Para ser realista cuando anunciaron la cuarentena para evitar la propagación del coronavirus, no sentí tanto temor a pesar de tener a mi bebé–en aquel momento– de solo 10 meses. Era tan pequeña, tan vulnerable, yo solo pensé que nos tocaría quedarnos un buen tiempo en casa, no había nada que temer. 

Un día antes del anuncio, para nuestra mala o buena suerte, el carro se quedó varado en el taller. A casa nos tocó regresar en taxi. Mi esposo y yo pensamos que quizás no sería malo estar sin carro en estos momentos, así evitaríamos salir a la calle.

Sobre la compra de alimentos y otros artículos de primera necesidad, tampoco tuvimos mayor preocupación. Afortunadamente la despensa estaba llena y los productos necesarios para mi bebé (pañales, leche, etc) tampoco eran escasos en casa.

Los primeros días fueron como un fin de semana eterno, aunque en este caso sí debía seguir trabajando. Solo que ahora era desde casa, mientras hacía las labores del hogar y además, atendía a mi hija.

Ser madre es lo mejor que me ha pasado en la vida, pero en estos tiempos es lo más desafiante. Te hace estar en un constante estado de incertidumbre y estrés que se difumina al sentir toda la ternura y amor que mi pequeña me transmite a diario.

Martina no tenía ni un año cuando todo comenzó, yo solo pensaba que al menos no me tocaba explicarle lo que está pasando. No me tocaba decirle que hay miles de personas muriendo y que no podemos salir de casa ni a ver a nuestra familia, que además vivimos en un país donde da más miedo entrar a un centro médico que el mismo coronavirus.

A pesar de ser pequeña, ella salía todos los días a la oficina conmigo y mi esposo, estaba acostumbrada a ver gente a diario, a estar en un ambiente distinto que no es su casa.

Ahora la rutina cambió. Nos toca estar en nuestro hogar todos los días ,tratando de hacer de nuestra casa un mundo nuevo para ella, un lugar maravilloso donde todo es perfecto, donde los juegos y las risas están presentes a toda hora, donde no hay problemas. Me propuse hacer de este espacio un mundo en el que ella pueda crecer feliz.

Me preocupa. Creo que no es normal que mi bebé viva sin ver a otras personas que no sean mamá y papá, creo que podría pasar que cuando todo vuelva a la normalidad no quiera estar con mas nadie que no seamos nosotros.

Cada día pienso en su vida que apenas comienza. Aprendió a caminar en cuarentena, recorre toda la casa durante el día, eso me llena de vida, de esperanza, me hace pensar que todo está bien y que nada malo nos va a ocurrir.

A veces me siento como en esa típica película donde hay un virus y no puedes salir de tu casa, donde mueren miles de personas y tú solo te reguardas y rezas para que tú y los tuyos estén bien. Nadie estaba preparado para esto.

Por supuesto, no todo puede ser perfecto. La casa está desordenada, no me da tiempo de hacer todo. No puedo lavar, si cocino no tengo tiempo de fregar o simplemente no quiero hacer nada. La rutina cansa.

A veces siento que las ideas y los juegos para que ella haga cosas distintas se me acaban, siento que se aburre y que ya no quiere estar aquí, pero no puede decírmelo. Yo solo trato de que se sienta bien y se divierta en este espacio en el que llevamos 61 días.

Llegó el 9 de mayo. Su primer cumpleaños y en medio de una pandemia, por supuesto hay nostalgia pues quieres que toda la familia esté presente, que la llenen de amor, de regalos y la acompañen a celebrar su primer año de vida.

Lo poco que hicimos fue con el mayor amor del mundo, le inflé miles de globos para llenar su cuarto , hice muchas cosas para hacer de ese su día especial. Estoy segura que se sintió en un mundo distinto, pero al siguiente creo que todo volvió ser igual, ver la televisión, los mismos juegos, sentarnos a comer , hacer siestas, volver a jugar y dejar los juguetes por toda la casa.

Aunque solo tiene un año me pregunto todos los días si estoy haciendo las cosas bien, si será feliz estando solo en casa, si en verdad está aprendiendo algo en esta cuarentena que parece que nunca acabará.

Como madres siempre vamos a querer lo mejor para nuestros hijos, queremos que crezcan en un mundo ideal y sin problemas, pero creo que nos tocaba hacer una pausa a ese mundo diario tan rápido en el que vivíamos.

Por ahora, trato de darle lo mejor de mí, mi mayor amor y dedicación, llenarla de detalles. Pero siempre me juzgaré si estaré haciéndolo bien, yo solo seguiré creando un mundo distinto para ella desde casa, aunque no crucemos la puerta.

Prometí no exigirme tanto, entender que nadie la está pasando bien y que todo pasará. Sé que algún día, cuando le cuente a ella todo lo que hacía para hacerla feliz y le muestre todas las fotografías de lo que hacíamos en esta cuarentena eterna, me lo agradecerá.

Después de todo, de tantas dudas e incertidumbre por lo desconocido, creo que algo estoy haciendo muy bien como mamá. Desde hace siete semanas exactamente crece en mi vientre una nueva vida que me invita y me motiva a ampliar el mundo que creé para mi Martina en nuestro hogar. Ese en el que pronto seremos cuatro. 

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