La Red de Mujeres Constructoras de Paz presentó el 3 de septiembre la cuarta edición de su informe “Sin nosotras no hay transición”, que analiza las condiciones, percepciones y barreras que enfrentan las mujeres venezolanas para ejercer el liderazgo y participar en espacios públicos en el contexto sociopolítico actual.
El estudio encontró que solo 2 % de las consultadas pertenece activamente a partidos u organizaciones políticas, mientras que 69 % considera que la participación activa de las mujeres es vital para una transición democrática real en Venezuela. A pesar de esta valoración, 56 % de las jóvenes entre 18 y 34 años de edad no considera determinante su participación en una eventual transición democrática.
Los resultados muestran que la baja participación política está relacionada con una combinación de factores. Entre ellos aparecen las responsabilidades domésticas y de cuidado, la falta de tiempo y recursos económicos, las dificultades para acceder a posiciones de liderazgo y la percepción de inseguridad en determinados espacios políticos y comunitarios. Aunque 74 % de las encuestadas afirmó haber participado en alguna actividad pública durante los últimos cinco años, esta participación se concentra principalmente en el ejercicio del voto.
Las barreras para acceder a espacios de liderazgo
El informe identifica obstáculos estructurales y culturales que dificultan la participación sostenida de las mujeres en actividades políticas, comunitarias y sociales.
Entre las principales dificultades señaladas por las encuestadas están el acceso limitado a posiciones de liderazgo y la falta de reconocimiento o legitimidad de las mujeres en el ámbito político. Cada uno de estos factores fue mencionado por 31 % de las participantes.
También aparecen la falta de tiempo disponible, con 22 %, la dificultad para obtener recursos económicos, con 19 %, la baja presencia en espacios de toma de decisiones, con 17 %, y la percepción de inseguridad personal, con 10 %.
Las entrevistas realizadas para el estudio muestran, además, que los hombres continúan teniendo una presencia más visible en espacios políticos y de liderazgo. Algunas participantes relacionaron esta situación con patrones culturales y sociedades en las que todavía persisten estructuras machistas.
Lexis Rondón, defensora de derechos humanos e integrante de Laboratorio de Paz, describió este desafío desde su propia experiencia.
“He aprendido que sigue habiendo una mirada muy patriarcal y machista de lo que es hacer política”, señaló.
La participante agregó que uno de sus aprendizajes ha sido evitar reproducir los estereotipos que históricamente han condicionado la participación de las mujeres.
La falta de tiempo se suma a las responsabilidades de cuidado
Las responsabilidades relacionadas con el hogar y el cuidado de otras personas aparecen como otro de los factores que condicionan la participación pública de las mujeres.
Las entrevistadas describieron una situación en la que deben combinar el trabajo remunerado, las tareas domésticas y, en algunos casos, actividades comunitarias o cívicas. Esta combinación reduce el tiempo disponible para participar de manera constante en espacios de liderazgo.
El informe se refiere a esta situación como una “triple jornada”, relacionada con las responsabilidades del hogar, el trabajo y la participación comunitaria o cívica. La brecha también se refleja en el tiempo dedicado a las tareas domésticas: 68 % de las madres con hijos menores dedica ocho horas o más al día al trabajo del hogar no remunerado, frente a 8 % de los padres.
Al ser consultadas sobre los factores que dificultan su participación en actividades de organización política y social, 28 % señaló la falta de recursos. Otro 21 % manifestó desconfianza hacia quienes organizan estas actividades y 20 % dijo que no tiene tiempo.
Además, 7 % indicó que tiene miedo de participar, mientras que 6 % afirmó que no le interesa o le interesa poco.
Paola Alemán explicó que las responsabilidades familiares pueden convertirse en una limitación concreta para involucrarse en actividades públicas.
“Nosotras sostenemos una casa, y si te involucras en una actividad tienes que tener tiempo”, señaló.
Alemán también describió cómo las dificultades cotidianas pueden ocupar buena parte de la atención de las mujeres y reducir el tiempo que pueden dedicar a asuntos públicos.
“Una mujer que tiene en su cerebro y en su corazón coordinar a qué horas llega el agua… es una mujer que para sobrevivir en lo privado, tiene poco tiempo para dedicarle a lo público”, afirmó.
El informe señala que estas responsabilidades no solo reducen la disponibilidad de tiempo, sino que también pueden afectar la capacidad de las mujeres para mantener una participación constante en organizaciones y espacios de decisión.
El miedo también limita la participación política
La seguridad personal y familiar constituye otro de los factores que aparecen en los testimonios recogidos por la Red de Mujeres Constructoras de Paz.
Paola Alemán señaló que el temor a ser perseguidas, detenidas arbitrariamente o sufrir represalias contra ellas o sus familiares puede influir en la decisión de participar en actividades políticas y comunitarias.
Varias participantes también mencionaron situaciones ocurridas durante el periodo electoral de 2024, entre ellas allanamientos de viviendas, campañas de estigmatización en redes sociales y otras presiones relacionadas con su participación política o comunitaria.
De acuerdo con los testimonios, estas experiencias modificaron la forma en que algunas mujeres evalúan los riesgos de involucrarse en espacios públicos.
Las preocupaciones por la seguridad también están vinculadas con las responsabilidades de cuidado. Para las mujeres que tienen familiares a su cargo, una eventual represalia no solo representa un riesgo personal, sino una situación que puede afectar directamente a su entorno familiar.
Las jóvenes tienen una menor vinculación con organizaciones
El informe identifica una menor vinculación de las mujeres jóvenes con organizaciones políticas y comunitarias. Entre las participantes de 18 a 34 años, 56 % no considera determinante su papel para una eventual transición democrática.
Los resultados relacionan esta percepción con diferentes circunstancias, entre ellas las dificultades económicas, las responsabilidades familiares asumidas desde edades tempranas y las decisiones relacionadas con la migración.
También aparece la percepción de que los espacios políticos no siempre responden directamente a las prioridades e intereses de las mujeres jóvenes.
Esta situación ocurre en un contexto en el que muchas de ellas deben asumir responsabilidades económicas y familiares desde edades tempranas, lo que puede reducir sus posibilidades de participar en actividades comunitarias, cívicas o políticas.
El estudio señala que muchas mujeres se consideran agentes relevantes en sus comunidades y en los procesos de cambio. Sin embargo, su presencia en los espacios donde se toman decisiones políticas y económicas continúa siendo menor que la de los hombres.
Los resultados muestran así una distancia entre la participación que las mujeres ejercen en sus comunidades y su presencia en los espacios formales de decisión. La falta de tiempo, las responsabilidades de cuidado, las dificultades económicas, la inseguridad y la desconfianza aparecen como factores que pueden dificultar que esa participación se mantenga en el tiempo.