• El Diario conversó con Héctor Caravallo, fundador del comité cubano americano del Partido Demócrata en Florida; y con el analista Paul Angelo, para repasar la trayectoria de la congresista, una de las favoritas para convertirse en vicepresidenta de Biden, así como sus polémicas posturas sobre Cuba y Venezuela | Foto: Getty Images

Era 9 de mayo de 2014. En un esfuerzo por cercar al régimen Nicolás Maduro luego de la violación de Derechos Humanos durante las protestas de ese año -que dejaron al menos 43 muertos y cientos de heridos-, la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso de Estados Unidos aprobó un proyecto de ley para sancionar a funcionarios chavistas. 15 congresistas dieron su voto a favor, y solo dos en contra, ambos del Partido Demócrata. Sus nombres eran Gregory Meeks y Karen Bass.

Las razón de los dos demócratas, atípica en la diplomacia estadounidense, fue que el texto recordaba acciones del pasado que generaron críticas de intervencionismo en Latinoamérica y provocaron una falta de confianza hacia Estados Unidos. El proyecto, denominado Ley de Protección de Derechos Humanos y Democracia Venezolana, había sido presentado por congresistas demócratas y contó con el apoyo del Partido Republicano. El mismo fue aprobado luego en votación en el Congreso, y posteriormente en el Senado, y abrió el camino de la Administración Obama a las sanciones a jerarcas del chavismo.

Para quienes conocen la trayectoria de Bass (66), su negativa no causó sorpresa. De hecho, la congresista afroamericana firmó cartas con otros congresistas demócratas y emitió comunicados en el mismo tono con respecto a las decisiones del gobierno estadounidense sobre Venezuela en los años 2015 y 2019. En el último de ellos, el 30 de abril, se refirió a Nicolás Maduro como presidente del gobierno venezolano, en contradicción con la postura bipartidista de apoyo a Juan Guaidó como presidente interino. En ese mismo escrito, rechazó el uso armado para resolver el conflicto.

Pero además de formar parte del selecto grupo que rechaza las sanciones al régimen chavista y cualquier posibilidad armada, Bass conforma otra lista aún mucho más reducida e importante: es una de las favoritas para ser la candidata a vicepresidenta de Joe Biden para las elecciones presidenciales de este año en el mes de noviembre. La sola posibilidad ya genera crispación y hermetismo en la comunidad latina en Estados Unidos, incluso dentro del mismo Partido Demócrata.

“En el caso de que ella fuera la elegida para ir en la boleta de Biden”, dice convencido Héctor Caravallo, fundador y expresidente del comité cubano americano del Partido Demócrata en Florida, “yo no votaría por ellos”. La razón, comenta para El Diario, es que “ella haya expresado alguna afinidad con el gobierno venezolano, que es la misma dictadura que padecemos los dos países (Venezuela y Cuba)”.

Y es que, aunque no haya manifestado públicamente su apoyo ambos regímenes, el pasado de Bass apunta a posturas más flexibles en torno a la apertura de la relación de EE UU con Venezuela y Cuba.

Ni sanciones ni intervención

Al hablar de la influencia de Karen Bass en una eventual Administración de Biden con ella como vicepresidenta con respecto a Venezuela, en las filas demócratas hay ciertas reservas. Para los partidarios del exvicepresidente de Barack Obama que conocen la crisis venezolana y que hasta ahora han hecho esfuerzos contracorriente –en medio del apoyo a Trump de sectores de la población venezolana— para posicionar al candidato como lo más conveniente para la resolución del conflicto político venezolano, la elección de Bass podría suponer un inconveniente.

En el artículo de opinión “Por qué Biden sería el aliado ideal para retomar la democracia en Venezuela”, publicado en El Diario, el coordinador del programa de estudios latinoamericanos en el Consejo de Relaciones Exteriores, Paul Angelo, esgrime que el candidato a la presidencia por el Partido Demócrata impondría “sanciones duras en contra de los miembros del régimen que tengan vínculos con el narcotráfico o hayan cometido abusos de derechos humanos y corrupción pública”. Dichas sanciones, sostiene Angelo, se harían de la mano con otros países y no de forma “aislada”.

De igual manera, refirió que aunque Trump “pretende defender la legitimidad de Juan Guaidó”, su exasesor de seguridad John Bolton publicó en un libro que el actual presidente de EE UU alabó a Maduro.  

Eso podría quedar en entredicho, de pronto, si Biden eligiera a Bass.

Confesa antisanciones, la congresista se opuso por primera vez a las medidas contra el régimen chavista en el año 2014. En ese momento, Barack Obama era presidente y Joe Biden, su vicepresidente. Después de la aprobación de la denominado Ley de Protección de Derechos Humanos y Democracia Venezolana, Karen Bass continuó con las críticas a la ley, la cual impuso las primeras sanciones a representantes del chavismo por la violación de derechos humanos.

En una carta enviada a Obama ese mismo año y repetida, a grandes rasgos, en marzo de 2015, 16 congresistas del Partido Demócrata -entre ellos Bass-, pidieron al entonces presidente que se retractara de la decisión.

Algunos fragmentos de las cartas son los siguientes:

Como la intervención unilateral de Estados Unidos y las sanciones han causado un resentimiento profundo alrededor de América Latina, éstas no son las herramientas correctas para nuestra política regional en instancias en las que carecen de un apoyo regional significativo”.

Nosotros instamos a (la Administración Obama) que mantenga sus esfuerzos admirables para entablar un diálogo directo con el Gobierno de Venezuela y trabajar con otros países y organismos multilaterales y regionales para fomentar el diálogo y la democracia en Venezuela y en todo el hemisferio”.

Pese a que la aparente razón de las sanciones era ayudar a proteger los derechos humanos de los manifestantes de la oposición, el pueblo venezolano se opone abrumadoramente a estas sanciones y los grupos de derechos humanos de Venezuela temen que exacerbe las tensiones internas”.

Luego de la petición de los congresistas, Maduro agradeció el gesto de este grupo de demócratas “por tratar de detener con la conciencia del propio pueblo de Estados Unidos una locura insolente en contra de Venezuela, como es la sanción”. En una alocución pública en mayo de 2014, el jerarca del chavismo pidió a Obama que escuchara a “los que toman decisiones y aún son sensatos en Estados Unidos, rechazando las sanciones que buscan contra funcionarios venezolanos”.

En ese mismo discurso, Maduro afirmó tener la lista de firmantes de la carta. “A algunos los conozco”, reconoció, sin detallar nombres.

En 2019, ya bajo la Administración de Donald Trump y en medio de una intensificación de medidas contra el régimen de Maduro, Bass continuaría con la negativa a las sanciones, ahora en declaraciones oficiales en la página del Congreso. Y, al igual que en 2014, sus argumentos se basan en no caer en el “intervencionismo” de EE UU en la política de los países latinoamericanos. En este punto, sus palabras van en concordancia con las propuestas de Biden.

El 4 febrero de 2019, por ejemplo, rechazó las declaraciones del presidente Trump en las que aseguró que el despliegue del ejército estadounidense en Venezuela era una opción: “estoy profundamente preocupada por el manejo de esta administración de la situación actual en Venezuela”. El papel del gobierno estadounidense, escribió Bass, fue contraproducente y podría contribuir a profundizar las divisiones políticas y disminuir las probabilidades de una solución pacífica.  

En otra similar hizo el 12 de marzo de ese mismo año, luego de que EE UU retirase el personal restante en le embajada en Venezuela. “La ventaja de esta retirada es que ahora no puede utilizarse como excusa para la intervención. Estados Unidos tiene una historia mixta en América Latina y debemos aprender del pasado y evitar deseos equivocados de intervenir militarmente”, dijo.

Pero fue en el comunicado del 30 de abril, luego del levantamiento militar contra Nicolás Maduro, en el que Karen Bass sacó a relucir una de sus diferencias más profundas ya no solo con la Administración Trump, sino con su eventual compañero de fórmula en las elecciones de noviembre.

La congresista se manifestó en rechazo a la participación de EE UU en el alzamiento militar. En la misma, se refirió Juan Guaidó, a quien además de no reconocer como presidente interino de Venezuela -como lo han hecho tanto demócratas como republicanos-, tampoco calificó como líder opositor. El rol de presidente, en cambio, se lo adjudicó a Nicolás Maduro. Ante esto, Paul Angelo afirmó para El Diario que no necesariamente significa que un eventual gobierno de Biden retire el apoyo a Juan Guaidó o deje de impulsar sanciones.

Esas decisiones no se tomarían necesariamente desde el despacho del Vicepresidente. Joe Biden fue protagonista de la Casa Blanca de Obama en la implementación de las primeras sanciones en contra del régimen de Maduro y su credibilidad con los aliados democráticos en América Latina y Europa aseguraría de que las sanciones adoptadas fueran inteligentes y eficaces”, insistió el coordinador del programa de estudios latinoamericanos en el Consejo de Relaciones Exteriores, sin ahondar en las posturas de Bass.

En las tres ocasiones, sin embargo, la congresista admitió la crisis humanitaria, el caos social y las presiones del pueblo venezolano, “algunos de los cuales han estado sin comida, agua o electricidad durante meses”, dice la comunicación de abril de 2019. Todo esto lo resalta Angelo, y sostiene que la población estadounidense se opone en su mayoría a una eventual intervención.

Pero no es justamente el pasado con Venezuela lo que más le critican a Karen Bass.

Brigada Venceremos

Aunque fue en las últimas semanas que ganó más notoriedad debido a su participación en el movimiento Black Lives Matter y a su posible elección como candidata a vicepresidente de Joe Biden, Caravallo dice seguir la trayectoria de Bass incluso antes de llegar al Congreso en el año 2010. Los motivos, explica, son los mismos por los que se dio a conocer en la comunidad cubana en EE UU: En el año 1973, cuando tenía 19 años de edad, Karen Bass formó parte de la Brigada Venceremos, una agrupación de jóvenes estadounidenses que viajaban a Cuba para hacer trabajos sociales, y recibir formación por parte del gobierno cubano.

La Brigada –que debe su nombre al lema de castro “Patria o muerte, ¡Venceremos!”- se creó en 1969. El primer grupo que viajó a la isla caribeña se llamó a sí mismo un “proyecto de educación antiimperialista” para protestar contra el bloqueo estadounidense de Cuba y mostrar solidaridad con la revolución, según recoge un reportaje del medio estadounidense The Atlantic. También recibieron charlas del régimen.

“Nosotros los cubanos sabemos lo que significó (Bass) en todas esas etapas de la Brigada Venceremos. Ellos fueron grupos de cubanos muy jóvenes que eran invitados a Cuba y que en realidad la mayoría eran convertidos en agentes de influencias y, en algunos casos más graves, en agentes de inteligencia del gobierno cubano. Eso es una realidad que todos los que vivimos en aquella etapa sabemos cómo fue”, dijo el fundador del comité.

Caravallo explica que los jóvenes estadounidenses iban a Cuba a hacer actividades “muy pacíficas y muy de ayuda”, a encontrarse con otros jóvenes cubanos y a pasear por las ciudades. Pero, al mismo tiempo, hacían cursos de formación que, según él, en realidad eran cursos de captación.

“Esos jóvenes cuando volvían a EE UU, eran prácticamente voceros del gobierno cubano, apoyaban las actitudes y la propaganda que el gobierno cubano desarrollaba en EE UU. Por lo tanto, la experiencia nos dice que la mayoría, para no decirte la totalidad porque no se puede hablar de un 100%, se convertían en agentes de influencias, que son las personas que continuamente están alabando y dándole una imagen positiva del gobierno cubano”, agregó Caravallo.

De hecho, el reportaje The Atlantic explica que luego de la llegada de ese primer grupo a EE UU, el director del FBI, J. Edgar Hoover, escribió sobre la Brigada en su informe anual: “Aunque algunos de los jóvenes han rechazado la propaganda comunista y la filosofía revolucionaria dirigida contra ellos en Cuba, muchos de los miembros de la Brigada han adoptado con entusiasmo la postura antiestadounidense promulgada en Cuba y se han alineado con los meteorólogos propensos a la violencia y otros grupos extremistas”.

Otros casos más graves, comenta Caravallo, terminaron en formación armada o en trabajos de inteligencia. En otro informe del FBI en el año 1977, alegaron que, en efecto, fue así.

No sería, sin embargo, el caso de Bass. “Construimos casas durante el día”, dijo la congresista  al medio estadounidense sobre su experiencia en la agrupación, “y luego tuvimos lo que ellos llamaron actividades culturales y llamamos fiestas. Había buena música, ron, baile. Y recorrimos el país”. Además, insistió en que no compró la propaganda del gobierno cubano y que ni ella ni ningún activista estadounidense que conociera se involucraron en espionaje o violencia. “Déjame decir: demonios, no. No, no conocía a nadie así”.

Karen Bass siguió viajando a Cuba por muchos años más, aunque ya fuera de la Brigada. Nada más en la década de 1970 lo hizo hasta ocho veces. También viajó en varias oportunidades durante los años 2005 y 2010. No obstante, dice nunca haber conocido a Fidel Castro. En cambio, sí se reunió con el actual presidente cubano Miguel Díaz-Canel durante la visita de este en Nueva York en el año 2018, durante un evento cultural.

Karen Bass
Foto: EFE

Las consecuencias de haber pasado por la Brigada, ahora que es una de las favoritas para ser candidata a vicepresidenta de Biden, todavía están por verse. De momento no parecen ser alentadoras, al menos dentro de la comunidad latina. La historia tampoco le juega a favor. En 1992, Johnnetta Cole, el entonces presidente de Spelman College y coordinador de la política educativa para el equipo de transición de Bill Clinton, fue descartado para el cargo de secretario de educación. El motivo: estar asociado con la Brigada Venceremos.

Pero sus palabras más polémicas sobre Cuba se produjeron luego del fallecimiento de Fidel Castro, cuando se refirió a él como “comandante en Jefe” y calificó su muerte como “una gran pérdida para el pueblo de Cuba”. Después del aluvión de críticas que recibió –tanto de demócratas como de republicanos-, dijo recientemente para MSNBC que habló de eso con colegas congresistas y “ciertamente es algo que no volvería a decir”.

Cuando se le menciona a Caravallo la definición de Bass a Castro “comandante en jefe”, apela a su pasado. Recuerda a quienes, a diferencia de él, no sobrevivieron a la dictadura cubana.

Vienes de un país que lleva ya más de 60 años sometido a un régimen totalitario comunista, estilo soviético, y tienes que soportar eso. En mi caso, fui un luchador contra el comunismo en Cuba, vi morir a muchos de mis compañeros, así que ponte a pensar cuál es mi posición, de total denuncia que alguien con esa posición tuviera siquiera la posibilidad o pueda ser capaz que llegue a la vicepresidencia de EE UU, el país que siempre ha sido el luchador más importante en la labor de democracia en el mundo”, dijo Caravallo.

Su postura, dice el fundador del comité cubano americano en Florida, podría ser la misma que buena parte de la comunidad cubana en EE UU. “Para muchos cubanos, la designación será un motivo más que suficiente para no votar por la opción de Biden”. Tampoco dice que votará por Trump. “El día que me enfrente a la boleta, tomaré la decisión que considere la más correcta”, dice Caravallo, pero aclara nuevamente, “lo que sí digo es que con esa señora (Bass), no votaré a la candidatura de Biden”.

Aunque Paul Angelo reconoce que su relación con Cuba pueda afectar en la candidatura de Biden en caso de elegir a Bass en la comunidad latina, resta importancia al hecho. La realidad, dice, es que el voto latino es más diverso y, por lo tanto, no actúa de forma monolítica. “No es prudente entrar en generalizaciones ni especulaciones”, afirmó.

“En ciertos círculos latinos, la van a criticar por sus viajes a Cuba, pero en otros, su apoyo para programas muy populares como Obamacare puede ser muy ventajoso. Es decir, en EE UU hay un mito sobre el voto latino, que en realidad no significa nada dado la diversidad de la comunidad latina”, dijo Angelo. Recordó que a pesar que en 2016, cuando Trump hacía su campaña con insultos a los latinos como violadores o criminales, el ahora presidente ganó casi un tercio del voto latino.

Pero ya desde el Partido Republicano apuntan contras Bass. El senador Marco Rubio, por ejemplo, afirmó que si la ahora congresista es electa vicepresidenta “sería la simpatizante del régimen cubano que ocuparía el cargo de mayor rango en el país, y eso no podría ocurrir en un peor momento, cuando las dictaduras en Cuba y Venezuela ansían que Trump pierda la elección”.

Otras candidatas

Además de Karen Bass, las otras demócratas que se erigen como favoritas para acompañar a Joe Biden en la fórmula presidencial son las senadoras Kamala Harris, Elizabeth Warren, y la exconsejera de Seguridad Nacional de Barack Obama, Susan Rice.

“Todas son candidatas muy honorables y fieles a la visión del partido hacia una sociedad más justa y más inclusiva. Algunas, como Susan Rice, han trabajado muy de cerca con el vicepresidente Biden anteriormente, que sería una ventaja, pero todas entienden que la meta del partido en noviembre es ganar las elecciones y pasar la página de trumpismo”, dijo Paul Angelo.

Entre ese grupo, la senadora Harris es una de las más populares para asumir la candidatura. Sus roces con Biden, sin embargo, dejaron una herida que todavía no parece sanar del todo. En julio de 2019, en el segundo debate de los entonces precandidatos del Partido Demócrata, Harris afeó a Biden haber presumido de su buena relación con legisladores segregacionistas.

Harris, a diferencia de Bass, ha tendido palabras más contundentes con el régimen de Maduro, a quien además de no reconocer como presidente, lo catalogó de dictador.

Joe Biden y Kamala Harris
Joe Biden y Kamala Harris. Foto: Brendan McDermid / Reuters

Socialismo y comunismo

Por su pasado, no han faltado las voces que señalan a Bass como socialista, comunista o adepta a los regímenes de Cuba y Venezuela. Pero, a excepción de su paso por la Brigada Venceremos, a Karen Bass no se le conoce militancia en otro partido que no sea el Demócrata u otra religión que no sea el cristianismo. Su formación, eso sí, siempre estuvo muy cercana a la izquierda.

En el libro Los Ángeles negro: Sueños estadounidenses y realidades raciales, Bass comentó a las autoras Melina Abdullah y Regina Freer que en Hamilton High School, en el difícil oeste de Los Ángeles, muchos representantes y profesores eran judíos activistas y algunos de ellos formaban parte del Partido Comunista. “Así que crecí con muchos bebés de pañales rojos”, dijo.

Esa influencia en realidad la han llevado más por el activismo racial y las ayudas sociales que por ideologías radicales. Antes de dedicarse a la política, pasó por el sector de la salud, y creó un centro de tratamiento para adictos al crack, que posteriormente se convirtió en la ONG Community Coalition todavía existente. Fue en 2004 cuando asumió en la Legislatura de California, y dos años después se convirtió en la primera mujer negra en llegar a la presidencia de la Asamblea Estatal.

Por ello, Angelo afirma que Bass “no es ninguna comunista ni socialista” y que esas “son alegaciones que surgieron en redes sociales de grupos de conservadores protrumpistas que realmente no tienen ningún fundamento (…) están tratando de acusarla de ser comunista o socialista solo para distraer de los múltiples fracasos del gobierno Trump, no solo en la crisis de covid-19 sino también en Venezuela”.

Es precisamente su perfil conciliador dentro de la política interna de EE UU lo que la llevó a ser una de las favoritas para acompañar a Biden. De hecho, en 2010 fue electa por uno de los distritos más diversos de California, con 40% de latinos, 25% de negros, 25% de blancos y 8% de asiáticos. Ganó con más del 86% de los votos.

Caravallo, en cambio, sigue firme: “Tanto ella como otros miembros del Congreso, en múltiples declaraciones han dejado entrever bien claramente que su posición es extremista, que no está de acuerdo con los puntos de vista de una comunidad que ha sufrido tanto por el comunismo en su país. En este momento ahora cuando empieza la crítica, que ve la luz, entonces no es nada de lo que había dicho. Pero las personas se analizan y se juzgan por su trayectoria, y su trayectoria para los cubanos no es confiable”.

De igual manera, la última palabra la tiene Joe Biden.

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