extraña convivencia

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Foto: José Daniel Ramos

A medida que avanzaba la marcha, costaba cada vez más caminar holgadamente. En cada cuadra se sumaban más y más personas que aguardaban en las aceras y el medio de la calle, como una bola de nieve que crece al rodar cuesta abajo. Así, al llegar a Chacao, la procesión abarcaba ya la avenida en todo lo ancho, mientras desde las ventanas y los balcones se asomaba gente a tomar fotos y mostrar su apoyo.

Cuando la caravana pasó frente al Ministerio de Transporte Terrestre, María Corina, apoyada sobre la baranda del camión, subió la vista para saludarlos, mientras en la mano levantaba la bandera que minutos antes ondeó Edmundo. Sin embargo, desde aquel enorme edificio de concreto y cristal no se veía nadie. Apenas un par de siluetas masculinas parecían grabar, escondidas tras un ventanal polarizado.

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Foto: José Daniel Ramos

Todo se volvió caótico unas cuadras más adelante, cuando estalló una batalla de claxons. Una horda de motos atravesó la avenida, a contracorriente de la marcha, abriendo el mar de gente entre volantazos. Pero no era la fuerza motorizada que acompañaba al comando. Formaban parte de la marcha del oficialismo, totalmente desviada de su ruta, y ahora en encuentro directo con la oposición.

Algunos lucían chaquetas negras y ocultaban su rostro con lentes de sol y pañoletas. Otros mostraban abiertamente sudaderas alusivas al Polo Patriótico o camisas azules del partido evangélico oficialista Organización Renovadora Auténtica (ORA). Pero muchos llevaban también chalecos naranjas que los identificaban como mototaxistas, y caras de desconcierto ante el tsunami de gritos que recibían desde la otra calle. 

La Caravana de la Libertad: el día que Caracas se reencontró en el asfalto
Foto: José Daniel Ramos

“Yo vine porque quise/ a mí no me pagaron”, coreaban los opositores, encarrilados en el sentido este de la avenida, mientras en el sentido oeste la otra caravana de motos seguía inmutable. En otros tiempos de mayor hostilidad política, aquel choque de polos habría provocado momentos de tensión e incluso violencia, pero esa no era la realidad ahora. Por el contrario, varios de los motorizados saludaron y le dieron la mano a los opositores, o se reían con las consignas de “Y va a caeeer”. El miedo y la confrontación del pasado parecían esfumarse en esa extraña demostración de convivencia pacífica. 

Desde un camión de sonido del lado oficialista se trataba de atizar los ánimos sin éxito. “Vamos por ustedes”, gritaba un hombre al micrófono señalando a la caravana. Del otro lado, María Corina y Edmundo saludaban a los motorizados y hasta los invitaban a unirse a su marcha. 

La oportunidad

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Foto: José Daniel Ramos

Pese a ser un bastión histórico de la oposición, Chacao no veía una concentración de esa magnitud desde 2019. Pero una sensación familiar se percibía al llegar a la plaza Francia de Altamira, emblema de tantas luchas por la causa democrática venezolana, y de tantas pérdidas tendidas sobre el asfalto. Desde temprano ya había un nutrido grupo esperándolos.

Unas muchachas capturaron el momento exacto para tomarse una selfie con el camión del candidato de fondo. Al ver a María Corina, señalaron el logo de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) en el pecho de sus camisas vinotinto y la líder opositora, quien es egresada de esa casa de estudios, respondió haciendo un corazón con las manos. En sus mangas también se veían las siglas de la Confederación de Estudiantes de Venezuela (Confev).

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Foto: José Daniel Ramos

Una de ellas es Arantxa Jurado, estudiante de Derecho. En entrevista para El Diario, destacó la importancia de salir a votar el 28 de julio. “Esta es la primera de muchas oportunidades de participar en algo que es nuestro derecho ciudadano”, señaló. Además de jóvenes, también se veían adultos mayores parados en el medio de la calle, resistiendo los empujones. A veces la confluencia de personas, motos y autos reducía el espacio al punto de que un mal paso bastaba para que grupos enteros se tropezaran al intentar acercarse a María Corina y Edmundo.

Más atrás, en otro camión, viajaban el resto de los líderes de la Plataforma Unitaria. Juan Pablo Guanipa, Delsa Solórzano, Adriana Pichardo y Biaggio Pilieri, entre otros, saludaban. Sentada con un abanico y sus lentes de sol característicos, la académica Corina Yoris lanzaba un beso a unas jóvenes que gritaban su nombre. Antes de Edmundo, ella había sido proclamada como la abanderada opositora tras la inhabilitación de Machado; sin embargo, su candidatura nunca se pudo concretar por un bloqueo que hasta la fecha el CNE no ha explicado. 

Reencuentro

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Foto: José Daniel Ramos

Al pasar el elevado de Los Ruices, la marcha estaba en su máximo punto. La multitud se difuminaba en el horizonte de cada punta de la avenida. Las tomas aéreas permitirían estimar una extensión de casi un kilómetro de gente caminando ya en el tramo final, sorteando los huecos en la vía o los intentos de la policía por reducirlos a un solo carril para permitir el paso vehicular. 

El cielo lentamente hacia su transición de un degradé de tonos rojizos al azul oscuro de la noche. La montaña de fondo se mantenía como una constante del paisaje, mientras del camión del candidato sonaba la canción “Cerro Ávila”, de Ilan Chester. De hecho, las cornetas hicieron más amena la caminata entre tanto griterío, con temas que ya icónicos en la memoria colectiva contemporánea, como “Me rehúso”, de Danny Ocean; o “Caracas en el 2000”, del mismo artista con Elena Rose y Jerry Di.

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Foto: José Daniel Ramos

Luego de más de tres horas de recorrido, la caravana finalmente se detuvo frente al centro comercial Líder. Como se ha vuelto costumbre en las giras de María Corina, la gente sacó sus teléfonos para encender sus linternas y convertir aquel río humano en una constelación de luces. Un símbolo que curiosamente nació por los apagones en el interior del país, y que el comando ha sabido explotar en cada pueblo donde ha brillado en medio de la oscuridad. 

***

“Seguid el ejemplo que Caracas dio”, exclamó María Corina tras un intento de la multitud de entonar el coro del Himno nacional. Como en cada ocasión, repitió que la oposición cuenta con los votos suficientes para la victoria, prometiendo para el futuro una Venezuela de reencuentros con los familiares y amigos que han emigrado. Le cedió el micrófono a Edmundo, cuya voz apenas se lograba escuchar entre tanto ruido. 

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Foto: José Daniel Ramos

“Gracias por esta acogida de esta tarde, y los invitamos a que sigamos esta ruta hasta el 28 de julio, pues con el respaldo de ustedes vamos a cobrar y a ganar”, aseguró el candidato. Su agenda, para los días siguientes, le llevaría a continuar la caravana en Barinas el 6 de julio, para luego seguir hacia Anzoátegui, Carabobo, Monagas y Zulia. Apuntó que para el cierre de campaña, de vuelta en Caracas el 25 de julio, todo lo visto ese día “se quedaría corto”.

Con un grito de “Libertad” repetido por la multitud, la caravana terminó. En una ciudad que en su momento se posicionó como una de las más inseguras del mundo, el conquistar la noche en la calle era por sí mismo un acto de desafío y de cambio. Ahora el bullicio de las motos, los silbatos y las vuvuzelas se dispersaba mientras la gente emprendía su camino a casa. Sin embargo, en la energía colectiva permanecía un sentimiento de optimismo renovado, una convicción más allá de la fe. Era la esperanza de un país que por una tarde se reencontró en el asfalto. 

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