La reconstrucción bajo la lupa: ¿Es seguro volver a edificar en La Guaira?

Expertos aseguran que, a pesar de las complejidades que posee la región al ubicarse en una zona altamente sísmica y propensa a deslaves, su reconstrucción puede ser viable con planificación y transparencia, realizando los estudios pertinentes y cumpliendo las normas de construcción
Jordan Flores
Jordan Flores - Redactor
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Para muchos venezolanos ya pasó más de un mes del doble terremoto que devastó el norte del país el 24 de junio de 2026. Sin embargo, para otros, el tiempo parece haberse quedado congelado en aquellos segundos eternos en los que perdieron todo. Especialmente en el estado La Guaira, donde el paisaje de edificios en ruinas y montañas de escombros permanece más o menos igual, mientras sus habitantes, sin noción ya del día, la noche o del cansancio, continúan buscando los cuerpos de sus seres queridos bajo los restos de lo que alguna vez fueron sus hogares.

En la parroquia Caraballeda está lo que voluntarios y rescatistas llaman “la zona cero” del desastre. Una fila de destrucción que se extiende a lo largo de la avenida José María España con decenas de edificios colapsados hasta Tanaguarena. Allí, más de 10 torres de la Gran Misión Vivienda Venezuela conocidas como las “Opes” (por la Oficina Presidencial de Planes y Proyectos Especiales, OPPPE, la institución que las construyó) concentran los mayores esfuerzos de búsqueda de cuerpos, como si todavía fuera el día uno. A su lado también se derrumbó una de las alas del conjunto privado Residencias Caribe, cuya torre de escaleras se alza como un punto de referencia en medio de la destrucción.

Justamente en ese punto, donde alguna vez estuvo la OPPPE 27, Julio sigue buscando los restos de su prima. El joven de 17 años de edad estaba en Caracas al momento de los terremotos, pero logró bajar a La Guaira al día siguiente y desde entonces ha formado parte de los grupos de voluntarios que, sin equipos de protección ni herramientas especializadas, todos los días se interna por los túneles rudimentarios que han abierto en las entrañas de la pila de escombros para buscar personas.

Los apoyan bomberos y funcionarios de Protección Civil, así como algunos rescatistas argentinos que aún siguen operando en La Guaira. La mayoría de los especialistas internacionales que fueron claves para salvar vidas en los primeros días ya regresaron a sus países al agotarse las posibilidades de hallar sobrevivientes. Solo los familiares de quienes siguen atrapados persisten en sus labores, algunos aferrados a esperanzas mínimas, pero la mayoría impulsados más por el deseo de poder darles una despedida digna.

En sus primeras horas escarbando, Julio logró encontrar con vida a la hija de su prima, de 8 años de edad, aunque aún no ha podido acceder al resto del apartamento por no contar con maquinaria para romper el concreto. Mientras tanto, sigue ayudando y aunque ha sacado ya decenas de cuerpos, los vecinos calculan que aún quedan más de 40 por recuperar. Lejos de mostrarse abatido, el adolescente dice que la experiencia lo ha motivado a querer formarse como bombero o rescatista profesional en el futuro.

Un futuro que, en este momento, a muchos habitantes de La Guaira les cuesta volver a imaginar.

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Solo la torre de las escalearas de Residencias Caribe quedó en pie. Foto: Aldenix David Ocanto

Una zona peligrosa

Además de Caraballeda, donde las zonas más afectadas fueron Los Corales, Caribe y Tanaguarena, se registraron daños importantes en sectores de Macuto como Las Quince Letras y en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía. La parroquia Catia La Mar fue la segunda zona de desastre, especialmente en el sector Playa Grande, el urbanismo de Misión Vivienda Hugo Chávez y el eje de La Atlántida y la avenida El Ejército. Lejos del litoral, en la montaña, las poblaciones de Carayaca y El Junquito también resultaron afectadas.

De acuerdo con los reportes oficiales del gobierno encargado, se han registrado 5.546 fallecidos por los terremotos y 856 edificios afectados, de los cuales 190 colapsaron. No obstante, este último balance fue publicado el 24 de julio, sin nuevas actualizaciones hasta la fecha. La cifra de estructuras afectadas también se queda desfasada frente al balance realizado el 28 de julio por el presidente de la Comisión Presidencial de Evaluación de Habitabilidad e Infraestructura, Francisco Garcés, quien informó que, de las 12.552 inspecciones hechas solamente en La Guaira, 3.110 estructuras recibieron “etiqueta amarilla” (uso restringido por daños moderados) y 4.373 la “etiqueta roja” (declaradas inhabitables por daños graves, aunque sin que necesariamente implique su demolición).

La magnitud del desastre ha revivido los recuerdos del deslave ocurrido en La Guaira en diciembre de 1999, donde justamente sectores como Los Corales, Caraballeda o Camurí Chico fueron arrasados por una avalancha de sedimentos. Por todo esto, en redes sociales abundan mensajes pidiendo declarar a La Guaira como una zona no habitable, e incluso convertirla en un parque memorial, pues consideran que no es seguro vivir allí por ser una región propensa a los desastres naturales.

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Rescatistas de Brasil y El Salvador buscan sobrevivientes en los restos de la torre A de la OPPPE 22, a principios de julio. Foto: Aldenix David Ocanto.

Sin embargo, los expertos consideran que es imposible desalojar un estado entero, y menos uno con un valor estratégico como La Guaira. En entrevista para El Diario, Rafael Argotti, miembro de la Junta Directiva Nacional del Colegio de Ingenieros de Venezuela, señala que, además de tener el principal aeropuerto del país y un puerto vital para la economía de la capital, también posee un potencial turístico para más de 300 mil caraqueños que frecuentemente visitan su litoral. En ese sentido, considera que sigue siendo mejor orientar los esfuerzos hacia una reconstrucción que se adapte a la naturaleza de la región.

Nosotros siempre viviremos en zonas sísmicas. Estamos entre tres fallas fundamentales en el país, que son la de Boconó; la falla de San Sebastián, que pasa por Caracas y la costa de La Guaira, y se une con la falla de El Pilar hacia el oriente. Estamos sujetos frente a la placa del Caribe y la placa Sudamericana, que se mueven constantemente. Siempre vamos a estar en zonas sísmicas y el papel de los ingenieros es vencer, o tratar de vencer, porque nunca lo vamos a lograr, siempre va a haber movimientos sísmicos de extraordinaria energía, pero por lo menos garantizar la seguridad de la población”, indicó.

Inicialmente los estudios mostraban que los dos terremotos habían tenido su epicentro en el estado Yaracuy, separados entre sí por apenas 39 segundos. Pero el 28 de julio, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) rectificó la información, revelando que el segundo temblor, de magnitud 7,5, en realidad tuvo su epicentro a 17 kilómetros de la costa de Catia La Mar, precisamente por la activación de la falla de San Sebastián debido a la energía liberada en el primer sismo.

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En la OPPPE 25, las torres de la A a la E resultaron dañadas. Las torres F y G colapsaron. Foto: Aldenix David Ocanto.

Historial de catástrofes

La geografía de La Guaira se caracteriza por ser una franja de tierra de 14 kilómetros cuadrados ubicada entre el mar Caribe y las montañas del Ávila. En este reducido espacio, las zonas de Catia La Mar-Maiquetía y Caraballeda, al ser más extensas, terminaron concentrando el mayor desarrollo urbanístico, sobre todo tras su boom demográfico en el siglo XX, aunque muchos de estos asentamientos acabaron levantándose en los conos aluviales donde la montaña libera el agua contenida por las lluvias.

Esto, sumado a su cercanía a la falla de San Sebastián, ha hecho que su historia esté marcada por dos tipos de catástrofes que se han repetido y alternado a lo largo de los siglos: los sismos y las vaguadas. Uno de los registros más antiguos fue el denominado “Terremoto de San Bernabé”, de 1641, que destruyó buena parte del pueblo y su puerto. Posteriormente, en 1798, el desbordamiento del río Osorio tras más de 60 horas de lluvia también quedó documentado por el naturalista alemán Alexander von Humboldt.

La región volvería a ser devastada por el terremoto del Jueves Santo de 1812 y por el de San Narciso de 1900, ambos afectando también a Caracas. En 1951, nuevamente fueron las lluvias las que provocaron el cambio de cauce del río Naiguatá y crecidas en los ríos Osorio y Los Caracas.

El 29 de julio de 1967, un terremoto de magnitud de 6.5 a 6.7, con epicentro en el litoral central, sacudió la región. En La Guaira, el mayor desastre ocurrió en el edificio Mansión Charaima, en la urbanización Caribe de Caraballeda, construido en 1952 inicialmente con siete pisos, pero al que luego se sumaron cuatro más en una segunda etapa. Justamente esos pisos superiores colapsaron, matando a 28 personas. A su lado, en la misma marina de Caraballeda, estaba el edificio Laguna Beach, contemporáneo con la Mansión Charaima, y que en este doblete sísmico de 2026 colapsó de una forma similar en sus pisos superiores.

El corazón de la “zona cero”

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Foto: Aldenix David Ocanto.

Estos edificios eran una tumba, mira cómo los hicieron”, exclama Julio señalando la pila de escombros a la que quedaron reducidas las cuatro torres de la OPPPE 27. No sabe de construcción, pero muestra con indignación las grandes cantidades de poliestireno expandido (anime) que se cuelan entre el cemento y que formaban parte del aislamiento de las paredes. Columnas con sus cabillas retorcidas y estribos abiertos sobresalen de los escombros, donde varios voluntarios han reportado haber podido “pulverizar” trozos de pared con las manos mientras escarban.

En octubre de 2025, vecinos de la OPPPE 26 habían denunciado al diario La Verdad de Vargas que el edificio “Brisas del Mar”, que albergaba las torres A, B y C, presentaba fuertes problemas de filtraciones que habían debilitado su estructura. Los residentes ya manifestaban temer por su vida debido al desprendimiento de pedazos de techo, sobre todo en los apartamentos de los pisos inferiores. De las 12 torres que componían la OPPPE 26, solo quedaron en pie las torres J, K y L, aunque con daños estructurales severos.

Una vecina del sector, quien pidió resguardar su nombre por seguridad, relató a El Diario que al construir las OPPPE 26 y 27, entre los años 2011 y 2013, se encontró un pozo de agua subterránea que fue dragado, por lo que ya consideraban entonces que no era apto para construir edificios de ese tamaño, de hasta 12 pisos. De hecho, recordó que en ese terreno solía estar, entre las décadas de los ochenta y noventa, el parque acuático Los Hidrotubos.

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Foto: Aldeix David Ocanto.

Al no haber informes técnicos públicos sobre la construcción de las OPPPE, no se pudo verificar si realmente hubo trabajos de dragado o estudios de suelo que constataran sus niveles freáticos. Sin embargo, justo al frente de la “zona cero” del desastre se encuentra el campo de golf de Caraballeda, actualmente convertido en un gran campamento para refugiados, voluntarios y rescatistas. Este campo, a menos de 100 metros de las OPPPE 26 y 27, sí está ubicado sobre terreno lacustre, al igual que la marina de Caraballeda, donde anteriormente se encontraba una laguna que fue dragada en 1945.

Un conteo realizado por el portal Armando Info determinó que, de las 43 torres OPPPE distribuidas en La Guaira, 16 colapsaron por completo, mientras que las 27 restantes presentaron daños estructurales graves. Algunas, como la torre C del complejo Luisa Cáceres de Arismendi, en Playa Grande, comenzaron el 30 de julio su demolición controlada por su alto riesgo. Mientras, de los 196 edificios de cuatro pisos del urbanismo Hugo Chávez, inaugurado en 2013 en Playa Grande, el medio de investigación estima que alrededor del 80 % acabaron hundidos, inclinados o parcialmente colapsados, además de tres edificios completamente calcinados por la explosión de un tanque de gas.

Múltiples causas

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Torre C del urbanismo Luisa Cáceres de Arismendi, en Playa Grande, recientemtene demolida por su riesgo de colapso. Foto: Aldenix David Ocanto.

A pesar de todo, Argotti señala que no se debe achacar el impacto de los terremotos solamente a los edificios pertenecientes a la Misión Vivienda. Apunta a que la fuerza del doblete sísmico fue tal que colapsaron edificios de todo tipo: torres de más de 10 pisos y casas de dos plantas, privadas o de interés social. Incluso estructuras que en un principio cumplían las normativas de sismorresistencia que se volvieron obligatorias en toda la región después del terremoto de 1967.

“En general, el 95 % de las edificaciones que colapsaron tenían más de 70 años de construidas, o tenían una ingeniería que podemos decir que era sumamente responsable”, reporta. Algunos edificios, como el antiguo Gran Hotel Palmar, se remontan a 1949, así como el bloque 3 de la urbanización José Antonio Páez de Catia La Mar, que fue construido en 1957 durante el gobierno de Marcos Pérez Jiménez.

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Demolición de un edificio en el urbanismo Hugo Chávez de Playa Grande. Foto: Aldenix David Ocanto.

Muchos otros edificios que colapsaron, a pesar de haber sido levantados entre las décadas de los setenta y ochenta bajo los parámetros de la Comisión Venezolana de Normas Industriales (Covenin), se encontraban en zonas que fueron afectadas por el deslave de 1999, como en el caso de Los Corales. Argotti, quien es ingeniero civil, reconoce que en ese momento la fuerza de los caudales de agua arrastró enormes rocas que impactaron contra los edificios, provocando daños que ameritaron reforzamientos posteriores de columnas. Sin embargo, aclara que no se puede atribuir el colapso de los edificios solo a posibles secuelas dejadas por el deslave.

Explica que no existe una única causa por la que colapsan los edificios, por lo que corresponde a los ingenieros patólogos investigar qué ocurrió en cada uno de ellos. Entre los muchos factores que pudieron influir en los derrumbes, apunta a una hipótesis bastante particular: la corrosión por el salitre. En los recorridos y estudios hechos por el Colegio de Ingenieros, señaló que al menos 52 edificios inspeccionados presentaron erosión en sus bases y columnas por este fenómeno. “Las fotos que tenemos, por ejemplo, del edificio Costa Piedra y del Tahití (ambos en Caraballeda), es que prácticamente ya no tenían acero. La labor del salitre fue impresionante”, dice.

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Foto: Aldenix David Ocanto

Esta opinión es compartida por el presidente de la Sociedad Venezolana de Ingeniería Hidráulica, José Norberto Bausson. En entrevista para El Diario, explicó que los elementos salinos tienen la propiedad de filtrarse en los poros del concreto cuando no hay un buen vaciado, carcomiendo el acero de su interior. Indicó que esto puede afectar la estabilidad de los edificios, sobre todo en terrenos con problemas de licuefacción.

“Los suelos de Vargas tienen una característica, y es que absorben mucho líquido. Cualquier rotura que tengan las tuberías incide también en la calidad del suelo. Es decir, saturaciones, los niveles freáticos muy altos, y pues este tipo de cosas no sé si de alguna manera se les hace seguimiento, pero yo creo que es una de las cosas que hay que revisar con mucho cuidado”, acota.

Zonas seguras

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Casi no quedaron edificios en pie entre las avenidas José María España Y La Costanera. Foto: Aldenix David Ocanto.

De acuerdo con la normativa Covenin, La Guaira forma parte de la franja de territorios clasificados como Zona Sísmica 5, es decir, de riesgo elevado por estar alrededor de las fallas de Boconó y San Sebastián. Dependiendo de otros factores, como el tipo de suelo, se pueden exigir requerimientos distintos como, por ejemplo, mantener una geometría regular y simétrica, evitando construir en forma de “T”, “L” o “U”, entre otros parámetros.

La urbanista Sandra Ornés explicó en entrevista para El Diario que la capacidad de resistir una edificación frente a un evento sísmico depende de factores como las condiciones del territorio o de la roca sobre la que se instalan sus bases, por lo que no solo es una labor de los ingenieros y geólogos realizar los estudios de suelo previos a una construcción, sino también de las instituciones determinar cuáles son las zonas seguras y de riesgo.

Aseveró que tras el deslave de 1999, la cantidad de sedimentos arrojados por la montaña al litoral transformó por completo la geografía de La Guaira, cambiando suelos que antes estaban clasificados de otra manera. Por ese motivo, consideró necesario hacer una reevaluación completa de todos los suelos para diseñar políticas de planificación urbana que se adapten a la nueva realidad de la región.

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Foto: Aldenix David Ocanto

“Tienes que estudiar cuál fue el impacto de este evento sobre la estructura de ese suelo y poder determinar cuáles son las zonas que se mantienen como áreas protegidas, por ejemplo, las asociadas a los cursos de agua; cuáles tienen que ahora convertirse en zonas de protección por condición geológica o geotécnica; cómo quedó la costa de Vargas frente a posibles eventos de erosión costera; cuál es el nivel de estabilidad”, dijo.

El 14 de julio, la presidenta encargada Delcy Rodríguez informó que se habían iniciado los primeros estudios de suelo para determinar qué zonas son aptas para la construcción de viviendas en La Guaira. Producto de estos estudios, el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, anunció la construcción de 1.875 viviendas en cinco lotes de terreno en zonas montañosas de Catia La Mar que, aseguró, ya fueron revisadas por un equipo de ingenieros, geólogos y arquitectos.

En 2023, el ingeniero y exministro de Ciencia y Tecnología, Carlos Genatios, publicó junto a Marianela Lafuente el informe Vargas: desastre, proyecto y realidad, en el cual plasmó todos los estudios que realizó tras el deslave de 1999, cuando encabezó los equipos encargados de analizar las áreas afectadas y diseñar un plan de reconstrucción para La Guaira. Allí, si bien reconoció los riesgos del eje Los Corales-Caraballeda-Tanaguarena, afirmó que aún era la zona “de mayor superficie aprovechable” del estado, por lo que seguía contando con un amplio potencial para la construcción de viviendas residenciales, vacacionales y complejos turísticos.

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Foto: Aldenix David Ocanto.

La propuesta apostaba por un mayor crecimiento habitacional de Catia La Mar y Maiquetía, mientras el casco de La Guaira y Macuto se desarrollarían más como zonas comerciales, turísticas y para los edificios de gobierno y servicios. También planeaba convertir en parques las zonas protegidas alrededor del río San Julián, en Los Corales, así como casi todo Camurí Chico, mientras que Caraballeda, Caribe y Tanaguarena se mantendrían como zonas residenciales y hoteleras.

Las ideas de Genatios tomaban como base el riesgo de deslave en estas zonas, aunque al incluir el riesgo sísmico, los planes para Caraballeda podrían resultar diferentes. Argotti cree que allí se podría desarrollar un complejo turístico similar al de la Ciudad Vacacional Los Caracas. Una opinión similar posee el arquitecto César Bello, quien en entrevista para El Diario destacó que solo los informes técnicos podrán esclarecer qué uso podría tener ese sector ante una eventual reconstrucción.

“Tú tienes que definir cuál va a ser el futuro de todo lo que es La Guaira. Si va hacia el turismo, tienes que reordenar y rezonificar las edificaciones, sobre todo en cuanto a su altura y el sistema que te dan los estudios, tanto urbano de los suelos como en específico de sus parcelas. Ahora, ¿quién sabe, por ejemplo, del sistema estructural de la Misión Vivienda? Yo no lo sé. Casi todas eran empresas o gente hasta de otro país. Porque esa es otra realidad que tenemos los ingenieros y los arquitectos en Venezuela. Tenemos años en que no nos incorporamos a la arquitectura e ingeniería pública”, resalta.

Mapa de riesgo

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Foto: Aldenix David Ocanto.

En una entrevista para el canal VPItv, el director de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB), José Humberto Gómez, determinó cuatro zonas de vulnerabilidad en La Guaira tras los terremotos del 24 de junio. El mapeo realizado por su equipo encontró que los sectores con la peor condición geológica son Playa Grande, Macuto, Caraballeda y Tanaguarena. “¿Qué nos dice esto? Que tal vez no debemos insistir allí, aprender de ello y más bien mirar a otros lados del estado La Guaira”, comentó.

Durante el II Congreso Venezolano de Geociencias, realizado en marzo de 2023 en la Universidad Central de Venezuela (UCV), los investigadores Leandro García, Freddy Rondón, Noel Castro y Michael Schmitz presentaron un mapa de las microzonas sísmicas preliminares de La Guaira, desarrollado a partir de estudios gravimétricos, espesor de sedimentos y modelos Vs30. El estudio encontró que Maiquetía, Caraballeda, Catia La Mar, Camurí Grande y La Sabana poseen las zonas de mayor riesgo MS4, con un alto nivel de sedimentos de más de 400 metros de espesor. Le siguen Macuto y Naiguatá, con niveles máximos MS3, y finalmente el casco central de La Guaira y el sector La Zorra, como los más estables y cercanos a roca firme.

En el caso de Caraballeda, esto coincide con estudios de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) que arrojan un nivel freático bastante superficial, de entre 5 y 10 metros de profundidad bajo la superficie del suelo. El mapa de los investigadores presentado en el Congreso mostró una microzonificación donde el área de la marina de Caraballeda, justo donde se encontraban edificios como el Laguna Beach o los OPPPE 26 y 27, es la de mayor sedimentación (MS4), seguida por la zona de Los Corales, la avenida La Costanera, Caribe y Tanaguarena, con MS3. Las zonas más seguras resultaron estar en las partes más altas, en las faldas del Ávila.

¿Qué opina la gente?

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Foto: Aldenix David Ocanto.

“Para poder implementar un plan tiene que existir, y no tenemos planes actualizados. Entonces, la primera invitación es hacer un plan para Vargas. Siempre de la mano de profesionales y siempre de la mano de la comunidad, porque también tienen derecho a decir qué es lo que quieren para su territorio”, señaló Ornés, quien es profesora titular del Departamento de Planificación Urbana de la Universidad Simón Bolívar (USB).

En un terreno frente a las ruinas de un edificio en la urbanización Caribe, varias carpas acogen a personas que no quieren estar en los campamentos provisionales habilitados por el gobierno, pues siguen en la búsqueda de sus seres queridos bajo los escombros. Una de ellas es Dahil Pérez, quien vivía en la OPPPE 33, a una cuadra de allí. Su madre y su hermana fueron sacadas con vida tras el derrumbe de la torre C, pero su hija Victoria, de 12 años de edad, quedó atrapada en el pasillo.

Tras un mes de búsqueda infructuosa, los sensores de un dron manejado por rescatistas internacionales hallaron señales de un cuerpo sin vida que podría ser ella por su ubicación cerca de donde estaba su apartamento. Ahora el reto se volvió llegar hasta ese punto para recuperarla. “Hubiese preferido perder todo que perder a mi hija, no me hubiese importado empezar de cero, pero es un dolor muy grande. Estoy muy mal porque yo tenía una esperanza más”, dice con la voz quebrada.

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Foto: Aldenix David Ocanto.

Actualmente su madre y hermana se quedan en casa de un familiar en Caracas. Aunque nació después del deslave, ya su familia había quedado damnificada en 1999, por lo que ahora se cuestionan volver a La Guaira. “Empezaríamos por nuestros propios méritos ya. No queremos ir a ningún refugio ni nada de eso. Sé que a mucha gente todavía le gusta La Guaira, es muy hermosa, pero no viviría más nunca aquí. A veces pienso que ni en Caracas. Pienso, no sé, en el llano. Ahorita estoy muy traumada con las montañas, con los ríos”, comenta.

A unos metros del campamento de Dahil, en la avenida España, Darío Alvarado saca en un camión de mudanza sus pertenencias del edificio Playa Golf. Aunque no ha recibido aún inspección de las autoridades, rescata que la estructura soportó el temblor exitosamente, ya que fue construida bajo las normas de sismorresistencia, a pesar de mostrar daños considerables en su planta baja y los primeros pisos. En entrevista para El Diario, indicó que de las 14 familias propietarias, la mitad tenía allí su residencia principal y el resto eran apartamentos vacacionales. Aun así, se organizan para las labores de vigilancia, mientras se asesoran con abogados sobre qué hacer en caso de que los daños obliguen a su demolición.

Yo tengo fe en que nosotros podemos recuperarnos. Creo que ya vivimos una tragedia en el año 99, donde de verdad nos levantamos acá en La Guaira. Nosotros tenemos fe de que podemos hacerlo. Lo único que sí, el llamado debe ser a la sindéresis y a la ponderancia, desde el entendido de que si va a haber otras construcciones, cumplan con todas las especificaciones sismológicas, del resguardo hacia los lados del mar, porque estamos viviendo momentos donde la tierra está cambiando”, acota.

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Foto: Aldenix David Ocanto

Mientras tanto, en el campo de golf de Caraballeda, militares juegan beisbol con un grupo de niños. Cerca, personas con uniformes de organismos públicos graban la escena. Del otro lado de la laguna, entre carpas donadas por la organización estadounidense Samaritan’s Purse, miles de damnificados resuelven su comida entre moscas, botellas de agua y cocinas portátiles. “Quedé damnificada en 1999, otra vez con la vaguada de 2008 y ahora con el terremoto. Pero yo no me voy de aquí porque esta es mi tierra, y juntos tenemos que levantarla de nuevo. Eso sí, jamás volvería a una Misión Vivienda”, señala una afectada de la OPPPE 27 que prefirió preservar su identidad.

Todos los expertos consultados coinciden en que la reconstrucción de La Guaira debe cumplir con los más rigurosos criterios técnicos, acordes con las normativas Covenin y con los estándares internacionales. De la tragedia de 1999 surgió una oportunidad para que La Guaira estuviera a la vanguardia de las tendencias urbanas del mundo, pero por diferentes razones nunca se concretó. Ahora, los terremotos de 2026 abren una nueva ventana que solo podrá aprovecharse si se escucha e integra a los gremios profesionales en los planes que desarrolle el gobierno para los próximos años.

“Hay mucho trabajo por hacer y lo importante es empezar por un catastro, por ejemplo. ¿Dónde están las propiedades?¿De quiénes eran? Hacer un censo. ¿Cuál es la población que está, qué va a quedar, qué se va a reubicar allí? ¿Cuál es la necesidad más imperante? ¿Qué tipo de población tenemos? Adultos mayores, niños más jóvenes. ¿Cuáles son los equipamientos que requiere el Estado y que fueron destruidos? ¿Cuáles se pueden fortalecer porque permanecen? Y después que tengamos esas condiciones y variables urbanas es que vamos a poder avanzar en la fase de construcción ya con ingenieros civiles, con arquitectos”, apunta Ornés.

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Jordan Flores - Redactor
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