El karateka venezolano Antonio Díaz, competidor en la modalidad de kata, tiene una larga carrera en la alta competencia, que lo llevó a alcanzar varios títulos internacionales hasta su proceso de retiro tras los Juegos Olímpicos de Tokio 2020.
En una entrevista concedida al podcast The Way, conducido por el comunicador Álvaro Pérez-Kattar y transmitido por la red del Circuito Líder, el deportista repasó los datos estadísticos de su trayectoria en la selección nacional de Venezuela, en la cual permaneció de forma continua durante más de dos décadas.
Al revisar sus participaciones en la máxima cita de la disciplina antes de alcanzar la primera presea, Díaz precisó que tuvo que pasar por un largo número de competencias oficiales hasta ingresar al podio de la Federación Mundial de Karate.
Explicó que ingresó a la selección nacional juvenil a los 12 años de edad y posteriormente a la selección de mayores a los 18 años, sumando 23 años de permanencia en el circuito internacional.
Al revisar sus participaciones en la máxima cita de la disciplina antes de alcanzar la primera presea, Díaz precisó que acumuló intentos fallidos en los mundiales de 1996, 1998 y 2000. Explicó que tras esa fase logró tres medallas de bronce consecutivas y una de plata, hasta que en el año 2010 conquistó su primer oro mundial, revalidado posteriormente en la edición de París.
“Cuando hablamos de pentacampeón me parece importante explicarlo porque hay gente que me reseña solo como bicampeón de karate; las veces que gané el Mundial de Karate fueron dos, pero al mismo tiempo teníamos los Juegos Mundiales, que eran lo más cercano a los Juegos Olímpicos antes de que el karate fuera parte del programa olímpico”, precisó Díaz.
El atleta añadió que a esos triunfos se sumó la victoria en los juegos multideportivos exclusivos de artes marciales y deportes de combate. Todos estos eventos contaron con el aval oficial de la Federación Mundial de Karate, que sumaron los títulos acumulados en su ciclo previo a la clasificación olímpica.
Una decisión difícil
Con respecto al proceso que derivó en la aprobación del karate para Tokio 2020 por parte del Comité Olímpico Internacional en 2016, Díaz indicó que se encontraba evaluando el retiro por un tema de edad biológica dentro del alto rendimiento.
Pese a que públicamente llegó a manifestar que el tiempo no le alcanzaría, internamente decidió mantener el entrenamiento para buscar el cupo olímpico.
“En los Juegos Olímpicos, de los 80 atletas que participaron en karate, porque eran solo 10 competidores por categoría, yo tenía el récord de ser el mayor de todos con 41 años de edad”, rememoró el deportista.
Díaz enfrentó en el combate por la medalla de bronce al representante de Estados Unidos, Ariel Torres, quien en ese momento tenía 22 años de edad.
El venezolano señaló la coincidencia de haberle impartido seminarios de formación cuando su rival era un niño en Miami, Florida (EE UU), por lo que calificó su despido en el escenario del Nippon Budokan como un cierre relevante dentro de su carrera.
La cita olímpica se desarrolló bajo protocolos sanitarios por la pandemia de covid-19, evento en el cual obtuvo el quinto lugar y el diploma olímpico de su categoría sin la presencia de público general ni familiares en las tribunas.
El proceso de retiro deportivo y la atención a la salud mental
Tras finalizar la competencia olímpica, el deportista inició la etapa de retiro formal de los torneos oficiales. Durante la entrevista, Díaz señaló que la interrupción de los entrenamientos y la ausencia de la adrenalina competitiva le exigieron una fase de adaptación emocional que gestionó mediante acompañamiento psicológico profesional.
“Pocos atletas hablan de los momentos duros que viven; en Tokio se dio mucho debate sobre la salud mental de los atletas, pero pocos hablan de lo que ocurre después. Para mí fue un momento difícil dejar las competencias”, reveló Díaz.
El karateka explicó que, a pesar de haber culminado su ciclo planificado y alcanzado las metas en su disciplina, la retirada dejó un vacío personal que requirió sesiones de terapia y conversación abierta. Sostuvo que la preparación mental aplicada para competir debe extenderse a la gestión del retiro deportivo para afrontar la pérdida del entorno competitivo.
Asimismo, Díaz indicó que la atención a su núcleo familiar y la crianza de su hijo formaron parte de los factores centrales durante este periodo de transición posterior a la alta competencia.
“Siento que una de las cosas más bonitas que me dio el karate fue la posibilidad de conocer diferentes culturas, diferentes personas y tener amigos en lugares que jamás pensé que iba a visitar”, comentó el deportista.
El atleta detalló que las amistades que construyó durante sus viajes por el circuito mundial le permiten mantener vínculos culturales en diversos países, una experiencia de intercambio que busca transmitir a su hijo en la etapa actual de su vida familiar.
“Hacer kata era para mí como una meditación que me enseñó a no reaccionar de forma negativa ante la vida”, acotó.
Durante el desarrollo de la entrevista en The Way, Álvaro Pérez-Kattar y Antonio Díaz abordaron la percepción pública sobre las artes marciales y la aplicación práctica de la modalidad de kata.
En ese sentido, Díaz expuso que la enseñanza del karate incluye normas de conducta, autocontrol y respeto, por encima de las discusiones sobre la efectividad técnica en situaciones de combate callejero.
“Quien descubre la esencia de las artes marciales entiende que lo valioso es ser una persona con autocontrol, con respeto, que entienda lo que cuesta trabajar y perfeccionar algo en el esfuerzo diario de disciplina”, sostuvo el karateka.
Manejar la frustración
El deportista precisó que el kata consiste en una secuencia preestablecida de movimientos de ataque y defensa que simulan un combate frente a rivales imaginarios. Detalló que el estudio de la historia técnica revela cómo movimientos con apariencia defensiva corresponden en realidad a esquemas de ataque, y dicha repetición constante sirve como un ejercicio de enfoque mental y meditación.
En relación con el manejo del temperamento en situaciones de presión, Díaz señaló que su comportamiento habitual ha sido sereno. No obstante, recordó un episodio ocurrido durante el primer Campeonato Iberoamericano en España, donde la mayoría de los jueces eran locales y le otorgaron la derrota en una ronda frente a un competidor representante de las Islas Canarias que no era el titular de la selección española.
Díaz explicó que subestimó el encuentro e indicó que, al conocer la decisión, reaccionó con frustración en la zona posterior del recinto de competencia. Tras analizar lo sucedido, corrigió esa conducta para evitar repetir respuestas similares en eventos posteriores.
Asimismo, reconoció las influencias que ha tenido en su desarrollo deportivo y personal, al citar a su preparador físico, Rolando Balbuena, a quien definió como una figura de acompañamiento constante durante los viajes de competencia, así como a su instructor en Japón, Yoshimi Inoue.
“Él me enseñó que si todo te lo tomas con demasiada seriedad estás siempre tenso. Su manera de transmitir era que hay que buscar el balance: entrenar duro, pero también saber relajarse”, aseveró Díaz en relación con el método impartido por el maestro Inoue.
El atleta resaltó que el aprendizaje obtenido con sus entrenadores le permitió comprender que, ante eventos de carácter positivo o negativo, el individuo mantiene el control sobre la manera en que decide reaccionar, definiendo esa respuesta la vivencia de la experiencia.
Contexto personal y etapa previa al retiro
El deportista detalló los aspectos vinculados a la conformación de su hogar junto a su esposa, Paula, y la planificación del nacimiento de su hijo durante los años previos a la cita de Tokio 2020.
“Cuando sentí el deseo de estabilizarme conocí a Paula. Hicimos una amistad muy bonita que fue mutando y me dio mucha estabilidad. Luego empezaron las conversaciones sobre tener un hijo. Yo quería tener la energía y la juventud para disfrutarlo, y cuando supe que lo que me quedaban eran pocos años para la cita de Tokio, decidimos aprovechar el momento con la ilusión de que, aun estando muy pequeñito, él pudiera estar presente en mi participación olímpica”, compartió el deportista durante la entrevista.
Díaz explicó que uno de sus objetivos principales tras el retiro deportivo ha sido ejercer una paternidad cercana y activa, acompañando a su hijo durante su crecimiento e involucrándose de lleno en sus primeras etapas de desarrollo.
Tras su retiro de las competencias, estructuró la iniciativa Insiste, un proyecto compuesto por conferencias corporativas y la publicación de un libro enfocado en la transmisión de herramientas de trabajo personal y superación de objetivos.
Explicó que la exposición ante audiencias masivas requirió un proceso de adaptación gradual, recordando que durante su juventud se consideraba una persona tímida con dificultades para la interacción social.
“El karate me dio la posibilidad de tener algo que me abría la puerta; a través del kata podía pararme en un estadio con 15.000 personas viendo lo que hacía y sentirme seguro para salir a comerme el mundo”, declaró el atleta.
Añadió que las presentaciones iniciales del proyecto le generaron un grado de nerviosismo similar al de los torneos oficiales, pero que la exposición progresiva de sus vivencias le permitió adquirir solvencia escénica.
Por lo que ahora orienta sus ponencias hacia la posibilidad de generar un impacto constructivo en los asistentes.
La empatía y definición de metas
Al analizar los elementos que componen su ética de trabajo, Díaz hizo referencia a la integración de aspectos culturales observados durante sus entrenamientos en Japón con las costumbres de la sociedad venezolana.
“Para mí algo muy importante es la empatía, el pensar en los demás, que es algo que muchas veces nos falta cuando hacemos algo buscando beneficiarnos solo a nosotros sin importar si perjudicamos al otro”, argumentó Díaz.
El deportista enfatizó que el perjuicio hacia terceros genera consecuencias desfavorables para el propio individuo en el mediano plazo, por lo que promueve la ejecución de acciones orientadas al beneficio colectivo dentro y fuera del ámbito profesional.
“Confundimos muchas veces la felicidad con el logro final, en el caso del deporte la confundimos con la medalla. Pero la felicidad está realmente en el camino. En el karate-do, la partícula do significa camino. Todo el mundo puede ser el pentacampeón de su propia vida si aprende a disfrutar ese proceso. Si tuviera que ponerle un nombre a esta etapa que estoy viviendo con mi familia y mis proyectos, la definiría simplemente como estabilidad”, expresó el venezolano.
Actualmente, Díaz combina su labor directiva en las comisiones de la Federación Mundial de Karate con la instrucción en sus escuelas de formación y la presentación de sus publicaciones y conferencias corporativas.