La periodista y promotora turística Valentina Quintero resaltó la responsabilidad del ejercicio comunicacional al emitir opiniones en momentos de contingencia, haciendo referencia a los acontecimientos derivados de los terremotos del 24 de junio en el país.
Asimismo, la creadora de contenido resaltó la urgencia de reanudar las actividades productivas debido a la dinámica económica de subsistencia diaria que caracteriza a gran parte de la población venezolana.
“El país tiene que seguir adelante y la gente tiene que volver a trabajar porque aquí se vive al día. Este es un país totalmente quebrado. Nadie se puede dar el lujo de decir ‘yo no voy a trabajar’. Si no trabajas, pues no llevas comida a tu casa”, argumentó Quintero para el programa The Way, conducido por el comunicador Álvaro Pérez-Kattar y transmitido a través del Circuito Líder
Libertad de expresión en el debate digital
El análisis sobre la urgencia del trabajo diario derivó en una reflexión sobre el rol de las figuras públicas al emitir opiniones en momentos de crisis. Al ser consultada sobre las críticas o la polarización que suelen generarse en las plataformas digitales, Quintero señaló que el temor al cuestionamiento público no debe frenar las posturas fundamentadas sobre la realidad del país.
En ese sentido, destacó que su trayectoria de más de cuatro décadas recorriendo Venezuela le otorga un compromiso con los ciudadanos que no encuentran canales para manifestar sus demandas sobre el deterioro de las condiciones de vida.
“Las redes, si bien permiten que tú tengas una información inmediata y oportuna, también son un paredón de fusilamiento. No puede ser que por temor a que te juzguen, tú no te atrevas a hacer lo que tienes que hacer”, afirmó la entrevistada para The Way.
Esta responsabilidad comunicacional se vincula, de acuerdo con la promotora del turismo venezolano, con la percepción de desprotección que experimenta la ciudadanía ante la falta de respuestas estatales eficientes en la atención de contingencias y en la prestación de servicios básicos.
Al evaluar la capacidad de respuesta oficial frente a emergencias naturales como los sismos, Quintero contrapuso la solidaridad ciudadana y la asistencia internacional con las limitaciones operativas de los organismos públicos centrales.
En este sentido, cuestionó la ausencia de planes integrales de reconstrucción cuando el propio sistema no ha garantizado la estabilidad del suministro de agua y energía eléctrica.
“¿Cómo logras tú que exista un plan coherente de reconstrucción y además de atender las necesidades de un montón de gente? Para eso tú necesitas a un Estado eficiente. Y si este régimen no ha sido eficiente ni siquiera para que Venezuela tenga luz y agua, ¿cómo lo atienden en una situación de emergencia como esta?”, cuestionó Valentina Quintero.
Como un contraste operativo dentro del ámbito local, la comunicadora citó las acciones de empadronamiento estructural y evaluación de riesgos ejecutadas en el municipio Chacao bajo la gestión del alcalde Gustavo Duque.
Sin embargo, advirtió que los esfuerzos municipales chocan con la realidad económica de los propietarios particulares, quienes carecen de créditos o ahorros suficientes para costear las reparaciones privadas de sus inmuebles.
“Si tu apartamento está dañado y tienes que meterle 7.000 u 8.000 dólares, no los tienes. Y si los metes allí, puede ser que sean tus únicos ahorros o tengas que pedir prestado para hacerlo. Al resto de la gente no le sobra el dinero”, detalló la comunicadora para Circuito Líder.
El declive del turismo de aventura
Con respecto a la fragilidad de los servicios públicos y su impacto en el sector turístico, Quintero trazó una comparativa entre el desarrollo de la infraestructura turística en décadas pasadas y el panorama actual, caracterizado por la pérdida de conectividad y la parálisis de destinos emblemáticos.
La periodista recordó proyectos hidroeléctricos inconclusos como la represa de Tacoa y la contracción de la industria petrolera nacional para ilustrar el deterioro sistémico del país.
En el campo del turismo ambiental, ejemplificó esta involución al referirse a la situación del estado Amazonas, una región que entre finales de los años 90 y principios de los 2000 contaba con 15 operadoras turísticas y vuelos diarios que interconectaban el Alto Orinoco, oferta que hoy se encuentra drásticamente reducida.
“En Puerto Ayacucho no existe ni una operadora turística, ni una. Todo eso se acabó. Hay un vuelo una vez a la semana; entonces, si te vas para allá en avión, te tienes que quedar una semana a juro. ¿Cómo haces turismo así?”, expuso la periodista.
Denunció que esta problemática de aislamiento aéreo y terrestre se extiende a otras zonas de potencial turístico como la península de Paria, Carúpano, Santa Elena de Uairén y el estado Mérida, destinos afectados por la intermitencia en los vuelos y la escasez de combustible.
De igual manera, Quintero refirió que expediciones tradicionales como las de pesca deportiva en la cuenca del Casiquiare han dejado de ser explotadas por empresas venezolanas, y esto ha cedido terreno a operadores extranjeros que ingresan desde territorios vecinos.
“Ese era un sitio de pesca deportiva donde venían muchísimos norteamericanos. Ahora más nunca se pudo hacer desde Venezuela, pero lo que hacen es que entran por Colombia con operadores a los que se les dio licencia para trabajar ahí”, explicó a Álvaro Pérez-Kattar.
Políticas públicas sin continuidad
A la pérdida de conectividad se sumó una falla estructural en la conducción de las políticas de promoción turística. Quintero enfatizó que la rotación constante de autoridades ministeriales ha impedido consolidar una estrategia de marca país sostenida en el tiempo, a diferencia de modelos internacionales autónomos como el colombiano.
“Aquí a cada momento nombran a un nuevo ministro. Y el que llega resuelve que va a hacer otra campaña. Siendo así, no hay ninguna manera de que logres absolutamente nada”, argumentó.
Aseguró que esta falta de un criterio institucional uniforme ha repercutido en el manejo ambiental de parques nacionales y áreas protegidas.
Al referirse al archipiélago de Los Roques y la isla de La Tortuga, la comunicadora señaló cómo el abandono de regulaciones ecológicas, como el uso de plantas eléctricas de alto impacto, la contaminación sónica o el retiro marítimo de desechos en gabarras, ha afectado la preservación de los ecosistemas locales.
A pesar de estas limitantes, Quintero resaltó experiencias positivas donde la propia comunidad ha asumido el resguardo del destino, como en las costas del estado Sucre. Destacó que en zonas como Playa Medina, la prohibición del uso de equipos de sonido ha permitido preservar el atractivo natural y la tranquilidad de los visitantes.
“Las playas del estado Sucre son las más apoteósicas de Venezuela porque son salvajes, tropicales y tienen verde. En Playa Medina hay prohibición de poner música desde hace 30 años y todo el mundo lo acepta. El sonido es la gente hablando y la naturaleza”, describió Quintero durante la emisión de The Way.
Identidad nacional
Para concluir su diagnóstico sobre la economía del turismo, la periodista abordó el debate en torno a los altos costos de los hospedajes en Venezuela. Explicó que las tarifas de las posadas privadas no responden únicamente al margen de ganancia del comerciante, sino a la necesidad de asumir gastos operativos extraordinarios derivados de la falla en los servicios públicos.
La adquisición de generadores eléctricos, la compra de combustible en el mercado secundario y el suministro constante de agua mediante camiones cisterna incrementan directamente la estructura de costos de los establecimientos.
“Cualquier posada tiene que asumir unos costos que no le corresponden porque tienes que tener una planta eléctrica, parir para conseguir diésel y contratar camiones cisterna para poder tener agua. Esos son costos que le sumas a tu operación”, puntualizó.
No obstante, a pesar de las barreras estructurales y los costos operativos, Quintero destacó la resiliencia del sector y la revalorización de la identidad nacional como un motor de reconstrucción.
Afirmó que la experiencia de la crisis y la dispersión de la diáspora venezolana terminaron por afianzar un sentido de pertenencia y orgullo por el país que antes no existía.
“Nos dimos cuenta del horror y dijimos: tenemos que defender este país y seguir haciendo lo que tenemos que hacer. Lo que nos une es la venezolanidad, que a todos nos importa el país y que todos queremos un país en el que podamos vivir”, reflexionó Quintero.
En esa misma línea, la promotora reafirmó su compromiso de continuar con sus recorridos por el territorio nacional para impulsar contenidos enfocados en el trabajo de los emprendedores locales en zonas que no son tendencia.
Además, descartó aspiraciones a cargos de administración pública en el sector turístico y reafirmó su decisión de continuar en el ejercicio periodístico de forma indefinida, con su labor orientada al recorrido pedagógico del territorio junto a su núcleo familiar.