• A medida que se populariza el uso de plataformas electrónicas para la compra y venta de divisas, los delincuentes informáticos emplean redes sociales como Instagram para crear falsas casas de cambio y estafar a los usuarios

En las agitadas calles de Caracas es común escuchar a vendedores y particulares usar el dólar como moneda de referencia al momento de realizar operaciones comerciales. El mismo panorama se refleja en todo el país. El bolívar, otrora símbolo de estabilidad económica, más allá de haber perdido su valor, parece haber desaparecido del léxico venezolano.

La hiperinflación, que desde hace más de tres años atraviesa el país, ha obligado a la población en general a buscar distintas formas de obtener divisas, ya sea de forma física o digital, para conservar algo de su deteriorado poder adquisitivo. Esto es común incluso en los organismos de la administración pública, donde varios trabajadores ofertan dólares a la tasa del mercado negro a través de sus estados de Whatsapp.

El uso extendido de divisas en el país, pese al control cambiario que rige desde 2003 y que se ha flexibilizado con la implementación de las mesas de cambio, es un secreto a voces. Datanálisis estima que más de 35% de las operaciones que se realizan en el país, se hacen en moneda extranjera u otros mecanismos de intercambio como el oro. Ecoanalítica estima que la cifra está por el orden de 40%.

Ese escenario ha servido como caldo de cultivo para que los estafadores de Internet hagan “su agosto”. En Instagram es muy común observar cómo proliferan cuentas de supuestas casas de cambio digitales que ofrecen comprar dólares, mediante distintas plataformas, a una “tasa atractiva” y con una amplia variedad de bancos nacionales.

Una de las tantas ofertas engañosas que circulan en la referida red social le tocó a Juan, un ayudante de cocina que vendió 37 dólares que tenía en PayPal (plataforma digital de intercambio) a la cuenta @comprodolar_, pero que nunca recibió el equivalente en bolívares que le habían ofrecido.

“Los contacté. Me parecieron confiables porque me guié por la cantidad de seguidores que tenían y por las capturas de pantalla que referenciaban usuarios que supuestamente habían realizado operaciones con ellos de forma satisfactoria”, comentó en exclusiva para El Diario.

El usuario señaló que accedió a realizar la operación debido a la premura que tenía por comprar alimentos y en vista de que la tasa que le ofrecían por sus dólares PayPal era superior a la que normalmente encuentra en ese mercado. Una vez hizo el contacto con la presunta casa de cambio, le pidieron los datos de su cuenta bancaria para “añadirlos al sistema” y así realizar el intercambio.

Juan relató que dio todos sus datos bancarios y le indicaron que debía hacer el envío de sus divisas ofertadas a la cuenta de un tal Jorge Arias para que en pocos momentos le hicieran el depósito equivalente en bolívares. Fue allí donde, según dijo, la estafa se consumó. Aunque la cantidad pueda no parecer significativa, equivale a más de 700.000 bolívares, unos 17,5 salarios mínimos.

“Luego de que hice la transferencia de los dólares, les envié el capture nítido con la operación. Ellos me dijeron que estaban chequeando y que me iban a confirmar. Pasaron cinco minutos y nada, les pregunté que si había algún problema y me dijeron que PayPal les había limitado su cuenta. Supe que algo no andaba bien”, mencionó.

PayPal en su propia página web señala que la limitación de cuentas ocurre cuando el sistema detecta comportamientos inusuales. Cuando pasa eso, los usuarios no pueden realizar ciertas operaciones, como el envío o recepción de dólares, hasta que no proporcione información adicional, generalmente de documentos de identidad.

Sin embargo, Juan dijo que ese no pudo haber sido el caso de la supuesta casa de cambio con la que efectuó la operación. “Ellos me dijeron que no podían hacerme el envío del dinero porque PayPal les tenía retenido el dinero y que por tanto ellos no podían retirar los bolívares, y esa plataforma no trabaja con bolívares”.

Un elemento común en la estafa

Al no recibir respuestas sobre la operación, Juan comenzó a revisar minuciosamente el perfil de @comprodolar_ y argumentó que los indicios que le llevaron a determinar que se trataba de una cuenta fraudulenta fue que las capturas de la supuesta casa de cambio tenían números de cédula que no se correspondían con los nombres de los que aparecían en las operaciones.

“Tomé los números de cédula que la cuenta tenía en sus captures de pantalla y los ingresé en la página web del Consejo Nacional Electoral y vi que, en el mayor de los casos, aparecían otros nombres o no estaban en el registro electoral”, acotó. De igual forma, evaluó los perfiles de los usuarios que supuestamente habían efectuado las operaciones y vio que todos tenían perfiles privados, con similar número de seguidores y personas en común.

“Un día después de que hice la transferencia de dólares y que no me dieron respuesta, vi que (los de @comprodolar_) publicaron una supuesta operación exitosa con otra persona y que la transacción había sido exitosa. Ya estaba más que confirmado que se trató de una estafa”, agregó.

Una vez realizada una revisión profunda del perfil de Instagram de la cuenta que, asegura, lo estafó, comenzó a evaluar las formas que tenía disponible para intentar recuperar su dinero. “Indagué en la interfaz de PayPal y vi que había un apartado donde podía solicitar un reembolso por no haber recibido un artículo”.

Fue allí donde inició el reclamo en PayPal señalando que la operación no había sido exitosa. Hasta el momento, la contraparte no se ha manifestado. Si pasado el tiempo establecido no hay respuesta del vendedor, la referida plataforma de pagos puede fallar a favor y devolver el dinero, esto según el testimonio de varios usuarios que han tenido controversias similares.

No es un caso aislado

Las estafas digitales, aunque no son recientes en Venezuela, han incrementado a medida que la situación económica empeora. En 2018 hubo un repunte de casos sobre piratas informáticos que se dedicaban a hackear cuentas en Instagram, con más de mil seguidores, para luego suplantar la identidad de los usuarios y ofertar dólares para estafar a los conocidos.

En marzo de este año, efectivos del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc) detuvieron a dos hombres en Cabimas, estado Zulia, por delitos informáticos. José Antonio Leal Huerta (21 años) y John Joel Fermín Urdaneta (18 años) fueron aprehendidos tras determinar que “hackeaban” cuentas en Facebook e Instagram para comprar divisas y no pagar el equivalente en bolívares.

De acuerdo con datos policiales, ambos sujetos eran integrantes de la banda “El Coquito”, dedicada a la oferta engañosa, violación a la privacidad y obtención indebida de bienes mediante la estafa a terceros. Los funcionarios detallaron que los individuos enviaban un correo electrónico de un supuesto soporte técnico donde se les notificaba a las víctimas que debían hacer clic en un enlace o de lo contrario sus cuentas serían desactivadas. Era así como los delincuentes robaban las claves.

Ante el incremento de delitos informáticos, autoridades policiales y plataformas digitales que ofrecen servicios para la compraventa, aconsejan incrementar la capa de seguridad de las cuentas personales, como la autenticación de dos factores, y conocer a la persona con la que se va a realizar la operación comercial.

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