• Richard Navarro, padre del jugador de Mineros de Guayana, explicó que los delincuentes abrieron fuego sin mediar palabras cuando regresaban a casa tras haber participado en un cuadrangular de fútbol en Anzoátegui

Una bala truncó el futuro de un niño de 9 años de edad. Brayhan Navarro, jugador de la escuela de Mineros de Guayana, sopló las velas que le concedieron un año más de vida junto a sus compañeros, lejos de casa, hogar al que nunca volvió. Los niños sí regresaron al lugar donde lo habían visto salir por última vez con sus tacos puestos, pero esta vez fue para despedirlo.

El recorrido hacia la residencia de la familia Navarro marcó a sus amigos. Niños con sus uniformes de franjas negriazules sostuvieron globos blancos con detalles negros que simulaban ser balones de fútbol. Los pequeños le dedicaron por última vez el “Vamos, Mineros”, solo faltaba Brayhan para cantar con ellos. Al llegar a la vivienda les esperaba la dura realidad: estaban allí para el funeral de su compañero.

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Navarro celebró su cumpleaños el pasado domingo, 11 de agosto. Estuvo junto a su familia en una habitación de hotel festejando, luego de haber quedado subcampeón en un torneo que se disputó en el estado Anzoátegui. Brayhan expresaba que vendrían más triunfos en su carrera como deportista. Además, faltaban solo semanas para conocer a su hermano, pues su madre tiene 8 meses de embarazo.

Foto: cortesía

Tan solo horas más tarde su vida se apagó. Fueron interceptados por un carro que abrió fuego sin mediar palabras. Un proyectil le atravesó el pecho, frente a su familia, en la oscuridad de una extensión de carretera cerca de El Amparo inundada de “policías acostados”, vía que pacta diariamente con la impunidad de la noche. Él estaba sentado en la parte de atrás del carro.

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“No dieron voz de alto, simplemente accionaron las armas contra nosotros. Mi reacción fue retroceder para intentar evitar los disparos. Pude escapar, pero unos minutos después es que me doy cuenta que le habían dado”, indicó Richard Navarro, padre de Brayhan, en exclusiva para El Diario de Caracas.

Foto: Kike Landaeta | Cuadrangular en Ciudad Vinotinto

Era mediocampista de Mineros de Guayana, también soñador. Participó en varios torneos de fútbol, pero la delincuencia es dueña de las deterioradas vías del país. Deambulan por las franjas que unen a los estados para robar: ese fue el caso que le tocó vivir a la familia Navarro.

Abraham Pomonti, coordinador de la escuela de Mineros de Guayana, explicó para El Diario de Caracas que la familia había decidido hacer una parada en El Tigre para visitar a unos familiares. “Ellos (su padre, madre, un primo y una tía) se quedaron en el pueblo, hasta que decidieron tomar la vía para Puerto Ordaz y en el camino fueron interceptados por sujetos armados”, agregó el entrenador.

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Foto: Mineros de Guayana

Pomonti describe a Brayhan como un niño proactivo y con deseos de vestir la camiseta negriazul en Primera División del fútbol venezolano. Era jugador de la categoría sub-10, y había participado en varios torneos locales. Con solo 8 años, sostuvo su primer trofeo, el que formaría parte de muchos que le otorgaría su talento.

El rechazo también se vistió de negriazul en la ciudad al sur de Venezuela. Gabriela Roa, representante de un jugador de Mineros de Guayana, expresó que a Navarro le arrebataron el sueño de ser futbolista profesional y de conocer a su hermano menor.

“El lunes, luego de haber participado en el cuadrangular, todos veníamos de regreso. A la 8:00 pm recibo el mensaje en mi teléfono. Era el papá de Brayhan con una voz desgarradora que nos decía que el niño había muerto. Mi hijo me decía: ‘Mamá, le robaron el sueño a Brayhan, no va a poder ser un gran futbolista, tampoco va a poder tener familia. Su sueño se convirtió en pesadilla’”, dijo Roa a los medios de comunicación.

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El pequeño se une a una larga lista de víctimas de las carreteras venezolanas, vías que carecen de luz, que no cuentan con vigilancia policial y que acumulan innumerables planes de seguridad que han fracasado ante la mirada indiferente de las autoridades del gobierno de Nicolás Maduro.

A Brayhan le quedaban muchos goles y torneos para demostrar su talento; en su lugar, el crimen del pequeño de 9 años fue inscrito en las páginas de sucesos. Su nombre no será olvidado por sus padres, familiares y amigos, pero también formará parte de las estadísticas de la indolencia del régimen que ha gobernado Venezuela por más de 20 años.

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