• El biólogo Carlos Peláez afirmó para El Diario que revertir los daños causados al sur del Orinoco será “muy difícil” y que el Estado venezolano debe reconquistar la zona que actualmente está controlada por grupos armados

Al sur del estado Bolívar, grandes reservas hidrográficas son contaminadas como consecuencia de la explotación indiscriminada del Arco Minero del río Orinoco para la extracción ilegal de oro y minerales.

Manuel González, diputado miembro de la Comisión Permanente de Energía y Minas de la Asamblea Nacional (AN), alertó sobre el desastre ecológico que ocurre actualmente en la zona bajo la mirada cómplice del régimen de Nicolás Maduro.

El parlamentario indicó que los ríos Cuyuní y Yuruari, así como el resto de los afluentes del Orinoco, han sido severamente afectados por la práctica de la minería ilegal, que ha destruido en gran medida la selva venezolana y ha afectado a las poblaciones de Guasipati y El Callao.

González, quien compartió un video en Twitter sobre los daños en el ecosistema, deploró que la explotación desmedida de oro, la deforestación y contaminación de ríos sigan avanzando sin control bajo un régimen ávido de recursos económicos, que no tiene el interés de prevenir y conservar el medio ambiente del país.

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Carlos Peláez, biólogo y comunicador ambiental de la ONG Provita, explicó que la minería que se ejecuta en Bolívar existe desde mucho antes del decreto del Arco Minero que firmó Nicolás Maduro en el año 2016. Este decreto permitió la extracción de oro y otros minerales con concesiones a empresas extranjeras y nacionales, y también tenía la intención de regularizar la minería ilegal, pero el resultado fue el contrario.

“El problema de la minería, vamos a llamarla destructiva, se ha incrementado a raíz de la implementación del decreto, porque en general lo que ha ocurrido al sur del Orinoco es una pérdida de control de la zona por parte del Estado venezolano”, aclaró Peláez para El Diario, y añadió que quienes tienen el control de esas tierras son grupos irregulares e incluso militares venezolanos.

El biólogo planteó que debido a la minería — legal e ilegal — se ha generado un repunte de la malaria y otras enfermedades transmitidas por insectos voladores, puesto que la ejecución de esta actividad implica la formación de pequeñas lagunas y sedimentos, hábitat ideal para la reproducción de mosquitos. “La epidemia de la malaria va de la mano con la minería, incluso antes de la explotación del Arco Minero”, dijo Peláez.

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Advirtió que otra problemática derivada de la minería es la contaminación del agua por el uso de mercurio, metal que “se emplea para extraer el oro diluyendo la tierra que lo rodea, y que luego se desecha y cae inmediatamente en las cuencas de agua natural”, explicó al tiempo que advirtió que los peces contienen altos niveles de mercurio, y en consecuencia los habitantes de la zona, sobre todo indígenas, presentan altos índices del metal en sus cuerpos.

Foto cortesía

La grave situación que atraviesa la selva venezolana parece no tener vuelta atrás, y es que, según explicó el diputado, mientras los grupos irregulares sigan teniendo el control de la zona, no se pueden revertir los daños causados.

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“Ni siquiera es factible ir a hacer estudios de campo. Es difícil hasta ir a medir los niveles de mercurio en el agua, porque quien lo hace puede ser víctima de la violencia por parte de los grupos armados que están ‘cuidando’ el territorio”, expresó.

Un minero busca oro en el estado de Bolívar, Venezuela | Foto: Reuters

El biólogo advirtió que si se prohíbe la minería y se recupera el espacio, el proceso para lograr descontaminar el medio ambiente es muy complicado. “Va a tener que pasar un buen tiempo cautelar para que el río se descontamine de todo el mercurio vertido en sus cuencas y pueda volver a ser sano”, indicó Peláez.

Otro escenario poco alentador es la deforestación del Amazonas, ya que la minería tala grandes cantidades de árboles, además de generar sedimentos que van a los embalses y represas.

“El problema de la deforestación es el más difícil de revertir, porque el Amazonas tiene un suelo extremadamente pobre debido a su antigüedad. La misma selva es la que genera el sustrato sobre la que ella va a crecer, pero al quitar la selva, retiras el sustrato y no hay ahí nada que pueda soportar el crecimiento vegetal hasta que crezca pasto, y de por sí eso ya es complicadísimo”, explicó el comunicador ambiental.

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Foto: El Libertario

Peláez exhortó a las personas a prestar más atención a la tragedia ecológica que ocurre al sur del Orinoco, puesto que es algo que va más allá de un tema minero.

“Ahí hay esclavitud, trata de personas, tráfico de armas, de drogas y violaciones a los derechos humanos, en especial de los pueblos indígenas. Y no es solo en el Arco Minero, sino en todo el estado Bolívar y todo el estado Amazonas”, denunció.

Ante esta tragedia ecológica, la opción más inmediata es alzar la voz para denunciar la situación. Sin embargo, reina el silencio. Las personas que trabajan en la minería ilegal se abstienen de relatar la realidad que se vive en la zona por temor de sufrir represalias contra ellos o sus familias.

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