• Durante un recorrido hecho por el equipo de El Diario a varias sucursales de librería Las Novedades, se observó la comercialización de misceláneos como chucherías y productos de aseo personal en estos establecimientos. Economistas explican que esto ocurre por el proceso de hiperinflación que vive el país

La venta de productos comestibles y de aseo personal en establecimientos comerciales destinados a otras áreas es un fenómeno que cobra fuerza en Venezuela al mismo tiempo que el dólar se posiciona de facto como moneda de referencia para las transacciones en el país. La cadena de librerías Las Novedades, que ha comenzado a surtir sus locales con misceláneos como chucherías y productos de higiene importados de Estados Unidos, se sumó a esta ‘tendencia’.

Esta situación, considerada como atípica en otros países, es un reflejo de la decadencia que ha sufrido la industria editorial en Venezuela durante los últimos años, aunado a la crisis económica agudizada desde 2016.

Lorena Rodríguez*, trabajadora de Las Novedades, relató para El Diario de Caracas que la venta de este tipo de productos es una medida que tiene aproximadamente dos meses en la librería, pese a que fue recientemente que la tienda dio a conocer la información por a través de su cuenta en Instagram. “La mayoría de los libros oscila entre 50.000 y 200.000 bolívares. Esto ha hecho que la venta sea muy poca”, agregó desde su puesto de trabajo.

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Los libreros independientes han enfrentado la decadencia de la industria a medida que avanza la crisis económica. La Cámara Venezolana de Editores (CAVE) indicó que en 2018 más de 80 librerías se vieron en la necesidad de bajar sus santamarías por la caída de las ventas. Esta situación produce, a su vez, un quiebre en el conocimiento literario del país y en las librerías como negocio rentable.

Carla García*, otra empleada de la franquicia, relató que la decisión de vender productos importados ajenos a la naturaleza del local viene de la directiva. ‘’Los empleados sabemos muy poco de la decisión de empezar a vender estos productos”. diferencia de otros negocios, en la librería no aceptan dólares ni otra divisa como forma de pago.

Librería Las Novedades nació del Bloque de Armas S.A, un grupo de medios nacionales iniciado por Armando de Armas, en 1947, y que surgió con la creación de Distribuidora Continental. Esta última se encargaba de distribuir revistas internacionales por todo el territorio venezolano. En 1986 se construyó el edificio del Bloque de Armas en la avenida San Martín, al oeste de Caracas, para reunir en un solo recinto todos los productos editoriales del grupo de medios.

La nueva era del bodegón

En los últimos años se ha consolidado en el país una nueva forma de negocio orientada a la venta de productos totalmente importados: el bodegón. Estos locales están abastecidos de misceláneos made in USA con precios en dólares y dirigido a un grupo de venezolanos o extranjeros que hacen vida en el país con poder adquisitivo en divisas.

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Foto cortesía

Diversos economistas coinciden en que el auge de este tipo de negocios en el país ocurre por el estancamiento que sufrió el precio del dólar a mediados de 2019. A partir de este proceso, muchos “emprendedores” venezolanos decidieron empezar a importar productos alimenticios y de higiene personal, que desde hace años desaparecieron de las vitrinas de los supermercados nacionales o que nunca habían estado, para brindar una oportunidad de compra a quienes pueden costear esos gastos.

Desde 2018 el régimen de Nicolás Maduro comenzó a incrementar el encaje legal, que, en resumidas cuentas, restringe e imposibilita a la banca pública y privada para otorgar créditos. ‘’Esto se traduce en que el banco no da dinero y las personas no pueden transar básicamente nada. Esto genera que el tipo de cambio quede rezagado en comparación con el aumento de los precios de los productos y cuando se hace la conversión a dólares gastas más divisas que en meses anteriores”, explica el economista Oscar Torrealba, director ejecutivo de Opuntia Economics y miembro del Comité Académico de Cedice Libertad.

El concepto del bodegón, como un negocio de importaciones, empezó a esparcirse entre los comercios que sobreviven en el país. Farmacias, zapaterías, panaderías, restaurantes, locales de comida rápida, heladerías, abastos, kioscos, entre otros, decidieron comenzar a vender productos importados distintos a su primigenia razón de negocio. La industria cultural, en el caso de Las Novedades, tampoco pudo obviar dicha posibilidad para aumentar las ventas.

“Para una persona con cierto bagaje cultural el libro nunca deja de ser una necesidad”, agrega una vendedora de Las Novedades, quien, al mismo tiempo, admite que la industria del libro ha mermado mucho en el país y que la inclusión de este tipo de productos simplemente es una estrategia para mantener el negocio.

Aarón Olmos, economista de la Universidad Central de Venezuela (UCV), expresó que las sanciones implementadas por el Departamento del Tesoro al Estado venezolano, testaferros, empresas relacionadas con el régimen, tesoreros y funcionarios públicos, han trancado las operaciones en divisas realizadas fuera del país. “Una de las tesis que se maneja es que muchos de los capitales que salían del país por diferentes vías utilizando la banca tradicional, al mantenerse en divisas y verse impedidos de salir de Venezuela, se están utilizando para abrir, reinvertir y crear estos modelos de negocios orientados a cierto sector de la población”, agrega.

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En diciembre de 2018 se emitió el Decreto N° 3.733 en Gaceta Oficial Extraordinaria Nº 6.423 que establece hasta el 31 de diciembre del 2019 una exoneración en el pago de impuestos de importación y tasa por determinación del régimen aduanero a importaciones referentes a los productos alimenticios, de higiene personal, de limpieza y medicamentos por personas naturales y jurídicas. Esto facilita la obtención de productos extranjeros porque los procesos aduanales y sus impuestos han sido exonerados, lo que abre una oportunidad para muchos comerciantes venezolanos.

Esta situación genera un desequilibrio en el proceso para entender lo ocurre en el país, porque, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), 51% de los hogares en el país viven en estado de pobreza y 80% padece inseguridad alimentaria. Además, 90% de la población no cuenta con los recursos necesarios para cubrir la canasta básica alimentaria, que superó los 6 millones de bolívares en septiembre cuando el salario mínimo integral se mantiene en 65.000 bolívares.

El creciente negocio de los bodegones, con productos que oscilan entre 2 dólares hasta 30 o 50 dólares, van dirigidos a un porcentaje de la población que maneja una economía dolarizada.

Lectura desplazada

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La lectura es parte de la evolución del individuo para cuestionar su realidad y, de esta forma, implementar cambios positivos en la sociedad, pero al igual que muchas industrias y comercios en el país, se ha visto mermada por una realidad inflacionaria de 135,379%, según las cifras presentadas por la Asamblea Nacional (AN) en el mes de septiembre.

El economista Oscar Torrealba detalló que “los bodegones son la manifestación de este proceso hiperinflacionario. La mayoría de los comercios están al borde del cierre y para no cerrar necesitan obligatoriamente tener productos que se vendan rápido, en este caso los alimentos. Los bodegones también son la manifestación de que el venezolano solo gasta en comida. Sin embargo, estos establecimientos son coyunturales porque cuando la economía mejore, cambie la estructura de gasto de los ciudadanos y podamos tener un mayor poder adquisitivo, no tiene sentido que todo el mundo venda comida”.

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La proliferación de los bodegones y su difusión como el único “emprendimiento” posible en en el país ha hecho que muchos otros negocios, como las librerías, se transformen y conviertan sus vitrinas en el espacio predilecto para la venta de comida y golosinas importadas. El libro, como referente cultural, ha sido desplazado por la prolongada crisis económica y, al igual que otros productos, está siendo reemplazado por la industria de las importaciones.

*Se usaron nombres ficticios para proteger la identidad de los entrevistados.

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