Se nota que el creador de la frase “La primera impresión es la que cuenta”, no tenía Zoom. Si tan solo supiera todo lo que se esconde fuera de ese marquito que nos bordea en cada reunión…

Manicura y pedicura: Levante la mano todo aquel que habla por Zoom y justo debajo de la cámara se está jalando las cutículas. Levante la mano toda aquella mujer que mudó su kit de manicura justo al lado de la computadora, para pintarse las uñas de las manos en plena reunión de Zoom. (Aunque las más admirables son aquellas que incluso se hacen los pies, simulan prestar atención a la junta y, con eso y todo, la pedicura les sale derechita).

Beber algo: Levante la mano todo aquel que tiene una taza de café justo al lado de la computadora cuando se reúne por Zoom. Ahora levante la mano todo aquel que, en dicha taza, no echa café sino cerveza, vodka o el extraño menjurje de conchas de piña con semillas de chía para adelgazar. (También levante la mano todo aquel que tiene la taza vacía y solo finge tomar algo para no desentonar con el resto de los presentes).

Chateo por WhatsApp: Levante la mano todo aquel que coloca el celular justo al lado de la cámara de la computadora, para revisarlo mientras “atiende” a la reunión. Ahora levante la mano todo aquel que no solo ve el WhatsApp, sino que además le baja el brillo a la pantalla del celular para no hacer evidente que lo está revisando en plena reunión. (Ahora levante la mano todo aquel que ya se está sintiendo en un episodio de Dora La Exploradora porque a cada rato le pido levantar la mano).

Partir el cerebro en dos: Levante la mano todo aquel que silencia su micrófono en Zoom para fingir la norma del buen oyente, cuando en verdad lo está haciendo para escuchar notas de voz del WhatsApp. (Que, por cierto, el verbo “fingir” aplica si usted es hombre, porque si es mujer perfectamente puede atender ambas actividades a la vez… mientras se está haciendo otra pedicura).

Fingir que tiene la cámara mala: Levante la mano todo aquel que se conecta sin activar la cámara o el micrófono, pero en paralelo está barriendo, mandando a los niños a la cama o probándose su nuevo disfraz de Chewbacca. (Y como en los párrafos anteriores siempre he terminado con algo entre paréntesis, agrego este comentario nulo para no romper la tradición).

Fingir que le va de maravilla: Levante la mano todo aquel que instaló su computadora justo delante de la única pared presentable que tiene en la casa (la cual además adornó con libros que nunca se ha leído pero que sirven para subir su estatus). Ahora levante la mano todo aquel que se conecta a Zoom sin haberse bañado. Ahora levante la mano todo aquel que se muestra presente en la reunión, pero silencia el micrófono para liberar ese silencioso y caliente genio de la lámpara que estaba apresado entre sus posaderas. (Y levante la mano si es de esos que sonríe pícaramente cuando lo hace).

No sé si piensan como yo, pero ante todo lo anterior pudiésemos estar de acuerdo en algo: Zoom es demasiado barato para las ventajas laborales que ofrece. Algo parecido a los privilegios que brinda el escribir una columna. Afortunadamente no hay cámaras grabando mientras uno lo hace. De ser así, la primera impresión podría costarme demasiado (incluso más que un tanque de gasolina en Venezuela).

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