• Expertos aseguran que con este paso se sabrá la posición de los países pertenecientes al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca con respecto a la situación y tendrán la posibilidad de sancionar y dirimir sobre el conflicto venezolano

El 23 de julio la Asamblea Nacional (AN) aprobó en segunda discusión la reincorporación de Venezuela al Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), durante una gran sesión de calle en la plaza Alfredo Sadel de Las Mercedes.

Los diputados iniciaron el proceso del TIAR el 7 de mayo en el Parlamento, donde se discutió el proyecto propuesto por Juan Guaidó, presidente encargado del país. Luego de tres semanas, el 28 de mayo se realizó la primera discusión para su reincorporación y el 7 de julio Guaidó anunció a través de su cuenta de Twitter que buscaría apoyo de los países de la región luego de la aprobación del TIAR.

José Oropeza, abogado experto en materia de justicia transicional y derechos humanos, explicó a El Diario que luego de la aprobación del Parlamento, el presidente es el encargado del envió de la ratificación al Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos para que el país sea nuevamente parte del Tratado.

“Todo el mundo habla que Venezuela no ha tenido una agresión, pero fundamentalmente no necesitamos una agresión. El único representante que los países de América reconocen de Venezuela es a Guaidó, las naciones entienden que pueda haber una agresión por parte de grupos extranjeros que apoyen a la usurpación”, dijo.

¿Cúal es el origen del TIAR y qué es?

El Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, también conocido como “Tratado de Río”, se firmó el 2 de septiembre de 1947 como un pacto entre naciones para prevenir y reprimir amenazas y actos de agresión contra algún Estado integrante. En el documento del tratado se indica que la intención es “asegurar la paz por todos los medios posibles, proveer ayuda recíproca efectiva para hacer frente a los ataques armados contra cualquier Estado americano y conjurar las amenazas de agresión contra cualquiera de ellos”.

En el artículo 3.1 se establece que en caso de “(…) un ataques armado por parte de cualquier Estado contra un país americano será considerado como un ataque contra todos los países americanos, y en consecuencia, cada una de las partes contratantes se compromete a ayudar a hacer frente al ataque en ejercicio del derecho inmanente de legítima defensa individual o colectiva”.

Este mecanismo es considerado como una medida que tiene implicaciones meramente militares, por ser un instrumento que se utiliza como respuesta ante una intervención extranjera, pero también posee una serie de medidas diplomáticas y económicas para solventar la situación.

“El TIAR es un mecanismo adicional para buscar aumentar la presión internacional, fundamentalmente para incrementar la impresión de que si no se resuelve la crisis, los países podrían tomar eventualmente medidas más fuertes, llegando inclusive hasta el empleo de la fuerza armada”, explicó para El Diario Mariano De Alba, abogado especialista en Derecho Internacional.

¿Qué debe hacer Venezuela?

El Consejo Permanente de la OEA se encarga de clasificar las situaciones para iniciar la activación del TIAR y de realizar la votación de las razones para dicho llamado.

De Alba aseguró que el mecanismo sería que Venezuela solicite una reunión urgente de los cancilleres de los países que conforman el tratado y se hace una exposición de la situación actual de “cómo el régimen de Maduro y la presencia de grupos irregulares representa una amenaza a la paz y seguridad del continente”. Apuntó que luego de la demostración se evalúan y adoptan las medidas que consideren convenientes.

En caso de realizarse la votación se deberán seguir los pasos indicados en el artículo 8 del TIAR para restablecer la paz y la seguridad en la región.

Pasos del artículo 8:

Retiro de los jefes de misión
La ruptura de las relaciones diplomáticas
Ruptura de las relaciones consulares
La interrupción parcial o total de las relaciones económicas
La interrupción parcial o total de las comunicaciones ferroviarias, marítimas aéreas, postales, telegráficas, telefónicas, radiotelefónicas, o radiotelegráficas
El empleo de la fuerza armada

El abogado Oropeza precisó para El Diario que ahora hay que ver cual es la posición de los países pertenecientes al Tratado. “Vamos a ver realmente un rol muy importante, que hace muchos años no se veía en la OEA, sobre la posibilidad de sancionar y dirimir sobre el conflicto venezolano”.

“Ahora entenderemos la dimensión de lo que siempre temió Hugo Chávez de la OEA, la posibilidad de la aplicabilidad del sistema interamericano de paz. A lo que llamó sistema interamericano de paz lo conforman la CIDH y los países pertenecientes en el TIAR”, señaló.

El jurista recordó que el Tratado no se trata de un mecanismo bélico, sino de un mecanismo humanista que funciona para defender los derechos humanos y la libertad política.

“Cuando veamos nuevamente al consejo consultivo reunido para solicitar nuevas sanciones sobre el régimen de Nicolás Maduro estaremos en la presencia de lo estándares más altos de rigurosidad de evaluación de derechos humanos sobre las américas”, señaló.

¿Solución para Venezuela?

Este tratado de paz es un mecanismo adicional que intenta buscar aumentar la presión de la coalición de países que desconocen la gestión de Maduro. El especialista De Alba indicó que políticamente en los distintos países no hay un apoyo sustancial para utilizar recursos y efectivos militares en el territorio venezolano.

Sin embargo, destacó que es improbable que el TIAR, por sí solo, sea viable para sacar a Maduro del poder. Considera que los países miembros no están dispuestos a utilizar el uso de la fuerza armada, pero sí aprueban la presión diplomática y política para producir un quiebre entre quienes apoyan al régimen. Esperan que eso lleve hacia la transición.

“Lo más probable es que los países que son parte del Tratado tomen medidas de presión adicionales que podrían ir desde el cese relaciones diplomáticas o consulares hasta limitaciones en el intercambio comercial”, dijo para El Diario.

Por su parte, José Oropeza señaló que con este proceso Guaidó demuestra que no depende de los partidos políticos, muestra que él tiene el control.

“Es como el teléfono rojo, ahora él (Juan Guaidó) tiene la posibilidad y el poder de levantar el teléfono para contactar al embajador Tarre Briceño”, expresó.

Foto cortesía.

Otras vías diplomáticas

En el posible escenario de que el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca no sea aplicado para el caso de la crisis que vive el país ¿Qué otro mecanismo diplomático podría utilizarse para aliviar la situación venezolana?

Mariano de Alba considera que hay otras posibilidades legales, aunque potencialmente mucho más improbables de concretar. Explicó que a través del Consejo de Seguridad

de la ONU, donde China y Rusia tienen poder de veto, se podría aplicar un camino.

“No se puede descartar que ante una situación particular algún país decida ejercer su derecho a la legítima defensa si considera que ha sido atacado por el régimen o desde territorio venezolano, pero al día de hoy ese escenario no es muy probable porque vistos los riesgos de una operación y el resultado incierto que pudiese tener”.

Reiteró que la mayoría de los países que buscan la salida del régimen de Maduro apuestan a la presión política y económica para que se concrete un cambio. A su juicio, es difícil que la estrategia cambie en el corto plazo, pero a medida que la situación se agrave y los efectos de la crisis se hacen más patente en la región, eventualmente podría cambiar.

“La vía diplomática tiene importantes limitaciones para tratar de ayudar a resolver la situación en Venezuela, especialmente porque el régimen de facto no ha demostrado estar dispuesto a buscar soluciones y sí ha demostrado estar dispuesto a hacer lo que sea para tratar de permanecer en el poder”, afirmó el jurista.

Explicó que cuando se les plantean a las naciones la posibilidad de recurrir a la fuerza no agrada mucho la idea, debido a que existe el temor que eso podría agravar más la situación en el país y en países cercanos.

“Únicamente podrían empezar a pensárselo cuando el costo de no intervenir sea muy superior al de seguir apostando por la presión diplomática y económica”, sentenció De Alba.

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