• El dolor y la incertidumbre arropan a la familia del diputado desde hace un año. El hogar de los Requesens ya no es el mismo desde que Juan no está, pero su recuerdo permanece impregnado en cada esquina de la casa

Tres fotografías reposan en la mesa de madera de la familia Requesens; todas tienen al mismo protagonista: Juan Requesens. Desde hace un año el diputado no duerme en su casa, no toma del café recién colado de su papá ni juega con sus hijos junto a la ventana en la que, desde su detención, se encuentran afiches con su rostro y la célebre frase “yo me niego a rendirme”.

Vistiendo una camisa blanca con el rostro de Juan estampado, Rafaela Requesens -hermana del también dirigente de Primero Justicia- comenta para El Diario que al momento de la captura pretendía salir a una reunión y él la acompañaba, pero al darse cuenta de la presencia de los uniformados regresaron al edificio.

“¿Qué hace uno cuando sebines encapuchados corren detrás de uno?”, se pregunta Rafaela mientras rememora, desde el sofá de cuero de su hogar, aquel amargo momento que cambió por completo su entorno familiar.

Durante el momento de la aprehensión de los hermanos Requesens, los vecinos asomados desde sus ventanas no pudieron sino gritar ante la presencia de los efectivos del Sebin en el lugar.

Aquel 7 de agosto de 2018, Juan y Rafaela fueron trasladados en vehículos distintos a El Helicoide, sede del Sebin, donde hasta hoy permanece detenido el parlamentario. En ese entonces, ninguno de los dos recibió respuestas de por qué estaban siendo detenidos y de qué se les acusaba.

Tres o cuatro horas más tarde Rafaela fue puesta en libertad. “Me despedí de Juan y él no me pudo abrazar porque tenía las manos sujetadas hacia atrás con un tirraje. Me dijo ‘mucha fuerza, te amo, y besos a los bebés’”, cuenta la politóloga.

Juan Guillermo Requesens -padre de Juan y Rafaela- se enteró de lo ocurrido por la llamada de uno de sus vecinos.

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Juan Guillermo Requesens. Foto: Víctor Salazar.

“Yo estaba aquí en la casa cuando Rafaela y Juan fueron al cuarto: Juan me dijo que iba a acompañar a Rafaela hasta abajo porque iba para una reunión. Como a los 10 minutos me llaman los vecinos y me dicen que se los habían llevado. Me asomé y vi que estaban saliendo las camionetas del Sebin”, dice.

Desde ese momento, la vida de la familia cambió radicalmente. Ha pasado un año, pero se niegan a dejar de denunciar las irregularidades del proceso judicial que enfrenta el mayor de los hermanos Requesens.

El diputado fue detenido por estar presuntamente involucrado en el “atentado fallido” con drones contra Nicolás Maduro que se efectuó el 4 de agosto de 2018 en la avenida Bolívar de Caracas.

Actualmente, se encuentra esperando el inicio de su juicio oral y público por “instigación pública continuada, traición a la patria, homicidio intencional calificado en grado de frustración en la persona del presidente de la República, homicidio intencional calificado en grado de frustración contra siete efectivos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, terrorismo, asociación para delinquir y posesión de armas y municiones”.

La primera visita en El Helicoide

La primera vez que Juan Guillermo y Paula Martínez (madre del diputado) lograron ver nuevamente a su hijo fue el 20 de septiembre, 44 días después de la detención. Hasta ese entonces el parlamentario estuvo aislado e incomunicado.

“Su mamá, Juan y yo tuvimos sentimientos encontrados. Él nos pidió perdón por habernos metido en este trance, como dice él, y le dijimos que no tiene que pedir perdón por nada, que estamos orgullosos”, dice el padre del diputado, tras secar algunas lágrimas.

Asegura que desde el año 2014, cuando su hijo era presidente de la FCU-UCV, “siempre estaban con eso de que venía el lobo”. Pensó que algo le podría pasar a Juan durante las protestas del año 2017, las cuales lideró junto a otros diputados que actualmente se encuentran en el exilio.

“Juan bajó a acompañar a su hermana con un short, una franela y unas crocs. ¿Qué voy a imaginarme yo? Nunca lo relacioné con esto (el atentado)”, afirma con voz fuerte. Para él este ha sido un año lleno de aprendizajes. Asegura que la situación que su familia está viviendo es una “prueba de Dios” a la que -considera- hay que darle una lectura más espiritual que razonable.

El hombre de cabello blanco y alegría contagiosa define a los integrantes de su familia como gente seria, de mucha templanza y fortaleza. Su anhelo es tener a su hijo en casa y que juegue con sus dos hijos, Sabina -quien es la mayor- y Adriano.

Los más pequeños de la familia Requesens piensan que su papá está en una misión secreta.

“Sabina pregunta mucho por su papá. En las mañanas, cuando me paro, le meto chocolates escondidos en la cocinita y ella piensa que su papá se los manda de la misión secreta. Los niños son ese pedacito de Juanqui (como le dice a su hijo) que está aquí todos los días jugando, echando broma”, expresó la madre del diputado.

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Adriano Requesens. Foto: Víctor Salazar

Juan Guillermo, a quien es habitual ver en las grandes manifestaciones en la ciudad exigiendo la libertad de los presos políticos, asegura que Orianna Granati -esposa de su hijo- ha sabido manejar la situación con los niños. Comenta que Sabina es tan inteligente que cuando van a las visitas en El Helicoide pregunta “¿dónde está el helicóptero que trae a papá de la misión secreta?”, porque no lo oye.

“Este domingo fue la visita y los niños, cuando ven a su padre saben que es su héroe. No ha sido fácil. Ellos están creciendo sin su figura y me ha tocado el rol de papá, de abuelo y de papá de los niños también”, detalla y asiente lentamente.

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Familia Requesen. Foto: Víctor Salazar

El pasado 21 de junio Rafaela obtuvo su título de Politólogo bajo las Nubes de Calder del Aula Magna de la UCV y se convirtió en la primer presidente de la FCU-UCV en graduarse ejerciendo sus funciones.

“Obviamente me hubiese gustado que él estuviese sentado ahí en el Aula Magna de su universidad, era un momento que yo estaba esperando. Cuando ya tenía todo listo para graduarme le dije ‘vamos a graduarnos juntos. ¡Imagínate que digan Requesens y Requesens en el Aula Magna! ¡Eso se va a caer!’”, expresa Rafaela con emoción.

El diputado tenía que graduarse hace algunos años. Su hermana denunció que por la “incompetencia y malas gestiones” de la decana de Ciencias Jurídicas y Políticas, de otras autoridades de la universidad y la presión del chavismo, Juan no se graduó cuando debía.

La también ex presidente del FCU-UCV hizo lo posible porque a su hermano lo nombraran en su acto de grado y no lo logró. En su casa está la medalla de cinta roja que debieron colgarle al parlamentario en su graduación.

“Cuando le dije que me graduaba, que él también se graduaba y que tenía su medalla conmigo, se emocionó muchísimo. Este logro que no es solo mío, es de mi familia y de él porque fue quien me motivó a estudiar Ciencias Políticas y me hizo enamorarme de la universidad, de la política universitaria, de la lucha por la reivindicaciones y por Venezuela”, dijo mientras finalmente dejó caer sus lágrimas.

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Rafaela Requesens. Foto: Victor Salazar

Para Rafaela, Juan es su mejor amigo, maestro y orgullo. Asegura que si algo ha aprendido de él es que no puede repetir sus errores.

“Siempre me dice que está más orgulloso de mí que de lo que él ha hecho. Creo que Juan ha marcado un antes y un después en muchísimos espacios y lo que soy se lo debo a él”, cuenta orgullosa.

Lo que más extraña de su hermano es poder echarle sus cuentos mientras ambos compartían el espacio del mueble negro.

“Se acostaba ahí con el teléfono y yo le contaba cualquier cosa, lo primero que se me viniera a la cabeza. Extraño muchísimo tenerlo al lado y llorarle y que él estuviese ahí para decirme que todo va a estar bien, que de esto salimos y que hay que tener muchísima fuerza”, expresa.

El sábado 29 de junio antes de que la juez Carol Padilla le dictara sentencia a Requesens, su papá le dijo que tenían que prepararse lo peor: ir a juicio.

“Él, rascándose la cabeza, me dijo que lo peor no es que él esté preso, sino que lo peor es que Venezuela siga secuestrada por estos delincuentes, que el pueblo venezolano siga sufriendo y que si el precio que él tiene que pagar por esa lucha que está librando por la Venezuela que nos merecemos y queremos es estar preso, él sigue preso”, enfatiza.

Entre tantos mensajes que les ha dado su hijo desde El Helicoide, destacan los del trabajo en unidad, la confianza en Juan Guaidó, presidente interino de Venezuela, en la dirigencia y en lo que se está haciendo desde la Asamblea Nacional (AN).

“Aquí no hay cabida para el desespero y la desesperanza. Desesperados podemos estar en esta casa por salir de esto para que Juan salga, pero aquí nos mantenemos firmes”, asegura con convicción.

El progenitor de Requesens recuerda con nostalgia el álguido discurso de su hijo en el Parlamento, horas antes de su detención.

“Como dijo Juan ese martes 7: Yo me niego a rendirme porque esto es una lucha del bien contra el mal, de la luz contra las tinieblas”, resalta con firmeza.

“Enmarcado en el deber ser”

Paula Martínez es una mujer calmada y de espíritu alegre. La madre de Requesens dejó de trabajar en un colegio como profesora de inglés para dedicarse a cocinar la dieta especial de Juan, quien es paciente bariátrico, a llevarle agua potable y a mantener limpia su ropa. Cada día se levanta a las 6:30 am para hacerle café, ensalada de frutas, el almuerzo y la cena.

Al inicio de su detención, el parlamentario por el estado Táchira no recibía a tiempo la comida que su madre le preparaba. “Cuando me enteré de que no estaba recibiendo la comida me molesté muchísimo porque aparte de llevarle la comida a él, le llevaba comida a los custodios. Inclusive, lo sigo haciendo porque sé que también están pasando necesidades”, destaca hablando con rapidez.

Para Martínez no tener cerca a “Juanqui” -como le dice por cariño- ha sido bastante fuerte. Recuerda con una sonrisa en el rostro que su hijo era muy tranquilo en su infancia, que le gustaba jugar y ver televisión.

La familia Requesens nunca tuvo miedo de la decisión que tomó su hijo de hacer política en Venezuela. Él empezó estudiando Matemáticas en la Universidad Simón Bolívar, pero luego hizo la prueba de admisión en la Facultad Ciencias Jurídicas y Políticas de la UCV. Aquel domingo cerca de 8.000 aspirantes presentaron la prueba para optar por los escasos cupos en la casa que vence las sombras.

“¿Cuál es nuestra sorpresa cuando entregan el resultado?, que entre 8.000 estudiantes Juan llegó de número tres”, destacó con orgullo Juan Guillermo, quien ejerce como médico cirujano.

Los padres del parlamentario apoyan sus hijos en lo que consideren que deban hacer. Precisan que Juan actúa apegado al deber ser y piensa que cada quien debe jugar un rol en la vida en un momento determinado. “Eso lo aprendió de mi papá”, asegura Juan Guillermo.

Un año después de su detención, la familia Requesens anhela el día en que la misión secreta termine para que el diputado pueda volver a respirar en libertad junto a sus hijos y sobre las calles de un país sumergido en una crisis.

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