En la absoluta locura y búsqueda de comprensión que implica vivir, cada quién está haciendo lo mejor que puede con lo que tiene, con lo que sabe y con lo que quiere. Cada quien está optando por un camino, ese camino es el de cada uno y nadie puede transitarlo por nosotros.

Ese tránsito está cargado de decisiones, una tras otra. Cada decisión tiene consecuencias o como dirían tantos pensadores: “cada elección implica una renuncia”. Optas por una curva, renuncias a la recta, o viceversa. La consecuencia de cada decisión es: lo que te encuentras por el camino escogido y lo que te pierdes del camino no escogido. Puedes decidir devolverte y transitar el camino por el otro atajo, pero el tiempo invertido en el camino anterior, es irrecuperable, aunque no necesariamente perdido.

¿Existe el tiempo perdido? Creo que no, en la medida que hayamos aprendido algo, en la medida que ese camino transitado nos haya dejado alguna lección, aunque no nos haya llevado al destino final. Si hay aprendizaje, no hay arrepentimiento válido. Si no hay aprendizaje, es posible que sin darnos cuenta, nos toque transitar por ese mismo camino que no nos gustó una y otra vez. Si no estamos despiertos, es probable que ese camino solo nos esté llevando a dar vueltas a la redonda.

¿Es mejor el camino que escogieron otros? No estamos en sus zapatos para saberlo, no podemos entender las piedras que se cruzan en su camino, tampoco podemos saber a dónde lo llevará en su viaje interior o exterior. Podemos sí, ir entendiendo a dónde nos lleva nuestro propio camino, así como las dificultades que nos toca trascender a lo interno y externo. No estamos para compararnos, sino para vivir nuestras propias experiencias y entender que cada uno está en su búsqueda.

Cada quién está haciendo lo mejor que puede con lo que tiene, con lo que sabe y con lo que quiere. Porque no se trata solamente de eso con lo que contamos, no se trata solamente del conocimiento adquirido, se trata también de ese deseo que nos mueve, que nos levanta del letargo, ese querer, ese empuje que se sobrepone a todos los “no se puede”. Al final vivir y que tenga sentido, es una decisión que se toma todos los días, transitando el camino, el tuyo.

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