A la media hora del primer tiempo, las nubes posadas sobre el estadio Polideportivo de Pueblo Nuevo, en San Cristóbal (Táchira), se disiparon para dar paso a un cálido atardecer que bañó el terreno de juego la tarde del 30 de agosto. En el campo, el Deportivo Táchira y el Caracas Fútbol Club disputaban su partido oficial número 133, el gran clásico de la primera división venezolana de fútbol.
Tan distantes como sus ciudades de origen, la actualidad de ambos planteles mostraba dos polos opuestos. El equipo andino recibió a su acérrimo rival por la sexta jornada del Torneo Clausura como segundo de la tabla, mientras que los rojos del Ávila ocupaban la novena casilla.
La justa, pautada para las 5:00 pm, se hizo sentir desde horas antes. A pesar de la lluvia que cayó sobre San Cristobal, grupos de amigos, parejas y familias enteras tomaron las calles aledañas al “templo sagrado”. Las camisetas del carrusel aurinegro desfilaban en cada comercio cercano, mientras el asfalto mojado marcaba el camino hacia la entrada del estadio.
Y cinco años después, volvió Noel
Para la fanaticada de ambas escuadras, el clásico es un partido diferente. Sin embargo, este tenía un condimento especial: el regreso del director técnico Noel “Chita” Sanvicente al mando del banquillo caraqueño para iniciar un tercer ciclo, luego de culminar su segunda etapa con el club a finales de 2021. La hinchada tachirense lo esperaba con una mezcla de expectativa y cautela.
“El equipo de Caracas va a mejorar, tenemos que estar muy atentos. Chita es un entrenador muy experimentado y sabe plantear sus estrategias (…) Yo les decía a los muchachos que hay que estar pendientes de todo, porque un clásico se puede jugar como en el barrio”, advirtió para El Diario Julio Barbosa, exfutbolista y campeón con el Deportivo Táchira, antes del partido.
Para sobrellevar la espera, cientos de fanáticos locales llenaron los puestos de comida del recinto deportivo, donde el aroma de los buñuelos y tequeños se juntaba con el vallenato que sonaba de fondo.
Cerca de las 4:15 pm, las gradas resonaron con la salida de los planteles al calentamiento. Con “Thunderstruck” de AC/DC de fondo, los locales fueron recibidos entre aplausos, hasta que una pitada ensordecedora anunció el ingreso de “los demonios rojos”, la barra del conjunto avileño.
Los hinchas del Rojo entraron a la grada visitante bajo la custodia de 45 funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana, quienes mantuvieron el despliegue de seguridad durante todo el evento. A pesar de la tensión y las provocaciones iniciales entre ambas fanaticadas, no hubo ningún incidente que empañara el partido.
Intensidad en las tribunas y escasez en el área
Al sonar el pitazo inicial, cerca de 30.000 personas colmaron las gradas y la tribuna principal del Polideportivo de Pueblo Nuevo. La afición aurinegra desplegó sus tradicionales trapos mientras el ambiente se teñía de amarillo y negro por el humo de las bengalas.
Sobre las cabezas de los asistentes sobrevoló un dron que grabó el campo de juego, al mejor estilo de La Liga de España, como parte de los preparativos de la Liga FUTVE para el tan esperado encuentro. “Para mí es una felicidad volver a Táchira porque tenía siete años afuera. Venir a un clásico es algo que no me esperaba”, dijo para El Diario una fanática del aurinegro, en compañía de sus familiares, al ver el despliegue de los fanáticos y los organizadores para el partido.
Si el exfutbolista francés Michel Platini, quien piensa que el partido “perfecto” es un empate sin goles porque las emociones de un partido son producto de errores, hubiese visto el choque entre el cuadro tachirense y los rojos del Ávila, lo habría calificado como lo más cercano a la perfección. En contraste, Álvaro Recoba, técnico uruguayo al mando del Deportivo Táchira, describió el desarrollo del juego con una breve frase: “No fue un buen partido”.
Un duelo trabado, con pocas ocasiones de gol e imprecisiones de ambos conjuntos en los últimos tres cuartos de cancha dieron como resultado final el 0-0, con el cual ambos equipos sumaron un solo punto en la tabla del Torneo Clausura.
VAR, expulsiones y rivalidad
A pesar de la falta de goles, la euforia local hizo retumbar la grada cuando, en el segundo tiempo, el juez principal pitó penal para el cuadro tachirense tras una jugada de Adalberto Peñaranda. Ante los reclamos de los jugadores visitantes, la acción se revisó en el VAR (Árbitro Asistente de Video), implementado por la Liga FUTVE desde 2024 ―pero que por temas de logística y costos aún no se usa en todos los partidos del campeonato―, lo que le permitió al principal rectificar y anular el penalti.
Desde la Fan Zone, un espacio VIP inaugurado ese día por la liga, 20 personas siguieron el partido a ras de cancha y vieron, de primera mano, las expulsiones de “Chita” Sanvicente y el mediocampista avileño Michael Covea, aunque estas no tuvieron mayor peso en el desenlace del partido.
Luego de 96 minutos de intensidad, el rectángulo de juego y las gradas se vaciaron poco a poco. En el centro del campo quedaron Christian Larotonda y Jeferson Caraballo, compañeros de vestuario en 2024 cuando ambos jugaban para el Monagas Sport Club, quienes pusieron punto final al clásico con un intercambio de camisetas de los dos clubes más ganadores del balompié criollo.