El papel de las matrices de opinión en las guerras híbridas a propósito del conflicto venezolano

“La primera víctima de la guerra es la verdad” (Cita atribuida al dramaturgo griego Esquilo) .

En una publicación de Rand Institute que resume el testimonio de Chistopher Chivvis PhD ante el Comité de Servicios Armados del Congreso de Los Estados Unidos, en marzo de 2017, se describe de forma muy clara la naturaleza de las “guerras híbridas” como la modalidad de preferencia utilizada por Rusia en conflictos como los de Ukrania, Georgia y Siria.

Uno de los elementos fundamentales de este tipo de aproximación a la guerra es el manejo de la opinión pública a través de todos los medios disponibles, desde la propagación de rumores de forma verbal pasando por la manipulación de noticias, identificación de áreas sensibles de opinión y otros ámbitos del arte de la desinformación, hasta las prácticas de intervención digital con el uso de noticias falsas, espionaje, usurpación y otras tácticas de ingeniería social. 

Guerras por generación e híbridas 

A diferencia de la creencia general, el concepto de generaciones aplicado a la evolución de las modalidades de guerra no es sustitutivo, no consiste en el reemplazo o transformación de una forma de confrontación por otra, o al menos no enteramente. El concepto de generaciones aplicado al nivel de sofisticación de las guerras es aditivo, esto es, que a cada generación superior se suma una nueva forma o modalidad que entra a formar parte del armamento.

Pero, además, si el concepto de generaciones asignado a la evolución de la guerra está prominentemente asociado a las tecnologías utilizadas, no en poca medida también a la forma de concebir los conflictos.

En la teoría de generaciones bélicas el uso de la propaganda, la desinformación, la conspiración, los señuelos, se entrelaza y sus elementos interactúan en alguna medida con la generación correspondiente. Por ejemplo, en el muy conocido caso de la batalla de Las Queseras del Medio durante la guerra de independencia de Venezuela, el General José Antonio Páez derrota al numéricamente muy superior ejercito de Morillo fingiendo una huida que encuentra su punto de quiebre al grito de “Vuelvan Caras”.

En este caso el principal ingrediente del resultado de la batalla no es estrictamente bélico en cuanto a poder de fuego, pero perceptivo. Es una suerte de operación sicológica que descoloca mortalmente al enemigo. 

En el mundo contemporáneo las guerras dependen cada día menos del poder bélico de los actores en conflicto, esto es, cantidades de tropas, tanques, aviones, misiles, que de su habilidad para generar amenazas creíbles sobre su utilización.

Esta paradoja signó los 50 años de guerra fría en los tiempos entre la posguerra y la caída del muro de Berlín. Pero más paradójico aún es el hecho de que de alguna forma la opinión pública mundial fue convencida de que la guerra fría había finalizado. Lo cierto es que la humanidad no ha dejado de estar en guerra ni un instante desde antes de Mesopotamia, solo ha tenido pausas o mitigaciones en la intensidad de los conflictos bélicos.

Todo ello como telón de fondo o expresión de la más poderosa, profunda y a la vez inconfesable de las expresiones de la condición humana: la búsqueda del poder y la dominación del otro. 

Aunque las descripciones de Chivvis en el documento referido se orientan a las actividades de Rusia con la finalidad de imponer sus intereses en Europa, Siria y otros territorios de su influencia directa, las similitudes con lo que se puede observar en Venezuela en términos de tácticas de manipulación, censura selectiva y dinámica, operaciones sicológicas y desinformación, son pasmosas.

Pero, si bien ahora es que se reconoce que Rusia está innegablemente involucrada hoy a favor del régimen que usurpa el poder en Venezuela, estos elementos de guerra híbrida han formado parte de la batería de armamentos desde los comienzos del proyecto hegemónico venezolano otrora conducido por Hugo Chávez. 

Manipulación originaria 

Paradójicamente el primer elemento de desinformación reconocible en el conflicto que vive actualmente Venezuela es la percepción de su naturaleza. Desde los años en que Chavez ejercía el poder en la nación caribeña, las matrices de opinión generalizadas combatían, o en su defecto ocultaban, la tesis del conflicto, la idea de que Venezuela era un teatro bélico en desarrollo; entre otras cosas porque muchos de los elementos clásicos que califican la existencia de una guerra sucumbían a un complicado entramado de propaganda, desinformación y, sobre todo, la utilización de la ingenuidad y rigidez ideológica de la dirigencia de la oposición venezolana. 

De este modo, lo que uno de los actores en pugna tenía muy claro desde los tiempos de gestación del conflicto, el otro no solo lo ignoraba, sino que lo excluía dogmáticamente del tablero de escenarios.

Dicho de otro modo, la matriz de opinión de mayor importancia en el proceso de dominación de Venezuela consistió en hacer creer que no existía tal cosa como una ocupación en proceso de una nación por parte de otra nación extranjera o de un conglomerado de intereses, sino que en lugar de estarse dando un proceso sistemático de aniquilación de un estatus quo, Venezuela solo sufría los embates de un típico caso de régimen autoritario populista, de un gobierno apenas corrupto e ineficaz.

Numerosas voces advirtiendo desde los albores del régimen chavista sobre su naturaleza invasiva y hegemónica eran rebasadas por una formidable plataforma de propaganda.

Ese fue el andamiaje central para mantener a las fuerzas opuestas a la progresiva tiranía impuesta por el «Socialismo de siglo XXI» jugando con acuerdo a un cuerpo de reglas, las reglas de las democracias, mientras que los agentes de esta tiranía, locales y foráneos, desmantelaban todo el aparato institucional del Estado, junto con no poco del tejido de principios y valores de la sociedad, del mismo modo que las termitas corroen una catedral hecha del más robusto roble. 

Ovejas por lobos 

Desde el comienzo de la revolución cubana el uso de la propaganda y distintas técnicas de manipulación de la información constituyeron unas de las armas más eficaces para su sostenimiento y consolidación.

Durante seis décadas Cuba se ha dado el lujo de medrar cómodamente entre el concierto de las naciones logrando crearse una percepción de exótico fenómeno social de una forma parecida a como el formidable pelaje de un tigre de bengala nos hace olvidar la naturaleza cruel y despiadada de la criatura. 

De una forma parecida, y con estilos particulares el caso venezolano se construyó semiótica y mediáticamente sobre pilares de disonancia cognoscitiva que distraen los elementos centrales y sustantivos de su naturaleza y propósitos.

Así, un Chávez de personalidad arrolladora y jovial, acoplada íntimamente a la idiosincrasia de sus interlocutores y audiencias, disfrazaba acciones y conductas de índole criminal y gran crueldad: botar a todo el tren ejecutivo de Pdvsa en cadena nacional con un silbato; sentenciar: “exprópiese!” desde un estudio de TV al mejor estilo de la reina de corazones vociferando “off with their heads!”.

Y en su propio estilo, este, más grotesco y bizarro, su sucesor Maduro baila torpemente en una tarima celebrando alegóricamente la muerte y la desesperación del pueblo, se burla de sí mismo, cuenta chistes de indecible mediocridad, todo con el fin de descolocar el foco del ciclo noticioso. 

Desde el mismo génesis de su carrera política, Chávez, ex-convicto indultado, convertido en candidato populista, entendió la inmensa eficacia de los medios y de la información como herramienta para acceder al poder y para mantenerse en él.

Difícil saber qué tanto de ello aprendió de Fidel Castro y qué tanto de su propia observación. Lo cierto es que desde sus tiempos de candidato ya había tenido interacción con grandes conocedores de semiótica, propaganda y desinformación. El proyecto del «Socialismo del Siglo XXI» siempre ha contado con el más sofisticado aparato de comunicación que el dinero puede pagar, agencias de publicidad de clase mundial, las más serias empresas de estudios de opinión y poderosas plataformas de cabildeo mediático.

En la medida que la sociedad se ha ido adentrando en la transformación de los medios tradicionales a las redes sociales, la revolución ha abrazado su creciente influencia en la opinión pública, llevándose también de la mano con la vanguardia en el manejo de estos nuevos medios.

Así, aunque no existe evidencia de que el régimen venezolano haya sido cliente de, por ejemplo, Cambridge Analytica, no hay duda de que cualquier organización similar de origen ruso, español, francés, chino o incluso americano, está actualmente manipulando de forma intensa el ecosistema de la media digital venezolana bajo algún muy jugoso contrato pagado en oro, petróleo o hasta quizás otros menos inocentes medios de pago. 

Tontos útiles 

Las tácticas y conductas de estos regímenes, de estos sindicatos ilícitos de poder, incluyen la utilización de toda suerte de esquemas de propagación de percepciones sirviéndose de episodios y de tontos útiles que sirven de ingenuos caballos de Troya para penetrar en la normalidad de las sociedades organizadas y en la psiquis de todo sujeto relevante al conflicto.

Una de las formas de mayor eficacia es la asociación con personalidades del mundo artístico, el llamado “show-business”, las cuales se prestan para la generación de matrices de opinión sin rubor alguno, ya sea por crasa ignorancia o por vergonzosa motivación crematística.

Ese esquema se extiende al mundo de las plataformas de propagación de noticias que comprenden al menos dos instancias de actores: las agencias de noticias y medios de gran reputación; y los editores y redactores de estos medios, sin dejar de lado, por supuesto, los “free riders”, periodistas independientes o “influencers” que se han proliferado exponencialmente gracias a la facilidad que el crecimiento de las redes sociales les ha otorgado para prescindir del “middle man” representado en las plataformas noticiosas clásicas. 

En el conflicto venezolano destaca como para un caso de estudio este síndrome de caja de resonancia que amplifica elementos de desinformación perjudicando muy severamente las acciones de una oposición que desde su imperfección intrínseca trata de enfrentarse a un enemigo de proporciones pantagruélicas, un Leviatán con mil cabezas y diez mil brazos, no pocos de ellos de naturaleza cibernética. 

Por supuesto que sobre el lomo de este dragón mediático digital también cabalgan quienes tienen agendas particulares, ya sea originadas en la mezquindad política o en la miopía y la soberbia de los dogmas.

En nombre de la libertad de opinión y de la hegemonía de las verdades particulares se torpedea con saña la línea de flotación de la nave de la liberación. Pero esto no es exclusivo al complejo tejido de intereses que comprende la dinámica venezolana, no por mera coincidencia algunas de las batallas más importantes de la historia se han visto perdidas por efecto del “friendly fire”. 

No existe un algoritmo específico, infalible, que garantice la propagación viral de un mensaje o cuerpo de mensajes destinados modelar una matriz de opinión o incluso una actitud o estado de ánimo, pero sí se pueden identificar ciertas corrientes de opinión luego de que han alcanzado masa crítica.

De este modo, si una oficina o sala de monitoreo identifica una matriz en desarrollo, un tópico, que está teniendo receptividad, ya sea por el nivel de “engagement” o por su resiliencia, y ese elemento es conveniente para la estrategia comunicacional, entonces se puede con mucho mayor certeza de éxito asistir su consolidación con recursos tales como los llamados “troles” que contribuyen a generar tráfico y por lo tanto relevancia a los mensajes o tópicos deseados.

Se sabe que el régimen usurpador de Venezuela mantiene contingentes de estos llamados “guerrilleros comunicacionales” asistidos por otros mecanismos robotizados y de análisis con la finalidad de privilegiar los mensajes que calzan en su cuadro general de control conductual; los principios fundamentales a promover son: miedo, inacción, desconfianza, desconcierto, resignación.

De acuerdo con ellos, se trabaja en privilegiar, en amplificar aquellas corrientes de opinión que encajan en el modelo, y para ello, tanto mejor si los referentes pertenecen a las corrientes que cuentan con más credibilidad en los grupos antagónicos.

Un columnista, tuitero o “videoblogger” identificado con la oposición es mucho más eficaz creando desasosiego, independientemente de su intención, que uno identificado con el régimen. Esta premisa, junto con la actitud cuasi irreflexiva de las audiencias tiene un efecto amplificador y de gran eficacia al servicio de cualquiera de los cinco elementos de control social anteriormente mencionados. 

Los mensajes clave 

Durante los meses que han transcurrido desde el nombramiento de Juan Guaidó como presidente encargado de Venezuela, se han sucedido tópicos de desinformación que han alimentado en gran medida los cinco principios de desactivación antes mencionados. Algunos hasta cierto punto auto-inflingidos y otros crasamente fabricados con traza de laboratorio. He aquí algunos. 

Guaidó es socialista: especie propagada por algunos voceros de sectores más radicales de derecha que hacen vida en la oposición y que ha sido aprovechada por las plataformas de amplificación para asociar al presidente encargado con una orientación política que no resolvería el fondo de los problemas creados por el «Socialismo del siglo XXI».

Lo cierto es que Guaidó no es socialista en el sentido político del término, pero a la vez, la falta de un discurso más diáfano por temor a perder algunos apoyos no consolidados contribuye a que persista un manto de confusión sobre este tópico. 

La intervención militar es la única salida: este tópico es resistente a todo tipo de desmentidos debido al estado de necesidad en que vive la población. No importa cuantas declaraciones directas y taxativas den los propios voceros del gobierno de Estados Unidos, ciertos operadores de opinión militantes en diversas agendas particulares tendrán gran facilidad para mantener esa tesis en estado de inmunidad porque encontrará gran aceptación debido a la arraigada convicción de que es el camino más corto al fin de la tiranía, y por ende a la cesación de los sufrimientos cotidianos que esta acarrea. 

La dirección opositora es colaboracionista: otro tópico de gran fertilidad opinática. En no poca medida las mismas fuerzas de la oposición en el ejercicio de la conducta principista mencionada anteriormente han sido las principales promotoras de esta matriz de debilitamiento, que obviamente atenta contra la necesaria unidad de fuerzas de los factores invertidos en el rescate de la institucionalidad.

Fallidas mesas de diálogo, acercamientos tácticos y hasta descarados casos de real cohabitacionismo. 

Las sanciones no son efectivas: este es uno de los tópicos con mayor clientela en cuanto a plataformas de promoción debido a los poderosos intereses que afecta, algunos legítimos y otros profundamente mezquinos.

Comenzando con el régimen, que paga literalmente millones de dólares en lobbys para mitigarla o desmontarlas y siguiendo con sectores particulares nacionales y globales que prefieren continuar obteniendo beneficios y privilegios o simplemente proteger algunos intereses residuales o potenciales. 

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