• El diputado de Primero Justicia aseguró en exclusiva para El Diario que se mantendrá resguardado. Esto luego de que el Tribunal Supremo de Justicia afín a Nicolás Maduro allanara su inmunidad parlamentaria.

Desde el pasado 22 de octubre la vida del diputado a la Asamblea Nacional Juan Pablo Guanipa se tornó rutinaria y monótona. Se despierta muy temprano, se comunica desde su teléfono y así continúa hasta la noche, sin mucho más que hacer. Pocas veces está acompañado: nadie sabe en dónde se encuentra. Lejos de su esposa, de sus cinco hijos, y de las calles zulianas que solía recorrer por su actividad política, ahora vive clandestino en algún lugar de Venezuela. Lo hizo para resguardar su seguridad, dice. Aún así, no desiste de denunciar las fechorías del régimen de Nicolás Maduro.

La historia de Guanipa no es muy distinta a la de sus colegas parlamentarios. Una sentencia del Tribunal Supremo de Justicia del régimen, basado en una orden de la írrita asamblea nacional constituyente (ANC), aprobó el allanamiento de su inmunidad parlamentaria. La orden llegó dos días antes de haber convocado una concentración y marcha en Caracas en apoyo a la crisis que padece su natal estado Zulia. No obstante, se mantiene firme en su idea de que Maduro está perdiendo fuerza, por lo que afirma que seguirá ejerciendo presión desde Venezuela, al menos por ahora.

Foto: Anthony Ascer Aparicio

Debe permanecer oculto. Algunos le reprochan no dar la cara y esconderse detrás de unas paredes. No es la primera vez que las críticas apuntan hacia él: la decisión de no haber asumido la gobernación del Zulia por negarse a juramentarse frente a la constituyente de Maduro aún lo persigue. “Yo me arrodillo solo ante Dios, ante el pueblo y la Constitución, pero no ante la ANC”, justificó.

Guanipa no reniega su temor en este momento, pero tampoco de la valentía que le genera hablar aún estando bajo amenaza. Su testimonio, dice, es la forma que tiene para derrocar a la dictadura. En conversación exclusiva con El Diario, relata su lucha por lograr un cambio en el país.

Foto cortesía

— “Maduro perdió la fuerza” declaró usted hace muy poco. Sin embargo, usted es un claro ejemplo del poder que aún tiene Nicolás Maduro para aniquilar a sus contendores

— Yo diría que Maduro pierde mucha fuerza internacionalmente y mantiene nacionalmente una fuerza que yo califico como precaria, porque se sustenta en un factor importante que es el sector militar. Dentro del sector militar se deben estar generando situaciones de confrontación interna que pueden estar en contra de lo que está pasando, pero al final la cúpula militar está acompañando a Nicolás Maduro y lo están haciendo a costa del dolor del pueblo venezolano. Les ha importado mucho más el poder, el dinero, los negocios, que la situación que está viviendo el país, ¡Y claro! Pueden perseguirnos a nosotros. Tienen el poder de facto de una constituyente que es ilegítima, que son una farsa; y de un Tribunal Supremo de Justicia que todos sabemos cómo fue elegido. Desde esa perspectiva tienen el poder, pero vamos a revisar cómo está la opinión respecto a Maduro en la comunidad internacional. Está totalmente desprestigiado, es una persona que está calificada por la mayoría de los países como un dictador y yo estoy seguro que eso va a intensificar la presión que debe hacerse para lograr que se produzca un cambio político en Venezuela.

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— ¿Es usted un preso de Maduro, de Diosdado Cabello o de Omar Prieto? ¿Quiénes te persiguen?

— Gracias a Dios todavía no me han puesto preso. Perseguido político sí. Soy un perseguido político de esta dictadura. Ahora, se puede decir que la información que nos ha llegado es que hace muchos meses el señor usurpador del Zulia ha intentado que se allane mi inmunidad parlamentaria. Él fue el que llevó unos expedientes ante el Ministerio Público, que es una farsa también porque fue designado por esa constituyente que es otra ilegitimidad. Él fue a ese ministerio acusándome de sabotaje eléctrico, de insurrección y de otras tonterías, y siempre ha estado, si lo decimos de una manera coloquial, jalando esféricas a Diosdado Cabello para tratar de que este impulsara el allanamiento de mi inmunidad parlamentaria. Ese es el origen de esa persecución.

— Su hermano Tomás Guanipa también es perseguido por el régimen. ¿Cree que se trata una persecución familiar?

— En principio se puede decir que es una persecusión familiar, pero en el sentido de que somos dos hermanos vinculados a la política y dos hermanos que somos diputados y que hemos tenido posiciones diferentes con respecto al funcionamiento de esta dictadura. Ahora, también podríamos escudriñar un poquito más y vemos cómo ha habido agresiones a actividades que realiza gente de mi familia que no tienen nada que ver con la política, entonces podríamos decir que desde esa perspectiva sí hay persiguen a mi familia, sobre todo el usurpador del estado Zulia, que es una persona llena de maldad, de frustración, de complejos, una persona impresentable.

— ¿Cómo es vivir en clandestinidad?

— Es una vida de soledad. ¿Tú sabes lo que es estar aquí solo sin la familia, sin la esposa, los muchachos? Yo tengo cinco hijos, de los cuales cuatro son muy pequeños y eso, al final, nos termina pegando sin duda alguna. Pero bueno, lo importante es salir adelante y demostrar que nosotros lo que queremos es que este país cambie. Yo creo que en momentos de dictadura es muy importante dar testimonio. Los testimonios tumban dictaduras.

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— ¿Cómo se intensifica una lucha desde la clandestinidad?

— Todos tenemos la responsabilidad de seguir luchando para liberar a Venezuela, independientemente de lo que nos esté pasando y de la actitud que tengamos frente a eso. Algunos están en el exilio y fuera del país han sido útiles para generar la conciencia mundial de lo que pasa en Venezuela; otros han solicitado asilo político y desde su asilo también están dando una pelea en favor de la democracia. Algunos hemos tomado la decisión de la clandestinidad, que nos permite mantenernos en el país. Yo creo que ese es el factor fundamental por el cual nosotros decidimos esta vía, por lo menos por ahora. Vamos a ver cómo se desarrollan los días, pero eso nos permite estar en el país y poder, de alguna manera, aportar un grano de arena en esa lucha por la libertad de Venezuela.

— ¿Tiene temor en este momento?

— Sin duda alguna. Siempre el miedo es una emoción humana que es absolutamente natural y uno sabe a quién se está enfrentando, uno sabe el riesgo que corremos y el riesgo que corre también la familia y obviamente que eso a uno muchas veces le quita el sueño, pero así como el miedo es una emoción natural, nosotros tenemos la responsabilidad de pedirla a Dios fuerza y valentía para vencer el miedo, y eso es lo que estamos haciendo.

— ¿Estaría dispuesto a negociar con el gobierno para que cese la persecución en su contra?

— Bueno, la verdad es que no sé si debo ser tan contundente, pero es que jamás me sentaría con esa dictadura para buscar medidas que me favorezcan. No tengo nada que buscar con ellos. Ellos tomaron decisiones que están totalmente reñidas con la Constitución y con la ley. Me imputan por ocho delitos. Uno de ellos en la Ley antiterrorismo, delitos que todo el mundo sabe que yo jamás he cometido. Me acusan en el TSJ ilegítimo, que todo el mundo sabe cómo fue elegido. Me acusan en una ANC que es una farsa, que la hemos combatido y que en mi caso la he desconocido siempre. Uno no puede desconocer a una institución, hacer un paréntesis, reconocerla, y después desconocerla de nuevo. Lo hemos desconocido siempre. Jamás me sentaría con ellos para buscar algún beneficio personal. Nunca.

— ¿Terminará siendo usted un exiliado más o seguirá luchando desde la clandestinidad?

— Yo tomé una decisión, que fue mantenerme en el país. Si la forma de mantenerme en la clandestinidad es lo que estoy experimentando, vamos a ver si eso es sustentable en el tiempo. Pero tengo una decisión tomada, que es mantenerme en Venezuela.

— ¿Cuál es su propuesta para una salida pacífica de la situación en la que se encuentra el país?

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— Creo que este es un pueblo absolutamente democrático que quiere salir pacíficamente de la crisis que estamos viviendo, pero sabemos que al frente tenemos a un pequeño grupo de delincuentes que han secuestrado a nuestro país y que no están dispuestos bajo ningún concepto a que haya una solución democrática a la crisis, porque ellos saben que si hubiera una votación libre en Venezuela, ellos serían barridos completamente por el pueblo venezolano. ¿Qué nos corresponde entonces?, ¿cómo lograr una solución que además sea pacífica a esta situación? el ejercicio de la presión. Presión interna política, social, institucional, militar, internacional. Toda la presión posible para lograr se que genere un clima a través del cual podamos salir de esa situación. Esa es la única vía posible que yo veo para salir de todo esto.

— ¿Se acabó la posibilidad de una salida electoral en Venezuela?

— No se ha acabado. Yo creo que todo depende de la presión que ejerzamos. Vamos a ejercer presión, nosotros tenemos un derecho constitucional, artículo 68 de la Constitución, que es el derecho al pataleo, el derecho a la protesta, lo que estamos viviendo en Venezuela. Y vuelvo a decir particularmente en el Zulia, es una tragedia, es inhumano, no tiene sentido, entonces tenemos razones miles para protestar. Vamos a intensificar la presión y estoy seguro que eso puede ayudarnos a lograr esa salida electoral.

— ¿Tiene sentido que la oposición vaya a unas elecciones parlamentarias?

— Vamos a estar claros, el problema de Venezuela es la Presidencia de la República. Nosotros desconocimos la farsa electoral del 20 de mayo del año 2018 y lo hicimos con toda responsabilidad. Eso ayudó a que hubiera un desconocimiento mundial a Nicolás Maduro. Entonces, no podemos ir en estas circunstancias a una elección de Asamblea Nacional que además corresponden para finales del año 2020, pero que debería hacerse con una elección presidencial y que debería hacerse con un nuevo CNE, designado por quien tiene que designarlo según la Constitución venezolana, que es la AN. Si tú vas a una elección de CNE, lo designa la AN, y vas a una elección presidencial, si quieres le metes las parlamentarias, así sí valdría la pena. De lo contrario, no tiene sentido.

— ¿Fue un error negociar con el régimen en Noruega?

— Las cosas hay que ponerlas en su contexto. Cuando la oposición venezolana decidió aceptar la invitación de Noruega, en ese momento había una opinión de la comunidad internacional, especialmente la Unión Europea, según la cual, con ese acompañamiento de Noruega podrían lograrse condiciones básicas para lograr una solución pacífica a la crisis que el país está viviendo. Cuando eso se presenta desde sectores tan importantes como la comunidad internacional, nosotros al menos debemos considerarlo porque de lo contrario, la opinión que va a recorrer el mundo es que nosotros no queremos ninguna posibilidad de negociación de esta crisis, entonces creo que en su momento fue pertinente ir a conversar, ir a buscar soluciones. Ahora, con todo esto queda claro que la dictadura no quiere, bajo ningún concepto, buscar una sana negociación. Para ellos la negociación es una posibilidad de ganar tiempo para mantenerse en el poder, no les importa ninguna otra cosa que no sea eso, por eso tiene que ser muy considerado para cualquier paso que demos en el presente y hacia el futuro.

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— ¿El liderazgo del presidente (e) Juan Guaidó se apagó o sigue fortaleciéndose?

— Todos estos procesos producen desgaste y eso es absolutamente natural. Ahora, yo creo que nosotros debemos tener una actitud completamente proactiva y asumir con responsabilidad la necesidad de luchar por el destino de Venezuela. Si a Juan Guaidó le tocó la responsabilidad de liderar este proceso, lo menos que podemos hacer es acompañarlo. Yo no voy a mirar para los lados, yo creo que nosotros debemos tener una visión totalmente unitaria en función de lograr un objetivo y si le corresponde a Guaidó llevar adelante eso, lo menos que podemos hacer, insisto, es acompañarlo.

— ¿Qué le diría a las personas que todavía dudan de salir a marchar el 16 de noviembre?

— Nuestro pueblo está desesperado, todos estamos desesperados y tenemos razones de peso para estarlo, porque lo que estamos viviendo en Venezuela y te hablo particularmente del Zulia, es una tragedia, una cosa inaceptable, pero tenemos que luchar. No podemos rendirnos, no podemos decir “bueno, esta gente se quedó allí, no hay nada que hacer, entonces dediquémonos a ver cómo hacemos para que nuestra familia subsista y pa’ lante”. No, señor. Nosotros tenemos que tener un carácter rebelde, salir a la calle, no podemos seguir mirando a otros lados para buscar culpables entre nosotros. Es verdad, no hemos logrado sacar a Nicolás Maduro, pero también es cierto que quien respalda a Maduro son las fuerzas del mal, te estoy hablando del narcotráfico, de la guerrilla, del paramilitarismo, de la delincuencia, de la extorsión, de Cuba, de Rusia, China, de Irak, de Turquía. Es decir, hay una realidad también que sustenta a Maduro en el poder. Ahora, nosotros tenemos que seguir dando la pelea, ejerciendo presión, no basta con la presión internacional. Tenemos que intensificar la presión interna. Tenemos que dejarnos de mirar a los lados para encontrar entre nosotros los culpables y asumir la responsabilidad. Juan Guaidó ejerce un liderazgo en este momento y nos llamó a que el 16 de noviembre salgamos a las calles. Para qué vamos a empezar a ver si es bueno, si es regular, si es malo. Vamos a echarle pichón, vamos a salir a la calle, a generarle presión, vamos a demostrar que los venezolanos no nos rendimos.

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