• Williams Miquilena y Cristina Rengifo comenzaron su viaje con 100 dólares en el bolsillo y la esperanza de vivir una de las aventuras más increíbles de su vida. Ahora, pretenden escribir sus nombres en el libro de Récord Guinness

Williams Miquilena y Cristina Rengifo cambiaron sus oficinas por largos caminos de tierra o asfalto y sus camas por una carpa que colocan en donde les agarre la noche.

La brisa, la velocidad y las ganas de explorar el mundo forman parte de la travesía que emprendió la pareja que decidió viajar por Suramérica en una moto de bajo cilindraje.

A sus familiares, amigos y conocidos les pareció “una locura”, pero a pesar de eso Miquilena y Rengifo, quienes se conocieron rodeados del aura mágica del Roraima, comenzaron a planificar el viaje más emocionante de sus vidas.

“Ella me dijo que quería hacer algo diferente y ahí fue donde poco a poco fuimos poniéndonos de acuerdo. Lo quisimos hacer en avión pero nos dimos cuenta de que si lo hacíamos en moto era mucho más fácil, aunque realmente es más difícil”, dijo Miquilena para El Diario.

En mayo del año 2017 ninguno de los dos sabía manejar moto. Un mes antes de salir, comenzaron a practicar en los caminos de Aragua con la motocicleta que adquirieron al cambiar el carro de Rengifo por la moto de su hermano.

El 26 de agosto salieron desde Turmero con un objetivo claro: llegar a Ushuaia, en la Patagonia argentina.

“Muchos decían que en un mes nos verían de regreso, que íbamos a fundir la moto, que la vendiéramos en lo que la fundiéramos, e inclusive que nos íbamos a matar, pero gracias a Dios no hemos pasado más que un susto”, aseguró Rengifo, quien también reconoció que su moto no está hecha para este tipo de viajes.

De Venezuela salieron solo con 100 dólares en el bolsillo y en Pacaraima, la primera parada en Brasil, gastaron la mitad debido a un choque.

“Una de las cosas más difíciles es cuando tienes el dinero tan justo que debes decidir entre gasolina o comida. Eso y el clima ha sido lo más difícil”, expresó Rengifo.

Allí, en su primera parada internacional, comenzaron a trabajar para costear los gastos del viaje. Cuidaron niños, se desempeñaron como mesoneros, pero también en oficinas, como en sus trabajos en Venezuela, donde Rengifo ejercía como diseñadora gráfica y Miquilena como ingeniero civil.

Cortesía: Williams Miquilena y Cristina Rengifo

En Brasil recorrieron el Amazonas: 500 kilómetros de tierra rodeados de hermosos paisajes. En el trayecto decidieron desviarse de la ruta inicial y llegaron a Río de Janeiro, lugar que muchas personas desaconsejaron visitar por lo peligroso.

“Ir a Río de Janeiro fue una decisión que tomamos en Brasil y de la que no nos arrepentimos: fue espectacular, bellísimo. Fuimos al Cristo Redentor el 25 de diciembre y nos quedamos en dos favelas”, contó Rengifo.

La venezolana describió a los oriundos de Río de Janeiro como personas amables, trabajadoras y alegres. Aseguró que durante la visita a las favelas se dio cuenta de que los problemas con el desempleo y el transporte pueden ser los mismos en otros lugares del mundo.

La simpatía de los habitantes de Brasil y Paraguay, segundo país que visitan, es una de las recompensas de la travesía que guardarán en su memoria.

“Siempre nos preguntan por Venezuela. Estuvimos en una colonia japonesa en Paraguay y la gente fue empática con lo que está pasando en nuestro país”, destacó Rengifo.

El viaje les ha enseñado a superar los problemas, a luchar por sus sueños y a dejar un “poquito de sí mismo, de tu hogar y de lo que eres” en cada lugar que visitan.

En Paraguay han estado más de un año, pero no era algo que tenían planeado. Un familiar enfermó de cáncer y destinaron el dinero que habían ahorrado al tratamiento de la enfermedad.

“El año pasado teníamos todo listo para seguir y un pariente enfermó. Decidimos aportar para su tratamiento y trabajar un poco más para ahorrar y continuar el viaje”, destacó Rengifo.

La pareja se mantiene en constante comunicación con sus familiares, exceptuando las veces que se encuentran en lugares donde la señal telefónica no les favorece.

Los familiares cercanos, que pensaban que la travesía era una locura, ahora forman parte de la aventura y los apoyan, a pesar de que algunos piensan que deberían establecerse en un país de manera definitiva.

“Por ahora queremos cumplir nuestro sueño y viajar. Ya llegará el momento de estar más quietos”, afirmó la mujer.

Su próxima parada es Uruguay, país al que pretenden dirigirse en diciembre o enero de 2020. Ahí se prepararán de manera definitiva para emprender la ruta final.

Labrando un récord

El registro de una pareja viajando por Suramérica en una misma moto de baja cilindrada aún no aparece en el gran libro de Récord Guinness, por lo que Rengifo y Miquilena pretenden inscribir sus nombres en la publicación.

“La gente ve la moto y no lo cree. Nos han dicho que somos millonarios y enchufados que andamos con la moto en un avión, pero no es así. ¡Eso costaría una millonada!”, aclaró Miquilena.

Durante su travesía también han dormido en hoteles gracias a la hospitalidad de algunas personas, y con su carpa han dormido en escuelas, iglesias, parques, estaciones de gasolina y autolavados.

No han tenido ningún inconveniente para cruzar las fronteras. En los puestos de migración solamente presentan sus pasaportes y los papeles de la moto. Una vez hecho el trámite, abordan nuevamente su moto y continúan el viaje.

Entre frontera y frontera aumenta la emoción por conocer las bondades de un nuevo lugar y el anhelo de llevar la venezolanidad por el mundo.

“Viajando conoces mucho: idiomas, culturas, descubres que una comida es algo valioso, que no debemos malgastar el dinero en cosas banales y también que debemos ayudar a otros”, resaltó Miquilena.

Cortesía: Williams Miquilena y Cristina Rengifo

Cuando terminen esta travesía, tienen planeado emprender su viaje por Centroamérica y regresar a Turmero, lugar en donde inició toda su aventura.

“No puedo verme en otro lugar que no sea Maracay. Es mi hogar y allí es donde quiero hacer familia”, expresó Requena.

Por ahora, continúan recorriendo miles de kilómetros y acortando la distancia con Ushuaia, la ciudad más austral del mundo, ubicada en la Tierra del Fuego en Argentina. Allí el frío es intenso y las vistas son tan increíbles como su objetivo: lograr completar su larga travesía.

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