El país que habitamos: cómo construir futuro ante los nuevos retos energéticos

Jorge Alberto Alvarado Requena
5 Min de lectura

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Los recientes anuncios de acuerdos energéticos de alcance centenario, que comprometen una parte significativa de nuestras reservas, han vuelto a situar a nuestro país en el centro de la dinámica global. Cuando escuchamos cifras macroeconómicas y proyecciones a tan largo plazo, es profundamente humano y natural sentir que estos eventos escapan de nuestras manos. Quien camina por la calle a diario, lidiando con los retos de su economía familiar y su cotidianidad, puede sentir que estas realidades le resultan grandes o ajenas.

Sin embargo, los grandes hitos históricos nos invitan a reflexionar sobre nuestro rol. Lejos de la parálisis o de la mera expectación, esta nueva era nos exige mirar hacia adentro y preguntarnos: ¿cómo podemos sumar valor desde nuestro metro cuadrado? La respuesta no está en la confrontación ni en el desgaste, sino en la corresponsabilidad y en la acción constructiva de cada ciudadano.

Habitar desde el equilibrio y la resiliencia

Para aportar a la sociedad, primero debemos cuidarnos a nosotros mismos. Como nos enseña la neurociencia y la doctora Nazaret Castellanos, la forma en que “habitamos” nuestro entorno modela nuestra realidad. Si permitimos que el abrumador flujo de noticias macroeconómicas nos llene de ansiedad o de desesperanza, perdemos nuestra capacidad de actuar.

Habitar Venezuela hoy significa cultivar nuestra ecología mental, mantener el foco, gestionar nuestras emociones con inteligencia y cuidar nuestra salud integral. Un ciudadano equilibrado, que abraza la compasión hacia sí mismo y hacia su vecino, tiene la claridad necesaria para tomar decisiones proactivas y encontrar soluciones donde otros solo ven obstáculos.

El derecho a aportar: nuestro civismo en acción

El desarrollo de una nación no recae exclusivamente en sus instituciones ni en la gestión de sus recursos naturales; requiere del tejido social que construimos todos. El abogado (y yogui) Alberto Blanco-Uribe nos recuerda que la participación ciudadana es un derecho humano fundamental. En la práctica cotidiana, ese derecho se traduce en el deber de involucrarnos en el bienestar de nuestra comunidad, exigiendo y practicando la transparencia en nuestros propios espacios.

Nuestra historia está llena de faros que iluminan este camino. Arturo Uslar Pietri nos hablaba de “sembrar el petróleo”, un mensaje que hoy sigue tan vigente como ayer: la verdadera riqueza no está solo en el subsuelo, sino en nuestra capacidad de educarnos, innovar y diversificar nuestro talento. Por su parte, Renny Ottolina nos legó la exigencia de la excelencia diaria, el respeto a las normas de convivencia y el orgullo por lo nuestro. Ser ciudadanos hoy es recoger esos testigos: es exigirnos calidad en nuestro trabajo, limpieza en nuestras calles y solidaridad humana en nuestro trato.

“Siempre listos” para el triple impacto

La transformación más duradera es la que logramos mediante el servicio. Inspirados en la filosofía escultista, que enmarcó mi formación ciudadana, nuestra brújula debe ser estar “Siempre Listos” para dejar nuestro entorno en mejores condiciones que como lo encontramos. Esto conecta profundamente con la visión de la doctora Pili Modroño: el servicio genuino nace del propósito, del amor por lo que hacemos y de la conexión con el otro.

En el ámbito profesional y empresarial, esto se materializa en la adopción de modelos de negocio conscientes. Las Empresas B y el enfoque de triple impacto (económico, social y ambiental) pueden servir como modelos o estándares de acción. No importa el tamaño de tu emprendimiento o tu oficio; si logras que tu trabajo genere rentabilidad mientras cuidas el ambiente y aportas valor a tus trabajadores y a tu comunidad, estás haciendo país.

Los grandes acuerdos marcan el mapa global, pero el futuro de Venezuela se escribe aquí, todos los días. Nuestro mayor recurso somos nosotros mismos, asumiendo un libre albedrío regenerativo: esa capacidad humana, ética y consciente de tomar decisiones diarias que no solo busquen el sustento propio, sino que también sanen, sumen y restauren nuestra sociedad. Esa es la acción ciudadana que, con empatía y trabajo constante, construye la prosperidad real.

Jorge Alberto Alvarado Requena
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