• El escritor Juan Carlos Chirinos conversó con El Diario sobre su más reciente visita a Venezuela, las costumbres que tiene cuando llega a su tierra natal y de sus inicios, cuando recibió el apoyo de escritores consagrados como José Balza, Silda Cordoliani o Eduardo Liendo. Entre sus respuestas destaca su visión sobre el panorama político de España, país donde reside desde hace ya más de 20 años

Juan Carlos Chirinos (1967) teme volver a una lectura en particular. A su primer descubrimiento, con el que debutó a los siete años en el mundo de las letras y que (in)conscientemente lo ha acompañado durante su periplo como escritor: ese libro es Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez. Teme que después de tanto tiempo le resulte una obra “ñoña y risible” porque, en realidad, lo que atesora son las remanencias de una memoria distorsionada por los efectos naturales del tiempo.

Juan Carlos Chirinos miente. Siempre miente cuando algún periodista incauto le pregunta sobre su libro favorito, nombra cualquier título al azar al momento de responder. Recientemente admitió en un tuit que sus predilectos son los diccionarios y enciclopedias. ¿Miente?   

Diccionarios e enciclopedias, sí, eso dijo recientemente en un tuit, lo admitió como sus libros predilectos. 

Nació en el centro del mundo, en Valera (Trujillo), de eso está seguro él; ¿Está seguro de que nació en Valera o de que Valera es el centro del mundo?, de una sola cosa puede él estar seguro.   

Desde 1997 vive en España, donde ha desarrollado gran parte de su vida y carrera.  Su primera novela publicada fue El niño malo cuenta hasta cien y se retira (2004), finalista del premio Rómulo Gallegos 2005, pero antes publicó dos libros de cuentos: Leerse los gatos (1997) y Homero haciendo zapping (2003). 

Editorial Memorias de Altagracia

Teclea con un solo dedo para escribir sus cuentos, novelas, biografías y ensayos. Por allá, por el año 2000, Juan Carlos terminó un borrador de 500 páginas que se convertiría,  casi dos décadas después, en su cuarta novela: Los cielos de curumo (2019). La edición se redujo a unas doscientas páginas. En ellas, las protagonistas son cinco mujeres y la ciudad de Caracas; una Caracas atemporal que podría ubicarse en los inicios de la revolución chavista… podría ubicarse, porque Juan Carlos siempre aclara que no es una novela histórica, es literatura.   

Hace dos años visitó Venezuela para participar en la IV edición de la Feria Internacional del Libro del Caribe, en Nueva Esparta. También estuvo en Caracas, compartió con amigos, conoció a nuevos y, sin saberlo, se despidió de la librería Lugar Común, participando en un conversatorio sobre su novela Gemelas (2013). Conversador y anecdótico, el carácter de Chirinos transmite confianza y empatía; posee una personalidad que, por alguna razón, te hace sentir que lo conoces desde hace mucho tiempo. 

Editorial La Huerta Grande

En 2019 ofreció numerosas entrevistas en las que fundamentalmente habló sobre Los cielos de curumo y de su estilo literario, varias de ellas están en Youtube, pero ahora sería conveniente saber qué está haciendo Juan Carlos Chirinos (aparte de escribir) en medio de esta pista de obstáculos llamada 2020. 

¿Cómo cambió la dinámica de Juan Carlos Chirinos en el transcurso de la pandemia? 

—De ninguna manera. Sigo leyendo y escribiendo igual que antes.

—¿Se atrevería en alguna etapa de su vida volver a Platero y yo?

—Cuando tenga 80 años, más o menos.

—¿Qué es lo que recuerda de su viaje más reciente a Venezuela?

—Los árboles de la casa de mis padres a las 6:00 am.

—¿Añora su tierra? ¿Cuando regresa a ella, qué es lo primero que hace al llegar? ¿Qué tan importante es la figura de su abuelo Regino en su carrera como escritor?

—Siempre añoro Venezuela, pero sin sentimentalismos. Lo primero que hago al llegar, si puedo, es que me tomo dos o tres jugos de parchita muy fríos. Mi abuelo, que era una persona buena, sabia e inteligente, me dejó tantas imágenes que no hay prácticamente nada que yo haga que no me lo recuerde. Me parezco mucho a él, porque me parezco mucho a mi papá.

—¿Cuánto ha cambiado el Juan Carlos Chirinos de Leerse los gatos (1997) con el Juan Carlos Chirinos de Los cielos de curumo (2019)?

—22 años, una vida completa. Pero creo que si volviera a 1997 escribiría y haría las mismas cosas. Puede que ahora sea más cauto, pero no estoy seguro.

—¿Qué pasó con aquellos cuentos que el joven Juan Carlos Chirinos, de 18 años de edad, le entregó una vez a José Balza?

—Creo que hay alguno guardado por ahí; tendré que revisar una montaña de papeles que me persigue desde hace 30 años.

—»Los escritores venezolanos emigrantes estamos huérfanos de Estado», esto lo dijo en 2013. ¿Sigue usted sintiendo esa orfandad? 

—Cada vez que compruebo que no podemos contar con la embajada venezolana aquí en Madrid para nada porque está secuestrada por un embajador fanático y malandro, vuelvo a sentir esa orfandad.

—Sobre el mundo editorial usted dijo una vez: “escritores noveles deben buscar la ‘aprobación’ de escritores más experimentados, con más obra publicada, o consagrados, para difundir sus escritos”. ¿Siempre ha sido una constante esta premisa en el mundo editorial? En su caso, ¿quiénes le han dado la aprobación y a quiénes se la ha dado usted?

—No sé si es una constante, pero es obvio que un escritor que se quiere dar a conocer necesita que sus pares lo reconozcan también. Cuando comenzaba, entre 1986 y 1992, más o menos, por suerte conté con el apoyo, a veces inmerecido, de escritores a los que respeto mucho como José Balza, Silda Cordoliani, Eduardo Liendo, Carlos Noguera y Ednodio Quintero. Trato de imitar el ejemplo de ellos con las personas que se me acercan o que me piden consejo.

Foto: Abraham Tovar

—¿Cuántos rechazos editoriales ha tenido en su carrera como escritor?

—Infinitos.

—¿Qué tan importante es el reconocimiento público y de la crítica?

—El escritor escribe para que lo lean. Si no lo lee nadie, ¿para qué escribe? Soy poco kafkiano en eso. De otro modo, llevaría un diario privado.

—¿Escribe usted por encargo? ¿Le resulta fácil hacerlo? Su ensayo Venezuela, biografía de un suicidio (2017) fue un encargo o ya había pensado escribirlo.

—Fue un encargo y ya había pensado escribirlo, de hecho, en parte ya lo estaba. Me lo encargaron porque la editora Phil Camino sabía que podía hacerme ese encargo. Escribe sobre lo que ya sabes, fue más o menos su petición.

Pero creo que sí, que si sé del tema, no tengo problema en escribir por encargo.

—¿Quién es esa persona que lee sus textos antes de ser enviados a la editorial?

—Primero los leo yo. Luego, Fátima, mi esposa, los lee tarde o temprano. Y como cosa rara, algunos amigos escritores. Me arriesgo bastante, la verdad. Pero tengo la superstición de que muchos ojos sobre un manuscrito inédito son muchas ideas, casi siempre todas buenas y pueden confundir al autor.

—Su herramienta es el lenguaje y desde hace algún tiempo el denominado “lenguaje inclusivo” ha sido una política que el chavismo ha implementado; ahora, España pretende imponerlo como parte de su política de Estado. ¿Es necesario cambiar el español para comprender y aceptar a toda una sociedad? ¿Cree que tarde o temprano nuestro idioma cederá a estas pretensiones? ¿Estaremos obligados a incluirlo en nuestro uso cotidiano?

—A la primera pregunta: no. A la segunda: tampoco. A la tercera: ni de vaina.

¿Cree que España pueda emular los errores políticos de otros gobiernos que se autodenominan socialistas? ¿Cómo se siente al respecto?

—Lo he dicho por activa y por pasiva: soy como Casandra, les digo a los españoles que vengo de su futuro, pero no me hacen caso.

—¿Modificaría algunas de sus obras para ser “políticamente correcto”?

—Rotundamente no. 

—¿Sobre qué tema jamás escribiría?

—Nunca me he planteado esa pregunta.

—¿Considera usted que Rubén Blades merece el Premio Reina Sofía? ¿Qué letra poética de Rubén le viene ahora a su mente?

—¡Claro! ¡Merecidísimo! Solo la letra de GDBD: Despiertas/ no has podido dormir muy bien/ te levantas/ caminas y pisas unos de los charcos de orine que el nuevo perro ha dejado por toda la casa/… habla más de la historia política de América que 100 novelas revolucionarias del siglo XX. Blades es nuestro François Villon, ¿y cómo no le vas a dar un premio a un trovador?

—En Twitter usted utiliza mucho la expresión “no fuña”; la Real Academia Española define la palabra “fuñar” como “revolver pendencias”. ¿En qué contexto se utiliza la expresión “no fuña” en el “centro del mundo”?

Pero no fuña no viene del verbo fuñar, sino del verbo fuñir. La Academia no ha registrado el vocablo en su DLE, pero no me quedaré quieto hasta que la palabra entre. ¿Y por qué no va a entrar, si está en su derecho? Por eso la uso todo el tiempo. En Valera, el centro del mundo, se usa en muchos contextos: no fuña, no me fuña usted también, ese sí es bien fuñío, vamos a fuñirlo, no me fuña más, deje la fuñidera, aquí, fuñendito y muchas variantes más. Y no hay que olvidar que dos grandes escritores trujillanos convirtieron el voseo de la zona en materia literaria: Palomares en sus poemas y Adriano González León en País portátil.

RAE

—¿Cuál es su libro favorito? No fuña.

Mis libros favoritos son los diccionarios, sobre todo etimológicos.

Este artículo de El Diario fue editado por: Irelis Durand |José Gregorio Silva |Génesis Herrera.

Noticias relacionadas