• La crisis humanitaria que atraviesa Venezuela ha sido un factor para el aumento de la depresión como enfermedad. Además, el presente lamentable de los centros asistenciales y la escasez de medicinas imposibilita la recuperación de los pacientes

La depresión se transformó en uno de los trastornos más comunes en la sociedad, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Según el informe presentado el 7 de abril de 2019 por la OMS, 322 millones de personas en el mundo padecen esta enfermedad, representando un 4,4% de la población y un incremento de 18% en comparación con las cifras presentadas hace una década.

Población depresiva. El mismo informe establece que en Venezuela el 4,2% de la población sufre de esta enfermedad, que responde al agotamiento de la vida y las sensaciones de pesar continuo.

Partiendo de la cifra dada por la OMS y por el Censo 2011 del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), este porcentaje equivaldría a más de 136.000 venezolanos.

En muchos casos se considera la depresión como resultado de un momento de tristeza, pero para Hisvet Fernández, la depresión es un padecimiento psiquiátrico y psicológico que induce al individuo a un desdén continuo por la vida, señaló para El Diario.

Por ende, la única forma de solventar dicho padecimiento es a través de un tratamiento médico constante y consecuente. 


“La gente no se sobrepone a la depresión, se sobrepone a la tristeza. La depresión, como es un trastorno integral, necesita tratamiento, y eso requiere un diagnóstico adecuado. Y no pueden generalizarse los tratamientos, cada persona es única e irrepetible, y así es la depresión también. Hay que hacer una evaluación completa e individual de la historia y personalidad del que padece”, explica. 

Foto: cortesía

Al entender la depresión como una enfermedad crónica que afecta la psique del individuo y lo induce al despojo de la vida, es imperante reconocer la importancia del tratamiento necesario para evitar el avance de la enfermedad.  

Para Cristal Palacios, psicóloga graduada de la Universidad Central de Venezuela (UCV) e investigadora del Instituto de Justicia Transicional de la Universidad de Ulster, ubicada en Irlanda, la depresión es una enfermedad recurrente en Venezuela porque los niveles de cortisol de la mayoría de los ciudadanos, una hormona que se libera como respuesta al estrés, siempre está a un nivel elevadísimo y los mecanismos del bienestar se deterioran a largo plazo. 

La depresión es un proceso sumamente doloroso. Para quienes la padecen, el vivir agota. Es como tener una enfermedad terminal. Duele psíquicamente. Cuando se despiertan y les toca enfrentar otro día, se les hace insoportable”. Psicóloga Cristal Palacios

La especialista también indica que las personas afectadas no saben cómo habitar su propio cuerpo y la familia no sabe cómo tratarlos, porque no son profesionales de ayuda. “Nosotros aprendimos a desarrollar capacidades de escucha sin juzgar”, explica Palacios.

En Venezuela en los últimos años la escasez de medicamentos y el deterioro significativo de los centros asistenciales ha sido un factor para que la vida de los pacientes neurológicos y psicológicos se vea comprometida.

En 2017 la Sociedad Venezolana de Neurología (SVN) indicó, en mayo de ese año, que existía una falencia de 90% en la medicación necesaria para dichos pacientes. 

Falta de medicamentos 

La crisis humanitaria y económica ha sido un aspecto determinante para el aumento de personas depresivas en el país por la preocupación constante y la dificultad de solventar las necesidades básicas.

Además, para muchos pacientes psiquiátricos la falta de medicamentos representa el primer paso para el padecimiento de una depresión crónica. 

Ilustración: Betania Palacios

En 2019, El Diario registró el relato de María Rodríguez, una mujer venezolana que desde Lima, Perú, narró la decisión de tres familiares de acabar con su vida. En ese caso, su madre y su primo eran pacientes neurológicos que necesitaban, diariamente, su tratamiento para solventar los problemas de la enfermedad. 

La continuidad de la crisis, la reducción de poder adquisitivo y la escasez de medicinas, indujeron a sus dos familiares a un proceso depresivo sin precedentes. 

Según el relato de María, su madre había sufrido ataques de epilepsia toda la vida pero nunca representaron un problema de gran magnitud porque el medicamento necesario se encontraba en cualquier farmacia del país y las consultas con el especialista eran semanales. 

Pero con el aumento de la crisis en el año 2017 todo cambió. 

No se encontraba medicamento, los doctores que la habían tratado por años decidieron dejar el país, los centros asistenciales se encontraban en condiciones deplorables y la calidad de vida de la madre de María disminuyó. 

Los ataques epilépticos aumentaron, la crisis alimentaria llegó a su hogar, sus hijos tuvieron que emigrar para sosegar la pesadez de la pobreza y, después de padecer un trastorno depresivo por el retorno de los ataques, la madre de María decidió quitarse la vida. 

La reducción de los medicamentos, en primera instancia, y la imposibilidad de una calidad de vida fueron factores de implosión para tomar una decisión tan difícil.

Para Manuel Fariñas, en una entrevista exclusiva con El Diario, el suicidio está antecedido por dos elementos que afectan la mente del individuo: el orgánico y el psicológico.

El orgánico, según Fariñas, se caracteriza por interrumpir el funcionamiento de las células cerebrales y, por ende, necesita medicación constante para disminuir dicha interrupción. 

Foto: cortesía

Enfermedades como la epilepsia, el alzheimer, el parkinson, entre otras, entrarían en esta categoría de afecciones neurológicas. En cambio, el psicológico se caracteriza por enfermedades como la depresión y la ansiedad, que responden a las implicaciones que genera el contexto. 

Ahora, los pacientes que padecen dichas enfermedades se encuentran bajo el yugo de la crisis médica que atraviesa el país.

Alejandra Contreras, paciente psiquiátrica desde 2016, declaró para El Diario que el peor año para obtener los medicamentos para tratar la enfermedad fue en 2017. 

“Ese año una amiga de mi hermana me compró las pastillas en Madrid y me las mandó. Tuve que escanear el recipe y mandárselo, porque en ninguna farmacia de Caracas estaba la medicación que necesitaba. Ni los bachaqueros -revendedores de medicinas-, que vendían cada caja en 50 y 60 dólares, tenían el medicamento. No había forma”, agrega. 

Contreras explica desde su experiencia personal que la situación de escasez ha disminuido en el último año, pero que los precios son elevados y una caja puede salir en 400.000 bolívares.

Según su relato, el único medicamento que se consigue para combatir la depresión es la Sertralina, un antidepresivo que pertenece al grupo de inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina, un químico y neurotransmisor humano que funciona para regular el estado de ánimo de cada persona. 

El deterioro de los centros asistenciales

Así como la falta de medicamentos es un factor para el aumento de la depresión en la población venezolana, el deterioro de los centros asistenciales dedicados para los pacientes psicológicos y neurológicos es otro elemento que dificulta su recuperación. 

El Diario, a finales de 2019, visitó las instalaciones del Hospital Psiquiátrico de Lídice, ubicado en el municipio Libertador, en el oeste de la capital. 

La institución solo tenía capacidad para atender a cuatro pacientes porque las salas oscuras, con insectos que caminan alejándose de la luz solar, se pueden mantener por la fiereza de las enfermeras que trabajan en el recinto. 

La alimentación de los pacientes, olvidados por sus familiares y por las instituciones gubernamentales, está en manos de las enfermeras que recolectaron el dinero necesario para brindarles, al menos, dos comidas diarias. 

El resto de instituciones con departamento de psiquiatría en la ciudad de Caracas, como el Hospital Clínico Universitario, el Hospital de El Llanito, el Hospital Pérez Carreño, entre otros centros ambulatorios, como el Seguro Social de Chacao y de El Valle,  padecen un deterioro significativo y la falta de medicamentos para los pacientes. 

Wadalberto Rodríguez, actual presidente de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría, denunció el deplorable estado de dichos centros asistenciales y aclaró que las cifras de las enfermedades psicológicas son un factor alarmante para población venezolana. 

Foto José Daniel Ramos

“Todos ellos, sin excepción, están funcionando muy mal porque no tienen medicinas para ofrecer desde hace dos años. Allí se ve a los pacientes pero no se les receta nada”, agrega Rodríguez sobre estos recintos médicos.

El estrés diario, el empobrecimiento de la calidad de vida y la incertidumbre que se cierne sobre los venezolanos es una razón para el crecimiento de la depresión como padecimiento colectivo. Pero, al mismo tiempo, la escasez de medicinas y el estado deplorable de los centros asistenciales es una zancada para la necesidad de los pacientes psiquiátricos de retomar su normalidad. 

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