• Un hilo de Twitter sobre un fotógrafo se hizo viral. En El Diario conversamos con el argentino Ignacio Genovese, el autor de esa publicación, y quien nos contó sobre la forma particular en la que ve el mundo a través del lente de su cámara

El tenue fulgor del sol baña las montañas argentinas de Comechingones, que bordean la pequeña ciudad de Villa Merlo. La vegetación montañosa, el musgo a la orilla de los fríos lagos y el verde opaco cubre las colinas de un pequeño pueblo que, después de Suiza y California, tiene el tercer microclima del mundo, lo que lo hace visitable durante todo el año. No existen días de mucho calor ni mucho frío. En este pequeño lugar alejado de la ciudad,  la naturaleza es la protagonista y la imponencia de sus elevaciones montañosas cautivan el ojo de visitantes y pobladores.

Alejada a 280 kilómetros de la ciudad de Córdoba, para ser más específicos, este pintoresco poblado se convirtió en la musa de un joven que captura a través de su lente fotográfico la simbiosis entre la majestuosidad natural y el paso del hombre por el mundo.

Desde la Patagonia, Ignacio Genovese rememora en entrevista para El Diario, con emoción en su voz, las características del pueblo que lo enamoró de niño y lo llevó a descubrir su pasión por la fotografía. Su primera cámara digital tenía un megapíxel de resolución, una calidad minúscula en comparación con sus desarrolladas sucesoras. Tenía 13 años cuando se topó con la atracción de capturar el mundo a través de su lente, no para mostrar los resultados ni comercializarlos, sino para recordar sentimientos y momentos.

Henri Cartier-Bresson, considerado el padre del fotoreportaje, dijo una vez que “Fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en el mismo eje”, una premisa que se relaciona muy bien con la pasión que describe Genovese. Su fotografía viene precedida por un enorme esfuerzo solo impulsado por el entusiasmo de dejar registro de lo que ve en el mundo. Este joven fotógrafo padece daltonismo, una condición que consiste en una capacidad reducida de distinguir entre ciertos colores, además de miopía y astigmatismo. Quizás un hecho complicado de lidiar en la fotografía, pero que no lo ha limitado.

Foto: Ignacio Genovese

“Yo creo que estas condiciones afectan mi visión del mundo y también afecta cómo yo veo el mundo a través del lente de la cámara”, pero cree fervientemente en la visión única e individual del mundo de cada persona. Su pasión por la fotografía le permite “celebrar” esta condición y desdeña la idea de que sea un impedimento.

No niega ciertas dificultades. Cambiar de lente o hacer ajustes a la cámara puede resultar sumamente complicado para él, pero no se deja invadir por las limitantes. Su perspectiva de las situaciones va enrumbada hacia la oportunidad que le ofrece su condición. Considera así que cada fotógrafo tiene una visión única de lo que ve en el mundo, de los planos, la composición y la colorimetría. En este sentido, el daltonismo le permite mostrar la forma en la que él ve el mundo.

Cundo se observan las fotografías de Genovese la ausencia de ciertos colores se hace notar. El verde no se destaca y el rojo pasa de ser percibido. Sin embargo, es esa, precisamente, la manera en que este entusiasta fotógrafo percibe los colores a través de su retina y es esa percepción diferente y subjetiva lo que desea mostrarle al mundo.

Foto: Ignacio Genovese

La naturaleza de Villa Merlo lo cautivó de niño, al crecer se mudó a Córdoba para estudiar Ingeniería en Computación y hace tres años obtuvo una beca para estudiar un Máster en Estados Unidos, donde explotó su talento fotográfico. Eso sí, deja muy claro que el amor por su profesión no tiene ni un ápice de comparación con la pasión que le genera fotografiar. 

“Me doy cuenta  de que esta carrera no me provoca la felicidad que sí me provoca la fotografía, y eso lo he podido pensar también durante este aislamiento”, asegura.

Libertad en la creación artística 

Si bien  mientras cursaba estudios en Cordova tomó cursos de fotografía, Genovese no la veía como una carrera a la que se dedicaría profesionalmente, sino como un hobbie más, una percepción que actualmente mantiene y que ve más ligada con una atracción lúdica de capturar el mundo. Lo ve como un juego, uno que desea explorar con la mayor libertad posible, algo que considera importante en el proceso creativo. Para él, la mejor forma de encontrarse con la creatividad es a través de la libertad de experimentar sin ceñirse a las reglas y conceptos de la fotografía. La libertad es su palabra clave. 

Habla de su daltonismo sin complejo, lo toma como un aspecto más de su vida al que puede sacarle provecho, incluso en sus biografías de redes sociales y su portafolio web se describe sin desparpajo como “un fotógrafo daltónico”. Los colores de sus fotografías reflejan la particularidad con la que percibe la naturaleza y estructuras. Cada foto es muy suya.  

Me cautiva, me captura la visión subjetiva que yo tengo del mundo y la conjunción entre diferentes tipos de escenarios y cómo se ve la mano del hombre tanto en ciudades como en naturaleza” Ignacio Genovese
Foto: Ignacio Genovese

Es un joven que creció en un pueblo pequeño y que día a día se ve maravillado por las grandes estructuras citadinas. Es esa conjunción y simbiosis, la combinación armónica y complementaria del exterior es lo que Genovese captura con su lente. Él lo define como una especie de lucha, pero al mismo tiempo complemento entre la obra del hombre y la potencia de la naturaleza. Los colores de los edificios y los ambientales le dan la libertad necesaria para compartir su percepción con el mundo. 

Mientras estudiaba fotografía, tuvo acercamientos al estilo retrato y de moda en el que el cuerpo humano es el protagonista, pero su condición le impedía lograr detalles naturales en la edición de la piel de los modelos. Él veía la piel de sus trabajos del color correcto mientras que el resto de sus compañeros y profesores lo veían con un tono rojizo. Por la poca libertad que le ofrecía este tipo de fotografía prefirió decantarse por capturar exteriores. A pesar de las dificultades no desecha la idea de fotografiar el cuerpo humano en el futuro, para lo cual, afirma, requiere mucho esfuerzo de su parte para lograr una correcta coloración.

Reitera que la libertad al fotografiar es la mejor manera de capturar la escencia del mundo de forma personal. Antoine D’ Ágata, famoso fotógrafo y cineasta, dijo alguna vez que “lo importante no es como el fotógrafo ve el mundo, sino su íntima relación con él” y eso es todo lo que a Genovese le importa. Asegura que su relación con el mundo que lo rodea es maravillosa pues se trata de una relación muy particular en la que los detalles y su propia visión son los protagonistas. Así lo reflejó en su hilo de Twitter que se hizo viral. A través de esta plataforma quiso mostrar postales de las maravillas del mundo y la manera en que él las percibe. 

Al preguntar quién fue su mayor inspiración no duda ni un segundo al responder. Mientras estudiaba tuvo un profesor llamado Jhonathan Andres Reycols, fotógrafo de modas, quien motivaba a sus estudiantes a experimentar y explotar sus capacidades como prefirieran. 

Foto: Ignacio Genovese
Foto: Ignacio Genovese

“Nos daba la libertad para poder hacer lo que nosotros quisiéramos, lo que nos pareciera bonito, bello, sin dejarnos guiar por lo que sería correcto”. En ese sentido, convirtió la experimentación en la fotografía  en un juego que le divierte y apasiona.

“Es algo que me apasiona hacer que me divierte y esos juegos se tienen que vivir con total libertad. Por ejemplo, un niño no juega condicionado, no tiene reglas para jugar. Yo lo tomo de la misma manera, tratando de no seguir las reglas, de hacer lo que a mí me gusta y me apasiona”. Esa forma lúdica de ver la fotografía la complementa con la necesidad de contextualizar su memoria. No es que tenga mala memoria, dice, es que necesita un contexto para recordar cualquier momento de su vida. Necesidad y pasión, ambas combinadas en el arte de capturar el mundo.

Foto: Ignacio Genovese

Ignacio Genovese se encontraba estaba en Estados Unidos cuando se desató la pandemia por Covid-19. Estuvo en confinamiento obligatorio hasta que regresó a Buenos Aires hace tres semanas, donde también se mantiene en cuarentena. Este tiempo de aislamiento le ha permitido pensar en su pasión por la fotografía y se ha topado con la idea de verla como una profesión de vida que como un hobbie.   

Sus días de encierro han pasado entre tomar fotografías y pensar seriamente en su vida profesional. Por eso quiso compartir parte de su trabajo en Twitter. Su mensaje obtuvo el alcance esperado.Su viralidad no fue fortuita, fue minuciosamente pensada, asesorada y las fotos fueron escogidas con dedicación. Su intención es salir del confinamiento con más posibilidades de dedicarse a profesionalmente a la fotografía desde su estilo.  

Cree en su talento y prefiere pensar en el provecho que se le puede sacar a cualquier condición en lugar de considerarla un impedimento. Ese es su mensaje al mundo. “Lo importante no es padecer la condición, sino explotarla” afirma. 

“A mí me han dicho muchas veces que es raro ver a un fotógrafo daltónico, miope y con astigmatismo. Yo respondo que sí, es algo raro, pero yo veo los colores en esto, me gusta mi fotografía con estos colores y espero que a otros les guste también”. 

Cada foto es un resultado muy personal. El esfuerzo, pasión y entrega están detrás de cada imagen. La firme convicción de mostrar el mundo a través de su retina es lo que lo impulsa a seguir, pues no encuentra mayor satisfacción y complemento en su vida que unir su corazón, cabeza y ojos en el mismo eje: la fotografía. 

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