• En el servicio de transporte subterráneo cada día hay más trabajadores de la economía informal que venden una variedad de dulces en moneda extranjera, en medio del caos diario del sistema

Entre los murmullos de las personas que día a día abordan los deteriorados trenes del Metro de Caracas, se elevan las voces de quienes se ganan la vida vendiendo chupetas, caramelos y chocolates en cada vagón.

Desde hace aproximadamente dos meses los vendedores informales comenzaron a ofrecer algunos productos en moneda extranjera, la cual se ha impuesto sobre el bolívar.

“Claro que sí, seguimos y continuamos. Llévate la chupeta Ping Pong por 2.000 bolívares, tres caramelitos de menta por 500 bolívares y el chocolate extra grande a 10.000 bolívares, o dos por un dólar”, dice un vendedor en voz alta mientras entra al vagón.

El comerciante informal, quién usa una gorra desgastada y un bolso tricolor, no se sorprende cuando una señora le pide dos sambas extra grandes y le paga con un billete de un dólar: la situación se ha convertido en algo habitual para él.

“Aceptamos dólares porque ahora en Venezuela todo el mundo tiene dólares”, asegura el joven, quien no reveló su identidad, para El Diario.

En sus manos manchadas no hay billetes de 100 bolívares, pero destacan varios dólares, pues no es la primera vez durante su jornada laboral que recibe pagos en moneda extranjera. “Hay que adaptarse a la nueva economía”, comenta sonriendo.

El joven afirma que no acepta billetes de 100 bolívares porque cuando va a comprar mercancía no se los reciben. “Si los acepto es pérdida para mí. Con eso no puedo comprar ni un paquete de caramelos”, precisó al tiempo que entregaba una chupeta de centro de chicle bomba a una estudiante de bachillerato.

En menos de cinco minutos, y sin cambiarse de vagón, vendió más de cinco chupetas, seis caramelos y dos sambas extra grandes. La mayor parte de su día la pasa recorriendo los vagones de la Línea 1 del Metro de Caracas para vender su mercancía, mientras evade a los policías o empleados del sistema de transporte.

Las normas del Metro prohíben la venta de cualquier tipo de productos dentro de las instalaciones. Ante esta situación, cada vez más recurrente, las autoridades implementaron el “Plan Buhonería Cero”, el cual pretende acabar con la venta en los trenes.

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El joven indica que cuando los funcionarios policiales los “agarran”, les quitan la mercancía y el dinero de la venta.

“Siempre trato de dejar el efectivo en un lugar seguro por si acaso un policía me agarra y me lo quiere quitar. Es chimbo porque de eso es lo que vivimos”, señala.

En un viaje entre las estaciones de Propatria y Chacaíto, a cualquier hora del día, es normal encontrarse con más de seis vendedores cuyos discursos son iguales, como aprendidos al caletre.

“Para que deleites tu paladar te traemos la Ping Pong con centro de chicle bomba. Anímate, comparte y disfruta”, recita antes de continuar su camino al próximo vagón.

Las particulares voces de quienes ejercen esta actividad comercial, en constante aumento, se ha convertido en un sonido cotidiano para los usuarios del Metro. Es otra de las tantas maneras que ellos encuentran para subsistir en un país arropado por la crisis.

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